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2009/08/30

El último escalón

"El fascismo ha eliminado el poder colectivo del pueblo llamando a los individuos solitarios a tareas trascendentales, como es la transformación de la sociedad mediante el perfeccionamiento de la persona, prescindiendo de su carácter social. La revolución ya no es necesaria y es una expresión terrorista."


Antonio Alvarez Solis (Gara)
En un artículo que he repasado con todos los sentidos puestos en su denso contenido leo lo siguiente: «Mi horror en estos momentos nace de la certeza de saber que Euskal Herria se enfrenta a un nuevo fascismo español». Firma el artículo Amparo Lasheras y creo que se trata de una reflexión brillante arropada por un estilo sólido y un saber profundo, no en vano nace ese saber de la fuente clara de un anarquista, tío abuelo de la autora, que luchó con las armas en la mano para evitar la derrota republicana.

El problema está precisamente ahí: el fascismo. Todo lo demás que acompañe al análisis de este objetivo esencial es artillería erudita de acompañamiento; valiosa, cómo no. Pero el espíritu que envenena nuestra época es el fascismo. Me gustaría, por tanto, añadir algunas notas sobre esta realidad esencial, ya que para ciertos perfiles el magnífico trabajo de Amparo no ha tenido espacio suficiente. Es mucha la leña que cortar y poca el hacha de que disponemos.

Dice la autora que estamos ante «un nuevo fascismo español». Ahí creo añadir como necesario que no se trata de un nuevo modo de fascismo, sino de la culminación de ese fascismo que ganó la guerra de 1939-45, aunque este sangriento conflicto se tenga por un enfrentamiento ideológico de las potencias aliadas frente a las potencias del Eje. De muchas cabezas pertenecientes a las potencias aliadas nacieron las doctrinas, sobre todo de cabezas pertenecientes a la intelectualidad inglesa, que encofraron el militarismo fascista de los regímenes del Eje. En realidad se trató de una guerra civil entre la economía especulativa de los anglosajones y la economía real de los alemanes, ambas en manos de idénticas castas. Los anglosajones ganaron la guerra y los alemanes, con sus aliados, consiguieron el futuro. Pero los dos diseñaron idénticas sociedades verticales en las que un populismo movido por una cultura de los grandes intereses y por un socialismo carcomido por la deslealtad se apoderaron de los mecanismos vitales de la sociedad trabajadora. Se habló a las masas de un futuro en que la abundancia estaría garantizada por un estado mesiánico, dirigido por los más capacitados. Unos presentaron ese estado como culminación de la democracia liberal; los otros, como herramienta de una tecnocracia liberadora. Unos hablaban de la constitución y los otros lo hacían del coche popular. Unos de la Bolsa y los otros de las grandes cadenas de producción. Al fondo de ese paisaje, los poderes que lo cultivaban en sus dos versiones eran los que ahora han producido la catástrofe humana que vivimos. Se echó de comer a las masas occidentales con los despojos de cien pueblos, incluidas grandes capas de los que se creían llamados al maná social. Las constituciones liberales alumbraron la democracia discriminatoria y un pasajero mundo de cosas dio muerte a la energía social de los trabajadores, a los que encuadró un sindicalismo colaboracionista. En definitiva, dos cabezas de la misma hidra fascista. Dos máscaras distintas para idéntica tragedia.

Sólo, pues, me resta añadir un encaje al fascismo que aterroriza a Amparo en su luminosa argumentación: no se trata de un fascismo nuevo sino de la culminación del viejo fascismo que ahora ya no constituye un suburbio del pensamiento burgués en su primera época liberal, sino de la penetración del fascismo en la postrera concentración del poder liberal realizada en forma de neoliberalismo. Y sobre esto hay que decir algunas otras cosas.

Uno de los fenómenos biológicos del fascismo consiste precisamente en su penetración en el sistema nervioso de las poblaciones. El fascismo que, durante muchos años, constituyó una manifestación extremista en torno a la burguesía, una expresión suburbial de la misma, y que permitía al sistema burgués proclamarse defensor del orden frente al disturbio, se ha introducido ahora en la médula social y ha tintado de fascismo todos sus mecanismos celulares.
El fascismo ha eliminado el poder colectivo del pueblo llamando a los individuos solitarios a tareas trascendentales, como es la transformación de la sociedad mediante el perfeccionamiento de la persona, prescindiendo de su carácter social. La revolución ya no es necesaria y es una expresión terrorista. El fascismo habla de la provisión ante las necesidades, mientras convierte estas necesidades en fuente de sus ganancias. El fascismo proclama la muerte de las ideologías porque el remedio de los desastres corresponde a la técnica y no al pensamiento moral en torno al modelo de existencia. El fascismo proclama la soberanía de los mejores sobre la voluntad de la masa. El fascismo reduce la expresión de libertad a un juego de salón entre jugadores registrados en el club. El fascismo subordina las naciones a los estados en tanto que penetra en ellos para hacerlos entes subsistentes por sí mismos y manejados por la minoría selecta. El fascismo decide quiénes están llamados al gobierno de la res publica, usando la formación como selección. El fascismo fomenta el miedo perpetuo a fin de degradar la grandeza del ser humano como protagonista de su aventura vital. El fascismo maneja las iglesias y los ejércitos como productores de majestad y protección. El fascismo reduce la posibilidad intelectual a una cartilla escolar fuera de la cual sólo cabe la represión institucional como agente custodio de la paz. El fascismo despoja a las leyes de la moral del Derecho, alumbrando así una normativa transeúnte y prevaricadora.

El fascismo reduce su gobernación al gesto jarifo de darle la vuelta a la tortilla, con menosprecio de ambiciones, tradiciones y respetos. El fascismo es una agresión frente a la capacidad intelectual creadora, por eso cuando los genocidas al servicio de Franco penetraban en los territorios ocupados a la República se apresuraban a fusilar en primer lugar al maestro. El fascismo es la reducción de la memoria histórica a un recuerdo banal de hechos que no deben repetirse porque los que triunfaron no admiten la respuesta.
El fascismo es, querida Amparo, todas estas cosas que el liberalismo ha ido forjando mediante la verticalización de sus planos sociales y la reducción de los nichos sociales de acción popular. Vivimos, pues, el último escalón del liberalismo, como demuestra su incapacidad para generar la sucesión de sí mismo. Todos los intentos de hacerlo se reducen a una repetición de gestos que conllevan siempre la misma falsificación de la ética social y de la moral liberadora. Los brotes verdes están recogidos por los gobernantes, ya sean de la derecha o de la llamada izquierda, en una repetición de la especulación financiera, mientras los trabajadores han de acudir a la sopa conventual de las diez monedas con que pagan su propia entrega. La purificación de la Bolsa ha consistido en entregar a los poderosos el dinero del común mientras la economía real trata de generar beneficios con el despido de millones de trabajadores y el recorte de salarios hasta el nivel del hambre, que no sólo consiste en carecer de medios físicos para comer sino en yacer inermes frente a un mercado que aumenta día a día la proletarización social. ¿O acaso no ha de vivir más del 60% de los trabajadores con menos de mil euros? Eso es fascismo. Como es fascismo la depuración constante de los medios informativos para que la verdad sea asunto de sacristanes y de escritores que han hecho de la literatura un juego de palabras que suenan a campana de madera. En cuanto a lo que dices del «nuevo fascismo español», España siempre ha sido así, una tierra de generales a caballo, santos hambrientos y vírgenes irremediables, todos ellos bajo la inmemorial advocación de Ares, dios menor de la guerra.

2009/08/29

Ekin dezagun batera (Bilbao)

"Bilboko errealitatea oso desberdina da. Asko gara gaztetxe, ikasle asanbladetan, konpartsetan, mugimendu feministan, etxebizitza duinaren aldeko plataformetan edota mugimendu antifaxistan biltzen garenok"

Bilboko gazte mugimendu independentista iraultzailearen oharra

Euskal gazteria eta kapitalismoa, kapitalismoa eta euskal gazteria, ezinbesteko talkan bizi diren bi errealitate kontrajarriak.

Ikuspegi eta logika horretatik abiaturiko praktikak ondorio nabarmenak ditu gure bizitzaren esparru guztietan: gure ahalbide ekonomikoetan, emakumeon eskubideetan, sexualitatean, kontsumo ereduan, pentsamenduan, lan baldintzetan, hizkuntza eskubideetan, ikuspegi kolektiboan, kulturan...
Gure behar eta interesen gainetik, diru irabazien logikak nabarmen agintzen du. Honen guztiaren ondorio da kapitalismoak pertsona, gazte eta herri bezala kaltetu eta zapaltzen gaituela; Gazte gara gazte eta ez gaude konforme!
Bilbon ere, eredu kapitalistaren zapalkuntza ezin nabariagoa da. Hiri handian, negozioa eta kapitalaren logika erabat inposatua daukagu; hiritarron beharrizanen gainetik, turismoa da lehentasuna.
Hiri eredua diseinatzen duten politikari, enpresari, instituzio eta multinazionalek, euren mesede eta interesetara egokitutako sistema inposatzen digute. Begirada bat botatzea besterik ez dago guretzako lekurik ez daukatela ikusteko. gazte eta inkonformista den oro hiriko mapatik at utzi nahi dute...
BBK Live edo Bilbao Urban Circuit bezalako ekimen diruzale eta elitistak, banketxe eta multinazionalen egoitzak gure kaleetan, etxebizitza berrien eraikuntza basatia, AHT edo SuperSur diren proiektu txikitzaileak inposatuz... Hauen tamainara egindako hirian murgilduak nahi gaituzte.
Baina Bilboko errealitatea oso desberdina da. Asko gara gaztetxe, ikasle asanbladetan, konpartsetan, mugimendu feministan, etxebizitza duinaren aldeko plataformetan edota mugimendu antifaxistan biltzen garenok.
Guk guztiok beste eredu baten alde antolatzen gara. Gaztetxeak baliatuz, aisialdi alternatiboa eskainiz eta auzoak berpiztuz, faxistek inposatutako kale zein plazen izenak ezabatuz, inposatzen dizkiguten eredu sexista eta patriarkalen kontra ekinez, gazteontzako lan baldintza duinak eskuratuz eta ikasleon eskubideak defendatuz, sistemaren kontrako abestiak sortuz, edota internazionalismoa bultzatuz. Gure lurra suntzitsen duten makroproiektuen aurka eginez edo jai herrikoi eta partehartzaile batzuen alde lan eginez.
Bilbo grisari, kolorez beteriko alternatiba eskaintzen diogu gazteok.
Horregatik, indar hauek guztiak elkartu eta batera ekiteko unea da. Kapitalismoa inposatzen diguten guzti horien aurrean, gazte fronte sendo eta indartsu bat sortzeko unea da, pertsona, gazte eta herri bezala, biharko Bilbo eta Euskal Herri berria denon artean marrazteko unea da. Sistemari pitzadurak eraginez, erasoei aurre egiteko eta alternatiba berriak garatu eta pizteko unea da. bidean indar berriak bilduz egingo gara garaitezinak, batera, ezingo gaituztelako gelditu...
Gu garelako hiri honen geroa?

EKIN DEZAGUN BATERA!
BOTA HORDAGOA SISTEMARI!




2009/08/28

Berriro ere, faxismoa mehatxuka

"...eraso hauek dakartzaten inplikazioei buruzko hausnarketa ere beharrezkoa dugu, etorkizunean haiek sahiesteko, eta memoria historikoa berrereskuratzeko mugimenduaren helburu nagusienetako bat lortze aldera: Inoiz ez berriro ere faxismorik!"


Memoriaren Bideak eta Bidankozeko Bulgua * E.H

Berriro ere, faxismoaren mehatxuzko presentzia erasokorraren lekuko izan gara. Berriro ere, bere ankerkeriak salatzeko eta bere biktimak omentzeko oroitarriak erasotuak izan dira Nafarroako eskualde ezberdinetan. Iadanik ezaguna denez, Iruñerriko zenbait hilerrietan txikizioak egin dituzte faxistek, baita Ezkaba mendian San Cristobal espetxeko presoen aldeko oroitarrian edota Igari eta Bidankoze tarteko mendatean dagoen eskulturan ere, frankismoaren esklaboen omenezkoa azken hau. Agerian gelditu denez, eraso koordinatua izan da, eta horren barrenean hainbat pertsonei egindako dei anonimoak ere aipatu behar dira.

Gauzak horrela, beharrezkoa da gertakarion salaketa publikoa, eta horregatik ere poztekoa da Nafarroako indar politiko guztiek horrela egitea, Partido Popularraren salbuespen esanguratsuarekin. Hala ere, salaketa publikoak ez ezik, ekimen judizialak ez ezik, eraso hauek dakartzaten inplikazioei buruzko hausnarketa ere beharrezkoa dugu, etorkizunean haiek sahiesteko, eta memoria historikoa berrereskuratzeko mugimenduaren helburu nagusienetako bat lortze aldera: Inoiz ez berriro ere faxismorik!.

Gure ustez, hausnarketa horrek honako aspektak aintzat hartu beharko luke.

1. Eraso hauek agerian uzten dute oraindik ere batzuek onargarriak deritzotela 1936an hasitako hilketa masiboari eta gerrari. Are gehiago, erasook portaera hauek salatzen eta deslegitimatzen jarraitzeko beharra erakusten digute. Zoritxarrez, hauxe ez dugu iraganeko kontua, gure artean batzuek begi onez gogoratzen dute gurutzadetako garai horiek, eta hori, garaiko biktimentzat izan ezik, giza eskubideen defentsa aldarrikatzen dugun guztiontzat kexkagarria izan behar du.

2. Horretaz gain, azpimarratu egin behar da eraso hauek ez direla lehen aldiz gertatzen, eta hala ere oraindik ez da inongo ekimen instituzionalik eman gertaera horiek argitzeko asmoz. Ematen du faxismoaren presentzia eta mehatxuak ez direla lehen mailako kexkak, gure gobernarientzat behintzat. Zergatik horrelako pasibitatea? Kasualitatea al da eraso hauek egiten dituztenak inpunitate giro batean aritzea?

3. Bestalde, pasibitateari ez ezik, salagarria ere deritzogu frankismoa erabat gainditzeko memoria politikak bultzatzeko erakundeen borondate ezari. Ez zen egin trantsizioan zehar, ez zen guztiz burutu Memoria Historikoaren Legearekin, eta oraindik ere, Nafarroan agintean dagoen partiduak, UPNk, ez dio kendu nahi Iruñeko plaza baten izena frankismoaren Justizia Ministroa izan zenari, Rodezno Konteari, hain zuzuen ere, nahiz eta horrela legearen kontra jokatu. Guzti hau pentsaezina litzateke diktaduretatikateratako beste herrialde batzuetan, Alemania, Argentina edota Hego Afrikar Errepublikan, adibidez, herrialde hauetan geurean baino askoz askatzaileagoak izan direlako memoria politika publikoak.

