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2012/03/16

Entrevista con Jokin Leniz, participante en "La maleta mexicana"

"El pueblo que no tiene memoria, no puede cerrar sus heridas y no podrá construir su futuro porque nunca estará en paz. Esa revolución no terminará hasta que se localice al último de los miles de fusilados que hay en las cunetas, cementerios y montes."



DEIA

Jokin Leniz (Lekeitio, 1981) protagoniza uno de los momentos más emotivos del documental 'La maleta mexicana', sobre la obra de los fotógrafos Capa, 'Chim' y Taro en la Guerra Civil. Participaba en una exhumación de Aranzadi cuando grabaron su testimonio para la película

Lekeitio. En la escena en la que interviene en La maleta mexicana, el licenciado en Humanidades y en Comunicación Audiovisual Jokin Leniz se derrumba, emocionado, y llevándose la mano al corazón manifiesta que todos los exhumados "son mis abuelos". Pese a ello, confiesa que "aún no estoy preparado para verme en la película".


¿Qué labor desempeñaba cuando le visitaron durante la grabación de 'La maleta mexicana'?
Filmar y fotografiar la exhumación que Aranzadi realizaba en Rubielos de Mora de soldados republicanos que tomaron Teruel y cuyos propios mandos les fusilaron. Fue la única ciudad que este bando tomó en la Guerra Civil. Lucharon soldados de la 84 Brigada mixta con la promesa de que, si la tomaban, tendrían un tiempo de descanso. Al coger la ciudad, fueron a descansar y les dijeron que volvieran a la guerra porque Franco contraatacaba. Muchos protestaron amotinándose en un convento. A todos ellos los pasaron por armas excepto a dos que escaparon.

Protagoniza el momento más emotivo del documental. Dice que siente que "todos los que están enterrados son mis abuelos".
No conocí a mi abuelo Eusebio Leniz. Murió antes de que yo naciera. En casa siempre miraba su foto porque era gigante. Estuvo en la cárcel por ser republicano. Cuando salió, volvió machacado. Estuvo mucho tiempo en cama enfermo. No haberlo conocido me ha llevado a conocer a otros que pasaron lo mismo o peor, y por ello los quiero como si fueran mis abuelos.


¿Qué le diría hoy a su aitite?
Primero le daría un abrazo tremendo y luego le interrogaría sobre la situación que vivieron cuando estalló la guerra y sobre su estancia en la cárcel de Carabanchel Bajo. Creo que estuvo con Aita Patxi, uno de nuestros héroes vascos, y con una buena cuadrilla de gudaris de la Rebelión de la Sal. Serían tantas cosas que necesitaríamos meses.


La película no la ha visto… o no la ha querido ver.
Era mi primera exhumación y se me acumularon muchos factores. Ver esqueletos humanos no impresiona, pero sí la historia que les rodea. Eran jóvenes soldados republicanos que podrían ser mis abuelos. Aquello me impresionó y emocionó. Me tomaron testimonio para la película porque era el fotógrafo. Cada pregunta que me hacían me emocionaba más y al final me derrumbé. Creo que todavía no estoy preparado para verme a mí mismo, pero quizá algún día la vea. No olvidaré lo que Paco Etxeberria me dijo cuando terminamos la exhumación y supo de mi derrumbe emocional: "Bueno, ya está, ya has pasado tu bautismo de fuego".


Su sueño es grabar a los últimos gudaris vivos. ¿Ahora o nunca?
Ahora o nunca. Pero sin intentarlo no nos vamos a quedar. Ellos y ellas se lo merecen. Eso y más. A veces pienso que si me hubiera concienciado antes o si hubiera nacido antes podría haber hecho más cosas…


Llega a sufrir por ello…
Sí, y mucho. La mayoría tienen más de 90 años y se están muriendo. El no saber o no poder frenar eso te come por dentro porque ellos son el testimonio vivo de aquella tragedia y el no poderles entrevistar o conocer da mucha pena. La Guerra Civil fue la última guerra romántica que hubo, vinieron luchadores de todos los lugares del mundo y parece que no hay memoria para ellos. Al igual que Hollywood ha producido exitosas series sobre la Guerra del Pacífico y la Guerra de Europa, aquí deberían hacer lo mismo con nuestros abuelos, porque se lo merecen y muchos terminaron luchando en Europa.


Se cumple un siglo de una tragedia en la bahía de Lekeitio. ¿Qué pasó?
Hubo una gran tempestad y muchos murieron. Al único lekeitiarra lo ataron a un mástil y sobrevivió. Es una de las muchas tragedias de nuestros queridos arrantzales.


Hay una hornada de jóvenes, incluido usted, que luchan por la memoria histórica. ¿Cómo se puede llegar al resto de la juventud?
Enseñándoles desde niños en casa, en las ikastolas... lo sucedido en Euskal Herria y en España durante la Guerra Civil. Que sepan que sus familiares lucharon en esa triste guerra, por qué lucharon y qué consecuencias tuvo para ellos. Deberían saber las circunstancias que soportó la ciudadanía vasca: cárcel, fusilamientos, violaciones, expropiaciones... Y para ello, enseñarles el trabajo de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, tanto en las exhumaciones como en la recogida de testimonios.


Decía Joseba Egiguren, autor de 'Prisioneros en Orduña', que tras recabar testimonios había noches que le costaba dormir.
He tenido la oportunidad de recoger testimonios para Aranzadi. Fui con Iñaki Egaña donde una mujer de Donostia que a los once años de edad fue violada por militares españoles durante seis meses. Ese día, Iñaki me dijo: "Cuando entras en este mundo, nunca llegas a ser el mismo". Y así fue. Luego leí el libro Los muertos de Franco, que él había escrito, y no pegué ojo en dos o tres días. Es muy duro ser consciente de las atrocidades que se han cometido en nombre de la Santa Cruzada.


¿La memoria histórica debería ser la revolución del siglo XXI?
Sin duda. El pueblo que no tiene memoria, no puede cerrar sus heridas y no podrá construir su futuro porque nunca estará en paz. Esa revolución no terminará hasta que se localice al último de los miles de fusilados que hay en las cunetas, cementerios y montes. Así como otro sinfín de atrocidades durante la Guerra Civil y sus años posteriores.


Ha ganado un premio en Bilera con un documental. ¿De qué trata?
Kresalezko sentimenduak trata de las historias que cuenta la gente mayor de Lekeitio sobre la guerra y la mar. Nos dieron el segundo premio y nos alegramos mucho porque lo hicimos con mucha ilusión. Quiero seguir adelante con otros trabajos parecidos, pero ahora no podrá ser porque es muy difícil que te financien.

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