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2012/09/29

ULTRADERECHA AL ACECHO


"El mayor peligro de la extrema derecha, ahora mismo, no es que alcance el poder, algo improbable, sino que condiciona el discurso del resto de actores políticos."

Naiz.info
Las crisis siempre han sido propicias para el crecimiento de la extrema derecha, y esta no lo es menos. Bajo el paraguas de un discurso fácil contra la inmigración y contra la Unión Europea, los partidos neonazis han dado un gran salto, colándose incluso en parlamentos estatales, como es el caso de Amanecer Dorado en Grecia. Precisamente donde la crisis hace más mella.

Las elecciones celebradas este miércoles en Holanda han lanzado un jarro de agua fría sobre las expectativas del xenófobo Partido de la Libertad de Geert Wilders, que perdió nueve diputados, quedándose con 15. Ahora, que un partido que aboga por congelar las aportaciones de su país a la ONU mientras siga permitiendo el ingreso de países musulmanes mantenga 15 escaños, no es tan buena noticia.
El caso no es nuevo. Hace ya años que los partidos de extrema derecha como el de Wilders, la Liga Norte en Italia o el Frente Nacional en el Estado francés, dejaron la marginalidad para erigirse en partidos clave para entender la política de su país. La crisis económica, sin embargo, ofrece una bandeja de plata a estos grupos para que su discurso fácil cale con más fuerza entre la población.
Redada de la policía griega contra supuestos inmigrantes en situación irregular (Antonio CUESTA)
El paradigma de este crecimiento se encuentra, sin duda alguna, en Grecia, donde el partido neonazi Chrysí Avgí –Amanecer Dorado– obtuvo 18 diputados en las elecciones del pasado mes de junio. Su mensaje nacionalista excluyente se basa en el rechazo a la inmigración –el ya muy manido «primero los de aquí»– y en la denuncia a las imposiciones económicas impuestas por la troika, formada por la Comisión Europea, el BCE y el FMI. En un país en el que el paro supera el 22% y las directrices de la troika eliminan cualquier atisbo de soberanía nacional, el caldo de cultivo para el crecimiento de formaciones como Amanecer Dorado está servido.
Relacionado con grupos neonazis de toda Europa y con elementos de la Junta Militar depuesta en 1974, Amanecer Dorado defiende sin tapujos la deportación de todos los inmigrantes y la colocación en las fronteras de minas y vallas eléctricas. Lo más peligroso de todo, sin embargo, es que los militantes del partido neonazi no se quedan en el dicho, sino que pasan al hecho con mucha frecuencia. Las ‘razzias’ en los barrios atenienses con mayor número de inmigrantes se producen cada cierto tiempo con total impunidad y la protección, a veces, de la propia policía griega.
Pero el mayor peligro de la extrema derecha no es tanto, al menos de momento, el que pueda alcanzar el poder para implantar su programa, sino que condiciona el discurso político del resto de actores políticos. El caso francés es paradigmático en este aspecto. A día de hoy, es impensable que el Frente Nacional de Le Pen alcance el Elíseo, pero su influencia tiene mucho que ver con las medidas adoptadas por el expresidente Nicolas Sarkozy. Unas medidas que sobrepasaron todos los límites con la expulsión forzada y metódica de los romanís.
Pero no todas las reacciones a la crisis pasan por la extrema derecha. Igual que con Amanecer Dorado, Grecia ha sido testigo también del surgimiento de Syriza, coalición de izquierdas que apunto estuvo de desbancar a socialistas y conservadores del Gobierno heleno. El caso islandés no escapa a nadie, pese al manto de silencio con el que se ha cubierto y las buenas perspectivas de EH Bildu pasan también –salvando todas las distancias y con todos los matices– por su oferta de un nuevo modelo económico y social. Pero esto lo dejamos ya para otro Sakonean.

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