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2014/11/03

Entrevista sobre la prostitucion al colectivo madrileño Hetaira

“Las prostitutas no son traidoras del género ni están haciendo el juego del patriarcado”


Silvia Arjona/ AECOS
PARE Deustuko gazte talde feminista


La prostitución voluntaria, ¿práctica patriarcal o trabajo sexual? Las respuestas y sus análisis pueden ser muchos y muy variados en función de quién los cuestione y desde dónde los plantee.

Dentro del movimiento feminista y los colectivos de mujeres hay grupos que defienden o condenan estas prácticas, sin llegar a consensos claros. Por ejemplo, el feminismo cultural abole la prostitución por considerarla una forma más de opresión de las mujeres por parte de los hombres, mientras que el feminismo pro sexo lo analiza como un trabajo más basado en un acuerdo comercial entre adultos, para el que hay unas normas establecidas previas.


Elisa y Alba, miembros de Hetaira
El colectivo Hetaira, cuyo nombre se refiere a las mujeres libres e independientes de la antigua Grecia que ejercían la prostitución, trabaja desde 1995 con mujeres y transexuales de Madrid con el fin de defender sus derechos como personas trabajadoras del sexo y que puedan organizarse, cotizar a la Seguridad Social, sindicarse… Les interesa acabar con el estigma social que acarrean estas prácticas y que divide a las mujeres entre “las malas” (las putas) y “las buenas” (todas las demás). Su lucha persigue diferenciar entre la prostitución forzada y la voluntaria y en no homogeneizarlas por ser algo muy complejo. Y abogan por el derecho de autodeterminación sexual de las mujeres y porque las prostitutas tengan voz en los lugares donde nunca las tienen en cuenta, como por ejemplo las instituciones.


Hablamos con dos trabajadoras y activistas de Hetaira, Alba Fernández Val y Elisa Arenas López, tras participar en las II Jornadas Trans-formativas. Topologías del Transfeminismo realizadas en Plasencia (Cáceres) a finales de abril y organizadas por el colectivo Extremadura Entiende, para conocer mejor su trabajo y el de las prostitutas.



¿Qué es el colectivo Hetaira?

Elisa. Hetaira es un colectivo de defensa de los derechos de las trabajadoras del sexo, formado por trabajadoras del sexo y por personas que realizan otros trabajos. Es un colectivo mixto que se creó en su origen entre feministas y trabajadoras del sexo con el objetivo principal de defender sus derechos y mejoras condiciones de vida, así como luchar contra el estigma que recae sobre la prostitución.

Consideramos, además, que para aquellas personas que viven mal el ejercicio de la prostitución y quieran dejarlo deben tener alternativas reales, no dejándoles las migajas de los proyectos sociales. Las trabajadoras del sexo lo que reclaman son derechos, de ahí que lo principal que se debe hacer es escucharlas porque existen, salen a la calle y además saben perfectamente lo que quieren y cómo lo quieren.

Alba. Hay que perder la idea de las eternas menores de edad que hemos tenido las mujeres a lo largo de la historia y que ahora la tienen las prostitutas como si no supieran qué es lo que quieren. Hay que escucharlas partiendo de que son sujetos con derecho y con capacidad de decisión.

¿Integráis también a trabajadores sexuales?

Elisa. Estamos especializadas en mujeres bisexuales y trans. También trabajamos con chicos pero en menor medida ya que hay otros colectivos más especializados.

Alba. Las características, situaciones y visibilidad son diferentes, por lo que nos hemos centrado más en trabajar en mujeres cis y trans, aunque colaboramos con otras asociaciones que están especializadas en trabajadores del sexo masculinos.

¿Cómo se trabaja contra la estigmatización del sexo desde la visión hegemónica heteropatriarcal de nuestra sociedad?

