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2009/05/09

Del pacifismo al puño cerrado: la lucha por los derechos civiles

Se proclamaron revolucionarios marxistas, identificando el capitalismo como la raíz de los problemas del mundo y reconociendo la posibilidad de luchar junto con cualquier grupo que declarara su oposición al sistema.

Sam Robson
(http://www.enlucha.org/)

A veces una imagen dice más que mil palabras: Ciudad de México, 16 de octubre de 1968, Tommy Smith y John Carlos suben descalzos al podio olímpico y levantan sus puños en alto. Esta imagen se conviertió en el símbolo del orgullo y el coraje del movimiento Black Power. Esta consigna fue lanzada por primera vez por Kwame Ture (entonces Stokely Carmichael) del SNCC (Coordinadora Estudiantil No Violento) en 1966, cuando se dirigió a una manifestación de manera impactante: “He estado detenido 27 veces. Cada juzgado en Mississppi debería ser quemado para eliminar la suciedad. Yo no voy a la cárcel ni una vez más!”. Levantó el puño y gritó “Black Power” cinco veces, y la multitud gritó con él.

Entre 1964 y 1968, en casi cada ciudad del Norte y en California hubo disturbios, o más bien sublevaciones. En 1965, en el gueto de Watts (Los Ángeles) tuvieron que desplegar 15.000 efectivos de la Guardia Nacional y policías armados para recuperar el control de la zona. Detuvieron a 4.000 personas y 34 personas murieron en los enfrentamientos. En 1966 hubo 38 disturbios. El año siguiente, 128, el más importante el de Detroit que dejó 41 muertos, 347 heridos, 3.800 detenidos y 1.300 edificios reducidos a escombros. Sólo en los primeros 6 meses de 1968 hubo 138 disturbios. En medio de esta tromba de protestas, Huey P Newton, David Hilliard y Bobby Seale, tres estudiantes de Oakland, California, crearon The Black Panther Party for Self Defence (Panteras Negras). Su crecimiento fue espectacular desde su fundación en octubre de 1966. Elaboraron un programa de diez puntos que expresaban sus ideas. Reivindicaron justicia y libertad para la gente negra, el fin de la rapiña de su comunidad “por el hombre blanco”, el fin inmediato a la brutalidad policial que sufrían y reclamaron que se liberaran a todos los “hombres negros detenidos en las prisiones”. Pero era mucho más que un manifiesto nacionalista negro. Las Panteras incluyeron reivindicaciones como “una educación que muestre la verdadera naturaleza de esta sociedad americana decadente” o la sanidad gratuita para los negros y toda la gente oprimida, además de viviendas decentes y el pleno empleo. En sus propias palabras: “Queremos tierra, pan, vivienda, educación, vestido, justicia y paz. ¡Todo el poder para el pueblo!”.

El compromiso de Las Panteras no se quedó sólo en el papel. Newton sabía que todos los ciudadanos tenían derecho a llevar armas y empezaron a reclutar a jóvenes, hombres y mujeres para “patrullar a la policía”. Llevaron uniforme de pantalones negros, camisa azul y chaqueta de cuero negro. Después de ver una película sobre la resistencia francesa contra los nazis, Seal añadió una boina negra. Además, en 1970 se formó el Black Liberation Army (Ejercito de la Liberación Negra) que llevó a cabo asesinatos de policías, fugas de cárcel y robos (“expropiaciones”) para recaudar fondos.
Negros con escopetas
El Gobierno del Estado de California reaccionó ante la audacia de Las Panteras y propuso en 1967 prohibir llevar armas cargadas. Ante esto, Las Panteras llevaron su lucha a la capital californiana. Seal, en sus memorias, recordó: “Cruzamos el puente hacia Sacramento. Había 30 hermanos y hermanas y 20 llevaban armas. Mucha gente nos miraba. Mucha gente blanca estaba muy asustada, mirándonos fijamente y sé lo que decían. ‘¿Quién demonios son esos negros con armas?’”. Al llegar a la Asamblea, avanzaron hacia la puerta y el entonces gobernador Ronald Reagan, que estaba fuera en el césped, echó a correr nada más verlos. Entraron dentro, interrumpiendo el debate. Los diputados se tiraron al suelo entre gritos y, mientras los vigilantes de seguridad intentaban detener a los manifestantes, un periodista les preguntó: “¿Quiénes sois?”. El joven Bobby Hutton, con sólo 16 años respondió: “Somos Las Panteras Negras. Somos negros con escopetas. ¿Y qué?”. La protesta tuvo tanto impacto que pasaron de ser un grupo pequeño de 50 activistas, a convertirse en los siguientes meses en un partido de 5.000 militantes y, a finales de 1968, su periódico, “La Pantera Negra”, tenía una tirada de 250.000.

