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2014/10/24

La I Internacional y la Comuna de Paris (1871)

"Una Internacional en la que libertarios y marxistas pudieron -a pesar de los conflictos- trabajar conjuntamente y emprender acciones comunes."

Michael Lowy y Olivier Besancenor

Hay más gente que conmemora ese aniversario. Primer capítulo del libro "Affinités Revolutionnaires, nos étoiles rouges et noires -pour une solidarité entre marxistes et libertaires deMichael Lowy y Olivier Besancenot. Los autores expresan en el prólogo que “las historias del movimiento obrero cuentan con detalle los desacuerdos, conflictos y enfrentamientos entre marxistas y anarquistas (...) El objetivo de nuestro libro es exactamente el contrario. Está situado bajo el signo de la I Internacional (...) Asociación revolucionaria pluralista que conoció, al menos durante sus primeros años, convergencias significativas entre las dos corrientes de la izquierda radical. Existe pues, otra vertiente de la historia, no menos importante, pero a menudo olvidada, y a veces incluso deliberadamente descartada: la de las alianzas y solidaridades entre anarquistas y marxistas. Esa historia tiene más de un siglo, aunque sea desconocida, y continúa en nuestros días. No subestimamos los conflictos, en particular el enfrentamiento sangriento de Kronstadt (1921)... Pero la fraternidad en un combate común también ha existido, desde la Comuna de París”. Para acabar concluyendo que “Nuestra esperanza es que el futuro sea rojo y negro: el anticapitalismo, el socialismo o el comunismo del siglo XXI deberá beber en estas dos fuentes de radicalidad”.
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Londres 1864. La Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT) -conocida hoy como I Internacional- fue fundada exactamente hace 150 años, en 1864, en Saint-Martin´s Hall en Londres por un Congreso obrero europeo convocado por los sindicatos ingleses. El Consejo Central elegido en aquella ocasión pidió a Karl Marx redactar su Llamamiento inaugural, discurso y documento fundador del movimiento obrero moderno. Texto que concluye con la célebre fórmula: “La emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos”.

Las corrientes libertarias, en particular proudhonianas, formaron parte de la AIT desde el principio, y sus relaciones con los socialistas marxistas no fueron solo conflictivas. Entre los partidarios de Marx y los representantes de la izquierda del proudhonismo, como Eugéne Varlin y sus amigos, se llevaron a cabo algunas convergencias contra los proudhonianos más de derechas, partidarios del “mutualismo”, proyecto económico fundado en “intercambio igual” entre pequeños propietarios. En 1868, en el Congreso de Bruselas de la AIT, la alianza de estas dos corrientes condujo a la adopción -bajo la égida del militante libertario belga César de Paepe- de un programa “colectivista”, es decir que defendía la propiedad colectiva de los medios de producción: la tierra, los bosques, las minas, los medios de transporte y las máquinas /1. Retrospectivamente, la resolución sobre los bosques aparece como una de las más actuales:

Considerando que el abandono de los bosques a particulares conduce a la destrucción de los bosques; que esta destrucción en ciertos puntos del territorio dañará la conservación de las fuentes, y por consiguiente, a la buena calidad de esas tierras, así como a la higiene pública y a la vida de los ciudadanos; El Congreso decide que los bosques deben ser propiedad de la colectividad social/2.

Tras la adhesión de Bakunin (1868) y la victoria de las tesis libertarias en el Congreso de Basilea de la AIT celebrado en 1869, las tensiones con Marx y sus partidarios se intensifican. Sin embargo, durante la Comuna de París las dos corrientes cooperan fraternalmente; es la primera gran tentativa de “poder proletario” en la historia moderna. Desde 1870, Leo Frankel, militante obrero húngaro establecido en Francia, amigo cercano de Marx, y Eugène Varlin, el proudhoniano disidente, trabajan juntos en la reorganización de la sección francesa de la AIT. Tras el 18 de marzo de 1871, los dos están a la cabeza de la Comuna, el primero como delegado de trabajo, el segundo como delegado para la guerra, en una estrecha colaboración. Los dos participan, en mayo de 1871, en los combates contra los versalleses: Varlin es fusilado tras la derrota de la Comuna, Frankel logra emigrar a Londres.

A pesar de su carácter efímero -a penas algunos meses-, la Comuna de París es un modelo sin equivalente en la historia de las revoluciones sociales: ejemplo a la vez de un poder revolucionario de los trabajadores, democráticamente organizado (delegados elegidos por sufragio universal) que suprime los aparatos burocráticos del Estado burgués y de una experiencia profundamente pluralista, que asocia en un mismo combate a “marxistas” (el término aún no existía), proudhonianos de izquierda, jacobinos, blanquistas y republicanos sociales. La Comuna de París inspira la mayor parte de los grandes movimientos revolucionarios del siglo XX, pero esta cualidad democrático/revolucionaria y pluralista estará mucho menos presente en los movimientos que le sucederán, salvo muy al comienzo de la Revolución de Octubre de 1917.
Ciertamente, los análisis respectivos de la Comuna dados por Marx y Bakunin estaban en las antípodas. Se puede resumir las tesis de uno en los términos siguientes:

“La situación del pequeño número de lo socialistas convencidos que formaron parte de la Comuna era excesivamente difícil... Tuvieron que enfrentar un gobierno y un ejército revolucionarios al gobierno y al ejército de Versalles”.