4. Guzti horren ondorioz, beharrezkoa da gizartearen lana eta mobilizazioan jarraitzea, biktimen eskubideak errespetatzeko (egia ezagutzeko, justiziarako eta erreparazkiorako eskubideak, alegia) eta gizarte eredu bidezkoago bat lortze aldera. Zeregin horretan urteak daramatzate memoria elkarteek, modu publikoan, baketsuan eta irmoan lanean, eta horrela jarraituko dugu faxismoaren presentziari aurre eginez, eraso eta mehatxuen gainetik.

5. Bukatzeko, esanguratsua zaigun zerbait aipatu nahi dugu. Igari eta Bidankoze tartean frankismoaren esklaboen omenezko monolitoan faxistek bakearen usoaren eskultura indarrez kolpatu egin zuten, burua kentzeraino. Gerra eragin zuten, eta harro daude horretaz. Kexkagarria. Lotsagarria.

2009/08/26

AHAZTUAK PIDE A LAS INSTITUCIONES QUE INFORMEN A LA CIUDADANÍA.

En las últimas semanas se ha producido una escalada de atentados contra la memoria democrática de Euskal Herria. Numerosos ataques que en Gipuzkoa (Aritxulegi, Oiartzun) y Nafarroa (Artika, Altzoain, Arbisu, Baztan, Bera, Bidangotze, Fuerte Ezkaba-San Cristóbal, Iruñea-Pamplona, Lesaka, Orkoien...) han arrojado un preocupante balance de monumentos destruidos e incluso tiroteados, recordatorios en honor a las víctimas del franquismo, símbolos de homenaje a los gudaris y milicianos que se enfrentaron al golpe de Estado de 1936 y placas conmemorativas ultrajadas, tumbas profanadas, insultos y amenazas en locales y vehículos acompañados de apología del terrorismo de Estado franquista...

Desde Ahaztuak 1936-1977 queremos destacar la preocupación social que está suscitando esta serie de atentados por la total impunidad con la que se están produciendo. Muchos familiares de víctimas del franquismo se están poniendo en contacto con nuestro colectivo para interesarse por lo sucedido y también para mostrar su indignación por el diferente tratamiento mediático, político y judicial que reciben estos hechos en comparación con otro tipo de ataques. Consideramos que existe un importante interés social al respecto y pedimos a los representantes institucionales correspondientes (Departamento de Interior del Gobierno Vasco; Departamento de Presidencia, Justicia e Interior del Gobierno de Navarra; Ministerio de Interior; Delegaciones y Subdelegaciones del Gobierno de España) que informen a la ciudadanía sobre las medidas que están tomando las autoridades al respecto, el estado de las investigaciones policiales para esclarecer los ataques y detener a los autores, etc.No podemos pasar por alto que la mayoría de estos atentados han sido firmados por siglas y simbología falangistas. Actualmente son 19 las formaciones falangistas legalmente inscritas en el Registro de Partidos Políticos de la Dirección General de Política Interior (se indica también ciudad y fecha de inscripción):


FALANGE ESPAÑOLA DE LAS J.O.N.S. (Madrid, 1976).

FALANGE ESPAÑOLA INDEPENDIENTE (Madrid, 1977).

FALANGE ESPAÑOLA AUTENTICA (Madrid, 1979).

FRENTE PARA LA UNIDAD FALANGISTA (Madrid, 1979).

MOVIMIENTO FALANGISTA DE ESPAÑA (Madrid, 1980).

UNIDAD FALANGISTA DE CATALUÑA (Barcelona, 1980).

UNIDAD FALANGISTA MONTAÑESA (Santoña, 1980).

FALANGE ASTURIANA (Oviedo, 1981).

FALANGES GALLEGAS - UNIDAD FALANGISTA (A Coruña, 1982).

FALANGE CRISTIANA DEMOCRATICA (Barcelona, 1984).

FALANGE GALLEGA DE LAS J.O.N.S. (Pontevedra, 1994).

FALANGE ESPAÑOLA FRENTE NACIONAL-SINDICALISTA (Valencia, 1996).

FALANGE ESPAÑOLA NACIONAL-SINDICALISTA (Madrid, 1996).

LA FALANGE (Madrid, 1999).

FALANGE 2.000 (Madrid, 2000).

FALANGE AUTENTICA (Alicante, 2002).

MESA NACIONAL FALANGISTA (Granada, 2006).

FALANGE UNIVERSAL (Sevilla, 2009).


Hacemos un emplazamiento a todas estas formaciones falangistas a que aclaren si tienen relación con estos ataques que están siendo reivindicados en su nombre, que se posicionen al respecto o que se desmarquen de los mismos para ayudar así a esclarecer los hechos y las responsabilidades. Suponemos que en caso contrario estos partidos falangistas legalmente establecidos, alguno de los cuales se siguen presentado puntualmente en cada cita electoral, serán perfectamente localizables por cualquier instancia judicial, tanto sus sedes sociales como sus dirigentes y las personas que han integrado sus candidaturas. Esta escalada de atentados falangistas está dirigida no sólo contra la memoria de nuestros familiares si no contra todo aquel que defienda hoy en día los valores republicanos, la verdadera democracia basada en el respeto a la voluntad popular, la libertad de las personas y de los pueblos. Ataques que no hacen mas que reactivar nuestro compromiso con la exigencia de Verdad, Justicia y Reparación para las víctimas del genocidio franquista, y que evidencian la necesidad de seguir luchando contra el modelo español de Impunidad vigente

2009/08/24

Las semillas que siempre brotan

"Aplastaron todas las ideas contrarias a sus intereses nacionales y centralistas suprimiendo la discrepancia política y cultural (Ley de Partidos e ilegalización de las fuerzas independentistas y de izquierdas, desprestigio del euskera...). "

No todos los movimientos fascistas fueron iguales pero sí respondieron a un patrón ideológico que hoy vuelve a aparecer en algunos países europeos como Italia o Francia y que en el Estado español se centra de forma especial en Euskal Herria

Amparo LASHERAS Periodista (GARA)
Siento una predilección especial por el mar, sobre todo por esa profundidad que parece dar al pensamiento, al sencillo acto de mirar, sentir y pensar. Trasmite equilibrio y también serenidad, grandeza y un halo de esoterismo que incluye una cierta fascinación por el misterio. En definitiva todos los elementos para hacer un esfuerzo de creatividad y comenzar una novela donde la ficción, sin alejarse de la vida, sorprenda a la realidad y así volver a los principios de la literatura. Pero, a pesar de que los acantilados y los cielos grises del Cantábrico incitan a muchas locuras literarias, tal vez no sea éste el momento más idóneo para abstraerme en una historia de personajes inventados que no sé a dónde me llevará. Mi necesidad y mi compromiso con el oficio de escribir me marcan otras prioridades que debo de respetar. Una de ellas es la de exteriorizar y denunciar el horror que se puede llegar a sentir ante la verborrea utilizada por políticos, obispos y periodistas, en las últimas semanas. Hablan sin rubor, con talante fascista, de erradicar ideas, de deslegitimar y borrar de la historia, de la sociedad y de la política los derechos de un pueblo, de una clase y de una ideología, la de la izquierda abertzale. Califican el derecho de manifestación, de huelga, de reunión, de opinión y la libertad de expresión, de «derechos ridículos» y los catalogan como instrumentos de desorden, de desestabilización social y contrarios a la democracia y la rigurosa defensa de las libertades. Pretenden desnaturalizar la condición humana castigando la amistad, el cariño y el recuerdo hacia cualquier preso o presa política vasca con penas de cárcel. Ellos han decidido que ha llegado la hora del silencio y que Euskal Herria no debe existir. La Policía, la propaganda de la prensa, las leyes a medida y un poder judicial al servicio del Gobierno, realizarán el trabajo sucio, el de oprimir y reprimir. La sensación de pánico es como estar ante el abismo de un acantilado y no saber si en el próximo segundo te precipitarás al vació o retrocederás hacia tierra firme. El horror sobreviene cuando ya no existe tierra que pisar. Mi horror en estos días nace ante la certeza, peligrosa pero real, de saber que Euskal Herria se enfrenta a un nuevo fascismo español.
Sin embargo, mi conclusión, aunque parezca personal, no se debe únicamente al temor de revivir situaciones ya conocidas, a los recuerdos o las experiencias vividas durante la dictadura franquista, ni siquiera a un ejercicio literario de desahogo emocional y por lo tanto rebatible como cualquier acto subjetivo. Existe algo más. Sólo hay que documentarse, revisar la historia y volver al siglo XX para estudiar la época de entreguerras, un periodo concreto entre 1918 y 1939. Es el tiempo de los movimientos fascistas, una ideología que se desarrolló en toda Europa y que alcanzó el poder en Italia con Mussolini, en Alemania con Hitler y en España con Franco. Analizar las características, los orígenes ideológicos y las condiciones sociales que propiciaron el nacimiento de estos movimientos exige un espacio superior a los siete mil caracteres de este artículo, no obstante, a pesar de ese inconveniente periodístico, sí se pueden apuntar los datos suficientes para avalar la similitud entre la política de aquellos gobiernos y la que hoy se aplica desde Madrid y Lakua contra la izquierda abertzale. No todos los movimientos fascistas fueron iguales pero sí respondieron a un patrón ideológico que hoy vuelve a aparecer en algunos países europeos como Italia o Francia y que en el Estado español se centra de forma especial en Euskal Herria. Por ejemplo, todos los fascismos de entreguerras, a través del populismo, reforzaron y defendieron la idea de nación única frente a la de clase (acuerdo entre el PP y PSE). Aplastaron todas las ideas contrarias a sus intereses nacionales y centralistas suprimiendo la discrepancia política y cultural (Ley de Partidos e ilegalización de las fuerzas independentistas y de izquierdas, desprestigio del euskera...). Monopolizaron los medios de comunicación en su propio beneficio (algunos empleadillos de EITB ya han dado la consigna de que en los contenidos informativos la izquierda abertzale no existe). Y por fin buscaron un enemigo (ahora es el terrorismo) al que culpar de todos los males sociales y contra el que desplegaron una fuerte represión en todas sus vertientes, desviando así la atención de los graves problemas económicos, derivados de la crisis provocada por el crack de 1929 y que, con sus lógicas diferencias, se asemeja a la actual, generada por el brutal neoliberalismo con que se ha regido el capitalismo actual.
Es cierto que los fascismos contaron con el apoyo de un sector mayoritario de la sociedad, sobre todo en Italia y Alemania donde Mussolini se convirtió en un salvador y Hitler accedió el poder en unas elecciones. Y no hay que olvidar a España, que tras la Guerra Civil y los asesinatos de miles de militantes izquierdistas o republicanos y la aniquilación de cualquier atisbo democrático, Franco gobernó de forma tiránica durante casi cuatro décadas, con la aprobación de una gran mayoría de españoles y de la comunidad internacional. El historiador Roland Stromberg, en su libro «Historia Intelectual Europea desde 1789», describe la sociedad de los años 20, cuando ya despuntaba el poder de los medios de comunicación de masas, como una sociedad más interesada «por los acontecimientos deportivos, los vuelos en aeroplano, la novela policiaca, el juego chino del mayong, los crucigramas, las estrellas de cine y Mickey Mouse que por las ideas serias, la literatura o el arte de calidad». «Los diarios y las revistas de masas -escribió- impregnaron la sociedad con su bajo contenido intelectual». Después de este apunte se entiende por qué los discursos populistas del fascismo entraron tan fácilmente en la sociedad. En la actualidad, la propaganda y el poder de los medios es un hecho consumado, la telebasura una realidad vergonzante, la información veraz y contrastada se ha convertido en una misión imposible, y la mayoría de los intelectuales, en lugar a de aceptar, como afirma Chomsky, «la responsabilidad de decir la verdad y denunciar la mentira» se suman al carro de lo políticamente correcto y acaban en debates de poca monta sirviendo de mamporreros del sistema y afirmando que la violencia policial es necesaria, que el terrorismo de estado puede ser legítimo o que el derecho de manifestación es un derecho «ridículo». Lo malo es que algunos se lo creen y otros, después de tragar tanta basura, las neuronas sólo las utilizan para ver «Gran Hermano», «Supervivientes» o «El conquistador del fin del mundo», dónde lo único que importa es aplastar al colega para llegar el primero.
El punto débil de los fascismos, incluido el actual, fue y es la prepotencia, la soberbia, el creerse invencibles. No saben o no quieren entender que existen valores, conceptos auténticamente democráticos y justos, derechos inalienables que todavía remueven conciencias y crean fuertes compromisos de lucha, solidaridad y rebeldía política y social. Poco antes de vacaciones, miembros de la CNT me llamaron para que escribiese una pequeña biografía de mi tío abuelo, militante anarquista desde los dieciséis años, combatiente en el batallón Bakunin en la Guerra del 36, prisionero en las cárceles franquistas durante diez años, fundador de la CNT en Gasteiz al morir Franco y uno de los primeros obreros, a pesar de su edad, que luchó en los acontecimientos del 3 de Marzo. El motivo era incluirlo en la enciclopedia del anarquismo como militante destacado de Gasteiz. Quien escribió la historia del sindicato a partir de la Transición había obviado su nombre, acomodando la refundación de la CNT a la «nueva democracia» y atribuyéndose responsabilidades que nunca pudo asumir por cuestiones de edad. Para este personaje mi tío no existió, quizás porque siempre pensó que la utopía podía ser real. Hoy, aquel incipiente historiador milita y representa al PSE. Mi tío murió hace casi veinte años y nunca agachó la cabeza. De él y de otros familiares aprendí de dónde vengo y hacía dónde debo ir. A sentirme orgullosa de pertenecer a una clase y a un pueblo. De ser trabajadora y vasca. De ser independentista y socialista. Tal vez los neofascistas deberían aprender que aunque destrocen todas las fotos del mundo, deslegitimen la historia de un pueblo y de una clase o prohíban todas las manifestaciones posibles, hay semillas que arraigan y crecen en la mente y en el corazón y ésas... nunca desaparecen, siempre florecen.

2009/08/23

El Fascismo

"Después de su ascenso al poder en 1922, el fascismo inauguró una dictadura de derecha con apoyo creciente de masas, algo nunca visto antes. La implantación de una dictadura reaccionaria con respaldo popular no fue la única característica novedosa del experimento fascista, que también inauguró elementos inéditos en otros muchos espacios de la vida social."

Jorge Luís Acanda (Corriente Roig)

En este capítulo quiero detenerme en la significación que para la teoría y la praxis políticas tuvo el fascismo. Sobre todo porque el fascismo surgió en Italia, la patria de Antonio Gramsci, y se convirtió en el principal adversario del movimiento comunista italiano inicialmente, y rápidamente del movimiento comunista europeo y de la propia Unión Soviética. El fascismo logró derrotar a la revolución en Italia y tomar el poder en 1922. La fórmula fue copiada, con mayor o menor fidelidad, por la burguesía de otros países. El término “fascismo” dejó de designar a un movimiento político italiano, y se convirtió en un concepto que calificaba un modelo específico de organización no sólo estatal, sino incluso social. En pocos años gobiernos de corte fascista se instauraron en Austria, Portugal, Grecia, Japón y Alemania. En Francia, si bien los fascistas no llegaron al gobierno, tuvieron considerable fuerza y lograron atraer a amplios sectores de la población. El partido fascista francés, llamado “Cruz de Fuego” y rebautizado más tarde como “Partido Social Francés”, dirigido por François de La Rocque, fue el partido de más rápido y mayor crecimiento en ese país entre 1936 y 1938. En 1937 llegó a tener entre 700 mil y un millón 200 mil miembros (más grande que los partidos comunista y socialista franceses combinados) y para 1939 controlaba tres mil municipios y tenía 12 curules en el parlamento.

