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2009/07/22

Entrevista a Iñaki Gil de San Vicente sobre el euskera

"...el Pueblo Vasco se define a sí mismo, se autoidentifica, como el pueblo que habla la lengua vasca, no como el pueblo que habita un territorio determinado o que tiene unas determinadas peculiaridades étnicas propias, sino como el pueblo que habla esa lengua vasca. Por tanto, no es una autodefinición biologicista y territorialista, centrada en la sangre y en la geografía, sino en la lengua y en la cultura. La autodefinición biologicista y territorialista tiene un muy alto componente etnicista, con los enormes riesgos que ello supone de deriva fácil y rápida al chauvinismo, a la xenofobia y al racismo."

KAOS EN LA RED (Euskal Herria) web gunean Iñaki Gil de San Vicenteri egindako elkarrizketa bat aurkitu dugu (Consistencia y vitalidad de un militante comunista) Bere ikuspegi marxistatik euskerari buruzko galdera bati erantzuten dio. hona hemen:
En KAOS EN LA RED (Euskal Herria) hemos encontrado una entrevista con Iñaki Gil de San Vicente (Consistencia y vitalidad de un militante comunista). Desde su optica marxista responde extensamente al tema del euskera en una de las preguntas que pasamos a reproducir:

Iñaki, uno de los elementos fundamentales que el pueblo vasco rescata en este proceso de lucha por su independencia es el de la lengua. ¿Cuál es desde el punto de vista político la importancia que tiene el euskera en la lucha de liberación del país vasco? ¿Existe todavía persecución para quienes enseñan y hablan el euskera?

El Pueblo Vasco rescata su lengua porque si ésta perece también desaparece la cultura vasca y con ella el pueblo que se define a sí mismo por esa lengua. Hay que saber que la traducción al español de Euskal Herria es precisamente la de “pueblo que habla euskara” o lengua vasca. Dicho en otros términos, el Pueblo Vasco se define a sí mismo, se autoidentifica, como el pueblo que habla la lengua vasca, no como el pueblo que habita un territorio determinado o que tiene unas determinadas peculiaridades étnicas propias, sino como el pueblo que habla esa lengua vasca. Por tanto, no es una autodefinición biologicista y territorialista, centrada en la sangre y en la geografía, sino en la lengua y en la cultura. La autodefinición biologicista y territorialista tiene un muy alto componente etnicista, con los enormes riesgos que ello supone de deriva fácil y rápida al chauvinismo, a la xenofobia y al racismo. Mientras que no sucede lo mismo con la autoidentificación centrada en la lengua y en la cultura, más abierta a otras culturas y lenguas, a otras aportaciones exteriores.

La función identitaria que tiene el complejo lingüístico-cultural euskaldun en la conciencia vasca viene, por tanto, de su misma raíz sustantiva. Destruida la lengua, el Pueblo Vasco se marchita y muere, se seca, como lo hace un árbol desarraigado. En la medida en que el complejo lingüístico-cultural siga vivo, en esa medida seguirá existiendo esperanza y con ella seguirá la lucha por su (re)construcción, que es a la vez la del propio Pueblo Vasco. Los Estados español y francés son plenamente conscientes del papel crucial de la lengua en la pervivencia vasca y por eso la atacan abierta y solapadamente para debilitarla, agotarla y, por fin, lograr su extinción como lengua viva. Saben que una vez reducido el euskara a una reliquia única en el museo de las lenguas muertas, chapurreteadas por contados especialistas estrambóticos, la nación que hablaba, pensaba y luchaba con esa lengua ha dejado de existir como tal.

