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2013/07/29

Marx sobre la esclavitud, la raza y la clase

"Además de insistir en la abolición de la esclavitud como un medio de lograr la emancipación del proletariado, Marx había advertido de que si los blancos trataban de empujar a los negros a una casta dentro de la clase obrera, esto no haría sino aumentar el espectro al que ellos mismos podían ser empujados."

Matxingunea

Esclavitud racializada

Contrariamente a las justificaciones racistas pseudocientíficas de la esclavitud que prevalecieron durante todo el siglo XIX, Karl Marx entendió que el estatuto del esclavo era más una condición marcada externamente que una predisposición existente internamente. En el periodo del auge de la antropología y de la etnología, Marx iba muy por delante de su tiempo al afirmar que el estatuto de esclavo no era un fenómeno natural proscrito biológicamente por la raza de una persona. Marx puso mucho cuidado en desentrañar cómo se diferenciaba la esclavitud racializada de la esclavitud asalariada, cómo se llegaba a producir y por qué su racialización era otra forma de tipos similares de armas utilizadas contra la unificación de la clase obrera.

En lo que se refiere a la diferencia entre los sistemas de trabajo, Marx explicó que aunque los trabajadores asalariados y su trabajo también estaban mercantilizados, los trabajadores asalariados existían como capital variable y su trabajo en formas abstractas o concretas. En cambio, «el propietario de esclavos compra a su trabajador [esclavo] como compra un caballo. Si pierde a su esclavo pierde capital»[1]. En otras palabras, como añadía Marx, «en el sistema esclavista, el capital dinero invertido en la compra de trabajo desempeña el papel de la forma monetaria del capital fijo, que solo es sustituido gradualmente una vez expirado el periodo de vida activa de esclavo» (Padover, 21). Así, como esclavo, el trabajador ni siguiera es reconocido como trabajador vivo, sino como trabajo muerto. Además, en esta afirmación Marx opone el nivel de alienación del trabajador como esclavo con el del trabajador asalariado identificando al esclavo como capital fijo, mientras que previamente se ha considerado el trabajo asalariado capital que trabaja. Por consiguiente, Marx nunca sugirió que el trabajo asalariado y la esclavitud fueran lo mismo. También diferenció el trabajo asalariado de la clase obrera formalmente libre del trabajo esclavo en otro contexto cuando escribió: «Aquí no se trata de esclavitud indirecta, la esclavitud del proletariado, [sino que] se trata de esclavitud directa, la esclavitud de los negros en Surinam, en Brasil, en los Estado de Estados Unidos»[2].

Por una parte, Marx distinguía ambos comparando la mayor libertad y movilidad del trabajador asalariado «con el negro, sometido a un amo y vendido sin su consentimiento», pero, por otra parte, afirmó que ambos estaban relacionados por la burla que padecía el trabajador blanco del norte de Estados Unidos que «alardeaba de la más alta de las prerrogativas del trabajador de piel blanca de venderse a sí mismo y elegir a su amo»[3] y que, por consiguiente, se engaña a sí mismo con ser libre cuando su libertad relativa es tan pequeña.

Por lo que se refiere a cómo se produjo la esclavitud racializada, Marx señaló que «la transformación de África en una conejera para la caza comercial de las personas de piel negra» era el punto fundamental que «marcó el halagüeño amanecer de la producción capitalista»[4]. Marx reconoció que la esclavitud «existía entre todas las naciones desde el inicio del mundo»[5] pero la esclavitud que preparó el camino para la emergencia del capitalismo occidental tenía una cualidad única y aberrante que lo diferenciaba de otros sistemas esclavistas en otras sociedades del pasado. En anteriores sociedades esclavistas, las personas se convertían en esclavas cuando eran hechas prisioneras de guerra. Era una alternativa humana a asesinar a los vencidos.

