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2014/11/05

¿Porqué fracasó la Autonomía de los años 70?

"...la principal causa de la derrota de los procesos revolucionarios de los años 70 la comenzamos a encontrar en la generación politizada entre 1945 y 1965. Fue esta generación la que se crió en el pleno empleo, en la Europa optimista del crecimiento económico de postguerra."

Black Spartak 

 Esta es una pregunta que me hice en su día, y que no supe responder hace algunos años. Es también una pregunta que me hizo un compañero el otro día, después de visionar el nuevo documental de los GARI, grupo compuesto mayoritariamente por compas francesas y franceses que actuó entre los estados español y francés tras la desarticulación del MIL y de algunos grupos autónomos de Barcelona en 1974. Es una pregunta que intentaré responder, aunque en realidad pretendo abrir un debate sobre las estrategias de los años 70.

Pero extendamos la pregunta, ¿porqué fracasó la autonomía obrera italiana? ¿porqué la RAF alemana no llegó a más si a priori contaba con un apoyo masivo de la juventud? ¿porqué el mayo francés acabó en un junio burgués en el que la gran mayoría de la población quería volver a la “normalidad”? ¿tuvieron posiblidades reales de iniciar procesos revolucionarios?

En la historia quedará para siempre la memoria de numerosas personas que durante unos años pusieron en jaque sus respectivos estados, pero que no lograron sus objetivos iniciales. La revolución no tuvo lugar a pesar de espectaculares procesos radicales que sacudieron Europa desde 1968 hasta 1977. La única revolución triunfante de aquella década ocurrió en Portugal, y precisamente tuvo un carácter eminentemente democrático-burgués, aunque también puso en marcha a todo un sector radical, que tampoco logró sus objetivos.


Si nos dejáramos llevar por el entusiasmo revolucionario de quien ensalza la lucha armada per sé o quien glorifica la huelga salvaje, sin mirar demasiado las estretegias y tácticas empleadas, caeríamos en el halago fácil de aplaudir a quien lucha, haga lo que haga. Es cierto que las y los compas veteranos, que hoy tienen entre 55 y 70 años, lucharon, y dieron todo lo que pudieron dar. Han tenido su reconocimiento, tarde, a partir de los años 2000, de manos de las nuevas generaciones, entre las que me incluyo. Sin embargo el resultado práctico de su lucha fue una derrota para la causa de la Revolución. El neoliberalismo se impuso en Europa paulatinamente, una vez que todos estos procesos quedaron superados. Fue un desafío enorme que la juventud revolucionaria de la época tuvo que afrontar cosa que hay que aplaudir.

Hablo de la juventud como sujeto revolucionario de los años 70 porque en aquellos años sufrió la transformación en su mayor parte una nueva “clase” radicalizada en los centros de estudio. También confluía con la juventud que trabajaba en las fábricas. Aquellas fábricas tenían un tamaño enorme, antes de ser cerradas o recortadas en la reconversión industrial de los 80. En aquellas fábricas se podía hablar de política. ¿Porqué? Pues por las luchas que había llevado a cabo la generación anterior durante la postguerra mundial. En el estado español además se añadía la lucha contra el régimen franquista.

Así pues, la principal causa de la derrota de los procesos revolucionarios de los años 70 la comenzamos a encontrar en la generación politizada entre 1945 y 1965. Fue esta generación la que se crió en el pleno empleo, en la Europa optimista del crecimiento económico de postguerra. Crecieron políticamente en las organizaciones políticas y sindicales socialistas y comunistas, y hablaban de la revolución como una cosa que solamente ocurría al otro lado del Muro de Berlín.

En resumidas cuentas, para 1967 existían ya unas sólidas organizaciones obreras que era difícil tomar, de manera que había que operar sin ellas. De esta manera surgieron las huelgas salvajes, y los conflictos no regulados. Era una manera de boicotear a la burocracia sindical, aunque en realidad era ésta la que estaba boicoteando la lucha obrera. Al calor de esta lucha se comenzó a radicalizar un sector de la juventud obrera, que no se sentía parte del movimiento sindical imperante, dado que estaba en manos de personas que no permitían el diálogo con las bases, la burocracia. De esta manera crecía dentro de la juventud trabajadora un rechazo instintivo hacia partidos y sindicatos, que no eran ahora sus legítimos representantes.

En el estado español por unos meses hubo una CNT, entre mediados de 1977 y la primavera de 1978, que tuvo la posibilidad de capitalizar el movimiento autónomo. Sin embargo, entre la represión estatal, las infiltraciones policiales, y sobretodo, debido a la explosiva situación interna entre los sectores venidos del exilio, el sindicato casi colapsó en 1978. Se decía que era un sindicato compuesto por jóvenes y por veteranos. ¿Dónde estaban las generaciones de entre 30 y 50 años? En unas Comisiones Obreras que habían sido tomadas al asalto por la burocracia comunista, a pesar de un prometedor inicio autónomo en los años 60.