Como marxistas, sabemos que la lengua de un pueblo es, en palabras de Marx, “el ser comunal que habla por sí mismo”, es decir, la autoconciencia colectiva expresada de forma individual dentro de la unidad comunal, y la autoconciencia individual insertada creativamente en dicha unidad comunal. Marx escribió esto al estudiar con el rigor que le caracterizaba las sociedades precapitalistas y preclasistas, los pueblos antiguos, las primeras agrupaciones humanas tal cual eran conocidas en la mitad del siglo XIX. Todos los descubrimientos realizados desde entonces han confirmado, enriquecido y ampliado esta tesis que también explica cómo funciona la dialéctica entre la economía y la cultura, dialéctica que el dogmatismo mecanicista ha destrozado con la falsa dicotomía entre “infraestructura” y “superestructura”, priorizando la primera, relegando la segunda. Sin embargo, para entender la historia de la lucha entre el capital y el trabajo a nivel mundial hay que partir de la dialéctica entre economía y cultura, sobre todo si se realiza en la práctica de liberación de las naciones oprimidas por el imperialismo.

Me preguntas sobre qué importancia tiene el euskara desde el “punto de vista político”. La respuesta depende de qué entendamos por “política”. Si reducimos la política a la politiquería profesional al servicio del poder capitalista, la importancia del euskara es, primero y superficialmente, la de un simple reclamo propagandístico y electoralista tanto desde el autonomismo burgués, que lo usa para seguir engatusando a las bases populares vascas que le votan, como, en mucha menor escala, por parte de los partidos españoles y franceses que, pese a su nacionalismo imperialista antivasco, no tienen más remedio que decir que defienden la lengua vasca aunque en la práctica la ataquen; y segundo y ya más estructuralmente, un enemigo a combatir y destruir como lengua viva por el nacionalismo español y francés, como hemos explicado.

Ahora bien, si definimos la política desde el marxismo, es decir, como la síntesis teórica de todas las contradicciones, como la economía concentrada, como la lucha de clases en su expresión de lucha por el poder, como la planificación de las violencias, etc., entonces la lengua vasca tiene una importancia triple ya que, por un lado y como hemos visto, es la base de la autoconciencia nacional de un pueblo oprimido; por otro lado, es también un poderoso aglutinador de la conciencia democraticista y progresista de base, sin mayores pretensiones de radicalidad sociopolítica, porque su recuperación y (re)construcción se hace en medio de una presión antivasca y antidemocrática, y viceversa, de manera que, al margen de lo que opine cada cual, el aprendizaje del euskara, en este contexto, es en sí mismo un acto de inicial reafirmación democrática en todos los sentidos de la palabra. Este contenido subyacente es tan obvio que los Estados español y francés intentan con todos sus medios, que son muchos, reducir el aprendizaje del euskara a una simple obligación de currículum laboral, de capacitación profesional para cobrar más, como quien aprende nepalí o inglés sudafricano, de modo que deja de ser necesario aprender la lengua vasca cuando la economía deje de exigirlo, como ya no es necesario saber sánscrito o arameo excepto para los especialistas en lenguas muertas. La reducción del euskara a fastidiosa y desagradable “puntuación” para un trabajo es un paso más en su marginación al gueto de lo exótico e inservible socialmente.

Por último, la tercera razón que explica la importancia política de la lengua vasca es tan sencilla como lo es la propia antigüedad y especificidad del euskara. En sentido marxista, por política hay que entender también la acción por mantener viva la rica diversidad lingüístico-cultural de la especie humana, en especial las lenguas que están al borde de la extinción y, entre éstas, las que tienen más dificultades para sobrevivir, las que corren mayor peligro. Según lo estudiado hasta ahora por las ciencias que se encargan de la sociolingüística, el euskara es la única “lengua isla” que sobrevive en la Tierra, sin parentesco con ninguna de las familias lingüísticas existentes, grandes o pequeñas, pese a los ímprobos esfuerzos que se realizan para encontrar una solución al “enigma vasco”. La hipótesis más plausible y que adquiere verosimilitud según avanzan los estudios, es que el euskara es el resto superviviente del bloque de lenguas del paleolítico europeo, que resistió en el mesolítico y retrocedió en el neolítico frente al avance de las lenguas indoeuropeas. Si esta hipótesis se confirma, y todo indica que sí, al euskara se le reconocerá un valor cultural tan grande como el ya otorgado mundialmente a las impresionantes pinturas rupestres de la cultura cantabro-pirenaica, zona en la que se hablaba el proto-euskara y en la que se mantiene el euskara en grandes áreas.