El fascismo constituyó un fenómeno que necesariamente preocupó y ocupó al movimiento comunista y por supuesto a Antonio Gramsci. Representa una de las claves a aprehender para poder traducir adecuadamente la propuesta teórica gramsciana. Por eso mismo es preciso captar la esencia de lo que significó en su realidad y sus proyecciones. No es algo fácil, porque se ha difundido una imagen muy superficial y caricaturesca del mismo. La responsabilidad del gobierno fascista alemán de Adolfo Hitler en el desencadenamiento de la Segunda Guerra Mundial, en el exterminio masivo del pueblo judío y en la realización de atrocidades genocidas en toda Europa, han conducido justificadamente a que el término “fascista” sea identificado con brutalidad, represión sangrienta y supresión de los derechos y libertades políticas que durante el viejo orden liberal las luchas populares habían convertido en patrimonio general. El adjetivo “fascista” ha sido utilizado indiscriminadamente en el discurso político y se le ha endilgado a cualquier grupo político con inclinaciones reaccionarias.

Pero el fascismo fue algo mucho más complejo que la implantación permanente del Estado de excepción y la utilización ilimitada de la represión física. El fascismo en Europa, en el período de entreguerras, constituyó un fenómeno de masas. Y esa realidad – después olvidada por muchos – constituyó uno de los temas más importantes de reflexión para Gramsci.

La evolución política de Italia en el cuatrienio 1919-1923 proporcionó razones para ello. En 1919 el triunfo de la revolución obrera parecía inminente. Las ocupaciones de fábricas por los trabajadores, las huelgas, la constitución de soviets en las ciudades, se sucedían unas a las otras. Ante las vacilaciones del sector más conservador del Partido Socialista Italiano, su ala izquierda (en la que figuraba Gramsci) se desgajó, y en enero de1921 fundó el Partido Comunista de Italia. Para 1922 la situación había cambiado radical y dramáticamente. El 23 de marzo de 1919, en el momento más álgido de la crisis, en un acto convocado por Benito Mussolini en la plaza de San Sepolcro, en Milán (y al que asistieron sólo 119 personas) se fundaron los fasci italiani di combattimento (fascios italianos de combate). La membresía del movimiento fascista creció rápidamente. Inicialmente su composición fue muy heterogénea, conformada por hombres vinculados a asociaciones de ex-combatientes ("arditi"), al sindicalismo revolucionario y al futurismo, con la idea de formar una organización nacional que, al margen del ámbito constitucional, defendiese los valores e ideales nacionalistas de los combatientes. Utilizando un vocabulario insólito para la derecha y formas de actuación política nunca antes vistas, que incluían la formación de grupos paramilitares para combatir con extrema violencia las actividades revolucionarias (pero que no se limitaron a ello), el fascismo logró rápidamente construirse una base de masas. En julio de 1920, había ya 108 fascios locales con un total de 30.000 afiliados; a fines de 1921, las cifras eran, respectivamente, 830 y 250.000. En 1927 se llegó a los 938.000 afiliados y en 1939 a 2.633.000. Inicialmente atrajo a la mayoría de sectores tales como la pequeña burguesía urbana, desempleados, lumpenproletariado y empleados del gobierno. Se trataba de grupos sociales explotados y excluidos por el sistema existente, pero que se incorporaron con fervor a una “revolución fascista” cuyo signo retrógrado y precapitalista era indudable. Pero también un sector de la clase obrera se sintió atraído por la propaganda fascista y le dio su concurso a este movimiento. La monarquía, el ejército y el gran capital italianos comprendieron desde un inicio el apoyo que representaba el fascismo y le prestaron todo su apoyo. Después de su ascenso al poder en 1922, el fascismo inauguró una dictadura de derecha con apoyo creciente de masas, algo nunca visto antes. La implantación de una dictadura reaccionaria con respaldo popular no fue la única característica novedosa del experimento fascista, que también inauguró elementos inéditos en otros muchos espacios de la vida social.

Lo que muchos no comprendieron desde un inicio era que el fascismo constituía una respuesta que la burguesía en el poder avanzó para implementar su “revolución desde arriba” y estructurar una nueva armazón político-estatal que le permitiera encarar los desafíos que la obsolescencia del modelo liberal y la insurgencia revolucionaria le plantearon. Su efectividad hizo que la fórmula se repitiera, de una u otra forma, en otros países europeos. En 1933 el partido nazi de Adolfo Hitler tomó el poder e implantó un modelo fascista aún más refinado, perverso y eficaz que el italiano. El fascismo se había convertido en una pesadilla para la humanidad, pero los regímenes fascistas instaurados tenían tomadas tan firmemente las riendas del poder que hizo falta una conflagración mundial y el esfuerzo coaligado de varias grandes potencias para derrocarlos.

2009/08/22

Espionaje y bandas paramilitares, armas de “inteligencia” en gobiernos fascistas

"Los gobiernos usan esos métodos para reprimir y asesinar a las oposiciones reales que luchan y enfrentan de manera firme a sus políticas. Ejercen un trabajo unitario clandestino muy efectivo para la clase dominante y por ello otorgan pagos, la mayoría de las veces, al margen de la legalidad"
Pedro Etxeberria V (Kaos en la red)
1. Bandas paramilitares –se ha demostrado- asesinaron a los 45 campesinos de la organización zapatista Las Abejas, que rezaban (en diciembre de 1997) en una iglesia en Acteal, Chenaló, Chiapas. Esas bandas paramilitares fueron organizadas, capacitadas y entrenadas por el ejército mexicano por órdenes de los presidentes Salinas y Zedillo, sucesivamente, para amenazar, reprimir y asesinar. Recuerdo que desde los años sesenta comencé a tener conciencia de bandas en la ciudad de México porque actuaban en la UNAM (como grupos anticomunistas) golpeando a estudiantes que se sumaban a las marchas y luchas de protesta. Estuvieron muy ligadas con el “porrismo” que se desarrolló alrededor del fútbol americano que luego operó violentamente contra los luchadores sociales en CCH y Prepas.
2. Se informó ayer que un cable enviado por la agregaduría de Defensa de Estados Unidos en México a la jefatura de la Agencia de Inteligencia de Defensa, (DIA, por sus siglas en inglés), instancia del Pentágono, fechado el 4 de mayo de 1999, informa que para mediados de 1994, el Ejército Mexicano contaba con autorización presidencial para instituir equipos militares encargados de promover grupos armados en las áreas conflictivas de Chiapas. Se buscaba asistir a personal indígena local en resistir al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Durante la masacre de Acteal de 1997, oficiales de inteligencia del Ejército estaban involucrados en supervisar a los grupos armados en los Altos de Chiapas. Eran equipos de tres o cuatro que rotaban en dos tres meses por diferentes comunidades.

3. El espionaje y las bandas paramilitares son de carácter universal e histórico. Incluso se inventó –casi de manera paralela- el contraespionaje. Los gobiernos usan esos métodos para reprimir y asesinar a las oposiciones reales que luchan y enfrentan de manera firme a sus políticas. Ejercen un trabajo unitario clandestino muy efectivo para la clase dominante y por ello otorgan pagos, la mayoría de las veces, al margen de la legalidad. Siempre ha habido campesinos espías, así como obrero en las fábricas y espías en todos lados. Muchos de ellos aprovechan lo que ven para obtener dinero usando el chantaje como amenaza; otros se pasan al “enemigo” porque éste les ofrece mejores condiciones. Hay muchos espías famosos, así como grupos paramilitares que siempre los acompañan.

4. Ha sido tan importante el espionaje que se ha descubierto que el jefe del espionaje de Estados Unidos, Dimitri Negroponte, se convirtió en diplomático después de terminar sus estudios en la Universidad de Yale y que fue quien puso a Zedillo como Director del Centro para estudios de la Globalización de esa universidad (alma mater de los espías y sicarios financieros). Negroponte comenzó su carrera diplomática durante el conflicto de Vietnam, donde trabajó junto a Henry Kissinger, bajo la presidencia de Richard Nixon. Desde 1960, Negroponte ocupó varios puestos diplomáticos en todo el mundo, incluyendo a países de América Latina: fue embajador en Honduras (1981-85) y en México (1989-93), muy cercano a la dupla neoliberal Carlos Salinas-Ernesto Zedillo, que tanto mal hizo a México.

5. El 13 de septiembre de 1968 por la tarde, saliendo de Chapultepec por Reforma, casi 300 mil estudiantes, profesores y sectores populares, realizamos la gran Manifestación del Silencio. Aquellos que llevaron sus autos los dejaron estacionados en los campos de los alrededores del museo de Antropología. Cuando regresaron a recogerlos a las cuatro horas se encontraron que bandas paramilitares conocidas como el MURO y el GUIA, les habían destruido los vidrios a más de un centenar de automóviles. Desde entonces nos dimos cuenta de la estrategia represiva del gobierno. Luego, tres años después, en 1971, los paramilitares entrenados en el DF y Estado de México, luego conocidos como “Los halcones”, asesinaron y golpearon a varias decenas de estudiantes cuando se preparaban a iniciar una manifestación de la Normal de maestros al Zócalo.

6. ¿Qué fueron la Alianza Anticomunista Argentina (más conocida como Triple A o AAA) y los GAL (Grupos Antiterroristas de Liberación) españoles sino grupos terroristas paramilitares hermanados? Uno para combatir el peronismo de la primera mitad de los setenta y el otro para destruir la lucha independista de los etarras durante el gobierno dizque “socialista” de Felipe González. Ni los militares argentinos, ni los españoles quisieron lanzar abiertamente a sus ejércitos, pero sí usaron bandas paramilitares para hacer la guerra sucia. A los pocos años fue descubierta la hermandad de esos grupos al ser descubierto, en Valencia España, al padre organizador. Hay por lo menos una lista de más de 200 atentados de los GAL españoles, muchos atribuidos de manera tramposa a ETA.

7. Un gobierno popular, querido por su pueblo, no necesitaría ejército ni policía, mucho menos hacer trampa; la fuerza de su pueblo – voluntario, organizado y bien coordinado- sería suficiente para someter a los malhechores. El otro extremo sería que en la medida en que un gobierno es más odiado por su pueblo, más necesidad tiene de rodearse de ejércitos y policías a cargo del erario público. El gigantesco el presupuesto (conocido, legal) que el gobierno destina para los militares del ejército, la marina y la aviación, cuya misión debería ser defender al territorio nacional ante una agresión externa (que en un mundo de paz sería inexistente) y para las distintas agrupaciones policíacas del país, sólo sirve para garantizar la permanencia en el poder de una minoría..

8. En México los gobiernos, por lo menos desde los años sesenta, los paramilitares, como grupos violentos, han estado siempre activos. Comienzan funcionando como simples “orejas”, escuchas y espías para luego recibir entrenamiento del ejército y pasar a formar en esos grupos que sustituyen al ejército cuando el gobierno lo ordena. Es difícil mantener un control sobre ellos porque el gobierno los disfraza muy bien tratando de pasar como grupo civil. No se sabe cuantos atentados realizados por ellos han sido atribuidos a otros sectores. Quizá hay que exigir su localización y desaparición; pero esa petición sería igual de risible que otras que representan un pilar de sobrevivencia del sistema capitalista. Lo importante es que los luchadores sociales los tengan muy presente, pues se aparecen en cualquier mitin, plantón o manifestación para masacrarla.

2009/08/21

Las raíces ideológicas de la homofobia eclesial [I]

"Por homofobia entiendo un fenómeno social y cultural que consiste en un conjunto persistente de actitudes y sentimientos irracionales de rechazo, miedo psicológico y social, hostilidad, vergüenza, intolerancia, odio y desprecio, entre otras percepciones negativas, de las personas homosexuales por el mero hecho de serlo. La homofobia, al igual que el racismo, el machismo o el clasismo social, se expresa a través de discursos, prácticas y relaciones sociales de opresión y dominación de unos grupos sobre otros."

Antoni Jesús Aguiló
Rebelión y Tlaxcala

Planteamiento del problema
La Iglesia católica es una de las instituciones sociales internacionales que en más ocasiones se ha manifestado públicamente sobre la homosexualidad. La mayoría de las veces, por no decir todas, los juicios doctrinales emitidos por la jerarquía en este campo adoptan una actitud condenatoria hacia comportamientos sexuales no relacionados con la reproducción, como la masturbación, la contracepción, las actividades pornográficas o las relaciones afectivas y sexuales entre personas del mismo sexo. Las enseñanzas de la Iglesia oficial descalifican y condenan tales prácticas, vinculándolas al pecado, la culpa o la enfermedad. Consideraciones análogas reciben prácticas denostadas como el divorcio civil, el aborto voluntario o las parejas de hecho. Particular relevancia adquirió en los últimos años el caso de la sociedad española. La Conferencia Episcopal Española (cee) en bloque, respaldada por organizaciones católicas y partidos políticos conservadores, dejó oír su voz antes y después de que el Congreso de los Diputados aprobara mayoritariamente en junio de 2005 la ley que reconoce el matrimonio civil entre personas del mismo sexo, haciendo del matrimonio homosexual y los «ataques» a la familia nuclear uno de los principales caballos de batalla del debate social, político, jurídico, educativo y religioso de la legislatura. Lejos de contribuir a la apertura de un debate sereno, los obispos españoles adoptaron un tono agresivo y un lenguaje aguerrido. El portavoz de la cee, Juan Antonio Martínez Camino, llegó a calificar a los matrimonios homosexuales como un «virus para la sociedad» y «moneda falsa» (Bedoya, 2004).

