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2015/12/06

FEMINISMO PROLETARIO ANTE LA VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES por Kimetz (organizacion comunista vasca)

"Los ecos del feminismo hegemónico hablan de igualdad, justicia y moral; conceptos peligrosamente individualistas que encajan con suma facilidad en la propagada liberal. Muchas luchas feministas radicales han cedido paso a la ideología burguesa, de este modo ha perdido el potencial liberador de las diferentes opresiones sufridas por quienes constituyen la masa de estas luchas. Han sido nuestras enemigas de clase, motivadas por un deseo de realización personal, quienes han liderado a las masas llenas de contradicciones de clase y raza tanto a nivel ideológico, teórico como político y todo esto ha sido posible por la ausencia de una oposición y alternativa proletaria efectiva. "

                                                                                      
                                                         En el Estado Español cada año de media 100 personas son víctimas de asesinatos machistas(1), una cantidad espeluznante teniendo en cuenta que no son más que la pequeña punta visible de un enorme iceberg de violencia, resultado de la estructura patriarcal que rige nuestras identidades de género, la manera de relacionarnos, estereotipos y roles sociales. Esta estructura de dominación se apoya y se desarrolla a la par de la capitalista, creando juntas una diana donde el blanco más fácil es la mujer obrera. Lejos de victimizarnos, creemos pertinente recordar que las más oprimidas somos las más capaces y legítimas luchadoras contra lo que pretende dominarnos. En este contexto, planteamos como arma la única corriente feminista en la que podemos confiar para poner fin a tantos siglos de violencias estructurales: la proletaria.

mujer 5Para empezar a hablar de feminismo proletario, es imprescindible que toda comunista reconozca el trabajo de las mujeres de nuestra clase, ya que es doble y por lo tanto está doblemente alienado. Otra tarea pendiente es identificar que a través de la moral burguesa, las diferentes concepciones derivadas de familia y relaciones interpersonales este trabajo ha sido invisibilizado; a pesar de soportar una opresión cuantitativa (en horas de trabajo robado) y cualitativamente (recibiendo una educación que motiva a trabajar por amor o responsabilidad) extrema.

No abogamos por hacer sindicalismo en cuestiones de género, por supuesto que no reivindicamos que el trabajo invisibilizado de las mujeres sea asalariado, pero sí tenemos que luchar por acabar con la alienación de este trabajo, que sin ser pagado en forma de un salario, responde a intereses capitalistas. El trabajo sumergido de cuidados que realizan las mujeres en sus casas sirve para que no se reconozcan como las obreras que son, por contra, se reconocen a sí mismas como madres, hijas o hermanas. En los últimos tiempos se clama la incorporación de la mujer al mercado laboral asalariado como un paso de gigante en pro de la igualdad de género, nosotras recordamos que solo será un paso para la ruptura de la opresión -tanto de género como de clase- si estas mujeres proletarias se unen a sus compañeros de clase y arremeten contra sus enemigos común: la burguesía. Solo mediante la desaparición de las clases sociales se garantiza el fin de la explotación, del burgués-trabajador(a) o del hombre-mujer. Sobra decir que sería inviable e imposible la construcción de una sociedad sin clases si se da continuidad al patriarcado.

Antes de continuar dando respuestas, tenemos que formular las preguntas adecuadas, para que estas respuestas no se limiten a pura fraseología propagandística: ¿Hay alguna lucha radicalmente feminista que beneficie a todas las mujeres y a su vez perjudique al proletariado? ¿A qué se debe la ausencia de posicionamiento por parte del movimiento comunista en la opresión de género? ¿Por qué no nos atrevemos a luchar conjuntamente contra estas opresiones tan entrelazadas entre sí?

CONTEXTO: CAPITALISMO Y PATRIARCADO

A fin de contextualizar históricamente nuestra labor, es necesario ver como las dos opresiones citadas han compartido camino desde sus comienzos. En Europa, con el fin de hacerle frente a las luchas anti-feudales que comenzaron a emerger al final de la Edad Media, quienes tenían el monopolio del poder (señores feudales, mercaderes patricios y clero) necesitaron nuevas estrategias para mantener el control(2). Estas nuevas estrategias se basaron en la acumulación primitiva de capital, apropiación de nuevas fuentes de riqueza y poner bajo su mando un mayor número de trabajadores; sobre esta base comenzó a forjarse la sociedad capitalista y sus estructuras económicas. Al mismo tiempo, el clero, que tenía en su poder la hegemonía ideológica, señaló a las mujeres como seres hipersexuales identificándolas con el deseo y el pecado, alejándolas así de lo espiritual y sagrado que se limitó a los hombres. Para prevenir la peligrosa unión y solidaridad de la naciente clase trabajadora, se incentivó la violación de las mujeres pobres. Por otra parte, se institucionalizó la prostitución creándose incluso burdeles municipales por todo el continente.