Esclavitud y capitalismo

Bajo el capitalismo el proceso inhumano de adquirir esclavos llegó a parecerse al de adquirir materia primas o ganado ya que las personas libres estaban deshumanizadas y habían sido convertidas en mercancías. El estatuto de esclavo se convirtió en inmutable y marcado por el nacimiento. Al igual que el mercado de productos, «el propio mercado de esclavos mantiene un suministro constante de su mercancía de fuerza de trabajo por medio de la guerra, la piratería, etc», de forma similar a cómo se había adquirido el oro a lo largo de los siglos para su comercialización, aunque los esclavos se diferenciaban en que eran mercancías que se reproducían a sí mismas[6]. Aunque el moderno comercio transatlántico de esclavos no fue el primer caso de la esclavitud racializada, Marx identificó estas cualidades diferentes de este sistema esclavista que implicaba la caracterización de las pieles africanas como esclavos como parte de los cimientos del capitalismo occidental.
Antes del comercio de esclavos negros, las colonias suministraban al Viejo Mundo pocos productos sin cambiar visiblemente el mundo. Por consiguiente, la esclavitud es una categoría económica de enorme importancia. (Padover, 24.)
En otras palabras, no existía una mercancía de más importancia relacionada con las colonias europeas en América que la fuerza humana como capital fijo. La exportación de esclavos tuvo un impacto mayor en la economía global que el todas las demás materias primas juntas.
La esclavitud directa es el eje central de nuestra industrialización en la misma medida que la maquinaria, el crédito, etc. Sin la esclavitud no se obtiene algodón, sin algodón no hay industria moderna. La esclavitud es lo que ha dado valor a las colonias; las colonias son lo que han creado el comercio mundial; el comercio mundial es la condición necesaria para la maquinaria industrial a gran escala. (Padover, 24.)
La compra-venta comercial de esclavos africanos transformó a los trabajadores humanos en un capital fijo que produjo la riqueza que permitió al Viejo Mundo desarrollar las tecnologías para las sociedades capitalistas.
Sin la esclavitud, América del Norte, el país más progresista, se habría transformado en un país primitivo. No hay más que borrar a América del Norte del mapa de las naciones para tener la anarquía, la decadencia total del comercio y de la civilización moderna. Pero dejar que desaparezca la esclavitud es borrar a América del Norte del mapa de las naciones. (Padover, 24.)
Marx no está argumentando en modo alguno que la esclavitud sea necesaria para el progreso humano. En este contexto Marx no utilizaba el término «progresista» en sentido positivo o «anarquía» en sentido negativo. Simplemente trataba de describir la importancia primordial que tuvo la esclavitud para la economía capitalista estadounidense describiendo la manera cómo la ausencia de la esclavitud habría desinflado a toda la sociedad estadounidense.

Marx diferenció analíticamente las categorías de «esclavo» y de «negro», algo que no hicieron la mayoría de sus contemporáneos. Un africano era obligado a encontrarse en la posición de capital humano fijo. Marx afirmó: «Un negro es un negro. Solo se convierte en esclavo en determinadas relaciones»[7]. Con frecuencia se cita incorrectamente a Marx fuera de contexto en el fragmento anterior a este cuando escribe: «¿Qué es un esclavo negro? Un hombre de raza negra. Una explicación es tan correcta como la otra» (Padover, 13). Pero aquí simplemente estaba resumiendo [lo que decía] Pierre-Joseph Proudhon para criticarlo, no hablaba por sí mismo. El hecho de que Marx diferencie entre «negro» y esclavo» es fundamental para entender que no sucumbió a la ideología racista pseudocientífica de su época.

Marx también había rebatido preventivamente las ideas de la felicidad de los africanos en la esclavitud y de que los propietarios blancos de esclavos tuvieran cualidades innatas para gobernar de forma eficaz al señalar que «50.000 esclavos han desaparecido de Missouri, algunos de ellos al haber huido y otros al haber sido deportados por los propios propietarios de esclavos a otros Estados situados más al sur»[8], con lo que demostró que los esclavos odiaban su condición y que a los propietarios de esclavos les aterrorizaban las revueltas de esclavos.
 