Más recientemente, en diciembre de 2008, el Estado del Vaticano se opuso a la propuesta de despenalización mundial de la homosexualidad [2] presentada por Francia en sede de la Organización Naciones Unidas (onu) alegando que esta iniciativa, al incorporar nuevas categorías de personas protegidas en los organismos internacionales de vigilancia de los derechos humanos, crearía nuevas discriminaciones.
Desde sus orígenes milenarios y hasta nuestros días, la Iglesia católica, utilizando una fuente de legitimación teológica, ha venido consolidando un cuerpo de creencias, valores y prácticas —lo que se conoce modernamente como Doctrina Social de la Iglesia— que regula la esfera del pensamiento y condiciona la acción de quienes profesan la fe católica. Estos patrones de comportamiento inculcados a los creyentes no se limitan a un conjunto de orientaciones de tipo espiritual, sino que se extienden también a los diferentes ámbitos en los que se construye la identidad personal y se desenvuelven las relaciones humanas: desde la familia, el mundo del trabajo, la política y la educación hasta aspectos concernientes a las esferas de la salud y la sexualidad.
Teniendo en cuenta estas premisas introductorias, el objetivo principal de este artículo es el de analizar críticamente los planteamientos y la toma de posición oficial de la Iglesia católica oficial respecto al tema de la sexualidad en general y ante la homosexualidad en particular. Para ello se establece como punto de partida la hipótesis según la cual la causa de fondo que hay en la actitud represiva de la Iglesia hacia la sexualidad, y en concreto su aversión hacia las relaciones sexuales homosexuales, es fundamentalmente ideológica. Así, sostengo que tras las argumentaciones doctrinales de la Iglesia en materia de sexualidad y homosexualidad puede detectarse un sistema de pensamiento que proyecta líneas abismales y discriminatorias fundadas en una epistemología estigmatizadora del cuerpo y una moral sexual restrictiva repleta de presupuestos sexistas, androcéntricos y homófobos. La moral sexual del catolicismo oficial no sólo atenta contra el valor de la diversidad sexual y coarta la autonomía de las personas homosexuales, sino que además viola el régimen internacional de los derechos humanos, que progresivamente ha venido reconociendo los derechos sexuales y reproductivos de mujeres y hombres como derechos humanos.
Por homofobia entiendo un fenómeno social y cultural que consiste en un conjunto persistente de actitudes y sentimientos irracionales de rechazo, miedo psicológico y social, hostilidad, vergüenza, intolerancia, odio y desprecio, entre otras percepciones negativas, de las personas homosexuales por el mero hecho de serlo. La homofobia, al igual que el racismo, el machismo o el clasismo social, se expresa a través de discursos, prácticas y relaciones sociales de opresión y dominación de unos grupos sobre otros. Estas relaciones, que pueden ir desde la violencia física hasta la violencia simbólica —humillación verbal, discriminación legal o ausencia de reconocimiento social, entre otras formas—, limitan la capacidad de las personas afectadas para desarrollar y expresar en contextos públicos determinados sentimientos, experiencias y pensamientos, habilidad necesaria para un autodesarrollo psicosocial satisfactorio. Su objetivo último, por tanto, es el de anular socialmente y destrozar psicológica —e incluso físicamente— a quienes las sufren.
La homofobia eclesial, de acuerdo con la definición anterior, es una manifestación específica e institucionalizada de homofobia practicada principalmente en ámbitos religiosos y teológicos cristianos. En este artículo me limitaré al tratamiento de la homofobia católica institucional. Está especialmente promovida, aunque no exclusivamente, por la jerarquía eclesiástica —cardenales, obispos, sacerdotes y diáconos— y sus medios de comunicación. Consiste en una actitud que construye la heterosexualidad reproductiva como voluntad divina, sospecha y reprueba todo lo que cuestiona el orden patriarcal y heterosexista hegemónico e infunde miedo y preocupación entre la población, incitándola, por tanto, al odio, el rechazo y la discriminación de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales (lgtb). La homofobia eclesial actúa como un guante de seda que enmascara un puño de hierro: utilizando la retórica la misericordia y el amor al prójimo, la jerarquía católica aparentemente acepta y acoge a las personas homosexuales, sin embargo, sus actuaciones, sus comportamientos y discursos cotidianos muestran la insensibilidad y el desprecio que siente por ellas.
Pensamiento abismal, razón indolente y diferenciación desigual
Las causas que explican la homofobia de la Iglesia católica oficial son múltiples y diversas. Junto a las razones de tipo ideológico, tratadas a continuación, pueden aducirse otras razones complementarias. La primera es una lectura fundamentalista de determinados pasajes bíblicos relativos a la sexualidad y la homosexualidad [3]. El fundamentalismo es una actitud que se refiere no tanto a la profesión de unas determinadas ideas como a la forma en que éstas se viven, caracterizada, normalmente, por su asunción literal, sin poner en práctica una reflexión crítico–hermenéutica que tenga en cuenta su inserción en un determinado contexto sociocultural, hecho que obliga a reinterpretar y actualizar las doctrinas, que de lo contrario se anquilosan, convirtiéndose en dogmas absolutos y universales. Como advierte el teólogo Juan José Tamayo (2004: 17), los diferentes fundamentalismos comparten, en términos generales, unas señas de identidad claras: otorgan valor absoluto a lo que es relativo, generalizan lo particular, universalizan lo local, simplifican y reducen lo complejo y convierten en dogma indiscutible y eterno lo que tiene un carácter opinable, contingente y temporal.
La no acomodación de la Iglesia católica al moderno Estado laico u aconfesional, secularizado, en todo caso, y con una pluralidad de valores y concepciones del mundo, constituye el segundo de los motivos que explican su rechazo al amor homosexual. La tendencia a considerar los valores propios como definitivos y universalmente válidos, más allá de los cuales se aduce que todo es relativo y no hay verdad posible, revela una fuerte resistencia de la jerarquía eclesiástica a reconocer y aceptar la existencia de una ética laica, no fundada ni revelada teológicamente, válida para el conjunto de la ciudadanía. Este hecho supone el desarrollo de una monocultura de valores que pone en peligro el principio democrático de la pluralidad ideológica y religiosa. Conforme a esta rigidez axiológica, todos aquellas iniciativas sociales, legislativas, científicas y culturales que puedan colisionar con los planteamientos de la jerarquía resultan sospechosas de socavar los cimientos de la sociedad o de querer invertir el invocado «orden natural» de las cosas. Así ocurre cuando se abordan cuestiones como la interrupción voluntaria del embarazo, la eutanasia, la educación religiosa y moral, la experimentación con células madre con fines terapéuticos, la aceleración de los trámites del divorcio o el reconocimiento del derecho de adopción por parte de matrimonios homosexuales.
A pesar de esta variedad de razones, en este trabajo me ocuparé exclusivamente de analizar las bases ideológicas de la homofobia eclesiástica desde los parámetros de interpretación de lo que el sociólogo portugués Boaventura de Sousa Santos (2007; 2008: 106) llama pensamiento abismal, que en el epígrafe siguiente aplicaré al ámbito de la epistemología del cuerpo y a la construcción social de la homosexualidad como pecado, desvío o anormalidad. Se trata de mostrar cómo el pensamiento homófobo eclesial se sostiene sobre dos creencias todavía muy arraigadas en la cultura occidental y en las enseñanzas transmitidas por la Iglesia católica. Estas creencias legitiman divisiones abismales entre la diversidad antropológica de sexualidades y son causa directa del comportamiento represor y despreciativo de la Iglesia hacia las relaciones afectivas y sexuales entre personas del mismo sexo. La primera de ellas es la creencia que sostiene la inferioridad de un elemento material y corruptible, el cuerpo, con respecto a una substancia considerada superior, sutil e inmaterial, el alma. La segunda es la convicción según la cual la sexualidad y todo lo relativo a ella guarda relación con el mal, el pecado, la tentación o la perdición humana, reduciendo, en el mejor de los casos, el ejercicio de la sexualidad humana al acto sexual reproductivo practicado en el seno del matrimonio.
Para Santos, el pensamiento hegemónico en la modernidad occidental es un pensamiento fracturante formado por líneas abismales. Las líneas abismales se caracterizan básicamente por dividir metafóricamente la realidad en dos regiones distintas y contrapuestas: la región de «este lado de la línea» y la región de «el otro lado de la línea». Entre ambos territorios se extiende una línea fronteriza que establece una separación total entre los dos abismos. Como señala Santos (2007: 4), la característica fundamental del pensamiento abismal es la imposibilidad de la copresencia de ambos lados de la línea. La consecuencia de esta división es tan fuerte que lo que queda en este lado de la línea prevalece como lo relevante, lo visible, lo existente, mientras que lo que se encuentra en el otro lado resulta expulsado de la realidad, su presencia es rechazada y es declarado, en consecuencia, como algo diferente, inferior, extraño y socialmente inexistente. De esta manera, la zona que se halla en el otro lado de la línea abismal constituye una terra ignota, un espacio salvaje donde habita lo inhumano y radicalmente excluido, un territorio que es preciso conquistar y civilizar mediante la lógica de la apropiación, que funciona a través de mecanismos de incorporación, asimilación e inclusión subordinada, y la lógica de la violencia, que se refiere a situaciones de eliminación y destrucción física y/o cultural del otro.
Tanto la ciencia como el derecho moderno son, según Santos, dos poderosos instrumentos de la modernidad occidental productores de líneas abismales que instituyen distinciones radicales. La ciencia moderna, al proclamarse poseedora del criterio universal de demarcación entre conocimiento verdadero y conocimiento falso, traza una línea epistemológica abismal que clasifica los conocimientos y prácticas situadas en los territorios del otro lado de la línea como meros saberes folclóricos, opiniones infundadas y creencias obscurantistas alejadas de la racionalidad científica occidental. El derecho moderno, por su parte, lejos de reconocer en pie de igualdad los diferentes órdenes legislativos vigentes que hay en el otro lado de la línea, declara esta región reino de la alegalidad, estado de naturaleza en el que impera el desorden.
Para Santos, el pensamiento abismal, que a día de hoy permanece incrustado en determinados tipos de estructuras mentales, reproduce los esquemas del antiguo proyecto de dominación colonial basado en el establecimiento de relaciones sociales desiguales entre los habitantes de la metrópoli y los de la colonia. La colonia, para Santos (2007), representa fundamentalmente un espacio de exclusión radical, un territorio de nadie o no territorio jurídico y político, una periferia poblada por seres indeseables situados fuera del marco civilizatorio. Las relaciones sociales coloniales están basadas en la instrumentalización del otro, es decir, en su transformación en un objeto de uso y abuso. Como afirma el sociólogo, «colonialismo son todos los trueques, los intercambios, las relaciones, donde una parte más débil es expropiada de su humanidad» (Santos, 2006: 50). O en otros términos: «El colonialismo es la concepción que ve al otro como objeto, no como sujeto» (Santos, 2005: 106).
La teoría del pensamiento abismal de Boaventura de Sousa Santos es un complemento teórico reciente de algunas de las posturas asumidas en la Crítica de la razón indolente (2003). En esta obra, Santos sostiene que la racionalidad dominante desde el advenimiento de la modernidad occidental es una razón indolente, arrogante, metonímica y olvidadiza. Indolente porque es perezosa y adopta la misma vara de medir para todas las culturas, reconociendo únicamente sus propios valores, que considera válidos universalmente; arrogante porque al sentirse total e incondicionalmente libre se vuelve una razón apática consigo misma, no planteándose la necesidad de ejercitarse y contrastarse con otras racionalidades, por lo que demuestra un carácter autoritario; es metonímica porque tomando selectivamente la parte por el todo se reivindica como la única forma de racionalidad legítima y completa, no valora más experiencias que las occidentales, transforma sus intereses en hegemónicos y su comprensión del mundo se reduce a la comprensión occidental del mundo; es, por último, olvidadiza porque produce innumerables silencios, exclusiones y ausencias que borran de la memoria el sufrimiento de las víctimas y los vencidos de la historia, provocando el desperdicio masivo de experiencia humana y el empobrecimiento de la realidad, destruyendo la diversidad de formas de vivir, conocer, producir, amar, pensar y actuar.
Una de las formas de relación social asimétrica privilegiada la razón indolente y el pensamiento abismal es la diferenciación desigual (Santos, 1998: 414) de las personas en virtud de su género u orientación sexual, entre otras categorías de clasificación social. La diferenciación desigual consiste en una relación de poder a través de la cual se construye la alteridad mediante la atribución de características que conforman la identidad y la diferencia. En esta relación una de las partes es considerada superior, mientras que la otra es juzgada inferior por naturaleza. Así, las diferencias —epistémicas, sociales, étnicas, de clase, orientación sexual o de cualquier otra índole— existentes entre ambas partes, más que como una oportunidad para el (re)conocimiento recíproco, son observadas, por el contrario, como signo de inferioridad. Los sujetos dominantes establecen, de este modo, diferencias inferiorizantes según las cuales ser diferente significa ser inferior. Esta red de diferencias desiguales es aprovechada por determinados agentes socializadores para naturalizar relaciones jerárquicas y legitimar la dominación de mujeres, homosexuales, inmigrantes, indígenas, ancianos y otros colectivos vulnerables, pues la diferenciación desigual suele implicar lo que en términos sociológicos se conoce como proceso de socialización diferencial. A través de él, a determinados grupos se les asignan identidades diferenciadas, normas, espacios sociales, laborales y económicos, actitudes y conductas que afectan a muchos y diferentes aspectos de su vida cotidiana definiendo, por ejemplo, su posición en la sociedad, en la familia, en las relaciones sociales de producción, de pareja, de propiedad, entre otras dimensiones. Detrás de estas relaciones de poder, el sociólogo detecta la producción y reproducción de un sistema de clasificación social jerárquica que es productor activo de inferioridad y organizador de relaciones sociales desiguales. Es la llamada monocultura de la naturalización de las diferencias (Santos, 2005: 161), aquella que distribuye a la población por medio de categorías de agrupación social que naturalizan jerarquías y abren diferencias abismales entre grupos humanos.

La homofobia eclesial y sus líneas abismales
Algunas de las líneas abismales más activas de nuestro tiempo atraviesan las prácticas y discursos relativos a la sexualidad humana, en el que están implicados aspectos tan importantes del ser humano como la vida afectiva, comunicativa y sexual, la búsqueda del placer, los lazos de unión con el prójimo y el significado y uso del propio cuerpo. Estas líneas de fractura establecen una clasificación jerárquica entre, por un lado, sexualidades hegemónicas, las más visibles, normalizadas y estadísticamente mayoritarias dentro del canon sexual patriarcal y heterosexista imperante: sexualidades heterosexuales, reproductivas, monógamas y matrimoniales; y por el otro, aquello que el filósofo francés Michel Foucault (2002: 51) llama «sexualidades periféricas»: sexualidades oprimidas, consideradas desviadas, anormales y carentes de fines reproductivos. Hoy en día, en la gran mayoría de países del mundo, las sexualidades periféricas se encuentran en un humillante estado de indignidad: su identidad es negada y perseguida, su libertad reprimida, sus derechos olvidados, una situación auspiciada por las leyes, la religión y la tradición, entre otros factores legitimadores de la discriminación.
El caso de la moral sexual desarrollada por el catolicismo institucional es ejemplar para observar cómo la diferenciación desigual y la socialización diferencial son aplicadas al ámbito de las diferencias de género y orientación sexual. El resultado es un tipo de relación de poder que puede llamarse diferenciación sexual desigual, que en el caso de la moral sexual del catolicismo oficial asume como natural y divina la jerarquía basada en la superioridad natural de la heterosexualidad masculina y la subordinación de mujeres y personas lgtb. Así, la diferenciación sexual desigual consiste en señalar a todos lo que están fuera del orden sexual aprobado, a todos los sexualmente «diferentes» de la heterosexualidad normativa, como sujetos anormales o inferiores de cara a su exclusión o condena. En el caso de personas homosexuales, la socialización diferencial asocia la heterosexualidad con la masculinidad, con lo normal, mientras que la homosexualidad es vinculada muchas veces con lo femenino, lo prohibido, la culpa, la enfermedad, el delito, el pecado, por eso el destino de gays y lesbianas ha sido históricamente amargo: enviados a la prisión como delincuentes, internados en el psiquiátrico como enfermos o condenados al infierno como pecadores. En el código de valores que establece la moral católica oficial, gays, lesbianas, bisexuales y transexuales, en virtud de la diferenciación desigual operativa, se consideran personas anormales, desviados sexuales, mientras a que la mujer heterosexual se le reserva una posición de subordinación respecto al varón heterosexual.