El Estado a medida que iba creándose, iba adquiriendo funciones de gestor de las relaciones de clase y supervisor de la reproducción de la fuerza de trabajo. Además de la acumulación primitiva en la que el protagonista era el proletario industrial asalariado tal y como lo veía Marx, este proceso fue protagonizado por más agentes. Para la formación y acumulación del proletariado mundial fue imprescindible el reclutamiento forzoso de trabajadores en África y el sometimiento de los mismos a la esclavitud junto con los pueblos autóctonos de América. Otra de las piedras angulares fue la intervención externa en la reproducción de la mano de obra, atravesando así el cuerpo de las mujeres por la fuerza. Fruto de esta acumulación selectiva de trabajadores se construyeron jerarquías y divisiones en la clase obrera (de raza o género), que tras muchos procesos de cambio hemos sido incapaces de superar. Son estas diferencias impuestas por nuestros enemigos de clase las que debemos dejar de lado sin más demora si pretendemos, algún día, conseguir vivir sin clases.

Sin el monopolio de la reproducción de la población en general, y de la mano de obra obrera en particular, hubiera sido imposible la elaboración del complejo sistema social en el que nos vemos inmersas. Los Estados llevan siglos legislando y castigando para intervenir en todos los métodos de control de natalidad y sexualidad que no tuvieran como fin la procreación. El cuerpo de la mujer se convirtió así en terreno público, a merced de las decisiones de médicos, jueces y políticos, adoptando un papel pasivo incluso en el momento del parto.

Además de la pérdida de poder en su propia reproducción la mujer de clase obrera que necesitaba trabajar para sobrevivir, con la división de género perdió los puestos de trabajo a los que anteriormente podía acceder en el mercado laboral. Sin la poca independencia que le podría conceder un salario (como era el caso de sus compañeros de clase) las mujeres tuvieron que depender del salario de sus maridos, trabajando sigilosamente en el seno familiar como si de una trabajadora subcontratada se tratase. Esta dependencia, por supuesto, no era solo económica, le ha dado tanto a los hombres proletarios (por medio del salario) como a los burgueses (por medio de la propiedad) el derecho ilimitado a la explotación (física, sexual, psicológica, simbólica, etc.) de las mujeres.

En Europa el matrimonio se convirtió así en la carrera femenina por excelencia y en este contexto nació la familia como se ha entendido hasta hace bien poco, núcleo de la reproducción de la fuerza de trabajo. Este núcleo, es un complemento del mercado que privatiza las relaciones sociales, por un lado socializa bajo la disciplina capitalista y patriarcal; y por el otro, sirve de manera eficaz para alienar y a su vez ocultar el trabajo de las mujeres de la familia.

Estos procesos que responden a los intereses económicos previamente citados, han ido construyendo el papel social femenino tal y como que conocemos hoy en día, el cual encontramos totalmente degradado, devaluado e infantilizado. El opuesto masculino, sea de la clase que sea, tiene todo el poder que le falta y mediante esto se justifica la relación dependiente y desigual que surge entre ambos y la apropiación de su trabajo. Así que podemos reafirmar lo evidente, la feminidad nada tiene que ver con características naturales, biológicas o humanas, es un subproducto de la industrialización(3), es decir, creación histórica y construcción social.

“La ideología de la feminidad comenzó a ensalzar los ideales de la esposa y de la madre en el momento en el que la manufactura se desplazó del hogar a la fábrica. Como trabajadoras, las mujeres, al menos, habían disfrutado de la igualdad económica, pero como esposas estaban destinadas a convertirse en apéndices de sus compañeros varones, es decir, en sirvientas de sus maridos. Como madres, serían definidas como vehículos pasivos de la regeneración de la vida humana. La situación del ama de casa blanca estaba repleta de contradicciones. La resistencia era inevitable.” – Angela Davis (2004)

FEMINISMO PROLETARIO: UNIR PARA VENCER

Dando un salto en el tiempo llegamos al siglo XX, momento en el cual la familia vuelve a transformarse. Esta transformación está marcada por la entrada en el mercado laboral de las mujeres, quienes empiezan a recibir un salario por el trabajo productivo que llevan a cabo fuera de sus casas(4). Las mujeres también nos convertimos en proletarias industriales modernas pero con una brecha salarial de por medio (en la CAV está en torno al 15%) y seguimos trabajando de manera oculta para la familia (el porcentaje de excedencias pedidas por mujeres en la CAV para realizar labores de cuidados a hijos o familiares dependientes es del 84%-94%)(5). En los últimos tiempos el capitalismo global se está configurando en base a una mano de obra formada en su mayor parte por mujeres. Más de la mitad tienen empleos formales en los cuales en torno al 70% no es remunerado al completo, por si fuera poco, las mujeres dedican en el seno familiar una media de 31 a 42 horas semanales a trabajo doméstico. La migración tanto de hombres como mujeres se ha disparado como respuesta a los cambios en los mercados mundiales, pero es la mano de obra femenina (es decir, barata) la más solicitada(6). Esta mano de obra barata ocupa los trabajos peor remunerados en las condiciones más duras. Además obliga a transformar su modo de vida de manera drástica y hace a la familia totalmente dependiente del miserable sueldo que consigue en el extranjero. Liberalizar parte de la fuerza de trabajo de las mujeres no nos libera ni a las mujeres en general ni como clase, nos encadena a las pesadas cadenas de esclavitud asalariada. No obstante, saca a la superficie muchas contradicciones y nos convierte en el sujeto revolucionario principal. Por lo tanto, las mujeres trabajadoras migrantes estamos expuestas a tres sistemas opresivos muy relacionados entre sí: capitalismo, patriarcado y racismo(7). Estas trabajadoras se llevan la peor parte de cada sistema citado, como ejemplo tenemos el porcentaje de violaciones en el trayecto clandestino de México a EEUU y no deja lugar a dudas: el 80% son violadas en este intento desesperado por sobrevivir.

