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2012/06/10

Pequeños matoncillos

"El fascismo en realidad es muy simple y directo, esa es una de sus “virtudes”."

Borroka garaia da

Cada vez que oigo repetir como un loro al ministro de interior español el aguerrido “no estamos en tregua”, no se si es porque es un fan obsesivo del grupo Barricada de la Txantrea o porque alguien le debe dar cada vez que lo dice un azucarillo cual animal amaestrado aunque no sepa ni lo que está diciendo.


Y es que me imagino la reunión donde se decidió que esa frase fuera la escogida para que sea repetida por el ministro autómata, que sería de las mismas reuniones en las que se decidía también que medidas tomar para evitar la caída libre en votos del españolismo y el ascenso del pueblo abertzale de izquierda en Euskal Herria. Los figuras no tuvieron otra idea que cambiar el censo electoral. El fascismo en realidad es muy simple y directo, esa es una de sus “virtudes”.

Han traído a colación además, a la hora de presentar la idea trapichera de la manipulación del censo que ya en su día “se atrevieron” a realizar acciones de corte parecido como las ilegalizaciones que enorgullecerían al enano de voz aflautada, y que pese a que son conscientes de que son medidas fascistas “dificiles de entender” y con dificultades “técnicas” han demostrado su eficacia. Es posible que nadie de su entorno cercano se atreva a explicarles que si bien han causado mucho daño, al final Paco acaba llegando con las rebajas y que si han llegado a la convicción de la necesidad de radicalmente manipular el censo, entre otras cosas es gracias a que cuando intentaban poner un parche pincharon el balón. Y por ese agujerito por donde se escapa el aire se escapa también la legimitidad españolista que se traduce, entre una gran variedad de consecuencias, en esa pérdida de cientos de miles de votos que ha tenido el PPSOE en Euskal Herria y la menos que nula capacidad de legitimar ante el pueblo gobiernos nacidos de esas ilegalizaciones.

En el cole, de pequeños, siempre solía existir la figura del abusón que la emprendia contra otros alumnos. Generalmente algo mayor en edad, cuando a esa corta edad un simple año era un mundo. El temor básicamente estaba basado en la amenaza y la palabrería que creaba como una especie de halo de invencibilidad alrededor. Y era precisamente el temor, lo que hacía hacerse crecer a esa “fierecilla” temida.

Cada vez que alguien rehuía el enfrentamiento, esa fierecilla se alimentaba de ese miedo, complaciente y seguro iba sumando nuevas presas. Eso le hacía auto-convencerse de lo poderoso que supuestamente era aunque en realidad fuera el miedo a él mismo y a los demás el eje que movía sus acciones inconscientemente.

Lo que no saben esos pequeños matoncillos es que siempre habrá alguien, antes o después, que en vez de seguir el juego se les va a enfrentar y que su única respuesta será poner cara de sorpresa y recular. Como así hacían esas pequeñas fierecillas cuando se encontraban con alquien que inesperadamente daba un paso al frente.

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