Alba. Trabajamos en dos esferas, por un lado de cara al exterior y por otro de cara al interior de nuestro colectivo. De cara a la sociedad, a las instituciones y al movimiento feminista intentamos romper el estigma por varias vías. Una, visibilizando que hay trabajadoras sexuales que ejercen de manera voluntaria, rompiendo la idea de que todas son víctimas y obligadas por mafias y proxenetas -ya que eso es trata de seres humanos con fines de explotación sexual-, y diferenciándolo de las personas trabajadoras sexuales voluntarias que deciden ejercer de manera propia sin coacción, independientemente de las circunstancias que le lleven a trabajar o en las que trabajen.

En definitiva, es romper con la concepción de las buenas y las malas mujeres, de que las prostitutas no son traidoras del género ni están haciendo el juego del patriarcado por el hecho de ejercer la prostitución, sino que es un trabajo que ellas deciden por equis razones, que es un trabajo que les ayuda a empoderarse, que les ayuda a salir de situaciones que con otros trabajos quizás no podrían salir y que les da independencia económica. Hay mujeres que les gusta trabajar en esto y quieren seguir trabajando en ello, por eso, no se las tiene que estigmatizar ni como víctimas ni como traidoras o brujas. Pero, incidimos, ¡es un trabajo, no una forma de ser! Es decir, ¿por qué una fontanera deja de serlo cuando acaba su jornada y se va a casa y una puta lo es siempre?

De cara hacia dentro, lo que realizamos es el trabajo directo con las trabajadoras en lugares donde se ejerce la prostitución. Si es en la calle pues estamos en la zona centro de Madrid y en polígonos, en la Casa de Campo, pero también en los pisos y los clubs donde se ejerce la prostitución, así como en nuestro local, en el centro de Madrid, donde vienen muchas trabajadoras.

¿Qué temas concretos tratáis en y desde Hetaira?

Alba. Trabajamos muy diversos temas como la salud sexual, el empoderamiento de las chicas, habilidades sociales, la cohesión y unidad de grupo para la reivindicación de derechos, la intermediación en conflictos…
También formamos a trabajadoras del sexo que quieren representar a sus compañeras en los medios de comunicación, en ponencias, jornadas, etc., y necesitan saber cómo hacer una entrevista, cómo explicarte mejor para que no te puedan manipular las intervenciones o cómo manejar los nervios.

¿Trabajáis con la otra parte implicada, los clientes?

Elisa. Es muy difícil llegar a los clientes porque ellos también tienen una situación de estigmatización. Hay muy pocos clientes que quieran dar la cara y digan que contratan servicios sexuales. Lo que hacemos son campañas de concienciación hacia el respeto del trabajo sexual porque consideramos que desde las instituciones y sectores abolicionistas hacen campañas culpabilizadoras del cliente donde las putas son víctimas y los clientes hacen lo que quieran con ella. Y esto es súper peligroso porque los clientes son un grupo muy heterogéneo y hay de todo; además, este estereotipo de que el cliente domina es muy desmentido entre las prostitutas. Sin embargo, están en el imaginario colectivo de una manera brutal porque las campañas van dirigidas a reforzar eso, además de reforzar la idea de que se pueda ejercer la violencia contra las trabajadoras sexuales y que se las pierda el respeto. Siempre se fomenta el estigma.

Por ejemplo, el Ayuntamiento de Sevilla que tiene una ordenanza de multa al cliente, en su campaña contra la prostitución decía algo así como “tan poco vales que tienes que pagar” “la prostitución incluye violencia, vejación, sumisión…”. Es una locura decir eso porque el mensaje que estás trasmitiendo es “haz lo que quieras con las trabajadoras sexuales”, fomentando la violencia. Y el punto tiene que ser el contrario, el fomento del respeto, el buen trato y saber que el cliente está teniendo una relación sexual pagada, que es un contrato, donde la trabajadora impone sus límites y donde se negocia lo que se va a llevar a cabo en ese servicio sexual. Las trabajadoras son quienes tienen el poder y el objetivo es que ellas trabajen a gusto bajo sus condiciones y límites.

¿Los medios de comunicación y la publicidad influyen para esa estigmatización?

Elisa. Muchísimo porque la imagen que se ofrece es pésima. Siempre se ven como víctimas y se refleja el lado morboso de la prostitución.

Y en este sentido, ¿qué pensáis de los anuncios de prostitutas en la prensa?