Frente a esta lectura de la guerra civil en Francia, el punto de vista antiestatal del otro prima:

“La Comuna de París fue una revolución contra el estado mismo, ese monstruo sobrenatural de la producido por la sociedad”.

El lector atento e informado habrá corregido por si mismo: la primera opinión es la de ... Bakunin, en su ensayo La Comuna de Paris y la noción del Estado /3. La segunda es una cita de... Marx, en el primer ensayo de redacción de La Guerra Civil en Francia /4 (1871). Hemos invertido las citas a propósito, para mostrar que las divergencias -ciertamente muy reales- entre Marx y Bakunin, marxistas y libertarios, no son tan sencillas y evidentes como se piensa.

Por otra parte, Marx se alegró de que en el curso de los acontecimientos de la Comuna, los proudhonianos olvidaran las tesis de su maestro, mientras que algunos libertarios observaron con placer que los escritos de Marx sobre la Comuna olvidaran el centralismo en beneficio del federalismo. En efecto, La Guerra Civil en Francia: 1871, texto en caliente que Marx redactó a demanda de la AIT y el conjunto de los borradores y materiales preparatorios de su libro, testimonian el antiestatalismo feroz de Marx. Definiendo la Comuna como la forma política al fin encontrada de la emancipación social de los trabajadores, éste insiste en su ruptura con el Estado, ese cuerpo artificial, esa boa constrictor, esa pesadilla asfixiante, esa excrecencia parasitaria /5.

No obstante, tras la Comuna, el conflicto entre las dos tendencias del socialismo se agrava, concluyendo en el Congreso de La Haya, en 1872, con la expulsión de Bakunin y de Gillaume, y con la transferencia de la sede de la AIT a Nueva York -de hecho, con su disolución. Como consecuencia de esta ruptura, los libertarios deciden formar su propia Asociación Internacional de los Trabajadores, que sigue existiendo hoy: es el vínculo entre los movimientos anarquistas de los diferentes países.

Más que intentar contabilizar los errores y las faltas de unos y otros -las retahílas de acusaciones recíprocas no faltan-, querríamos plantear el aspecto positivo de esta experiencia: un movimiento internacionalista diverso, múltiple, democrático, en el que opciones políticas distintas pudieron converger en la reflexión y en la acción durante varios años, lo que permitió a esas alianzas efímeras o más duraderas jugar un papel de vanguardia en la primera gran revolución proletaria moderna. Una Internacional en la que libertarios y marxistas pudieron -a pesar de los conflictos- trabajar conjuntamente y emprender acciones comunes.

Es ésta pues una experiencia que no puede evidentemente repetirse, pero que nos interesa hoy, al alba del siglo XXI.

La II Internacional, fundada en 1889, estuvo desde su origen bajo la hegemonía de la corriente marxista. Sin embargo, corrientes anarquistas tuvieron su lugar en ella hasta el Congreso de Zúrich en 1893, en el que se produjo la expulsión de Gustav Landauer y de los libertarios alemanes, pronto seguida de una escisión. Entre los disidentes que rompieron en Zúrich se encontraron no solo anarquistas como Fernand Pelloutier, sino también socialistas holandeses -Domela Nieuwenhuis- y franceses -Jean Allemane- de tendencia antiparlamentarista.
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Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR /6

Notas

1/ Sacamos estas informaciones histórica de la excelente obra de síntesis de Gaetano Manfredonia, L´Anarchisme en Europe, Paris. PUF, coll. “Que sais-je?”, 2001.

2/ Amaro del Rosal, Los congresos obreros internacionales en el siglo XIX, México, Grijalbo, 1985, p. 159.

3/ Mijail Bakunin, De la guerre à la Commune, textos editados por Fernand Rudé, Paris, Anthropos, 1972, p. 412.

4/ Marx, Engels, Lénine, Sur la Commune de Paris, Moscou, Éditions du Progrès, p. 45

5/ Karl Marx y Friedrich Engels, Inventer l´inconnu. Textes et correspondances autour de la Commune, precedido de Politiques de Marx por Daniel Bensaid, Paris. La Fabrique, série “Utopie et liberté”, 2008.
Ver también el esclarecedor comentario de Miguel Abensour, Le Démocratie contre l´État. Marx et le moment machiavélien. Paris. Le Félin. 2004, p. 137-142.

6/ Los estatutos y el manifiesto inaugural (Marx) se pueden encontrar en castellano en http://www.marxists.org/espanol/m-e/1860s/1864-est.htm

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