Las líneas de pensamiento abismal subyacentes a la homofobia y la misoginia eclesial están fundadas sobre las dos creencias [4] anteriormente enunciadas. A continuación, examinaré por separado cada de una de ellas tratando de apuntar algunas pautas para la construcción de un pensamiento postabismal capaz de transformar en clave emancipadora la situación abismal de desigualdad que padecen mujeres y personas lgtb dentro y fuera de la Iglesia católica.

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2009/08/18

Gorrotoaren kontrabandistak

"Bereizketa bakoitzean gorroto-haziak ereiten ditugu; izan ere, ezberdinak direnak menderatzeko grina sustatzen dute estatuek eta erlijioek"

Pako Aristi (Hitzerdi patsetan-BERRIA)
Etnia arteko gorrotoak Xinjiang sutan jarri du», zioten duela gutxi egunkarietako izenburuek. Uigurrak eta Han etniakoak bizi dira probintzia horretan, eta eraso odoltsuak izan dira elkarren artean.

Georgiako presidenteak hitz egin du, eta esan du: «Errusia da gure etsai bakarra». Honduraseko estatu kolpeak sortu duen nahaspilaren erdian, Euskadi Irratiko esatariak gerra zibilaren arriskuaz ohartarazi nahi gintuen, esanez: «Hondurasen arma asko dago, izan ere, zibilen eskuetan».

Horra mundua izorratzen duten hiru gauza, gizakiaren hiru asmakizun: etniak, mugak eta armak. Hermann Hesseren hitzak ditut gogoan, nerabezaroan irakurri eta geroztik ahaztu ez ditudanak. Aski izan zitzaizkidan antimilitarista bihurtzeko. Honela zioen: «Gorroto ditut mugak, ez dago gauza ergelagorik. Kanoiak bezalakoak dira, jeneralak bezalakoak. Zentzuz bizi garenean, gizatasunez eta bakean, ez gara ohartzen existitzen direnik ere, eta irribarre egiten dugu haien aurrean. Baina gerra eta eromena datozenean, sakratuak bihurtzen dira».

Bat zena, bat ginena zatitu dugu mila sailkapenetan. Herrialdeak dauzkagu, gobernuak, probintziak, bailarak, arrazak, etniak, azpi-etniak, agintariak, esklaboak, zerua koadrikulatu dugu aireko espazioaren taulan, itsasoa ere miliatan bereizia daukagu; arrainak banderatxo ezberdinekin datoz gure mahaira.

Erlijioek are gehiago zatitu gaituzte. Batzuk kristauak dira, besteak musulmanak, hinduak, juduak, kalbinistak, jainistak, protestanteak, Jehovatarrak, eta arrazoiz dio Wislawa Szymborskak poema batean: «Gizakia bakarrik izan liteke zinez atzerritar». Animaliak ez dira atzerritar inon, ez dutelako mugarik sortu. Grazia egiten dit mesfidatiak galdetzen duenean: «Antxoa hori nongoa da?». Nongoa nahi duzu, Argentinakoa? Marokokoa? Mediterraneokoa? Nongoa izango da, bada? Itsasokoa.

Unibertsoak agertzen duen batasunean salbuespen zikoitzak gara gizakiak. Lurraldeak, itsasoak, espiritualtasuna, jaioberrien azal kolorea, begien forma, dena sailkatu eta zatitzeko gure joerak sortzen ditu gerra guztiak. Bereizketa bakoitzean gorroto-haziak ereiten ditugu; izan ere, ezberdinak direnak menderatzeko grina sustatzen dute estatuek eta erlijioek. Inbasio guztiak diferentziaren izenean burutzen dira, edozein delarik ere diferentzia hori.

Asimilazioa, izua zabaltzea, talde definituen jazarpena eta gerra ohiko mugimenduak dira gure munduan. Ezberdintasuna ereiteko mugak asmatu zituzten; gorrotoa zabaltzeko etniak; armak gure hartu-emanen oinarri.

Eta Hessek sumatu bezala, tamalez sakratu bihurtu dira.

2009/08/17

La crisis económica y la tendencia en España y Europa hacia experiencias de corte fascista

Ciertos elementos de reaccionarización social los achacamos al nivel de influencia que los medios de comunicación de los monopolios de la información tienen sobre la sociedad, lo cual es cierto, pero quizá haya que produndizar más en las razones que llevan a un sector mayoritario de la sociedad a aceptar valores reaccionarios, razones que van mucho más allá del poder mediático


Diego Herchhoren (Kaos en la red)
Los cambios estratégicos en las economías emergentes y la ruptura de las relaciones neocoloniales entre diferentes regiones del Sur con el Norte lleva a las clases medias europeas a refugiarse en posturas xenófobas frente a la crisis. El componente medio de estas clases reacciona frente a la inmigración de países pobres, cree que hay que aplicar mano dura contra la subversión y opina que la pobreza es una consecuencia inevitable, aunque conozca el papel de los monopolios y de las instituciones financieras.


Los estudios realizados por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), así como algunos centros periodísticos denotan una clara tendencia: los trabajadores españoles cuyo componente salarial supera los mil euros mensuales se hacen más conservadores con la crisis. No se consideran socialmente trabajadores, creen que el tercer problema de España es la inmigración tras el paro y la economía, abogan por la solución policial a los conflictos políticos y creen que efectivamente los bancos y grandes corporaciones tienen responsabilidades muy evidentes en la crisis económica, pero que si se trabajara más no habría tantos problemas.


La composición de las clases medias
Por grupos salariales, hay un amplio margen con diferentes subescalas en los que se incluyen una clase media alta y una clase media baja. En la primera habría que incluir a los grupos salariales cuya percepción salarial es de dos, tres o cuatro veces el Salario Mínimo Interprofesional(SMI), aproximándose a una percepción mensual de 2500 euros y compuesta por profesionales liberales y funcionarios de escala media. La segunda estaría compuesta por un grupo salarial que supera en hasta un 50% el SMI, siendo su salario mensual de aproximadamente entre los 1000 y 1500 euros mensuales; este grupo está formado por trabajadores fabriles de entre 25 y 40 años y trabajadores del sector servicios. Según el Instituto Nacional de Estadística, estos grupos salariales componen el 53% de la población.


Estos grupos sociales, quizá los que han visibilizado de manera más directa los efectos de la crisis económica por la vía del recorte de su consumo, son sin embargo los que reaccionan de manera opuesta a sus intereses de clase. Ante los despidos y la reducción del costo laboral en las empresas, creen necesario aguantar el chaparrón para que no les ocurra lo mismo que a otros compañeros. Ven con desprecio el enriquecimiento que las grandes empresas han tenido a costa de su trabajo, pero rehusan identificarse con los sectores más pobres que aspiran a cambiar, quizá de manera más radical, las injustas condiciones de vida.


¿Qué está pasando en el mundo y cuál es la reacción de ese 53%?
Cambio de las convertibilidades monetarias de las injustas relaciones Norte-Sur, nacionalizaciones o renacionalizaciones de empresas en los antiguos países coloniales que caminan hacia una ruptura con el imperialismo, integraciones económicas de aquellas zonas anteriormente castigadas por el genocidio neoliberal y que aspiran a la recuperación de la soberanía de los pueblos que lo integran… Es decir, se están dando cambios cualitativos en la política mundial que tendrían que tener consecuencias positivas en el nivel de conciencia de las capas afectadas por un modelo económico en colapso, pero sin embargo no es así.


En determinadas ocasiones, la izquierda hace una valoración mecánica de este tipo de procesos(crisis económica + reducción del nivel de vida=lucha, insurrección, insurgencia, revolución…), sin atender que estos acontecimientos no solo responden a un criterio económico, sino que hay un componente psicológico desarrollado en función del papel que cada persona juega en una sociedad dada. En la medida en que no se analiza en su conjunto todos estos procesos económicos, muchos compañeros, activistas y militantes caen en el escepticismo y en la renuncia. Sin embargo, el planteamiento nos indica que no estaban equivocados en el proyecto, sino en como llevarlo a cabo atendiendo a todos los factores que inciden en el proceso social, resultando la ecuación: lucha política y cambio social=crisis económica + pauperización + represión + sinergías internas de los movimientos populares + nivel de cohesión…


Ciertos elementos de reaccionarización social los achacamos al nivel de influencia que los medios de comunicación de los monopolios de la información tienen sobre la sociedad, lo cual es cierto, pero quizá haya que produndizar más en las razones que llevan a un sector mayoritario de la sociedad a aceptar valores reaccionarios, razones que van mucho más allá del poder mediático. Para popularizar y aceptar el famoso “¿Por qué no te callas?” que el Rey español espetó al Presidente venezolano Hugo Chávez Frías, no solo se tuvo que reproducir más de un millar de veces diarias por los distintos medios de difusión, también es necesario mentes receptivas a ese tipo de mensajes, mentes que no se forman en unas horas y que son consecuencia de la concepción del mundo que cada uno tiene.


Las clases medias europeas, rentistas del colonialismo
El concepto ultraliberal de la “sociedad de los 2/3” desarrollado en Europa en la década de los 80 y que coincidía con el fin del socialismo en Europa del Este, no era más que la versión edulcorada del modelo colonial pero trasladado a las metrópolis. Se abandonaba el campo de la lucha de clases a cambio de un amplio porcentaje de posibilidades de recaer en esos cupos de priviliegiados. Para el tercio restante, solo cabría una rendición negociada de sus condiciones, que sería amortiguada por ayudas asistenciales para paliar las consecuencias del modelo que los propios impositores habían creado.


Los privilegiados por ese desigual reparto tenderían a olvidar las consecuencias que tendría el modelo en el resto del mundo para empezar a gozar. Los barrios pobres de las grandes capitales españolas y europeas fueron modelados a gusto del nuevo marco económico: expulsiones masivas de personas que vivian en infraviviendas y construcciones de apartamentos en su lugar, que a su vez estarían colocados cerca de carreteras y autovías depredadoras del medio ambiente, para que los automovilistas vieran las consecuencias. Créditos fáciles de conseguir, con condiciones de usura, pero que solventaban aparentemente el problema de la vivienda. Y los inmigrantes hacían los trabajos que nadie quería, haciendo jornadas interminables, sin garantías salariales y expuestos a una muerte prematura por las condiciones de trabajo inseguras, que por otro lado han gozado de una complicidad social siniestra, donde las mayorías han preferido mirar a otro lado.


Pero ese modelo de consumo depredador, con miles de toneladas de alimentos que diariamente se tiran a la basura, se hace con las espaldas de millones de trabajadores expuestos a condiciones terribles de explotación. De alguna manera, es inevitable pensar que una marca deportiva de la que todo el mundo sabe las condiciones de trabajo de sus empleados, sea la primera en ventas en los países de Europa y en EEUU. Por lo tanto entendemos que ese modelo criminal, gozaba de apoyos entre una amplia mayoría de la población.


La clase media ante la crisis económica
Los monopolios informativos del sistema capitalista, transmitían a través de sus televisiones en África o en América Latina un mundo ideal, de “way of life”, donde se aplicaba un colonialismo mental que se resumía en lo siguiente: estos avances no son para países pobres. Este criterio neorracista es de absoluta vigencia en la actualidad.


La radio del exilio cubano en Miami “Radio Martí” reprocha al Gobierno cubano el formar parte de ese “Eje del mal” diseñado por George W. Bush y sus restricciones al libre comercio que ha pauperizado históricamente a América Latina. El canal de la oposición venezolana Globovisión se posiciona en contra de que Petróleos de Venezuela dé suministro bonificado a pequeños productores o que garantice calefacción a las familias pobres de Londres o Nueva Orleans. O todos los canales de televisión argentinos, excepto los dos de la televisión pública(Canal 7 y Encuentro), dieron amplísima cobertura a las protestas de la oligarquía argentina a la que le querían aplicar un impuesto a los beneficios por la exportación de la soja.


Pero en la medida en que en determinadas zonas del planeta han prosperado opciones políticas soberanistas, el reparto de la renta extraida de estos países ya no se puede engrosar los abultados patrimonios de las multinacionales de las distintas patrias financieras, y las élites económicas de las metrópolis tienen que decidir: o recortar partidas de los fondos destinados a aplacar las tensiones sociales en sus respectivos países, o suicidarse. Dejamos al lector que opte por lo más lógico.


Bien. Ya tenemos el contexto mundial en el que se va a mover esa clase media de los países del centro, de la que no hemos dicho nada nuevo. Ahora vamos a entrar en el análisis que la clase media hace de la situación.


La clase media, entre el fascismo y su humanización
Antes de abrir cualquier clase de polémica, hay que advertir que cualquier análisis de la psicología social descarta hacer valoración alguna sobre los impulsos de aquellos sujetos tratados. En este epígrafe vamos a evitar limitarnos a un simple análisis, e intentaremos introducir algunas claves para entender el comportamiento de las clases medias de los países centrales, y a hacer una mención específica al comportamiento de la clase media española.


Primero hay que partir de que la clase media es una clase social derivada, no originaria, es decir, es una clase surgida de la evolución económica de su sociedad. Su ascenso social proviene de su participación en el proceso productivo pero no desde una posición productora, sino administradora o gestora de bienes ajenos. Está formada por profesionales, funcionarios, obreros cualificados, técnicos y pequeños comerciantes. Podríamos definirlos como los intermediarios del sistema social.


En los orígenes del capitalismo moderno, fue una clase pequeña, de escasa relevancia puesto que había un capitalismo poco desarrollado. Se desarrolla en base a un sistema piramidal en cuya cúspide están los grandes propietarios, en un escalafón intermedio estarían las clases medias y en la base de la pirámide las masas obreras.


Con el desarrollo del capitalismo, y la ampliación de su capacidad de intervención en el resto del mundo (imperialismo), las clases medias de estos países va creciendo enormemente. ¿Pero este crecimiento es consecuencia de las bondades del imperialismo?, no, lo que ocurre es que esas masas obreras se van convirtiendo en clase media en la medida en que los focos de explotación capitalista más agudos se trasladan a las colonias.


Para reforzar a esa clase media, se crea toda una superestructura económica y sociopolítica que precisamente tiene como fin proteger ese modelo. Se crea la figura del emprendedor, con la que se alimenta la ambición de las clases medias por parecerse a los grandes capitalistas; se privilegian formas de consumo que creen dependencia de esa forma de sociedad, y sobre todo se hace perder la identidad a sus componentes: los que antes eran obreros, ahora ya no lo son; los que tuvieron que emigrar, ahora recelan de los inmigrantes; ven normal que la gente proteste por el empobrecimiento, pero tampoco quieren identificarse con ella porque confian en que su status les reportará mayores beneficios.


