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2009/05/12

El 18 Brumario de Patxi López

Se les impone una «ciudadanía» a la mayoría social de este país. Y ello invisibilizando a la izquierda abertzale, trucando elecciones, dando un golpe de mano como Luis Bonaparte en el 18 Brumario en 1851. Y eso se llama fascismo.

Jon Odriozola periodista (Gara)
Euskal Herria es una nación que dejará de serlo el día en que EiTB omita en el mapa del tiempo Nafarroa (e Iparralde), dé el discurso del rey Borbón en Navidad y retransmita desde San Mamés un partido del combinado español de fútbol, así como una etapa de la Vuelta Ciclista a España acabe en Bilbao luego de subir Sollube (sin chinchetas en el macadam). No digamos si el Athletic ficha extranjeros (los españoles no lo serían). Veo en Intereconomía a un lerdo decir que lo primero que tiene que hacer López es propiciar que vuelvan los «exiliados» vascos a Euskadi amenazados por ETA. Como diría el Wyoming, ¿exiliados en España? ¿pero no es el País Vasco parte de España? ¿cómo te puedes exiliar en tu propio país? Su mala baba les traiciona y pone de manifiesto su subconsciente latente.

El primero que sabe que Euskal Herria es una nación (sin Estado) es Patxi López. Pero sólo lo admitirá en la intimidad (como ha tenido que aprender euskera a marchas forzadas para mostrarse en público y mostrar galones; por cierto, lo pronuncia muy bien y lo digo sin coña) y nunca en público. Y ello porque, como descastado, es el primero que no cree en sus propias palabras. De la «política» hacen «carrera». El prototipo de caballero español, el Capitán Trueno, le diría que miente como un bellaco. Pero no más que cuando el PNV dice ser abertzale. No lo es, salvo que en España haya una revolución y entonces, sí, pidan la independencia a la báltica manera. Lloran su derrota parlamentaria (que no electoral, es verdad) y se acuerdan ahora de la Ley de Partidos que ha hecho posible el pucherazo. Calcularon mal. Si hubieran ganado la aritmética parlamentaria, habrían callado como putas. Ahora se lamen las heridas como Boabdil. En el pecado llevan la penitencia (se les supone vaticanistas). Ibarretxe, viendo que no hay «casera», dice que se las pira y ahí os quedáis, en referencia al «alma» no soberanista de su propio partido que, aliviada, no paró de segarle la hierba bajo los pies. Del gero gerokoak al hor konpon. Hace bien, como buen burgués. Su último agur iba dirigido a su gente.

Hay españoles que descubrieron serlo gracias a la Eurocopa de fútbol que ganó España. «Soy español», decían los más alebrestados jingoístas. Como si lo dijeran contra alguien (luego hablan de «fractura social» acá). Un sueco diría: ¿por qué dices ser lo que ya sabemos que eres, es que tienes dudas? Si una piedra hablara, diría: soy piedra. El español estereotipado y massmediatizado dice: soy español. Igual que una piedra, salvo que la piedra no sabe que lo es ni se plantea la «piedridad». No existe la «españolidad» ni la «vasquidad», en esencia. Son constructos. Entonces, ¿qué hay? Muy sencillo: los vascos que no se sienten ni españoles ni franceses. Ni siquiera son «ciudadanos» porque no tienen un Estado propio. Se les impone una «ciudadanía» a la mayoría social de este país. Y ello invisibilizando a la izquierda abertzale, trucando elecciones, dando un golpe de mano como Luis Bonaparte en el 18 Brumario en 1851. Y eso se llama fascismo. Que genera resistencia. La pelota, como siempre, está en el tejado del gobierno y sus sucursales. El próximo jueves, huelga.
El dieciocho Brumario del octavo año de la República después de la revolución burguesa francesa, o sea el 9 de noviembre de 1799, fue el día en que Napoleón I dio el golpe de Estado, implantó el régimen imperial y la dictadura militar. El 2 de diciembre de 1851 Luis Bonaparte, siguiendo la pauta de su tío, por medio de un golpe de Estado reestableció la dictadura militar; el 2 de diciembre de 1852; abrogó la República, emprendió el régimen imperial y fue proclamado Napoleón III.

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