Uno de estos nuevos afiliados, Eldridge Cleaver, siguiendo las ideas de Franz Fanon, teorizó una orientación hacia lo que llamó el “proletariado necio” o “hermanos del barrio”. Estos empobrecidos, sin nada que perder serían los más abiertos a las ideas revolucionarias. Así que además de sus patrullas, que redujeron significativamente la violencia de la policía, a partir de 1968 lanzaron numerosos proyectos comunitarios con el fin de aliviar la pobreza, garantizar la asistencia sanitaria y, en general, mejorar la calidad de vida del pueblo negro. Entre sus “Programas de supervivencia” el más conocido era el “Free Breakfast For Children” (desayuno gratis para niños) que se extendió por todo el país, alimentado hasta 250.000 niños diariamente. También abrieron centros de salud, distribuyeron ropa, dieron clases de política, economía y defensa personal, y gestionaron clínicas de rehabilitación de drogas y alcohol.

Incluso entraron en el mundo electoral, siendo Cleaver el candidato presidencial del Peace and Freedom Party (Partido de la Paz y la Libertad) en 1968. En 1973 se presentó a las elecciones de la Alcaldía de Oakland y conseguió un 40% de los votos. A partir de 1974, con Elaine Brown liderando Las Panteras, participaron en varias campañas electorales, a veces apoyando a otros candidatos, como Lionel Wilson, elegido primer alcalde negro de Oakland en 1977.

Gracias a este trabajo social, Las Panteras ganaron mucho prestigio y se diferenciaron de otros nacionalistas negros. Se proclamaron revolucionarios marxistas, identificando el capitalismo como la raíz de los problemas del mundo y reconociendo la posibilidad de luchar junto con cualquier grupo que declarara su oposición al sistema. Este discurso encajó con una radicalización general que les facilitó la posibilidad de exponer vínculos entre varios aspectos del capitalismo. En 1967 en Nueva York 100.000 personas se manifestaron contra la guerra de Vietnam. Los negros suponían el 13,5% de todas las tropas del ejército, pero sólo un 3,4% de los oficiales, mientras el 22,4% de las bajas eran negros.

También explotaron los movimientos de las mujeres y de los gays y lesbianas. Es cierto que existían opiniones tanto sexistas como homófobas entre los activistas de la lucha por los derechos civiles negros, y, a veces, dio la impresión que era un movimiento machista. Pero esta hostilidad hacia el movimiento gay y el feminista se superó gracias a la perspectiva de buscar alianzas entre todos los oprimidos. A ello contribuyó también que, en 1969, el Frente de Liberación Gay, surgido de los disturbios de Stonewall del mismo año, aprobara un donativo a Las Panteras. Al año siguiente, Newton hizo público una carta abierta pionera en la que decía: “[...] en los últimos años han surgido movimientos fuertes de mujeres y homosexuales reclamando su liberación [...]. Debemos intentar unirnos con ellos de manera revolucionaria [...]. Sabemos que la homosexualidad existe y lo entendemos en su forma más pura: es decir, que una persona debería tener la libertad de usar su cuerpo como quiera [...]. El Frente de Liberación de las Mujeres y el Frente de Liberación Gay son nuestros amigos, nuestros potenciales aliados y necesitamos tantos aliados como sean posibles.”

