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2012/09/10

Entrevista con el filosofo Santiago Alba Rico

"La historia de la construcción e la Nación Árabe ha dejado fuera a muchos actores políticos en un elemento claramente racista y discriminatorio respecto a otros pueblos. Pero las revoluciones árabes están sirviendo para plantear estas cuestiones."

¿Casi dos años después de su inicio, cual es el balance de las revoluciones árabes?
La situación en general hoy es mucho menos esperanzadora. Donde se logró derrocar a los dictadores hay unas transiciones democráticas gestionadas por fuerzas que no fueron los que desencadenaron las revoluciones. Se viven procesos interesantes y un nuevo ordenamiento geopolítico, pero que provisionalmente dejan fuera a aquellos que hicieron las revoluciones en Libia, Túnez o en Egipto. En Bahrein la represión ha dejado a los movimientos democráticos en un impasse. En Yemen ha habido un compromiso pactado con los países del Golfo y EEUU, pero la situación es complicada. En resumen, todos estos movimientos democráticos ecuménicos han pasado a segundo plano.
¿Y en Siria?
No creo que Siria vaya a ser la última parada de las revoluciones árabes, pero la propia prolongación y militarización del conflicto introduce un giro en las revoluciones árabes que, de alguna manera, desvirtúa su espíritu original. Además, y como resultado de la convergencia de muchos intereses en una zona geoestratégicamente privilegiada, Siria se está convirtiendo en escenario de una guerra fría entre Arabia Saudí e Irán, Hay un peligro claro de sectarización y de que lo que era un levantamiento popular contra una dictadura de más de 40 años se convierta en un enfrentamiento chiíes-suníes en una zona donde las fuerzas reaccionarias tienen una enorme fuerza. Todas, no sólo Arabia saudí y Qatar, sino también Irán y Rusia.

¿La militarización del conflicto en Siria no era algo inevitable?
Desde una perspectiva de izquierda, los pueblos tienen derecho a armarse frente a una dictadura que dispara contra la población civil desarmada. La militarización era inevitable pero es también legítima.

Otra cosa es qué ocurre cuando en ese escenario concreto se militariza una parte de la población, no puede acceder a las armas sino a través de potencias imperialistas, y no puede hacerlo sino introduciendo elementos de islamización o de sectarización del conflicto.

En tercer lugar, entre los miles de muertos por el régimen se encuentran los potenciales líderes de una revolución democrática. Generaciones de jóvenes con las ideas muy claras o han sido asesinados o están en la cárcel o en el exilio y en este contexto van quedando los más islamizados y los más radicalizados, porque la dinámica de una guerra propicia que uno acabe copiando los procedimientos del enemigo, más cuando este es tan feroz. En todo caso es necesario recordar que muchos sirios siguen saliendo a la calle todos los viernes en una revolución pacífica.

Los críticos de las revoluciones árabes denuncian la islamización de Egipto y Túnez
Yo no hablaría de islamización, porque la zona siempre ha estado islamizada. Lo que más bien ha ocurrido es que se apoyó a dictaduras so pretexto de combatir al islam político. Esta coartada antiislámica ha producido un coste en retroceso democrático, de mantenimiento de poblaciones enteras en una ignorancia inducida.

Hay que aceptar que en la mayoría de estos países apenas se les deje votar libremente va a haber gobiernos islámicos, pero hay que destacar una paradoja: cuando todo el mundo pensaba que en el mundo árabe solo podía haber revueltas desencadenadas y controladas por fuerzas islámicas nos encontramos con que estos gobiernos islámicos llegan al gobierno a través de revoluciones que no han hecho ellos. Y que estallan en el momento en que esos partidos islamistas, precisamente por su imposibilidad de vencer a las dictaduras, habían modificado sus perfiles para adoptar programas más democráticos.

¿Democráticos desde una perspectiva de izquierda?
Los islamistas no tienen programas alternativos, ni económicos ni sociales que puedan satisfacer las demandas fundamentales que llevaron a millones de jóvenes a la calle, el paro, la miseria económica, la dificultad de acceso a bienes de consumo básicos, vivienda, hospitales.., Esos partidos que ya están negociando con EEUU y la UE no tienen nada que ofrecer a la población que los llevó al poder.

