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2010/01/13

ES TIEMPO DE HABLAR DE PAZ por Abdullah Okalan

"...negar hasta hoy al pueblo kurdo los derechos humanos fundamentales está muy cerca de la mentalidad autoritaria y también fascista que en el siglo XX se implantó en Alemania e Italia."


Abdullah Okalan
(GARA)
Contra el nacionalismo chovinista y fascistoide que lleva a cabo una cultura de linchamiento allí donde viven los kurdos, sigo en mi búsqueda de una solución pacífica y democrática. Desde 1993 hasta hoy he hecho numerosas propuestas y dado pasos concretos


Saludo con gran respeto a todos los lectores de Il Manifesto y a las amigas y amigos de Italia. Mi agradecimiento particular a Il Manifesto, que me brinda de esta manera la posibilidad de expresar mis opiniones.


Italia tiene para mí un significado particular, no sólo porque en 1998 la búsqueda de una solución democrática de la cuestión kurda me llevó a Roma, sino también por la gran consideración que tengo de la historia italiana y de las luchas de liberación que allí se han desarrollado. En mi libro más reciente, titulado La democratización de la cultura de Oriente Medio, he dedicado algunas páginas a este tema. Espero que pronto tendré la oportunidad de compartirlo con los lectores. En primera persona, quizás, una comunicación directa no será nunca posible, a raíz de mi aislamiento.


De la conjura internacional que desde Roma me ha llevado a la isla de Imrali quisiera hablar en otra ocasión. No sólo para discutir sobre el significado histórico de este acontecimiento para los kurdos, sino también sobre las estructuras de poder del sistema global y el carácter de las relaciones internacionales. Pienso que eso podría interesar también a la parte progresista de la opinión pública europea. Yo mismo he recibido enseñanzas históricas de la odisea que durante tres meses me llevó a Atenas, Moscú y Roma.
El concepto central que se puede encontrar en mis libros más recientes es el de «espíritu moderno capitalista», que en esta mi aventura he conocido de cerca, junto a sus mil y una máscaras y armaduras. Si no hubiera sido así, no habría llegado nunca a las conclusiones a las que he llegado. Quizás me habría quedado agarrado a un sencillo nacionalismo de tipo estatalista o, al final, habría llegado a ser parte de un movimiento clásico de izquierda, como muchos antes que yo. Como persona orientada hacia la ciencias sociales, no quiero sacar una conclusión definitiva, todavía tengo la convicción de que nunca habría podido llegar a mis análisis actuales.


Sin embargo, querría subrayar una conclusión fundamental. La verdadera fuerza del espíritu moderno capitalista no se encuentra ni en su dinero ni en sus armas. Su verdadera fuerza es representada por la capacidad de sofocar como por arte de magia en su propio liberalismo todas las utopías, incluida la utopía más reciente y fuerte, la del socialismo. Mientras no consigamos entender cómo la humanidad entera puede ser retenida en el vértigo del liberalismo, incluso la más consciente escuela de pensamiento no podrá ser otra cosa que un lacayo del capitalismo, y qué decir de la posibilidad de combatirlo.
Junto al pueblo kurdo, lucho no sólo por nuestra identidad y nuestra existencia. Nuestra batalla está dirigida también contra la ideología dominante del espíritu moderno capitalista, y busca llevar en Mesopotamia, la cuna de la humanidad, una contribución para la creación de una alternativa que nosotros llamamos «espíritu moderno democrático».


En un contexto de paranoia global de terrorismo, las tentativas del Estado turco de marcar nuestra lucha democrática como «terrorista» para nosotros no son otra cosa que el juego de propaganda que ya conocemos desde hace tiempo. La mentalidad del Estado turco de negar hasta hoy al pueblo kurdo los derechos humanos fundamentales está muy cerca de la mentalidad autoritaria y también fascista que en el siglo XX se implantó en Alemania e Italia.
También hoy el Estado turco practica un genocidio político, económico y cultural con los kurdos, frente a lo cual el pueblo kurdo opone una resistencia dura y organizada. Ante el nacionalismo chovinista y fascistoide que mientras tanto lleva a cabo una cultura de linchamiento allí donde viven los kurdos, sigo en mi búsqueda de una solución pacifica y democrática. Desde 1993 hasta hoy he hecho numerosas propuestas y pasos concretos. El alto el fuego unilateral de 1999, el año de la crisis, mantenido a pesar de los diversos ataques, la retirada de la guerrilla del territorio de Turquía y las delegaciones de paz simbólicas desde Europa y desde los montes Kandil son sólo una pequeña parte de las tentativas de paz. El hecho de que también en 2009 las armas callaran unilateralmente y una delegación de guerrilleros llagara a Turquía desde los montes Kandil debe servir como prueba de la continuidad y de la perseverancia de mis tentativas de paz.


No obstante, la actitud del Estado turco no ha cambiado. Nuestros esfuerzos hacia la paz continúan siendo minusvalorados y son considerados como signo de debilidad. Continúan las operaciones militares y los ataques contra la población. Todas las instituciones estatales siguen gritando: «Liquidadlos». La maniobra diversiva más engañosa la está llevando a cabo el actual Gobierno del AKP, que quiere hacer creer a los estados europeos que trabaja para la democratización y la solución del cuestión kurda.
Es el mismo Gobierno que ha hecho leyes gracias a las cuales las prisiones turcas están llenas de niños kurdos y hace poco, en Sirnak, cinco niños han sido condenados a 305 años de cárcel. Gracias a este Gobierno ha sido posible prohibir el Partido para una Sociedad Democrática (DTP). Y es siempre este Gobierno el que humilla a los kurdos, llevándose esposados a los alcaldes kurdos que ellos han elegido, evocando imágenes de deportaciones en campos de concentración. El pueblo kurdo no dejará nunca de luchar por sus derechos fundamentales. Seguirá organizándose para conseguir la dignidad y una vida libre. Ganará la libertad luchando a través de medios democráticos, pero, también, revindicando el derecho a la autodefensa. No tengo la menor duda. A modo de conclusión de este primer artículo escrito a comienzo del año nuevo, deseo al pueblo italiano un feliz 2010. Ojalá este año pueda llevar a la liberación de los pueblos, de las clases y del sexo oprimidos.


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