En el caso español, la situación es un tanto más peligrosa. La clase media española que compone ese 53% aproximado del que hablamos arriba tiene un estrato más bajo. No es una clase media ligada a sectores productivos esenciales(pues estos han sido desmantelados y solo quedan explotaciones fabriles sin repercusiones estratégicas para el Estado), sino que está ligada mayoritariamente al sector financiero, de servicios o de economía auxiliar de las multinacionales. Tiene su origen en el período desarrollista del franquismo, y está ligada a su estructura económica. En las zonas rurales, es la base social de los resabios del nacional-catolicismo fascista, y en las zonas urbanas es la eterna llorona de las cada vez más menguadas capacidades de consumo a las que está ligadas. En el caso español, no solo hay una reacción más o menos unánime de este estrato social contra la inmigración, los sectores más empobrecidos o la insurrección, sino que existe una complicidad directa en su represión.


Entre la posibilidad de utilizar los cambios en las relaciones Norte-Sur y el colapso del sistema capitalista para transformar la sociedad, o reforzarlo, la clase media opta por lo segundo. Reforzar ese sistema equivale a alejar la incertidumbre derivada de su participación en cualquier proceso de cambio profundo. Las teorías fascistas, transformadas ahora en doctrinas de seguridad nacional, lucha antiterrorista o seguridad ciudadana, que tienen un respaldo muy amplio entre las clases medias, son el mejor ejemplo de esa huida hacia adelante de estas capas en Europa. Es, en palabras de Fromm, “el miedo a la libertad de los que todavía tienen algo que perder”(1).


Pasos de gigante hacia la materialización del fascismo
Mientras se están anunciando por parte de las instituciones financieras “síntomas de mejora” en el modelo económico mundial, debemos saber a quien corresponde esa mejora. Millones de trabajadores en Europa están aceptando la ampliación gratuita de su jornada de trabajo, lo que implica un beneficio directo para la patronal que ahorra en la contratación de nuevos empleados; no se están aplicando las subidas salariales derivadas del aumento anual de los precios( los trabajadores pagan cada vez más por el mismo servicio o producto), lo que supone una mayor transferencia de rentas del trabajo al capital (en España esta medida está regulada legalmente con el pacto Patronal-Gobierno-Sindicatos conocido como “Compromiso de Moderación Salarial” que se firma anualmente); con la ayuda de sindicatos europeos y Gobiernos, las empresas están ejecutando centenares de miles de despidos utilizando fondos públicos para el cobro de indemnizaciones, con un resignado apoyo de los trabajadores; decenas de miles de trabajadores inmigrantes están siendo expulsados y penalizados con detenciones administrativas por no tener contrato de trabajo, con amplio consenso social y tras haberse producido en Europa varios acontecimientos en los que trabajadores nativos agredieron a migrantes; además se está dando apoyo expreso o tácito a medidas de corte neonazi en cuanto a razzias policiales o “ciudadanas” en las que ya ha habido centenares de trabajadores muertos, y donde España, Italia y Francia son los pioneros.


En el plano político, está habiendo una fascistización calculada contra la sociedad. El rechazo de plano a la solución dialogada de los conflictos, el papel de idiotización que las Fuerzas Armadas están jugando entre miles de jóvenes, a los que reclutan con mentiras sobre Misiones de Paz en Líbano, Afganistán o Haití, o la creciente oferta de empleo de Policías Nacionales, Autonómicas o Locales, todo eso está incurriendo en una preparación sociológica para la posterior represión de cualquier clase de disidencia organizada, no solo dentro de las fronteras de la UE, sino también en el exterior, formando escuadrones de la muerte y a fuerzas de represión de regímenes criminales en África, Asia y América Latina a través de organismos como el FRONTEX o la Agencia Europea de Cooperación.


La Europa de los 27 es ya la Europa de los años 30. Todas esas capas cómplices de la represión y de las muertes diarias de centenares de obreros en el continente serán las que pagarán las consecuencias de ese sistema que colaboran a organizar. Paradójicamente, el fin de ese sistema vendrá de la mano de una total ruptura de los polos soberanistas que se están formando en el planeta con sus antiguas potencias coloniales, y el camino ya ha comenzado.


1-El miedo a la libertad, de Erich Fromm. Ed. Paidos Estudio(VV.EE.).

2009/08/14

Neonazis

"Aquí no ha habido una revolución, sino una contrarrevolución permanente de la que ustedes, los socialfascistas, son los primeros beneficiarios, sostenedores y valedores del gran capital a cambio de las migajas que les dan"

Jon Odriozola (GARA)
El busilis de la cosa es sencillo: se trata de que sus señorías condenen la sublevación militar-fascista del 18 de julio de 1936 acaudillada por el criminal de guerra general Franco y también la «guerra sucia» y el terrorismo de estado que sobrevino a la muerte del dictador. Si hacen eso, seremos generosos y no les meteremos de por vida en la cárcel (como hacen ustedes con los revolucionarios) y les brindaremos un dorado exilio donde puedan disfrutar de todo lo que han robado al pueblo y puedan despotricar de la falta de libertad de expresión que les quitó a ustedes la libertad de mentir y pagar a quienes mienten por ustedes.
Pero, claro, ustedes no van a hacer eso por, al menos, una razón: aquí no ha habido una revolución, sino una contrarrevolución permanente de la que ustedes, los socialfascistas, son los primeros beneficiarios, sostenedores y valedores del gran capital a cambio de las migajas que les dan y, por lo tanto, no se sienten en la obligación de «condenar» nada sino, al contrario, beben los vientos de quienes ganaron la guerra siendo que más de la mitad de ustedes descienden genéticamente de los vencedores, o sea, de fascistas, y obligan, como en la Santa Inquisición, a «condenar» la violencia revolucionaria de quienes no dan su brazo a torcer aun así los torturen y los enchironen de por vida, algo que sus burguesas mentes no entenderán jamás a no ser que se les fuerce a ello.


Pero, aunque condenen el «alzamiento nazional» fascista contra la legitimidad de la II República (burguesa, pero mil veces más democrática que esta II Restauración borbónica digitalizada por Franco), no lo creeremos al igual que el ministro del Interior, señor Rubalcaba, presunto él, químico de profesión y atleta en sus años mozos y no malo, no creería en la «transverberación» mística del batasunismo si a éste le diera la vena de «condenar el terrorismo». Ha tirado usted por la borda -como dijera el conspicuo Patxi Zabaleta- treinta años de propaganda política en la que, ya se ve, ni usted mismo creía (pero quería hacer creer y aborregar a la gente). Y es que a usted, mesié, y por extensión al Estado, pues que de cuestiones de estado estamos hablando, no le importa ETA, sino el problema de fondo que subyace y del que ETA no es más que, por muy vituperables que sean sus métodos de lucha, un síntoma y una manifestación (llevan ¡50 años!) del llamado «conflicto», esto es, las ansias de libertad de la gran mayoría de este pueblo políticamente oprimido al que se le niega la voz para expresarse libremente en un sentido o en otro.
Recuerdo que mi primo Angel Gaminde, prestigioso abogado, me decía que con Franco no había libertad... ni para delinquir. Con ustedes, neonazis, no hay libertad ni para decir esta boca es mía. ETA, ustedes lo saben de sobra, no es la causa de nada, políticamente hablando, porque aquí estamos hablando de política y no de «terrorismo», que es lo que ustedes quieren inficionar e inocular en los instintos y no la conciencia del pueblo, sino la consecuencia de aquellos barros de los que ustedes son el lodo. Distinta cosa es que parezca que ustedes se lucren enfangándose en él. No se despisten, porque puede que llegue un Hércules colectivo que limpie esos establos nauseabundos de Augías. Y, entonces, nadie se acordará de ustedes salvo para vilipendiarlos.

2009/08/13

2 TEXTOS SOBRE STALINISMO

"...es urgente reafirmar la pluralidad enriquecedora de la diversidad de posturas y de la capacidad de trabajar en común..."

Reproducimos dos textos sobre stalinismo, dos textos que en definitiva abordan desde una optica critica una de las polemicas mas intensas que se dan en el movimiento anticapitalista..

Lecciones del stalinismo
Iñaki Gil de San Vicente

Tras una década desde la implosión de la URSS ¿qué sentido tiene preguntarnos sobre posibles lecciones del stalinismo?. ¿Qué sentido tiene una reflexión colectiva que azuce un nuevo análisis crítico de la experiencia stalinista considerando el tiempo transcurrido y la enorme cantidad de textos críticos que surgieron ya desde los mismos inicios de la revolución rusa de 1917?. ¿No basta con lo dicho hasta ahora pues estaríamos, como algunos sostienen, ante un "capitulo cerrado" del gran libro de la historia humana?. Más todavía, ¿se pueden extraer lecciones del stalinismo?. Se pueden y deben extraer lecciones del stalinismo, como se extraen lecciones de las luchas revolucionarias de todos los tiempos, incluso de las luchas en modos de producción precapitalistas. Se trata de encontrar las contradicciones de fondo que perviven mal que bien desde la imposición de la propiedad privada; descubrir cómo se han ido adaptando a los sucesivos modos de producción o cómo se han extinguido históricamente; que nuevas contradicciones sociales han surgido posteriormente y, cómo se plasman esas contradicciones en la actual crisis capitalista.

No podemos abarcar tantas cuestiones, pero sí nos vamos a centrar en varias lecciones que estimamos permanentes, de una creciente actualidad por las características actuales del capitalismo. El marxismo extrae lecciones incluso de sus peores enemigos, en este caso del stalinismo, porque la dialéctica materialista afirma que en todo océano de error siempre descubre una gota de verdad. La verdad y el error son unidad de contrarios en un proceso en permanente cambio e interpenetración de y en ambos extremos, siempre en interacción y lucha interna. Principio esencial de la dialéctica, confirmado en todo proceso concreto del pensamiento humano, sobre todo del que usa el método científico, especialmente válido en las grandes cuestiones prácticas de la humanidad, las que deciden su futuro, su felicidad o su desgracia. Del mismo modo, en las desastrosas derrotas revolucionarias siempre laten lecciones positivas que hay que extraer de entre tanta sangre y dolor. Derrotas y victorias son partes de un proceso en permanente movimiento que adquiere altos grados de ebullición social en los cuales, ellas, las derrotas y las victorias, aparecen como una unidad de contrarios, de manera que no se entiende una sin la otra.

1) El marxismo, es un método de transformación revolucionaria de la realidad basado en una praxis en la que el conocimiento de la historia ocupa el lugar clave y central de todo el andamiaje teórico. No hay nada fuera de la historia, y la historia es movimiento de contradicciones que va saltando, brincando, avanzando y retrocediendo, también estancándose. El núcleo de esta praxis es el materialismo histórico y su método dialéctico, según en cual, muy en síntesis, la historia humana debe comprenderse desde la unidad y lucha de contradicciones entre, uno, la evolución de la ley tendencial del mínimo esfuerzo y la ley tendencial de la productividad del trabajo; y otro, la evolución de la lucha entre la propiedad pública o la apropiación privada del excedente social producido colectivamente. Dicho en otros términos, por las contradicciones entre el desarrollo de las fuerzas productivas y el de las relaciones sociales de producción. Estas contradicciones se dan siempre dentro de grandes sistemas que son los modos de producción que han existido desde el surgimiento e imposición de la propiedad privada: modos de producción tributario y/o esclavista, feudal y capitalista. El tránsito de un modo de producción a otro se denomina período de revolución social y puede abarcar mucho tiempo, con fases de rápidos avances, de súbitos parones y hasta de retrocesos importantes.

Las fuerzas productivas tienden a poner a disposición humana más y más objetos que satisfagan sus necesidades, reduzcan sus padecimientos y aumenten su placer y tiempo libre; mientras que las relaciones sociales de producción, sujetas a la dictadura de la propiedad privada, tienden a impedir que sea la totalidad social la beneficiada, reduciendo su disfrute a una minoría cada vez más minoritaria, que se apropia de las fuerzas productivas y controla los decisivos sistemas de explotación de lo que se derivan los de dominación y opresión. La resolución de esa lucha de tendencias opuestas nunca está predeterminada mecánica ni externamente, sino que depende de la lucha misma. Esto explica que nunca sea automático el paso revolucionario de un modo de producción a otro, sino al contrario, que siempre se abra un muy convulso, violento y hasta caótico período de transición que puede concluir en el avance progresivo, en un estancamiento prolongado o incluso en un retroceso histórico.

Ciñéndonos a Occidente y su área de influencia en el Próximo Oriente, se pueden rastrear analogías y similitudes que recorren las transiciones entre modos de producción. Los períodos de transición desde las sociedades preclasistas tributarias de los grandes imperios del Creciente Fértil, a las sociedades clasistas grecorromanas; desde la crisis y descomposición romana al feudalismo occidental y a diversas formas feudales y tributarias en oriente; desde la crisis del feudalismo al asentamiento del capitalismo, y desde la crisis del capitalismo a la revolución rusa de 1917, se han caracterizado por vivir con unas relaciones sociales que no corresponden ni a las viejas ni a las nuevas. Son relaciones sociales con diversos grados de síntesis de unas y otras pero con la cualitativa diferencia de que se trata de sociedades especificas, con leyes propias inciertas e inseguras, abiertas a alternativas varias. En cada caso concreto, con sus enormes diferencias, las fuerzas productivas han entrado en irreconciliable antagonismo con las relaciones sociales, impidiendo que estas se estabilizaran y forzando salidas diferentes, desde el retroceso a sistemas anteriores hasta el avance a otros nuevos pasando por el estancamiento que no resolvía ningún problema y agudizaba todos.Esta experiencia, afirmada por el marxismo desde sus primeros textos, luego olvidada y negada por las corrientes socialdemócratas y por el stalinismo que impusieron el determinismo mecanicista, ha sido confirmada por los años de transición estancada y por la implosión de la URSS. La hecatombe no solamente ha confirmado dicha experiencia necesaria para tener una concepción móvil y dialéctica de la historia, que exige por ello la consciente intervención humana, sino que sobre todo reafirma su vital transcendencia conforme el capitalismo destroza a la humanidad y a la Naturaleza, abocándolas al caos, miseria y destrucción. El stalinismo, sin quererlo, vuelve a recordarnos con sus errores el contenido de verdad del marxismo que reafirma lo imprescindible que es la acción humana autoorganizada e independiente de las burocracias, destinada a guiar el presente y el futuro por entre las varias vías posibles escogiendo la mejor y evitando las peores. Una mirada a los problemas que atenazan a la humanidad en el contexto actual descubre inmediatamente la decisiva importancia de este criterio activo negado, sin embargo, por la burguesía y el reformismo.