Nadie niega la importancia cultural y política, en el sentido humanista, marxista, de este debate, del trasfondo histórico que lo sustenta y del presente cargado de conflictos que nos remiten, en parte, a este pasado. Los Estados español y francés boicotean con todos sus recursos las investigaciones sobre el origen y originalidad de la lengua vasca, sabedores de que en este como en todos los casos, la verdad es revolucionaria y la ciencia crítica un arma de liberación, de manera que si se confirma el origen no español ni francés del euskara y del Pueblo Vasco, algo históricamente incontrovertible, se termina de hundir internacionalmente la falsa legitimidad con la que excusan su ocupación militar de Euskal Herria. Por tanto, cuando las y los vascos luchamos por mantener viva nuestra lengua, con el apoyo inestimable de cada vez más grupos científicos, demócratas y revolucionarios de todo el mundo, no solamente lo hacemos en defensa de lo que es nuestro, que también, sino que a la vez, simultáneamente, nosotros y esos movimientos internacionalistas y humanistas, defendemos la diversidad cultural humana, un valor que no tiene precio. La importancia política, en el sentido radical de la palabra, de esta lucha es incuestionable, como lo es la de todo pueblo que defiende su identidad frente a la mercantilización alienante del imperialismo.

La represión que sufre actualmente el euskara en concreto y la cultura vasca en general es, a simple vista, menos brutal en sus formas que la ejercida en su tiempo por el franquismo, pero más destructora en realidad porque el nacionalismo español y francés ha mejorado sus métodos. Por ejemplo, ahora se nos tolera escribir nuestros nombres y apellidos en grafía vasca pero nuestra lengua no está reconocida oficialmente en la totalidad de nuestra nación sino sólo en una parte de ella, en la denominada Comunidad Autónoma Vasca, y ahí, en esa parte, supeditada a la supremacía legal, institucional y económica de la lengua española. La lengua francesa y española son oficialmente obligatorias, todo vasco y vasca tenemos la obligación oficial de saberlas y la obligación práctica de usarlas por los enormes y frecuentemente insuperables impedimentos legales o prácticos que limitan el uso público de la lengua vasca o lo suprimen del todo. El euskara es lengua cooficial sólo en una parte, en la CAV, y encima su aprendizaje es opcional, voluntario aunque sin apenas subvenciones ni ayudas, y lo que es peor, incluso en esta zona su uso está muy limitado a una parte reducida de las administraciones.

Nacionalmente hablando, la lengua vasca está sometida a la aplastante superioridad legal y práctica del español y del francés, existiendo zonas de Euskal Herria en las que está en serio riesgo de desaparición inminente, encontrándose en riesgo de extinción a medio plazo en toda Euskal Herria. En zonas de nuestro pueblo se impide la enseñanza del euskara, y su uso público es sometido a presiones crecientes en esas zonas. Lo peor de todo es que la ofensiva antieuskaldun va en aumento: no se conceden ayudas o cada vez se conceden menos, se recortan drásticamente las que se condecían antes, se aumentan las subvenciones a otras lenguas como el inglés, por no hablar de los masivos y constantes apoyos al español y al francés, se persigue políticamente o se asfixia económicamente a los medios de prensa y de cultura en euskara y a todas las movilizaciones populares a favor de dicha lengua, y las universidades y centros de estudio reducen las asignaciones a la lengua vasca.

Se ha empezado incluso a prohibir el reparto de prensa vasca y euskaldun en las bibliotecas públicas en Nafarroa, medida claramente dictatorial como en el franquismo. Para machacar aún más a la lengua, cultura e identidad vasca, los partidos españoles PP y PSOE han dado un golpe político-institucional prohibiendo el ejercicio del elemental derecho al voto libre, ilegalizando candidaturas y partidos, amañando así elecciones para obtener una mayoría fraudulenta e inexistente en la realidad social. Mediante este pucherazo electoral típico de regímenes autoritarios y dictatoriales, se quiere aumentar el ataque al euskara desde todas las realidades cotidianas, no dejando ningún resquicio legal o alegal que facilite la defensa de la identidad nacional de Euskal Herria.

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