Pero quizá más sorprendente aún, dado la caricatura de Las Panteras que se ha difundido, sea el hecho que también buscaron alianzas con radicales blancos, por ejemplo, el SFDS (Estudiantes Por Una Sociedad Democrática) y PFP (Partido Por La Paz y Libertad). Mantuvieron su postura de afiliar solamente a negros, pero más por su convicción de que los grupos oprimidos tenían que colaborar, ya habiéndose organizado ellos mismos, que por hostilidad hacia blancos. Su discurso contra el sectarismo hacia los blancos representó un avance importante respecto a otros activistas por los derechos de los negros, por ejemplo Malcolm X, quien hasta muy poco antes de su muerte sostuvo que los blancos no tenían ningún papel en la lucha anti-racista.
Pacifismo y coraje
La postura tan contundente de Las Panteras fue producto de lo que muchos de su generación vieron como el fracaso de luchas anteriores. En muchos sitios victorias contra la discriminación legal no conllevaron mejoras en la vida cotidiana. En las ciudades del norte, donde formalmente los negros tenían los mismos derechos civiles que el resto de la población, siguieron viviendo en guetos, ocupando los peores trabajos, cobrando menos que los blancos y teniendo una tasa de paro de un tercio de la población negra en los años 60. En 1965, cuando Martin Luther King fue a Watts después de la sublevación, fue abucheado por muchos jóvenes cansados ya de su mensaje: “Igualaremos vuestra capacidad de infligir sufrimiento con nuestra capacidad de aguantarlo. Os desgastaremos con nuestra capacidad de sufrir”. Malcom X entendió los sentimientos de miles de negros cuando declaró, en referencia a las sit-in (sentadas) campañas: “Cualquiera puede sentarse. Un cobarde puede sentarse. Pero exige a un hombre ponerse de pie”.

Pero lo cierto es que, en el contexto de Mississippi en 1955, incluso los que hicieron la protesta más pacífica no eran cobardes. Si consideramos que, en los nueve meses anteriores al famoso boicot de autobuses iniciado por Rosa Parks, sólo en el Estado de Mississippi hubo 8 personas que sufrieron linchamientos impunes, nos haremos una idea del miedo y la violencia existente. En ese contexto, una campaña de negros armados habría significado un suicido colectivo. A pesar de esto, empezaron a reclamar justicia, entendiendo que había mucha verdad en las palabras de Martin Luther King en Birmingham, Alabama: “algunos de nosotros que estamos aquí hoy, no volveremos vivos de esta campaña”. Birmingham era el baluarte de la segragación. Su gobernador Eugene “Bull” (Toro) Connor, tenía colgado en su despacho un bate manchado de sangre de un trabajador a quien había dejado paralítico durante una huelga en 1937. King y su SCLC (Asociación de Cristianos del Sur) tenían como objetivo integrar la ciudad. El 2 de mayo hubo una manifestación, principalmente de estudiantes, que la policía machacó. Esa noche, King pasó de iglesia en iglesia, algunas con aforos de 3.000 personas, animando a la gente a luchar. Recriminó aquellos que querían abandonar la campaña: “estoy harto de ver a pastores con casas grandes y conduciendo coches grandes, sin preocuparse por los problemas de los que hacen posible que tengan estas cosas”. Al día siguiente, salió una fila de 50 jóvenes de la Iglesia Bautista de la 16th Street con la intención de llegar al centro de la ciudad. La policía los detuvo a todos. Tras ellos salió una segunda fila, también arrestados todos; después otra, hasta que hubieron detenido a mil jóvenes, algunos con sólo 6 años. Ese día arrestaron a 6.500 personas y tenían que usar autobuses escolares para llevarlas a la cárcel. Para el 10 de mayo cada celda en Alabama estaba ocupada, el Estado se rindió y el dique se rompió. En las siguientes seis semanas hubo 758 manifestaciones y 15.000 personas fueron detenidas en 186 ciudades. Un sondeo publicado por la revista Newsweek reveló que la mayoría de los negros estaban dispuestos a luchar para ganar sus derechos.

