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2014/01/14

No hay más sordo que el que no quiere oír

"No nos engañemos, el problema es que mientras una de las partes, de forma unilateral ha cambiado posiciones ideológicas, la otra no lo ha hecho (ni lo hará) puesto que no necesita cambiar nada, dada la impunidad con la que puede trabajar en su labor de afirmación española (o francesa) en tierras vascas."


El sábado 11 de enero se celebró en Bilbao una manifestación que solo puede calificarse de histórica al reunir a más de 130.000 personas. Queremos ante todo felicitar a las decenas de miles de personas que por encima de prohibiciones y amenazas acudieron con sus pañuelos, ikurras y pancartas a reivindicar la amnistía y los derechos de los presos y presas que conforman el EPPK.
 
La realidad es tozuda y ello es porque nos demuestra una y otra vez que no podemos esconderla, a pesar de que hagamos todos los análisis que queramos, aunque queramos que la realidad se ciña a lo que nosotras pensamos.
  
No por decir y repetir mil veces una mentira se convierte en verdad y ello es lo que está pasando con el llamado «proceso de paz vasco». Se nos dice y se nos repite que la violencia ya ha desaparecido de Euskal Herria, que los pasos que está dando la izquierda abertzale de manera unilateral están cambiando la situación política y que se está avanzando hacia la resolución del conflicto.

Si analizamos la situación en Euskal Herria vemos que la expresión más clara de la imposición del Estado, la represión pura y dura, continúa intacta, por lo que podemos afirmar que la violencia del conflicto no ha desaparecido. La de los Estados español y francés continúa presente, la única que ha desaparecido es la de la organización ETA. Los Estados opresores continúan ejerciéndola de forma sistemática contra el pueblo vasco, de la misma manera que lo ha venido haciendo de forma histórica.

Y como botón de muestra tenemos la razzia policial contra los abogados y la intermediación que la Guardia Civil realizó este martes. Lo que sucedió ese día no fue más que lo que ha venido sucediendo desde que Euskal Herria fue invadida hace ya muchos años. Vascos y vascas detenidas de forma sistemática por realizar un trabajo de construcción a favor de Euskal Herria. No nos engañemos, el problema es que mientras una de las partes, de forma unilateral ha cambiado posiciones ideológicas, la otra no lo ha hecho (ni lo hará) puesto que no necesita cambiar nada, dada la impunidad con la que puede trabajar en su labor de afirmación española (o francesa) en tierras vascas.

Siguen las razones que originaron el conflicto, no se ha avanzado lo suficiente para resolverlas. Lo que tenemos que hacer, una de nuestras tareas, es acabar con dichas razones utilizando todos los medios que en cada momento concreto consideremos que son necesarios. Si no se va a las razones del conflicto, no puede haber proceso de ninguna clase, dado que entonces no sería más que proceso de rendición.

Siguiendo con la manifestación del sábado, hemos de analizar qué ha significado tanto la decisión del PNV de convocar la segunda manifestación, puesto que la movilización convocada por Tantaz tanta fue prohibida, como la decisión de la izquierda abertzale de ir a pedir al PNV que la convocara. Al mismo PNV que horas antes a través de su lehendakari expresaba que esperaba que las detenciones realizadas el martes estuvieran «plenamente justificadas» y que a través de la Ertzaintza reprimía violentamente las muestras de solidaridad con las personas detenidas.

A pesar de que la movilización convocada por Tantaz tanta fuera prohibida, una gran parte del pueblo de Euskal Herria, en su inmensa mayoría trabajadores, viajaron a Bilbo dispuesto a manifestarse en defensa de los presos y presas vascas, dispuesto a expresar su apoyo a las personas detenidas ejerciendo su derecho a la libre expresión, su derecho a manifestarse. Ni se plantearon quedarse en sus casa, su lugar estaba en la c
alle para enfrentarse a la decisión del Estado español, estos fueron los motivos que hicieron que se llenasen las calles de Bilbo, aunque algunos no quieran oírlo y se sientan incómodos.

Debido al chantaje del PNV y a la necesidad de Sortu de legitimar su proceso de paz se intenta cambiar el carácter de la movilización y su lema, que pasara de una manifestación por los derechos de los presos y presas a ser una manifestación por los «derechos humanos, la resolución y la paz». Ya no se pedía al pueblo vasco que saliera en defensa de los presos ni para protestar por la política penitenciaria de los Estados español y francés. En ese momento el PNV se apoderó de la movilización ante la débil línea de Sortu que evita dar pasos en la confrontación y en la desobediencia al Estado, imposibilitando el aumento de conciencia del pueblo trabajador.

A pesar de ello las miles de personas que se manifestaron lo hicieron por los presos y presas, en contra de las detenciones, por la amnistía, y así lo expresó, saltándose a la torera la consigna de que la manifestación fuera una manifestación silenciosa, con las consignas que gritaron a lo largo de la manifestación.

Se está expresando un deseo, desde los sectores reformistas de la izquierda abertzale, de que Urkullu (PNV) se aproveche de esta gran movilización para hacer valer sus peticiones ante el Gobierno español. Eso es entreguismo puro y duro, se intenta dejar la dirección de la lucha por la libertad del pueblo vasco, es decir la independencia y el socialismo, en manos de un partido que siempre ha ido en contra de los intereses del pueblo, defendiendo los intereses de la burguesía vasca.

Mientras Sortu no ha sabido aprovechar este momento y bajó el nivel de confrontación política, las bases de la izquierda abertzale mucho más cercanas a la realidad que sus dirigentes expresaron lo que realmente quiere el pueblo vasco.

Vuelve a quedar claro la necesidad de una organización que recoja las experiencias de la lucha de estos últimos cincuenta años y sepa aplicarlas a este momento concreto para avanzar hacia la independencia y el socialismo.

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Euskal Herria, 13 de enero de 2014

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