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2010/11/02

¿Que fue de Iparretarrak (IK)? Entrevista con Filipe Bidart


Filipe Bidart participo en la fundacion de Iparretarrak (IK), organización armada que inicio una tregua durante el proceso de Lizarra-Garazi. Desde entonces no se ha vuelto a hacer publico ningun comunicado ni atentado reivindicado por IK. En esta entrevista publicada en el diario DEIA Bidart nos revela algunos datos sobre IK: su lucha, objetivos estrategicos, logros, valoracion de la actual situacion politica, la disolucion... Tras 19 años en prisión, lleva casi cuatro en libertad condicional en Béziers (Occitania) a la espera de que en 2012 pueda volver a su tierra natal de Baigorri

IK se disolvió sin un comunicado oficial, casi por la puerta de atrás.
En la organización había miembros que no estaban dispuestos a abandonar la lucha armada en favor de la lucha política y, debido a esas diferencias, tuvimos que terminar sin un comunicado oficial. Esa manera de terminar tras tantos años de lucha es un error político.

¿Cree que ETA podría terminar también así?
No lo creo. Pienso que ETA lo tendrá todo bien atado cuando decida terminar definitivamente. Lo hará cuando se hayan dado todas las condiciones necesarias para ello. Y será de un modo claro y oficial.

¿Qué ha sido de los militantes de Iparretarrak?
Todos los militantes se han enganchando en el movimiento político: unos en el sindicalismo, otros en movimientos culturales vascos, otros en el activismo del euskera... Es decir, han seguido con la estrategia política al margen de la lucha armada. Y lo han hecho de un modo natural, tras comprobar que las condiciones y la situación han cambiado como consecuencia de, primero, la lucha de IK y, luego, del movimiento político en torno a Abertzaleen Batasuna. A día de hoy, la mayoría social de Iparralde apoya la creación de una institución especial, y eso supone un gran logro para nosotros. La conciencia política de lo vasco se ha asentado y extendido tras muchos años de debilidad. Por delante tenemos mucho trabajo por hacer, y debemos superar las divisiones que tanto nos lastran y aunar fuerzas. En ese sentido, es muy importante la decisión de AB de integrarse en la coalición Euskal Herria Bai.

A diferencia de ETA, los objetivos de Iparretarrak no eran las personas, sino los bienes materiales.
Desde el principio IK apostó por la lucha armada, pero limitándola a los objetivos materiales, sin derramar sangre. Los tiroteos y las muertes que se han producido no han sido por decisión de IK, han sido fortuitos: para huir de la policía, de los controles de carretera, de las emboscadas... Nunca tras una decisión premeditada. Nuestros objetivos eran viviendas, vehículos... Sólo en un par de ocasiones decidimos tocar físicamente a una persona. Lo más fuerte fue un tiro en la rodilla. Era necesario, teníamos que defendernos, ya que familiares de nuestros militantes estaban siendo tocados físicamente y tuvimos que responder para proteger a nuestras familias.

Tuvieron sus más y sus menos con ETA.
Efectivamente, tuvimos diferencias importantes. Iparralde era un soporte para fortalecer su estructura como lugar de huida, para su logística, como refugio, para cruzar la muga o para realizar acciones. Al principio, los militantes de IK cooperamos, había una cercanía entre ambas organizaciones, pero llegó un momento en que se produjo una competencia. ETA quería controlar Iparralde para su propio interés, y no aceptaba ninguna lucha armada en aquel territorio. La lucha de IK generaba una mayor represión policial por parte de Francia, más controles, más riesgo... no sólo para nosotros: también para los militantes de ETA. Era su refugio, y nuestra lucha les ponía en riesgo. Ahí surgieron las diferencias. Nos dijeron que teníamos que parar, pero les dijimos que no, les gustara o no.

¿Cómo solventaron las diferencias?
Nunca fueron más allá, y en ningún caso nos enzarzamos en acciones entre nosotros. La concurrencia era básicamente política, entre dos estrategias. En los ochenta, ETA nos decía que primero vencería en Hegoalde, y que posteriormente se liberaría a Iparralde. Para ETA no era el momento, pero para Iparretarrak sí lo era, ya que Ipar Euskal Herria, la extensión de la conciencia vasca, estaba en un tris de desaparecer, y había que actuar entonces, y no dejarlo para después. La turistificación y la especulación estaban ahogando Iparralde y logramos pararlo.

¿Y el perfil más bajo de su violencia fue motivo de diferencias con ETA?
El debate no era ese. Para ETA eso no era un problema. Aceptaba que la situación de Iparralde era especial, y que la lucha armada tenía que adecuarse al nivel que la sociedad permitía. Nosotros éramos conscientes de que la sociedad de Iparralde no aceptaría un nivel de violencia superior al que pusimos en marcha. Gracias a nuestra lucha hemos avanzado en cuanto a conciencia vasca y en la construcción de estructuras como ikastolas o partidos políticos.

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