Un 80% de blancos y un 60% de blancos del sur pensaban que la población negra sufría injusticia y merecía sus derechos civiles. Esta campaña muestra el coraje de su lucha, a pesar de su estrategia no violenta, y que fue un movimiento de masas capaz de conseguir la unidad de negros y blancos y además conseguir victorias reales. Paradójicamente, la aprobación de la legislación pro derechos civiles en 1963, su gran meta, expuso sus limitaciones – la dificultad de convertir la igualdad formal en cambios tangibles, sobre todo a nivel económico, algo prácticamente imposible con la táctica de manifestaciones pacíficas, basadas en dividir a la clase dirigente del Norte y Sur, la cual cerró filas ante la perspectiva de luchas económicas.Capitalismo y las raíces del racismo
De ahí los abucheos de frustración a King en Watts dos años más tarde. No obstante, esto fue algo que reconoció King, mudándonse con su familia a Chicago para liderar campañas en el Norte. En 1965, habló en contra de la guerra de Vietnam, siendo uno de los primeros en hacerlo. Empezó a vincular la guerra con el racismo y otros aspectos de la sociedad y comenzó a desarrollar un análisis más profundo del racismo. King siempre había buscado la unidad entre blancos y negros y nunca culpó a la población blanca. En 1967 publicó el libro ¿A donde vamos desde aquí? en el que argumentó que “la base de la esclavitud en América fue principalmente económica [...]. Con el desarrollo de este comercio, tenían que convencerse de que un sistema tan lucrativo era justificable moralmente. Así nació la doctrina de la supremacía blanca”. Identificando así las raíces del racismo en el nacimiento del capitalismo, conduce a unas conclusiones lógicas. Si el racismo fue creado por circunstancias especificas, se podía deshacer exponiendo y minando éstas, y la manera de conseguirlo era forjando la unidad entre pobres blancos y negros. En sus palabras “hay, de hecho, más americanos pobres blancos que negros. Necesitan una guerra contra la pobreza tanto como los negros. En el sur han sido engañados por los prejuicios raciales. Irónicamente, con esta postura lucharon no solamente contra el negro sino contra ellos mismos [...]. La supremacía blanca puede alimentar sus egos pero no sus estómagos”. Así, King abrió lo que llamó “fase 2” de la lucha, que tendría que dirigirse hacia la justicia económica. “El coste práctico del cambio hasta ahora ha sido barato. El coste real queda por pagar”.

A finales de 1967 reclamó la “reestructuración total de la sociedad americana” porque “algún día tenemos que preguntarnos por qué hay 40 millones de pobres en América. Cuando haces esa pregunta estás cuestionando el sistema económico capitalista [...]. Eso significa entender que los problemas de racismo, explotación económica y guerra están vinculados”. La puesta en práctica de este análisis fue la “Campaña de los Pobres” en 1968 con el fin de movilizar un “ejercito multirracial de pobres” que invadiría Washington DC y mantendría acciones de desobediencia civil hasta que el gobierno aprobara una ley de Derechos De Los Pobres. No fue casualidad que en abril de ese año asesinaran a King cuando asistió a un acto de trabajadores sanitarios en Memphis, como parte de esta campaña llamada “insurrección” por la revista Readers Digest. Irónicamente, su asesinato provocó disturbios en más de 100 ciudades.

Más o menos al mismo tiempo, Malcolm X iba sacando conclusiones parecidas. En 1964 rompió con La Nación de Islam, liderada por “el profeta” Elijah Muhammad, al que calificó como “sectario e inhibido”. Siguió defendiendo la necesidad de una organización separada para negros, pero en 1965, el año de su asesinato, añadió: “Trabajaremos con cualquiera, no importa su color, con tal de que realmente quiera poner fin a la injusticia que sufre la gente negra”.
Además, mientras mantenía sus críticas hacia el pacifismo, se declaró “dispuesto a participar en luchas locales en el sur y otros sitios porque cada campaña por objetivos específicos aumenta la consciencia política de los negros”. Y, quizá más importante, empezó a desarrollar la idea de que el racismo era un problema sistémico: “Es incorrecto clasificar la revuelta del negro como un simple conflicto entre negro y blanco. Más bien, lo que vemos es una rebelión global de los oprimidos contra los opresores, de los explotados contra los explotadores”. Según Malcolm X, los blancos que no tenían el racismo en su ideología solían ser socialistas, mientras insistió: “Enseñame un capitalista y te enseñaré una sanguijuela”.