En otras obras Marx hizo comentarios cáusticos sobre los defensores de la esclavitud que daban por sentada que las categorías de «esclavo» y de «africano» eran intercambiables. En el volumen III El Capital Marx cita una glacial declaración de un abogado defensor de la esclavitud hecha en 1859, que pone en evidencia la crueldad y engreimiento de Sur defensor de la esclavitud:
«Ahora, caballeros […] la naturaleza ha asignado al negro esta condición de cautiverio. Tiene la fuerza y la potencia para trabajar, pero la naturaleza, que creó la potencia, le negó tanto la inteligencia para gobernar como la disposición para trabajar [aplausos]. Se le negaron ambas cosas. Y esta naturaleza que le negó la disposición a trabajar le dio un amo para forzar esta disposición y para convertirlo en un sirviente útil en un clima en el que era capaz de vivir, útil para sí mismo y para el amo que le domina. Mantengo que no es una injusticia dejar al negro en la condición en la que le ha situado la naturaleza, darle un amo que le domine, ni tampoco lo es privarle de todos sus derechos para obligarle a trabajar y pagar a este amo la justa compensación por el trabajo y talento utilizados en dominarlo y hacerlo útil a sí mismo y a la sociedad»[9].
En esta parte del volumen III de El Capital Marx trazaba un paralelismo entre la manera cómo los amos trata de justificar su dominio de los esclavos y las justificaciones de los capitalistas de su dominio del trabajo asalariado «libre». Para ello, Marx añadió sus propias palabras a las anteriores:
El trabajador asalariado, como el esclavo, tiene que tener un amo para hacerle trabajar y para dirigirlo. Y si se presupone la existencia de esta relación de dominio y servidumbre, es adecuado que el trabajador asalariado sea forzado a producir tanto su propio salario como el salario de su supervisión, como compensación por el trabajo y el talento empleados en dirigirlo y hacerle útil a sí mismo y a la sociedad. (Padover, 26.)
Sin describir la esclavitud y el trabajo asalariado como lo mismo, Marx relaciona aquí ambos sistemas de trabajo.

Esta relación implica también la posibilidad de solidaridad entre estos dos grupos de trabajadores mediante la introducción de percepciones similares de ambos por parte de la clase dominante. Además, Marx pone con ello en una situación embarazosa a los directores de las fábricas al compararlos con los dueños de esclavos. Marx consideró escandaloso que los directores de las fábricas defendieran sus posturas económicas y sus pagas más elevadas basándose en lo que ellos consideraban que era su superioridad innata en términos de talento fundada en una base de clase. Marx comparó esto con el escándalo de que los amos de plantaciones de esclavos defendieran sus posturas sociopolíticas y económicas en términos de talento innato fundado en una base racial. Lo uno está arraigado en la ideología racista basada en el racismo pseudocientífico, mientras que lo otro es clasista por naturaleza pero, sin embargo, funcionalista y dogmático.

Marx hizo esta distinción en el volumen III de El Capital que, al igual que sus escritos sobre la Guerra Civil, no se ha leído suficientemente, lo que contribuye así a explicar la idea falsa de que Marx reducía todo a la clase que se hacen personas que dan demasiada importancia a pasajes como aquel en el muy leído Manifiesto comunista en el que utiliza la palabra «esclavos» para referirse a la clase obrera como «esclavos de la clase burguesa». Como he demostrado, Marx no es tan simplista.

Marx a los obreros blancos: ¡elegid la solidaridad de raza por encima de la solidaridad de clase por vuestra cuenta y riesgo!

Marx mantuvo que «en Estados Unidos de América cada movimiento independiente de trabajadores estuvo paralizado mientras la esclavitud desfiguró una parte de la República»[10]. Marx creía que luchando por mejorar las condiciones por medio de una solidaridad de clase interracial se podría emprender la batalla en un frente más reducido. Temporalmente, Marx tuvo éxito. Como escribe Kevin Anderson en Marx at the Margins, «desde el punto de vista de Marx, la Guerra Civil de 1861-1865 en Estados Unidos constituyó una de las principales batallas del siglo para la emancipación humana, una que obligó a la clase obrera blanca tanto de Estados Unidos como de Gran Bretaña a tomar postura en contra de la esclavitud»[11].
Está claro que Marx conocía otros argumentos en contra de la esclavitud, como se ve en su referencia a Harriet Beecher Stowe en un artículo de 1861 publicado en el New York Daily Tribune. Sabía que los blancos estadounidenses eran conscientes de las razones subjetivas para la abolición de la esclavitud y que había una empatía muy extendida debido a las novela de esta autora, La cabaña del tío Tom y La llave de la cabaña del tío Tom[12]. Puesto que Marx creía que los blancos estadounidenses ya habían oído esta lógica, mantengo que Marx introdujo otro ataque contra la esclavitud dirigido a los más empíricos y adversos. No es que Marx no estuviera de acuerdo con Stowe o creyera que los devastadores traumas emocionales y físicos de la esclavitud eran insignificantes. Simplemente sabía que esa discusión ya estaba extendida, por consiguiente, había que lanzar otro argumento a otro nivel que pudiera parece más urgente a aquellas personas que quizá tenían unas convicciones racistas que pudieran suponer un obstáculo a su apoyo a la abolición o que quizá no podían entender cómo afectaba a sus propias vidas la esclavitud. Marx estaba empeñado en revelar esta relación para urgir la solidaridad a través de las líneas raciales. Si la clase obrera blanca podía ver cómo ellos mismos estaba amenazados de esclavitud y, por consiguiente, por qué les interesaba que se aboliera, quizá esto provocaría que sintieran que era urgente asumir una postura en contra de la esclavitud.