2) Aunque los primeros marxistas no pudieron desarrollar una teoría suficientemente clara sobre las soluciones socioeconómicas a aplicar en los procesos revolucionarios, negándose incluso a caer en elucubraciones utópicas carentes de base objetiva, sí avanzaron puntos centrales e irrenunciables de lo que debería ser lo esencial del avance hacia el socialismo: una ágil dialéctica entre el plan económico aplicado por el Estado obrero y la democracia socialista asentada en el consejismo, en el sovietismo. Dialéctica destinada a socavar la irracionalidad del mercado y de la ley del valor-trabajo hasta lograr su extinción histórica bajo la intervención dirigente del poder soviético, del poder del pueblo trabajador autoorganizado mediante el cooperativismo, la economía social, los consejos y los soviets no solamente de fábricas y campos, sino en todos los ámbitos de la vida colectiva e individual. Toda la experiencia obrera y popular internacional desde las primeras luchas de la década de 1770 en Gran Bretaña hasta la explosión del consejismo y sovietismo desde 1917 en muchos lugares, confluían en este principio. Una serie de factores, destrozos inmensos de la guerra de 1914-18, la brutal guerra civil interna y la agresión imperialista; minoría cualitativa obrera en medio de un océano campesino; analfabetismo masivo de las izquierdas revolucionarias y muy restringido conocimiento del marxismo de los bolcheviques; sequías, malas cosechas y atraso técnico y científico; derrotas de la oleada revolucionaria internacional sobre todo en Alemania; inevitable agotamiento físico de los sectores más conscientes, etc. Estos y otros factores entre los que destacan, como luego veremos, la naturaleza del Imperio zarista como "cárcel de pueblos", propiciaron el surgimiento de una casta burocrática que no constituía una nueva clase social, una supuesta "burguesía roja". Ya desde principios de 1918 muchos "viejos bolcheviques" y otros revolucionarios tomaron conciencia de la gravedad del cáncer burocrático.

En realidad, no se puede separar el funcionamiento de una economía planificada del vigor democrático del poder popular. Ambos polos se necesitan, se atraen y se refuerzan mutuamente, y si en algún momento pueden surgir problemas, nunca deben llegar a ser contradicciones irreconciliables, como en el capitalismo. El Estado obrero, que desde el primer día de su instauración ha de afirmar oficialmente su objetivo de autoextinción progresiva, en la medida en que se acerca la fase socialista, este Estado es inconcebible al margen de la relación creativa entre la planificación y la democracia socialista. Pues bien, en la URSS, este proceso se fue resquebrajando a la misma velocidad en que, por el lado contrario, crecía la burocracia, se imponían los planes desde fuera del pueblo, se le negaban a este sus instrumentos de autogobierno y se exterminaba el núcleo incorruptible de los revolucionarios, incluidos los bolcheviques. Abierta esta sima que se profundizaba a diario, los pueblos de la URSS fueron perdiendo su ilusión revolucionaria. Se debilitaba la legitimidad originaria de la revolución. La unidad interna exigía cada vez más dosis represivas. Un instrumento decisivo para lubricar la interacción entre planificación y democracia socialista, como es la reducción drástica del tiempo de trabajo necesario y el consiguiente aumento del tiempo libre y propio, esta reivindicación consustancial a la historia de la lucha social, fue negada y se multiplicaron las horas de trabajo. En estas condiciones, era absolutamente imposible contener el aumento de la burocracia y de su teoría del "socialismo de mercado". El stalinismo, sin quererlo, adelantó con sus errores la razón y la verdad de la crítica al dirigismo, sustitucionismo y delegacionismo. Hoy día, esta denuncia es tan válida como entonces y como lo era durante la Comuna de París de 1871, las revoluciones de 1848-49, las grandes revueltas de 1830, etcétera.

3) Una identidad sustantiva de todas las revoluciones, guerras de liberación nacional, sublevaciones, revueltas, motines, huelgas generales, largas huelgas parciales, etc., también en el medievo y en el esclavismo, es su profundo sentido de emancipación colectiva e individual en lo cotidiano, en lo inmediato, en las relaciones personales más cercanas e íntimas de las masas, especialmente de las mujeres y de las minorías marginadas. Lenin decía que la revolución es la fiesta de los oprimidos. 1917 fue un impresionante estallido de liberación personal y creatividad de las masas en todas las facetas de su vida, sobre todo a partir de octubre. Al igual que en todas las experiencias anteriores, las masas demostraron además de una sobresaliente capacidad de dirección social, también una necesidad vital de romper las cadenas cotidianas, culturales, sexuales, familiares, religiosas, artísticas que les atenazaban en lo más profundo de su estructura psíquica, en su inconsciente aplastado por siglos de oscurantismo y terror simbólico y material. Desde octubre de 1917, con la instauración del Estado obrero y campesino, este ascenso cogió más bríos. La autoorganización social se instaló también en todos aquellos problemas cotidianos que presionaban como volcanes en erupción. Surgieron toda serie de experiencias que iban desde otra pedagogía adulta, juvenil e infantil, hasta las primeras reflexiones sobre el ecologismo pasando por las relaciones con el psicoanálisis y otras escuelas de psicología y psiquiatría, sin olvidar a las relaciones con el anarquismo y otros socialismos. Especial importancia tuvo la crítica de la filosofía burguesa de la ciencia y de la técnica.

Pues bien, todo esto fue barrido. Para comienzos de 1931-40 se segó desde sus raíces el vergel de la creatividad cotidiana e intelectual. La desertización fue espantosa y sobre el suelo cultural arrasado se intentó sembrar una dogmática oficialmente "marxista" que nunca floreció. Los efectos de un arrasamiento semejante no pasaron desapercibidos a l@s revolucionari@s de entonces que bien pronto salieron en defensa de las conquistas atacadas por la burocratización. Una de las causas que aceleró desde la mitad de 1961-70 la imparable caída y desprestigio de los PC’s stalinistas y sus organizaciones fue su incapacidad para dar respuestas a los llamados "nuevos movimientos sociales" que planteaban con otras palabras, cuando no con las mismas, los problemas silenciados por la burocracia en la URSS y en los Estados "socialistas". Consecuencia de todo ello, buena parte de la izquierda revolucionaria ha tenido muchos problemas para superar sus dogmas y asumir autocríticamente sus garrafales errores. Lo peor es que el capitalismo actual, forzado por su crisis, ha introducido en la lógica del beneficio todas estas problemáticas, mercantilizándolas. La tardanza del grueso de las izquierdas para responder durante estos años al capitalismo, tiene una de sus razones en la exclusión y prohibición stalinista de incluir el llamado "mundo subjetivo" en el marxismo. Pero, a pesar suyo, desde los inicios de la burocratización, como hemos dicho, grupos y militantes revolucionari@s guardaron ese decisivo componente y lo enriquecieron y ampliaron.

4) Desde las primeras luchas obreras y populares anticapitalistas con su rechazo pasivo y sobre todo desde las socialistas con sus propuestas activas de construcción de otro sistema, desde entonces, en el amplio y diverso campo socialista han existido corrientes diferenciadas. Los primeros marxistas aceptaron esta realidad y siempre se definieron como una más de entre ellas. Fueron conscientes de la importancia práctica y teórica de la riqueza y pluralidad de opciones dentro siempre de unos mínimos comunes. Hasta la segunda mitad de la década de 1921-30, cuando se forma el stalinismo, los marxistas lucharon por desarrollar diferentes niveles de alianzas progresistas, de clase, etc., en cada lucha precisamente para aglutinar el máximo de fuerzas posibles, manteniendo siempre la independencia estratégica de los objetivos aunque las tácticas fueran dúctiles y flexibles. La socialdemocracia negó oficialmente este principio en 1914 pero en la práctica mucho antes, y luego lo hizo el stalinismo que cayó en una primera fase de oscilación pendular entre el aventurerismo más pueril y cegato y el colaboracionismo con la burguesía más suicida y reaccionario. Inmediatamente después y hasta su desaparición, el stalinismo siempre se plegó abierta o solapadamente a las presiones capitalistas en todas las luchas revolucionarias. Aunque algunos procesos emancipatorios en el mal llamado tercer mundo se hayan beneficiado relativamente de los pactos con el imperialismo, la realpolitik stalinista ha beneficiado decisivamente al capitalismo. La liquidación por orden de Stalin de la III Internacional o Internacional Comunista en 1943 es un ejemplo irrefutable. Los pactos justificaban a la URSS depurar organizaciones revolucionarias a veces delatando y entregando a militantes, romper alianzas progresistas trabajosamente construidas, imponer el apoyo a las burguesías "democráticas" y reducir la izquierda a los grupos fieles a Moscú.


Surgió así una "izquierda comunista" dócil y dogmática, incapaz de entender qué era ese "socialismo"; pero menor aun, nula de hecho, era su capacidad para estudiar críticamente la evolución del capitalismo desde 1948 en adelante. Militantes sin ninguna capacidad de pensamiento propio, sumisos a sus dirigentes y dispuestos a tragar con todas las claudicaciones y concesiones a la burguesía. Eran lo irreconciliable con el ideal marxista de praxis revolucionaria y emancipación personal y colectiva. El llamado "marxismo soviético" demostró su absoluta nulidad teórica pero su valía legitimadora de la realpolitik stalinista y su burocratización interna. Una consecuencia desastrosa de todo ello fue que cuando comenzó la oleada mundial de luchas de finales de 1961-70, no existían alianzas de izquierdas porque habían sido dinamitadas una y otra vez durante décadas. Más desastrosa todavía fue su incapacidad para aplicar la dialéctica de contenido/continente y esencia/fenómeno tanto al desarrollo capitalista desde 1948, onda larga expansiva; keynesianismo y taylor-fordismo, y oportunas concesiones del llamado Estado del "bienestar" (sic) en el centro imperialista, etc., como, sobre todo, a lo novedoso dentro de la esencia genética del modo de producción capitalista del ataque mundial del Capital contra el Trabajo lanzado posteriormente. Sin embargo, pese al stalinismo, habían sobrevivido en minoría corrientes marxistas que sí supieron explicar qué sucedía, cómo el capitalismo introducía nuevas explotaciones implacables para detener parcialmente la caída de beneficios en el capital industrial y comercial; cómo el imperialismo yanki lanzó al capital financiero para contener su declive relativo; cómo algunas nuevas tecnologías facilitaron la embestida, y cómo, para no extendernos, el Capital pretendió ocultar su contraofensiva mundial bajo el manipulable término de "globalización".

5) La "cuestión nacional" se convirtió bien pronto en uno de los problemas candentes del socialismo, y si lo analizamos con una perspectiva mundial, los debates socialistas sobre el colonialismo, el papel de las burguesías occidentales, el imperialismo, etc., son en sí mismos debates sobre la "cuestión nacional" desde una visión planetaria de las resistencias de los pueblos a ser explotados por la metrópolis invasora. Las reflexiones socialistas surgieron en su inmensa mayoría desde partidos que no sufrían opresión nacional, que pertenecían a naciones dominantes o que, si la sufrían, la supeditaban al futuro abstracto e impreciso de la revolución socialista. Solamente los más sensibles y/o conscientes de la importancia de la dialéctica entre los "factores objetivos" y "factores subjetivos", muy pocos, apreciaron su importancia. Pero fueron incluso menos quienes se percataron del peligro reaccionario del nacionalismo de la nación opresora. Lenin fue uno de ellos pero estaba en alarmante minoría dentro de los bolcheviques y de los revolucionarios rusos en general. Para comienzos de 1921-30 el nacionalismo gran-ruso aparecía ya como una fuerza opresora. Por el lado contrario, Stalin, que comenzó el siglo XX defendiendo posturas nítidamente revolucionarias con respecto a este problema, atenuó bastante sus tesis en 1913 y una década más tarde era el centro del nacionalismo gran-ruso de la nueva burocracia en formación. Conocemos ya la derrota práctica de las posturas de Lenin, su premonitor "ultimo combate" básicamente centrado en la "cuestión nacional", el cooperativismo obrero y la democracia socialista y la lucha contra la burocratización del partido. El stalinismo impuso la tesis de que los pueblos debían aceptar la unidad socialista bajo un Estado que formalmente defendía y asumía sus derechos. En la realidad no fue así y la "cuestion nacional" irresuelta fue uno de los detonantes internos del estallido del régimen.

La "solución" stalinista ha sido nefasta porque, por un lado, reforzó el mecanicismo determinista y objetivista consistente en creer que las profundas secuelas de la opresión nacional se resolverían incluso antes del socialismo, en un régimen democrático burgués. De este modo, el grueso de los PC’s stalinistas desatendió las reivindicaciones nacionales supeditándolas al centralismo del Estado que defendían; por otro lado, fortalecieron la tesis de que el Estado centralista era la única alternativa, el único espacio posible para avanzar al socialismo, negando directa o indirectamente el derecho/necesidad de las naciones oprimidas a disponer de su Estado independiente; además, reforzaron la tesis de que el Estado no debe autoextinguirse conforme se avanza al socialismo sino reforzarse, integrando "respetándolas" las culturas dominadas en la dominante; y, por último, se desplaza la carga de responsabilidad negativa a los pueblos oprimidos, que son presentados como una "cuestión" o peor, un "problema", en vez de reconocer que el problema lo originan los Estados opresores. Los PC’s español y francés han sido piezas claves en el mantenimiento de la "unidad nacional" de ambos Estados, limitándose en el caso español a una hipócrita verborrea sobre la federación que no resuelve ningún problema sino que los agrava. Así, un problema crucial que poco a poco iba resolviendo el marxismo, se estancó y pudrió durante décadas, obligando a los pueblos a desarrollar sus heroicas guerras de liberación nacional al margen o directamente en contra de los "consejos" de la URSS. Si bien la dialéctica de la historia explica que algunos pocos pueblos se beneficiaran relativamente de los pactos del stalinismo con el imperialismo, en realidad el balance global de la "solución" impuesta por la URSS ha sido negativo. Sin embargo, en contra del stalinismo, en la actualidad cada vez más las masas oprimidas del planeta son conscientes de que no habrá ninguna solución efectiva a sus angustiosos problemas si no se reconoce el derecho/necesidad a la independencia de los pueblos.

6) El stalinismo ha sido y sigue siendo aunque en mucha menor medida, por un lado, el fracaso histórico de un intento de transición al socialismo que se estancó por sus contradicciones internas y por las brutales agresiones imperialistas. Fue degenerando, pudriéndose porque, básicamente, las reformas sucesivas extendían el "socialismo de mercado" fortaleciendo el mercado y reduciendo el socialismo. Tras diferentes crisis y luchas internas, llegó el momento en el que la casta burocrática, desde dentro mismo del PCUS, pudo dar el paso cualitativo de reinstaurar un capitalismo débil, corrupto y mafioso gracias a los recursos económicos, alienación social, desprestigio del "socialismo" y fuerzas represivas que había acumulado durante años. Por otro lado, el stalinismo ha sido una de esas ramas que se han secado y caído del tronco socialista que crece pese a todos los problemas desde comienzos del siglo XIX. Hasta ahora se han agotado el socialismo utópico que quebró en 1871; el de la II Internacional o socialdemocracia que se hundió en 1914; el eurocomunista que estalló a mediados de los años ochenta y el stalinista. Significativamente, todas ellas se enfrentaron al marxismo enriqueciéndose éste y debilitándose las otras. No nos debe sorprender esta evolución por las peculiaridades exclusivas de la revolución proletaria comparada con la revolución burguesa. Conviene recordar que la burguesía no solamente cambió varias veces de esquema ideológico, sino que, además, siempre careció de una teoría de la transición al capitalismo y, sobre todo, necesitó varios siglos para atreverse a atacar al sistema absolutista tardo feudal, no consiguiendo la victoria al primer intento sino después de varias derrotas.Las lecciones elementales que hemos aprendido del stalinismo son especialmente válidas ahora cuando el capitalismo impone a la humanidad una de sus peores crisis, sino la peor en toda su historia, porque nunca antes se habían conjugado tantos y tan graves problemas. Para las luchas actuales es muy importante apreciar en su decisivo papel la función capital de la intervención consciente humana, la dialéctica entre los factores objetivos y los subjetivos, y saber que la historia no está prescrita sino que se hace y se construye mediante luchas y heroísmos. También es fundamental saber que, contra las promesas reformistas, el mercado nunca es la solución sino el problema y que la democracia socialista y el poder obrero son imprescindibles para vencer la irracionalidad burguesa. De igual modo, es urgente reafirmar la pluralidad enriquecedora de la diversidad de posturas y de la capacidad de trabajar en común, al igual que, otra vez, la opresión nacional aparece como uno de los problemas estructural del capitalismo.