Ni King ni Malcom X estaban a punto de convertirse en socialistas revolucionarios, pero los intentos repetidos, tanto desde la derecha como desde la izquierda de pintar a King como un colaborador con el sistema, nos obliga a formar un análisis más matizado, situando en su contexto tanto a él como a Malcolm X y Las Panteras para poder apreciar el papel de cada uno. De esta manera, vemos que la lucha anti racista de los años 50 y 60 fue un proceso durante el cual, según lugar y contexto, surgieron distintos tipos de movimientos y organizaciones. Cada una aprendió de las anteriores, de sus propias experiencias y de los cambios en las circunstancias.
La ilusiva arma clave
Así, se identifica una cierta convergencia entre diferentes facetas del movimiento a mediados de los 60, en base a la necesidad de la unión con los blancos y de buscar nuevas estrategias para avanzar en la lucha. Respecto a esta lucha, se puede decir también, aunque parezca mentira, que tanto King como Malcolm X y Las Panteras sufrieron una misma carencia. Todos lograron victorias importantes, pero cuando el Estado les atacó frontalmente, no tuvieron lo necesario para enfrentarse a él con éxito. King, aunque por sus convicciones religiosas estaba siempre opuesto al materialismo del socialismo y del marxismo, estaba apostando por una estrategia basada en una alianza entre blancos y negros pobres, y liberales. En esta lucha, tenían un papel central los trabajadores organizados y los sindicatos. La bala que robó a King su vida, a nosotros nos quitó la posibilidad de saber donde habría llegado esta bordada. Pero tenía un potencial claro, si consideramos que las trabajadoras y trabajadores unidos en los lugares de trabajo es donde más fuerza tienen, dado su capacidad de parar el flujo de beneficios del que depende el sistema.
Malcolm X, pese a los cambios en su estrategia, afirmó poco antes de su muerte que “no ha existido nunca una buena relación entre la clase obrera negra y blanca […]. Uno de los errores de los negros ha sido esta idea de solidaridad obrera. No hay tal cosa – ni funcionó en Rusia”. Se puede entender esta actitud, dado el racismo virulento entre sectores blancos, la destrucción de las organizaciones de la clase obrera y la izquierda durante el “McCartismo” y varios episodios vergonzosos en su historia anterior. Basta citar a Victor Berger, el primer delegado del Partido Socialista en el Congreso, quien en 1902 calificó a los negros como “una raza inferior”. Según James P Cannon, después de la revolución rusa en 1917, los bolcheviques se sintieron obligados en el Comintern a “insistir que los comunistas americanos se libraran de sus tácitos prejuicios y que prestaran atención a los problemas especiales de los negros”. Pero es simplemente falso decir que la solidaridad nunca ha existido. Entre 1909 y 1924 el IWW (Trabajadores Industriales del Mundo) afilió a un millón de personas, 100.000 de ellos negros, quines lucharon junto con afiliados blancos.

Las Panteras sí se dirigieron hacia los trabajadores y hubo intentos de aliarse con los RUM (Movimientos Sindicales Revolucionarios) de Detroit, unidos en la LRBW (Liga de Trabajadores Negros Revolucionarios). Pero por su orientación hacia el proletario necio, la dirección pasó por alto la clase obrera organizada viéndola como “esclavizada”. Luke Tripp, el liberado en Detroit, crítico con esta perspectiva, intentó enfoncar Las Panteras a los trabajadores organizados por “su capacidad de interrumpir la producción industrial” que les dio un poder que no tenían los jóvenes necios. En 1969 Tripp fue expulsado y Newton llegó a proclamar: “Estamos explotados no solamente por la clase dirigente, estamos oprimidos incluso por la clase obrera”. Esto les privó de un arma potencialmente decisiva cuando el gobierno lanzó una ola de violencia y espionaje contra Las Panteras, y se quedaron sin más remedio que entablar batalla contra el Estado más poderoso del mundo. Fueron asesinados 27 de sus militantes, incluyendo Fred Hampton, líder de la organización en Chicago, y 749 encarcelados o detenidos, mientras la CIA llevaba a cabo una campaña sucia, fomentando divisiones internas y, a veces, violencia mortal entre los afiliados. En 1968 Cleaver huyó al exilio. Seal fue detenido, atado, amordazado y procesado. En 1969 Hilliard fue detenido después de declarar: “Richard Nixon es un hijoputa. Vamos a matar a Nixon y cualquier hijoputa que nos niegue la libertad”. Newton también fue detenido, después de una reyerta que dejó un policía muerto y en el que, ya desarmado, fue disparado en el estómago. Hubo una campaña muy amplia en su defensa, implicándose hasta famosos como Jane Fonda. Pero, a pesar de esto y de la valoración de Hoover, jefe del FBI, de Las Panteras como “la mayor amenaza a la seguridad interna del país”, no podían competir militarmente con el gobierno. El partido, tan valiente y inspirador incluso hasta hoy en día, entró en un declive terminal.

Una fría noche de enero en Oakland, California, dos policías abordan a Oscar Grant, negro de 22 años, en el andén del metro. Uno de ellos derriba al joven con un puñetazo. El segundo le pone boca abajo en el suelo y le mata a tiros. El año no es 1969, sino 2009. Está claro que queda mucho por hacer. Como dijo King, “la única posibilidad que tenemos es nuestra capacidad de recuperar el espíritu revolucionario y salir al mundo, reclamando oposición eterna a la pobreza, militarismo y racismo. Con este poderoso compromiso podemos desafiar el estatus quo y toda su injusticia”.

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