¿Quiere decir con eso que nada ha cambiado?
En absoluto. Hay algo que impide que las revoluciones árabes acaben en una aceptación dócil de los intereses occidentales y es Palestina o, si quieres, Israel. Lo primero que hizo el gobierno tunecino fue reconocer a Hamas como legítimo representante del pueblo palestino.

El nuevo presidente egipcio ha dado pasos interesantes. Sus negociaciones con Irán ponen a Israel muy nervioso. La apertura, aunque sea más formal que real, del paso de Rafah, la revisión de los precios del gas que vende a Israel... hay toda una serie de detalles que, si bien no impiden que Egipto y Túnez negocien con la UE y con EEUU, garantizan que esas negociación se va a hacer en un contexto muy distinto. Hay muchas cosas que están cambiando..

¿Cómo ve la situación en Libia?
Complicado y con mucha inestabilidad, pero en cualquier caso de una forma muy distinta a como se había presagiado desde algunos sectores de la izquierda antiimperialista. No ha habido una división territorial, ni siquiera ganaron los islamistas en las elecciones. Hay un repunte, esperable, de atentados de sectores pro-gadafianos pero ni es el caos ni, desde el punto de vista político, son la OTAN, EEUU y la UE los que están gestionando directamente la realidad del país. En Libia se está empezando a construir una sociedad civil que antes no existía. Las milicias locales siguen teniendo mucha fuerza, se niegan a desarmarse y sin ser en su mayoría islamistas radicales se han convertido en un dique frente a la influencia occidental y el proyecto liberal que quiso encarnar el Consejo Nacional de Transición.

El papel de los amazighs en la batalla de Trípoli fue crucial. ¿Qué rol atribuye a las minorías no árabes en las revoluciones árabes?
Es importantísimo. Toda revolución en el mundo árabe no será totalmente democrática si no acomete otras dos revoluciones, la sexual y la revolución lingüístico-étnica. Que la revolución sexual o de género está pendiente es evidente, pero en el llamado mundo árabe hay otras etnias, otras lenguas, que han sido siempre silenciadas y despreciadas tanto por los partidos de inspiración religiosa (la lengua de Dios es el árabe) como panárabe (el árabe es la lengua universal en la que se expresa la razón). La historia de la construcción e la Nación Árabe ha dejado fuera a muchos actores políticos en un elemento claramente racista y discriminatorio respecto a otros pueblos. Pero las revoluciones árabes están sirviendo para plantear estas cuestiones. La impresión general es que respecto al impulso original hay un retroceso pero confío en que sea provisional y que esas mujeres y esos pueblos que han despertado tras tantas décadas de sojuzgamiento y que han aprendido que tienen derecho y fuerza para defenderse sigan presionando a los gobiernos para que esos países sean verdaderamente integradores.

¿Tiene algo que aprender la izquierda europea y latinoamericana de las revoluciones árabes?
Resulta incómodo decir a los demás que tienen que aprender cuando yo mismo estoy aprendiendo muchas cosas e incluso estoy revisando puntos de vista que me parecían inconmovibles. Lo que creo es que deberíamos aprender as escuchar a los otros. A no aplicar esquemas automáticos, y menos de la Guerra Fría, respecto al mundo árabe.

Creo que un sector de la izquierda mundial participa de los mismos prejuicios arabófobos que tanto hemos reprochado a la prensa y a los gobiernos occidentales. Y eso se ve incluso a la hora de regatear con el término. Mientras todo el mundo considera que la de Los Claveles fue una revolución aunque fue una insurrección militar que tampoco llevó muy lejos a Portugal, parece que hay que estar todo el tiempo preguntándose si, con arreglo a la ortodoxia marxista, lo que ocurre en Túnez, Egipto o Siria son revoluciones o son simples revueltas.

Decía Lenin en uno de sus últimos textos que lo que tienen que hacer los comunistas es, primero estudiar, segundo estudiar, y tercero estudiar. Y creo que respecto al mundo árabe hemos estudiado muy poco.

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