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2013/06/12

Duelo, verdad y memoria

"El mejor homenaje que se puede dedicar a Naparra, y a todos los militantes que lucharon por una Euskal Herria libre, independiente e igualitaria, es construir su memoria y la de su pueblo, incorporando en ellas sus aspiraciones, ilusiones y vivencias y también sus éxitos, fracasos y contradicciones."


Errose Erezuma en nombre de los amigos de la familia de Joxe Miel Etxeberria
GARA
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El conocido documentalista chileno Patricio Guzmán afirma en un reciente reportaje publicado por el diario GARA que la «desaparición de una persona impide el duelo y es la tortura más grande que pueden dar a un ser humano». No le falta razón al cineasta comprometido, puesto que al dolor producido por la desaparición y muerte de una persona, hay que añadir la permanente angustia que deja su ausencia, sin el efecto cicatrizante de la herida que tiene el duelo y el balsámico alivio que supone la recogida y entierro de los restos del desaparecido. La desaparición de alguien, sobre todo si esta se prolonga, mantiene a lo largo del tiempo el daño causado en el corazón de los familiares y amigos del afectado, impide el descanso de los espíritus y dificulta la reconciliación de todo un pueblo con la humanidad y el pasado. Para este pueblo, el vacío injusto que significa esa ausencia se ve enormemente agravado por la injusticia penosa que representa el dilatado manto de silencio institucional que se ha cernido sobre los hechos luctuosos acaecidos, sus responsables y la causas que los motivaron. Todo lo cual no ayuda en nada a desterrar los fantasmas más negativos heredados por un conflicto político cuyas causas y efectos los estados implicados dan la impresión de no desear poner fin.

Patricio Guzmán señala en relación con los miles de desaparecidos chilenos que «me gustaría que los oficiales, los soldados rasos ,digan qué paso, donde están, dónde enterraron a los fallecidos». La familia de Joxe Miel Etxeberria, Naparra, también ha solicitado en repetidas ocasiones a diferentes instancias como autoridades francesas y españolas, jueces. etc., que aclaren lo sucedido, pero sin resultado alguno. Sólo han recibido el mencionado silencio o interpretaciones dañi- nas y tendenciosas. No ha habido el mínimo interés por investigar lo ocurrido, pretendiendo seguramente que el paso del tiempo colabore a «enterrar», de alguna manera, el abyecto crimen y sus peligrosas derivaciones políticas y penales. Sin embargo, estos crímenes de «lesa humanidad» no poseen fecha de caducidad y políticamente se pueden convertir en una onerosa carga para los propios estados francés y español a los que nuestro pueblo apunta, y seguirá apuntando, como sus principales responsables por acción u omisión.

Las leyes no escritas de la Humanidad nos dicen que en ningún lugar del mundo, sea Chile, Argentina, España o Euskal Herria, podrá nunca haber una paz autentica y una estabilidad política duradera sin que la verdad de estas desapariciones se aclare.

Patricio Guzmán nos invita a trabajar y cultivar la memoria histórica porque «un país sin memoria pierde energía». La memoria a la que se refiere este extraordinario cronista de la historia popular de su país no atañe sólo a los sucesos luctuosos en los que se encuentra implicado el Estado, con la cadena de muertos y desaparecidos provocada por la represión. Su narrativa se dirige preferentemente a sacar a la luz y hacer visibles los acontecimientos en donde el pueblo se hizo presente a través de su solidaridad, participación y organización, intentando reflejar mediante sus sueños, esperanzas y lucha militante el ideal que guiaba a todas aquellas personas que aspiraban a un mundo mejor, más justo y equitativo y que ofrecieron su vida por ello. Patricio Guzmán viene a señalar que en Chile, Allende, con su proyecto y sacrificio final, ofreció a las generaciones venideras el legado de una moral de resistencia. El mejor homenaje que se puede dedicar a Naparra, y a todos los militantes que lucharon por una Euskal Herria libre, independiente e igualitaria, es construir su memoria y la de su pueblo, incorporando en ellas sus aspiraciones, ilusiones y vivencias y también sus éxitos, fracasos y contradicciones.

Resulta imprescindible recordar y retomar su espíritu de rebeldía, así como su ejemplo vital consciente y desinteresado, para seguir siendo fieles a su legado en la situación política de nuestro tiempo. Ser fieles a su ansia de libertad y justicia social para su pueblo por la que militantes como Naparra ofrecieron lo mejor de sí mismos, incluida su propia vida.

En el 33 aniversario de la desaparición de Joxe Miel Etxeberria, Naparra.

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