Alba. Es otra manera más de publicitar sus servicios, al igual que un blog, por ejemplo. Es falsa la idea de que los anuncios lo ponen los proxenetas, al igual que se dice que las que están en la calle están ahí por presión de un chulo. Entonces, ¿por qué la policía no lo investiga? ¿Por qué, si en la calle Montera -de Madrid-hay una comisaría, la policía no hace nada? En realidad esto no es cierto.

A ello, además, hay que decir que mucho de los casos que detectamos de trata es porque nos lo dicen los clientes. Es decir, cuando observan algo extraño, creen que algo no va bien, son ellos quienes nos lo comunican por ser quienes más se acercan a ellas.

¿Qué supondría la regulación de la prostitución?

Alba. Desde Hetaira no abogamos por una regulación al estilo de lo que se entiende en otros países de Europa, que es un control por parte del Estado de las trabajadoras del sexo, beneficiando siempre a los empresarios de los clubes y a los Gobiernos. Nosotras apostamos más por una normalización del trabajo con una legislación que ponga en el centro los derechos de las trabajadoras del sexo, no nos vale cualquier tipo de ley.

¿Y ese “no control del Estado” no se podría aplicar a cualquier otro tipo de trabajo?

Elisa. Por supuesto, esto se podría extrapolar a cualquier otro trabajo, lo único que en otros sí que hay un estatuto y unos derechos. Es como si en el sector de la albañilería empezáramos a controlar dónde tienen que trabajar, qué controles sanitarios tienen que hacerse, pero no pueden sindicarse ni organizarse ni tener derechos. La normalización implica los derechos laborales y sociales, y no el control.

Alba. Así, por ejemplo, no por ser puta has de hacerte unos controles médicos estipulados, con toda la estigmatización social que eso conlleva para el personal médico que atiende, sino más bien por ser persona que vive en esta sociedad. Es decir, hay que fomentar que todas las personas por medio de la educación tengamos unos conocimientos claros de la sexualidad y que nos hagamos controles regulares.

Elisa. En definitiva, de lo que se trata es que todas las relaciones humanas tienen que estar guiadas por el respeto y la libertad, ¡todas! Si son comerciales o no, depende de un pacto libre entre adultos.

¿Con cuántas mujeres trabajáis desde Hetaira?

Elisa. No hay datos oficiales del número de prostitutas que hay, pero las que solemos atender desde Hetaira son más del millar de mujeres anuales.

¿Y ante la actual situación económica para muchas personas ha aumentado el número de prostitutas?

Alba. Sí, ha aumentado tanto en personas migrantes como nacionales, pero no es un fenómeno tan masivo como los medios de comunicación propagan. Hay muchas que ejercían y han vuelto o que lo compatibilizan con otros trabajos porque necesitan otro sueldo o porque ejercen la prostitución, y como la crisis también las afecta a ellas, compatibilizan el trabajo con otro fuera de la prostitución.

En definitiva, como que hay una variedad de situaciones muy amplia y no se puede reducir todo a la idea fija que se tiene de la prostitución.



“Si regularizáramos la prostitución hoy estaríamos favoreciendo a las mafias, al tráfico de personas y a los proxenetas”. (Ana Botella, Alcaldesa de Madrid).

Lo más importante es combatir el tráfico de mujeres para su explotación sexual, cuando hayamos conseguido combatirlo hablamos de filosofía”. (Elena Valenciano, Vicesecretaria General del PSOE).

“¿Por qué un gobierno no cierra un club de alterne con la misma energía que cierra una herriko taberna?” (Pablo Iglesias, impulsor de Podemos)
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“La prostitución debería legitimarse como un trabajo más y dejar de criminalizar a las mujeres que trabajan el sexo”. (Carolina Hernández, trabajadora sexual y activista de Hetaira).

“No es delito prostituirse, lo que está tipificado en el Código Penal como delito es el proxenetismo, que es lucrarse de la prostitución de terceros, lo que deja un vacío legal a la prostitución porque no reconoce la actividad”. (Elisa Arenas, trabajadora social y activista de Hetaria).

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