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2015/08/04

LENGUA Y CLASE III

"El Estado sovietico intento conciliar dos principios quizas excluyentes: la alfabetización de las minorías nacionales en sus lenguas respectivas y una contundente política de homogeneización soviética."

http://euskalherriasozialista.blogspot.com.es/

Coincido plenamente con él. No es como dice  Tom Nair cuando sostiene que «La teoría del nacionalismo representa el mayor  fracaso histórico del marxismo»,  si interpretamos «marxismo» como «marxismo de Marx (y Engels)», sino que la teoria marxista desde el principio subordina la acción nacional a la lucha de clases, nos guste o no.

Para uno de los grandes autores austro-marxistas, y secretario personal de Friedrich Engels, el citado Karl Kautsky (1854-1938), «el víncülo, o más exactamente, el más sólido de los vínculos que forman la unidad"' i. de la nación y que se percibe a simple vista [es] la lengua».  Es conocida, la polémica que Bauer mantuvo con Kautsky por suponer que éste reducía el problema nacional a una mera cuestión lingüística. Sin embargo, Kautsky entendía que la lengua no es él único signo de una nación que una comunidad lingüística puede englobar a varias naciones.

Karl Renner (1870-1950) y Otto Bauer (1881-1938) fueron los principales autores marxistas que intentaron superar el planteamiento que tanto Marx como Engels habían ceñido en torno a la cuestión nacional.: Ambos buscaron una combinación del «principio de la personalidad» según el cual cada ciudadano adulto debía decidir a qué grupo nacional quería pertenecer, con una administración autónoma plurinacional y démocrática, respetuosa de las minorías. Se trata, por tanto, de conciliar la concepción organicista de la nación con la autodeterminación cultural, aunque algunos de sus correligionarios, como el propio Kautsky, se posicionaron en contra de tal intento. Urge decir que aquellos dos autores se oponían a las teorías puramente «voluntaristas» de la nación, por ejemplo de Rümelin (y de Renan), que suelen ser el fundamento del llamado nacionalismo «jacobino» o «liberal», y que ambos reconocían una justificación objetiva al hecho nacional.

Para Otto Bauer, en la más pura tradición filosófica alemana, las naciones constituían una comunidad de carácter (Charaktergemeinschaft, que, según él, era algo distinto del Volksgeist de los románticos) y de destino (Schicksalsgemeinschaft), expresión tomada de Nietzsche y de Hartmann y que luego aprovecharían Ortega y Primo de Rivera. Las clases sociales serían para Bauer solamente «semejanzas (Gleichartigkeiten) de destino». Pero reconocía que «La lengua es la más importante herramienta para la interacción humana [...]. No todos los que hablan la misma lengua forman una nación, pero una nación no puede existir sin una lengua común». A decir verdad, las palabras que dedica al lenguaje son casi idénticas a las de su rival Kautsky.


En Bauer se constata un serio intento de conciliar los derechos de las minorías con la tradición marxista. Curiosamente el único grupo nacional del que Bauer esperaba su asimilación era aquel del que él mismo procedía. Los judíos, según Bauer, habían sido una nación hasta la aparición del capitalismo. Pero con la asimilación, en Europa central y occidental, dejaron de serlo. En cambio en Rusia, Polonia, Lituania, Galitzia, Bukovina y Rumanía los trabajadores y pequeños burgueses judíos siguieron constituyendo una nación, con un carácter y una lengua propios. Con todo, los judíos eran el único grupo a cuya autonomía nacional se oponía, a pesar de (o a causa de?) su propio origen israelita. Es sabido que Bauer fue además uno de los principales representantes de la oposición a la medida adoptada por el Congreso de Wimberg (1897) del Partido Socialdemócrata Austríaco para dividirse en secciones nacionales (ucranianos, checos, polacos, alemanes, italianos y eslovenos).

Quiero señalar que para Lenin (Viadimir Ilié Ulyanov, 1870-1924):
El idioma es el medio esencial de comunicación entre los hombres; la unidad de idioma y su libre desarrollo es una de las condiciones más importantes para una circulación mercantil realmente libre y amplia, que responda al capitalismo moderno; de una agrupación libre y amplia de la población de todas las diversas clases.

En otro momento traeré a colación la rusofilia lingüística consciente, del fundador del Estado soviético, Estado que  durante sus siete décadas de existencia intento conciliar dos principios quizas excluyentes: la alfabetización de las minorías nacionales en sus lenguas respectivas y una contundente política de homogeneización soviética.

En cuanto a Stalin (nacido Joseb Vissarionovi Dzhugasvili (1879-1953) para acabar con el panturquismo elevó las variantes túrquicas de la Urss a la categoría de lenguas. Con escuadra y cartabón y gran talento político delimitó los territorios en que se hablaba cada una de esas neolenguas e incluso les doto del estatus de repúblicas, al mismo nivel que Rusia. Más adelante veremos como en la mente de Stalin la construcción del socialismo exigía a largo plazo la imposición de una única lengua. Mientras ese socialismo se avecinaba nada mejor que empezar asimilando las lenguas soviéticas más parecida al ruso, es decir, las eslavas. En el caso del bielorruso llegó a prohibir las gramáticas de Losik (1926-1927) y de Tarakievi (1928), que reconocían a esta lengua su carácter independiente, e impuso el diccionario de Aleksandrovic (1937), editado con la única intención de acercarlo cuanto más fuese posible al  ruso. En 1934 se creó  una variante litoraria más cercana al ruso y este idioma fue declarado obligatorio en las escuelas bielorrusas. Todos los autores que utilizaron una versión diferente a la autorizada fueron convenientemente excluidos. En cuanto al ucraniano, la segunda lengua más importante de la URSS por el númeró de hablantes, el Diccionario de la Academia Ucraniana de Ciencias (1953) rechazó nada menos que 7.500 de las 15.500 entradas del diccionario de Hrincenko (1907-1909), considerándolos arcaísmos y localismos. Se trató así de limar las diferencias entre el ucraniano y el ruso, ambas lenguas eslavas.

El judío rusificado Leon Trotsky (Lev Davidovi Bronshtein, (1879-1940) coincidiría con Stalin, en la defensa del derecho de autodeterminación del llamado Cinturón Negro de Estados Unidos en 1933 y 1936. Sin embargo, conviene recordar que estando en el poder Trotsky negó a Ucrania la posibilidad de separarse de Rusia y que el Ejército Rojo, a cuya organización había contribuido aplastó la rebelión georgiana de 1922 . No es muy conocido el hecho de que Trotsky, a pesar de sus críticas al Bund, el partido socialista judío, al que acusaba de aproximarse al sionismo, participo en el Sexto Congreso Sionista (Basilea, 1903), el último celebrado e la de Theodor Herzl. El hecho de que el  líder de la revolución soviética hubiera nacido en el seno de una familia hebrea fue utilizado por generaciones de antisemitas para identificar comunismo y judaísmo. El caso es que a Lev Bronstein le traía sin cuidado su identidad día y por ello afirmaba que «ni soy judío ni me importan los judíos ni que les ocurra».

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