Además de insistir en la abolición de la esclavitud como un medio de lograr la emancipación del proletariado, Marx había advertido de que si los blancos trataban de empujar a los negros a una casta dentro de la clase obrera, esto no haría sino aumentar el espectro al que ellos mismos podían ser empujados. Anderson escribe que si no se hiciera caso de las advertencias de Marx, «el resultado sería una nueva clase de capitalismo, abiertamente estructurado sobre unas líneas raciales y étnicas, en el que los inmigrantes blancos estarían junto a los negros en la parte más baja» (Anderson 90). Era necesario resistir a la seducción de la ilusión de convertirse en parte de la clase capitalista, como escribe Anderson citando a Marx:
Esto se ha logrado dando «una orientación inocua a los impulsos turbulentos de acción de los blancos pobres y domesticándolos con la perspectiva de que ellos mismos llegarían a ser dueños de esclavos». Así, el conflicto entre facciones acerca de la esclavitud operó de una manera ideológica para desviar a los blancos pobres del conflicto con la clase dominante del Sur. (Anderson, 89.)
Marx no solo pidió a la clase trabajadora blanca de abandonara unas fantasías pequeño burguesas, sino que insistió en que solo tenían dos opciones: permitir una victoria del Sur y con ello la expansión de la esclavitud por todas las líneas raciales o alinearse por la emancipación de otros seres humanos oprimidos para derrotar a la clase dirigente del Sur.
Por consiguiente, la actual lucha entre el Sur y el Norte no es sino un conflicto entre dos sistemas sociales, el sistema de la esclavitud y el sistema del trabajo libre. La lucha estalló porque ambos sistemas ya no podían seguir viviendo pacíficamente el uno al lado del otro en el continente norteamericano. Solo podía terminar con la victoria de un sistema u otro[13].
En esta afirmación Marx pedía que se dejara de asignar a los negros a la casta más baja como capital fijo. Insistió en que incluso para sondear una revolución de clase en Estados Unidos, los blancos tenían que luchar por la emancipación de los negros de la esclavitud hasta convertirse en iguales, para formar una clase trabajadora más amplia y unificada, en vez de intentar perpetuar las castas raciales dentro de la clase trabajadora.

Marx y el Norte durante la Guerra Civil en Estados Unidos

El apoyo de Marx al Norte no era absolutamente incondicional. Su apoyo se debía únicamente a que había abolicionistas y a que observó que la Guerra Civil era una oportunidad que se le presentaba a la clase trabajadora de alzarse en solidaridad con otros seres humanos oprimidos. En el libre de la escritora Raya Dunayevskaya Marxism and Freedom, esta cita a Marx en una carta a Engels: «Un solo regimiento de negros tendría un notable efecto sobre los nervios sudistas […] Una guerra de este tipo se debe guiar según unas líneas revolucionarias, aunque hasta ahora los yankis han tratado de guiarla constitucionalmente»[14]. Desde muy temprano Marx instó a que la Guerra Civil se luchara bajo el estandarte de la abolición y que atacara directamente a la esclavitud racializada. Criticó duramente a los no abolicionistas del Norte por eludir la cuestión.
La preocupación por mantener de buen humor a los dueños de esclavos «leales» de los Estados fronterizos, el temor a arrojarlos en brazos de la secesión (en una palabra, considerar de manera condescendiente los intereses, prejuicios y sensibilidades de estos aliados dudosos) ha golpeado con una debilidad incurable al gobierno de la Unión desde el inicio de la guerra y le ha llevado a adoptar medidas a medias, le ha obligado a ocultar el principio de la guerra y a ahorrar al enemigo su punto más vulnerable, el origen del mal: la propia esclavitud[15].
Tras denominar la guerra como lo que era, «la rebelión a favor de la esclavitud», Marx se impacientó con la mansedumbre del Norte que aplacaba las demandas del Sur y especialmente de los Estados fronterizos.
En agosto de 1862 Marx publicó varias criticas del fracaso de Lincon en abolir la esclavitud. Reivindicando las voces de los abolicionistas radicales del Norte, Marx se dirigió a Lincon tres años más tarde en el discurso de 1865 de la Primera Internacional felicitándole por su victoria electoral: «Si la resistencia al poder esclavista fue la consigna de su primera elección, el triunfal grito de guerra de su reelección es Muerte a la Esclavitud»[16]. Aunque Marx apoyaba a los abolicionistas radicales del Norte era crítico con el conservadurismo del gobierno. En un principio el gobierno de la Unión había considerado que los esclavos huidos eran contrabando y se había ordenado al ejército que devolvieras las propiedades robadas a sus amos. El gobierno de la Unión no inspiraba elogios de Marx al Norte, sino los honorables actos de justicia social de los abolicionistas del Norte que se negaban a considerar a las personas africanas como mercancías o «contrabando».