"Tal y como están las cosas, necesitamos unidad..."

Sobre la cuestión de Trotsky y Stalin
Manuel M. Navarete
Kaos en la red
Siempre he pensado que el trotskismo y el marxismo-leninismo son, más que nada, distintas visiones de la historia, y que, por tanto, deben convivir en una misma organización (eso sí, estableciendo unos mínimos de consenso, como la defensa del socialismo cubano y del antiimperialismo bolivariano, la democracia interna dentro de la organización, etc.)

Tal y como están las cosas, necesitamos unidad, y hoy en día me parece la misma tontería militar en un partido trotskista que en uno m-l. Como me dijo un amigo, ni Trotsky ni Stalin van a venir aquí a hacernos la revolución. Hay que buscar frentes de lucha, hay que construir frentes de masas unitarios. Dicho esto, considero, sin embargo, que esta postura no resta interés a un debate histórico que es ya todo un clásico, que puede afrontarse de un modo sano y fraternal y para el cual me gustaría aportar mi pequeño grano de arena.

Al igual que el conflicto vasco, es éste un debate tan viciado, que ya no se puede razonar ni discutir seriamente sobre él. Por el contrario, se hace preciso proceder a escandalizadas, sobreactuadas y religiosas condenas, cuando no a comparaciones irrisorias que son un insulto para la inteligencia, la decencia y la razón.

Quienes no estamos en nómina de nadie, quienes tecleamos muertos de frío en cuchitriles dublineses de mala muerte, podemos permitirnos en cambio el lujo de hablar sin pelos en la lengua. Por eso yo sí puedo escribir que en mi opinión el trotskismo no es más que echar balones fuera. Es la excusa perfecta para no reconocer que el socialismo también tiene problemas, defectos y dificultades.

Cargar todos los males que sufrió la revolución obrera y campesina sobre los hombros de una sola persona puede ser tranquilizador; sin embargo, elimina cualquier posibilidad de enfrentarse rigurosamente al problema de la burocracia y al problema de la represión, y por lo tanto dificulta enormemente su solución.

Dos precisiones son fundamentales para empezar. Primero, el burocratismo en países socialistas se ha dado antes y después de Stalin. Segundo, no tenemos el menor motivo para pensar que Trotsky hubiera actuado de forma muy diferente.

Como denunciaban los consejistas y ultraizquierdistas alemanes y holandeses, el “control obrero” sólo duró los 6 primeros meses de la Revolución Rusa. Toda idealización en sentido contrario choca contra la tozuda realidad de la historia. En abril del año 1918, el Estado centralizó numerosas funciones políticas que hasta entonces desempeñaban los soviets (como es natural en un poder que aspira a planificar centralizadamente la producción para que atienda a las necesidades reales del pueblo). Nos parezca mejor o peor, la realidad es que el poder nunca estuvo en manos del proletariado de un modo directo, sino a través del Partido que lo representaba.


Por otro lado, en efecto, no sólo Trotsky, sino también Lenin y Stalin fueron muy críticos con el burocratismo. El hecho de que Lenin, que murió en 1924, lo fuera es especialmente significativo, porque implica que la burocracia existía antes del ascenso de Stalin. Aparte, el burocratismo es un problema al que se han enfrentado países socialistas muy alejados de Rusia, e incluso décadas después de muerto Stalin. Basten los ejemplos de Cuba y China para ilustrar esta idea.

La identificación mecánica de Stalin con el burocratismo fue la invención de un hombre despechado, Trotsky, que pasó de pensar que sería el sucesor de Lenin a perder todas las votaciones en los Congresos del Partido. Que tal identificación se siga haciendo hoy día sólo es explicable como reflejo de la hegemonía creciente de la ideología dominante, que nos acompleja, nos apabulla y nos hace renegar de nuestra propia historia. La clave es que, a día de hoy, todavía ni un solo trotskista ha sido capaz de decirme una sola ley o medida concreta de Stalin en beneficio de esa capa burocrática.

Con respecto al tema de la represión, también son necesarias determinadas precisiones. En primer lugar, ¿quién puede afirmar que Trotsky, de haber llegado al poder, habría sido menos represivo que Stalin? Durante la Guerra Civil demostró ser implacable con el enemigo. Pero no sólo cargó contra los blancos. En 1921 los marineros de Kronstad, héroes revolucionarios del 17, se sublevaron contra lo que consideraban un Estado burocrático. Trotsky fue el encargado de reprimirlos y derrotar esta insurrección obrera ultraizquierdista.

Los trotskistas dicen, esta vez con toda la razón, que no podía permitirse una sublevación contra un gobierno socialista. La incongruencia viene cuando los ultraizquierdistas sublevados son ellos y el gobierno socialista que reprime uno del que fueron expulsados por fraccionalistas.

Sabemos que Trotsky pretendía colectivizar la agricultura e iniciar la industrialización acelerada si llegaba al poder (justo lo que después hizo Stalin, que siguió en todo momento un camino recto, mientras la derecha y la izquierda del Partido daban bandazos en zigzag aliándose con o contra él). ¿Acaso los kulaks y los capitalistas (y los individuos influenciados ideológicamente por ellos) no habrían ofrecido resistencia de ser Trotsky, en lugar de Stalin, el máximo dirigente soviético? Carecemos, de nuevo, de razones para pensar algo así.

Por lo demás, la disyuntiva oficial entre “socialismo en un solo país” y “revolución permanente” carece de cualquier credibilidad. Nunca hubo, en realidad, dos opciones. La revolución había fracasado en Alemania, por lo que las posibilidades eran tres: o construir el socialismo en la URSS, o intentar imponer el socialismo en Europa pisoteándola con el Ejército Rojo, o rendirse y dejar que la URSS siguiera siendo capitalista. Además, la segunda opción, aparte de antimarxista y poco realista, era de difícil ejecución, ya que la Revolución Rusa se había hecho bajo el lema “paz y pan”. El pueblo estaba extenuado de tanta guerra, por lo que iniciar otra guerra habría sido mentir y engañar a las masas, poniendo además en riesgo el poder revolucionario. Por eso, la idea de la “revolución permanente” fue rechazada democráticamente por el Partido, que votó rechazarla. Años antes, el propio Trotsky, pese a su posición infantil y ultraizquierdista inicial, había acabado por reconocer que Lenin tenía razón y había que firmar la paz de Brest.

No afirmamos con esto que toda crítica a Stalin sea ilegítima. Stalin cometió errores, como todos los dirigentes de la historia. Se trata de hacer críticas consecuentes y razonables de estos errores, y no críticas basadas en una pluma de tan dudosa imparcialidad como la de su mayor enemigo político precisamente.

No creo que haya nada tan infantil y perjudicial para el comunismo como coger la historia de la URSS y decir que todos los logros son gracias al socialismo y todos los fallos culpa de Stalin (he leído libros en los que se responsabiliza a Stalin por la Primavera de Praga o por la ruptura chino-soviética, hechos ambos acaecidos bastantes años después de su muerte).

No creo que haya nada tan antimarxista como romper los vínculos entre la infraestructura y la superestructura diciendo, como hacía Trotsky, que la base económica de la URSS era fenomenal, pero su gobierno y su política nefastos. ¿No era para Marx la superestructura un reflejo de la base, necesario además para conservarla?

Hagamos, pues, una crítica a Stalin. Pero una crítica seria.
Critiquemos su política con respecto al aborto, que sin duda fue equivocada. Pero no digamos que esta política fue tomada por cuestiones morales, cuando sabemos que fue algo puramente pragmático, ya que tras tantas guerras y agitaciones demográficas la URSS necesitaba fomentar la natalidad.

Critiquemos el ambiente de paranoia y persecución que se creó en el seno del Partido, pero no obviemos que la existencia de complots para derrocar al gobierno es algo prácticamente incuestionable. No olvidemos que los procesados en Moscú confesaron, sin la menor señal de tortura como constataron numerosos observadores internacionales. No olvidemos que aprovechar el caos de la inminente invasión nazi para intentar hacerse con el poder no era algo tan extraño (el cliffismo, una rama del trotskismo que en la II Guerra Mundial se declaraba “derrotista” y que está representada actualmente en el Estado español por En lucha, proponía más o menos lo mismo). Y no digamos que el riesgo de invasión imperialista invocado era una falacia, cuando sabemos que ésta finalmente se produjo.

Critiquemos, sí, que Trotsky fuera expulsado del Partido por crear una fracción; pero no nos olvidemos accidentalmente de mencionar que la prohibición de las fracciones fue votada y adoptada en el X Congreso del Partido a petición de Lenin (hablamos del mismo Trotsky que fue menchevique hasta el verano del 17, y del mismo Lenin que escribió que las manifestaciones públicas de menchevismo debían ser penadas con la muerte).

Critiquemos el culto a la persona, pero no sin aclarar que desde 1917 se venía dando culto a las imágenes de Lenin y Trotsky con cientos de miles de carteles, imágenes y cuadros, y no sin aclarar que el propio Stalin criticaba y rechazaba el culto a la persona que se le estaba dando, además de vivir en una austera residencia del Kremlin, sin lujos ni opulencia.

Critiquemos los asesinatos de Trotsky y Nin, pero no digamos que la Guerra Civil española se perdió por culpa -cómo no- de Stalin (tampoco hay salida, porque cuando una guerra se gana, se dice que se habría ganado más fácilmente sin Stalin; véanse los análisis del trotskismo acerca de la II Guerra Mundial), porque esto es irrisorio. La URSS fue el único país que ayudó seriamente a la República, y el oro de Moscú no alcanzaba a pagar ni siquiera el primer cargamento de armas. No fue Stalin quien rompió la unidad antifascista, como podrá recordarse. Por lo demás, la exitosa experiencia de Mao, que comprendió que la independencia de china era un requisito indispensable para poder desarrollar la lucha de clases, demuestra que “ganar la guerra para poder hacer la revolución” era una política acertada (no en vano fue la política de Frentes Populares la que derrotó al fascismo en Europa).

Critiquemos la colectivización forzosa, pero no escamoteemos la información de que sólo fue forzosa al principio; pronto se rectificó y se estableció que la entrada en los koljoses sería voluntaria.

Critiquemos la industrialización acelerada y sus efectos sobre la vida rural, pero no olvidemos que sin esta industrialización no se habría podido hacer frente a la invasión imperialista nazi ni un solo día, y entonces no habría existido ningún “socialismo degenerado” que perfeccionar, sino puro fascismo.
Critiquemos el Gulag, pero no olvidemos que se creó en tiempos de Lenin, y que no eran “campos de concentración”, sino cárceles a modo de campos de trabajo, con jornada de 8 horas y el salario de un obrero, y adonde los presos llegaban tras ser juzgados y condenados por un tribunal en base a unas leyes.

Critiquemos que la Constitución socialista del 36 hablara como si ya no existieran clases sociales en la URSS, pero no sin subrayar también que el Partido decidió que en una constitución se marcan los objetivos, no las realidades, y que Stalin fue precisamente el máximo defensor de la teoría de Lenin de que la lucha de clases se intensifica bajo el socialismo.

Critiquemos la diplomacia secreta, pero no digamos que el Tratado de no agresión con Alemania demuestra la menor connivencia con Hitler, ya que fue firmado como táctica para ganar tiempo y después de que todas las democracias burguesas se negaran por varias veces a formar un bloque antifascista con la URSS (y, sobre todo, no llamemos invasión a la liberación de Polonia de los nazis, máxime cuando los rusos fueron recibidos con los brazos abiertos por la población).

Critiquemos, en definitiva, al gobierno de Stalin, pero no neguemos que se trataba de un gobierno revolucionario que impulsó el socialismo. Sus medidas más relevantes (colectivización, planificación, industrialización) beneficiaron objetivamente a la clase trabajadora, y Trotsky no estaba en desacuerdo con ellas. Demuestra una gran ignorancia llamar a este gobierno bonapartista y termidoriano, como hacía Trotsky. Napoleón restauró los títulos nobiliarios y la monarquía en Francia; Stalin en Rusia ¿hizo acaso lo mismo? Lejos de eso, fue su gobierno el que construyó el socialismo en la URSS. Cuando Lenin murió, en la época de la NEP, la URSS seguía siendo un país económicamente capitalista (capitalismo de Estado, llamó Lenin al modo de producción soviético bajo la NEP, política que él mismo propuso como periodo especial a causa de la “crisis de las tijeras”. ¿Cómo llamar de otro modo a un país eminentemente agrario en el que la tierra es propiedad privada?) El gobierno obrero y campesino impulsó desde el poder una revolución burguesa controlada (la NEP) como etapa de reajuste antes de acometer, como hizo a continuación (ya en época de Stalin), la edificación del socialismo y de la economía planificada.

Pese a determinadas resistencias, y con todos sus defectos y errores, fue un gobierno popular que contó con el apoyo y el entusiasmo de las masas. De otro modo, no habría podido mantenerse en pie ante el empuje de los invasores nazis. 25 millones de trabajadores soviéticos dieron la vida para defender sus conquistas durante la II Guerra Mundial. El Termidor, sin embargo, vino en el año 91. Que la URSS cayera entonces sin que los trabajadores dispararan un solo tiro para defenderla demuestra que este apoyo y este entusiasmo se fueron perdiendo. En un determinado momento, por tanto, tuvieron que empezar a hacerse mal las cosas. Opino, como el Che Guevara, que habría que buscar el error en el revisionismo, en las reformas de Liberman y Kosigin, que introdujeron incentivos materiales y otros conceptos liberales en la economía.

Carece en cambio de toda lógica buscarlo en un gobierno socialista tal vez criticable, pero cuyo paralelismo histórico razonable sería, no con el bonapartismo, sino todo lo contrario: con el terror jacobino, aunque sustituyendo la guillotina por el Gulag. La cuestión es ¿quién se opone hoy día a estos revolucionarios franceses? ¿Quién, aparte de los más oscuros reaccionarios, no comprende que -con todos los defectos que puedan buscarse- los jacobinos traían un mundo cualitativamente mejor que el anterior? ¿Qué rama del marxismo cuestionará que la violencia, como decía Marx, es la partera de la historia que ayuda a alumbrar nuevas sociedades? ¿Quién puede negar que, por desgracia para quienes buscamos un mundo diferente, todos los procesos de cambio de la historia han sido inevitablemente violentos?

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