Por otra parte la juventud estudiantil iba adquiriendo una concienciación radicalizada debido al contacto con todo tipo de grupos subversivos que operaban en las universidades (comunistas oficialistas, comunistas heterodoxos y críticos, trotskistas, maoístas, cristianos de base, nacionalistas de izquierda, anarquistas, autónomos, etc.). Esta dispersión ideológica producía también una dispersión en la práctica de individuos pertenecientes a diferentes partidos rivales. De esta forma la unidad de acción era poco probable, salvo cuando la universidad o el estudiantado se sentía atacado.

Pero la radicalización de la juventud (o de parte de ella) en la universidad no refleja necesariamente que la sociedad se esté radicalizando también. En el verano de 1968 en Francia en unas elecciones arrasó la derecha. Quería decir que la sociedad estaba cansada de trifulcas callejeras, y que tenía necesidad de volver a su vida cotidiana. Pero también indicaba que los procesos revolucionarios los lleva a cabo una minoría radicalizada. Si ésta cuenta con el apoyo de organizaciones de masas, tendrá ciertas posibilidades. Esta necesidad de normalidad también golpeó Italia durante la década de los 70.

Y cuando el ámbito de actuación se trataba de los barrios, volvemos a encontrarnos con partidos y asociaciones de vecindario basadas en el modelo de la izquierda tradicional. En el estado español los ateneos libertarios no surgen hasta 1978-79, cuando ya se habían asentado asociaciones de vecinas y vecinos en la mayoría de los barrios. Las AAVV ya estaban controladas por el PCE/PSUC o por el PSOE/PSC.

Más adelante se desarrolló el fenómeno de la lucha armada. Al principio no era más que una vía de propaganda política, que tenía como objetivo radicalizar una lucha obrera o popular. Sus objetivos estaban marcados por las luchas sociales cotidianas en las que participaban. Pero la represión obligó a pasar a la clandestinidad a gran parte de esta gente que había optado por la propaganda armada. De la clandestinidad se comenzó a gestar la especialización en la lucha armada. Y a partir de aquí la apuesta subió. Las muertes fueron más comunes y el enfrentamiento se llevó por delante a buenos militantes. Acabaron decenas de compas en la cárcel, pasando en algunos casos hasta dos décadas encerradas.
Así pues identifico cuatro causas por las que las luchas autónomas no tuvieron éxito, aunque pueden darse muchas más.

Primero, porque se centraban en la juventud, mientras que las organizaciones de la izquierda (que era al fin y al cabo quien podía paralizar la economía de un país mediante una huelga general) las regentaba una burocracia perteneciente a otra generación que no aceptaba ya un cambio revolucionario. Ante esto, cuando el movimiento autónomo se tenía que enfrentar con el estado se encontraba a menudo incapaz de paralizar la producción y la economía salvo en ciertas huelgas independientes de la burocracia sindical. La división de Europa en los bloques Este-Oeste tampoco ayudaba.

Segundo, porque parte de la juventud politizada pertenecía a una gran pléyade de organizaciones que hacían la unidad de acción muy difícil. A pesar de eso existía una solidaridad entre grupos que podían coexistir ante problemas de gran calado.

Tercero, porque la lucha armada pasó de forma relativamente rápida de una propaganda armada a una lucha sin cuartel, que fue derrotada por unos estados preparados para la insurgencia. Solamente Irlanda del Norte y Euskal Herria tuvieron una lucha armada continuada, y fue porque su lucha social se complementaba con (o subordinaba a) la reivindicación nacional (más fácil de asumir para las generaciones anteriores, así como por parte de las clases medias).

Cuarto, los factores externos a la lucha. Es decir, el cambio de modelo económico, la terciarización de la sociedad y la implantación del capitalismo post-fordista (es decir, el fin de la industria como pieza fundamental en el capitalismo europeo). Otro factor externo a tener en cuenta es la represión, en la que también participó la extrema derecha. Aunque en 1917, en 1919 o en 1936 también había represión estatal y aun así se hacían revoluciones. Quizá la labor de infiltración y de inteligencia policial tuvo más éxito en esta época que antes.

Como enseñanza me quedo con que no es posible tener éxito en un proceso revolucionario sin el respaldo de organizaciones de masas (sindicatos, barrios, estudiantiles, etc.). También que si se va ante del enemigo con mil siglas y tendencias diferentes, habrá posibilidades de que se nos divida y enfrente sectariamente entre nosotras. Por último, si se inicia la lucha armada tiene que ser por exigencia del contexto, como se hizo, pero con el apoyo tácito de una mayoría social, que no se tenía.

Naturalmente luego cada cual puede hacer lo que quiera, pero como mínimo tendría que reflexionar sobre cuestiones tan importantes.

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