Como demuestran los escritos de Marx sobre la Guerra Civil y otros escritos sobre la raza, su agenda política y su teoría no se limitaban solamente a centrarse (como se suele creer erróneamente) en la emancipación de la clase trabajadora blanca del trabajo de las fábricas o a concentrarse exclusivamente en la destrucción del capitalismo. Las destrucción del capitalismo era secundaria: era un medio para una emancipación humana a gran escala que podría devolver al trabajo desde su forma alineada a su esencia humana. La preocupación fundamental de Marx era la emancipación humana y el grado extremo de alienación de la fuerza de trabajo racializada, y su papel como eje central de la civilización capitalista occidental lo convertía en el lugar necesario para empezar.
Contrariamente a las acusaciones de que Marx reducía todo a la clase, sus escritos sobre la Guerra Civil revelan que la raza no ocupaba un lugar secundario respecto a la lucha de clase sino que, por el contrario, la lucha contra la esclavitud fue el precursor que impulsó a la clase trabajadora a unirse a la lucha por la emancipación humana identificando las diferentes formas que adoptó la opresión.
Dyne Suh
            22 de octubre de 2011

[Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos.]
Fuente: http://www.internationalmarxisthumanist.org/


[1] Karl Marx: «The Life-Destroying Toil of Slaves», en The Karl Marx Library, vol. II, On America and the Civil War, edited by Saul K. Padover (Nueva York, McGraw-Hill, 1972), p. 21. En adelanta las referencias a Padover están en las notas o cuando aparecen varias referencias a un texto en particular, directamente en el texto con el número de página.
[2] Karl Marx: «From letter written in French to Pavel Vassilyevich Annenkov», en Padover, p. 36.
[3] Karl Marx: «Address of the International Working Men’s Association to President Lincoln», en Padover, p. 237.
[4] Karl Marx: El Capital, vol. I, traducción de Ben Fowkes (New York, Penguin, 1977), p. 915.
[5] Karl Marx: «From letter written in French to Pavel Vassilyevich Annenkov», en Padover, p. 36.
[6] Karl Marx: «Slavery as a General System», en Padover, p. 24.
[7] Karl Marx: «What is a Negro Slave?», en Padover, p. 13.
[8] Karl Marx: «A Crisis in the Slavery Question», en Padover, p. 133.
[9] Karl Marx: «Master, Slave, and Overseer», en Padover, p. 26.
[10] Karl Marx: El Capital, vol. I, p. 414.
[11] Kevin Anderson: Marx at the Margins, (Chicago, University of Chicago Press, 2010), p. 79.
[12] Karl Marx: «The American Question in England», en Padover, p. 53.
[13] Karl Marx: «The Civil War in the United States», en Padover, p. 93.
[14] Karl Marx: citado en Dunayevskaya: Marxism and Freedom (Amherst, NY, Humanity Books, 2000), p. 82.
[15] Karl Marx: «The Civil War and the United States», en Padover, p. 93.
[16] Karl Marx: «Address of the International Working Men’s Association to President Lincoln», en Padover, p. 236.

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