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2012/09/09

La noche del fascismo libio: resistencia contra la colonización y vindicación del régimen popular y socialista de la Jamahiriya

"...la Libia del CNT es una Libia sectaria donde a la población se la segrega por razón de su cultura, por razón de sus creencias religiosas o filosóficas, por razón de su sexo, por razón de su origen social y por razón de su anterior relación con el régimen popular y socialista de la Jamahiriya."


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La constitución del nuevo “Congreso” libio el 8 de agosto es la teatralización del régimen neocolonial del CNT, impulsado por las multinacionales del petróleo y los banqueros globalistas, con el apoyo criminal de la OTAN y desvergonzado de la ONU.

La farsa electoral del 7 de julio que “legalizó” al nuevo poder legislativo libio es la broma macabra que se ríe delante de los libios y les restriega en la cara el nuevo régimen neocolonial impuesto por la Unión Europea y Norteamérica, con la connivencia vergonzosa de la así llamada Liga Árabe, y de los países que han robado este órgano de representación de los países árabes, a saber, la Arabia del clan Saud y los mini-estados petrolíferos del Golfo Pérsico.

Un proceso electoral en el que, de entrada, el 90 % de la población que reside en Libia es marginada del mismo, no se puede considerar un proceso electoral “democrático”. Un proceso electoral en el que sólo ha participado un escaso 10 % de la población, compuesto parcialmente por ciudadanos magrebíes (marroquíes, argelinos y tunecinos) nacionalizados rápidamente como libios para la ocasión, y atraídos en perjuicio de la población autóctona del país, a la que se la expulsa de su trabajo, de sus hogares y de su tierra (privatizada por los “nuevos” ricos del CNT), a un proceso así no se le puede considerar “democrático” y artífice de una “nueva” Libia plural y multipartidista.

Más bien todo lo contrario, la Libia del CNT es una Libia sectaria donde a la población se la segrega por razón de su cultura, por razón de sus creencias religiosas o filosóficas, por razón de su sexo, por razón de su origen social y por razón de su anterior relación con el régimen popular y socialista de la Jamahiriya.

La represión y los crímenes se han desatado en la “nueva” Libia del CNT, como no se recordaba desde los tiempos de la colonización italiana. Las cárceles se han visto desbordadas por la afluencia de detenidos, los casos de torturas se han disparado, el número de secuestros y de desaparecidos también. La criminalidad organizada ha crecido a la sombra del CNT: tráfico de armas, de drogas, de órganos humanos, robos, extorsiones y violaciones.

Desde el “triunfo” militar del CNT, gracias a la OTAN y sus ejércitos, Libia ya no es un sitio seguro ni para vivir ni para viajar. No sólo la población local ha sido víctima de esa violencia, también los periodistas, los trabajadores de organizaciones humanitarias y los diplomáticos han conocido en su propia carne el clima de violencia que impera en Libia

Libia se ha convertido, gracias a la OTAN, y con ayuda de la red internacional del terrorismo yihadista (conectado a las redes mafiosas y de mercenarios internacionales), en un campo de entrenamiento del terrorismo musulmán y de la CIA, que coordina el envió de armas y terroristas a otras parte del centro y norte de África y de Oriente Medio.

En estas condiciones, es lógico y normal que Saif al-Islam, el hijo del Guía de la Revolución Libia, Muammar Gadhafi, haya pedido que no sea juzgado en Libia sino en el Tribunal Penal Internacional. Los precedentes de cómo actúa la justicia colonial son claros y evidentes: el ex presidente de Irak y oficial del ejército de ese país, Saddam Hussein, fue ahorcado de modo sectario y humillante, después de un macro-juicio contra la cúpula dirigente del antiguo régimen irakí, en el que tanto los abogados defensores como los testigos fueron objeto de amenazadas, siendo algunos de los abogados defensores asesinados por las bandas chiitas que buscaban la venganza y un escarmiento ejemplarizante durante el proceso –en un clima de desconfianza y “des-baathización” de la sociedad.

Las condiciones del cautiverio y asistencia legal de Saif al-Islam ya indican a las claras que, en su situación, no tiene ninguna garantía de que vaya a recibir un juicio justo en la Libia colonizada del CNT: ha denunciado torturas y un régimen de aislamiento --los abogados que fueron designados por el Tribunal Penal Internacional para defenderlo fueron detenidos por las milicias del CNT a finales de junio, pasando tres semanas en cautiverio hasta que fueron expulsados del país.

Libia no reúne las condiciones jurídicas ni legales para ofrecer a Saif al-Islam Gadhafi un juicio justo e imparcial, sino, en todo caso, una farsa judicial que azuce los odios y el deseo de revancha de unos y otros; y mientras siga en cautiverio y en manos del CNT su vida corre grave peligro.

El martirio al que fueron sometidos su padre Muammar y su hermano Mutassin atestiguan que las autoridades políticas y militares del CNT/Congreso libio no tienen ninguna compasión ni respeto por la vida humana, y que quieren utilizar el juicio a Saif al-Islam como otro episodio de propaganda, represión y venganza contra los símbolos y la herencia de la Jamahiriya, atesorada en el corazón y la memoria del pueblo libio, como herencia imborrable de un pueblo orgulloso que jamás se doblegará ante el colonizador extranjero.

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