Siguiendo la formula dividir para oprimir(8), se ha conseguido crear una clase obrera en gran medida machista y racista convirtiéndose en polémica central el antagonismo racial o de género, desplazando así la lucha de clases y limitando el potencial de responder juntos al yugo que nos oprime. Es más, muchos proletarios han sido cómplices de la perpetuación de la opresión de género y racial, aferrándose al poder y privilegio que les ha otorgado sobre sus compañeras y compañeros no blancos.

El Estado moderno adquiere funciones de educador(9), mediante la educación formal que prepara a las nuevas generaciones para la vida adulta, refuerza positivamente a quienes obedecen y asimilan los roles y estereotipos acordes con la ideología burguesa y patriarcal sin oponer resistencia. Para garantizar la docilidad de quienes son sometidas y sometidos a este proceso de domesticación, se ampara en dos grandes pilares: el aparato legal y la opinión pública. Muestra reciente de la intervención legal que hace el Estado en estas cuestiones, tenemos la polémica reforma del aborto.

Por otro lado, la opinión pública labrada mediante los medios de comunicación de masas evidencia la militarización de las sociedades capitalistas contemporáneas(10). Utilizando imágenes como lenguaje discriminatorio y claramente ideológico los medios de comunicación crean todo una versión prácticamente unilateral de la realidad, cosificando a las mujeres, reforzando estereotipos machistas y representándolas por medio de los convenientes roles que pueden oscilar entre tradicionales claramente patriarcales o liberales burgueses. Los medios de comunicación así nos ofrecen la única “libertad” a la que podemos aspirar dentro del juego y respetando las normas que nos establecen: la libertad de elegir qué consumir.

De este modo, crean espejismos de igualdad para calmar todo potencial revolucionario, reúnen grupos de expertos (en masculino) para debatir y trazar lineas estratégicas con el fin de erradicar el inmoral “machismo”. Todo tipo de agresiones y vejaciones contra las mujeres por cuestión de su género evidencian la falsa efectividad de todos estos programas y campañas en pro de la “igualdad”. Nuestro deber como comunistas, es evidenciar la manipulación e incertidumbre constante a la que somos sometidas. Tenemos que dejar de mirar hacia otro lado y desde la autocrítica y el conocimiento de esta opresión relegada a un segundo plano, emprender el camino político que tenga como objetivo la abolición de la estructura de dominación de género que beneficiará a las más castigadas por la misma: a las mujeres de clase obrera.

Como nos advertía Kollontai hace ya más de un siglo, muchos socialistas al admitir la existencia de “problemas de género” aplazan la resolución de los mismos a cuando se logre establecer un orden social y económico nuevo(11). Nosotras no estamos dispuestas a supeditar la lucha contra una opresión por la otra, ya que ambas condicionan nuestra vida de principio a fin. Ante esta cómoda pasividad, de los supuestos socialistas o comunistas, nosotras decidimos luchar en todos los campos de batalla, llevando al terreno feminista nuestra idea radical de igualdad comunista, y viceversa.

Nosotras, feministas proletarias, colaboramos, nos unimos y nos organizamos para vencer y superar las diferentes estructuras de dominación que nos oprimen, las hacemos nuestras creando nuestra intersubjetividad (fruto de las diferencias de las oprimidas)(12). En este proceso es indispensable el desarrollo paralelo y común del empoderamiento feminista y la conciencia de clase, incluso cuando la suma de ambas luchas haga salir a la superficie las contradicciones impuestas a las obreras; pues esta es la única manera de enfrentarlas y acabar con ellas. Para organizarnos en la lucha por la emancipación es incondicional que quienes tomen el liderazgo revolucionario o vanguardia, estén en continua interacción con las masas oprimidas en toda su heterogeneidad. Entender la interseccionalidad(13) de las oprimidas es clave para cumplir con esta tarea, pues más allá de la clase social, género y raza, se han desarrollado otras estructuras de opresión que condicionan nuestras relaciones sociales con sus consiguientes privilegios y la capacidad intrínseca de superarlas. Debemos dejar de ignorar esta diversidad ya que nos convierte en cómplices de la reproducción de las mismas estructuras contra las que luchamos y deja de lado la que debería ser nuestra característica principal: la solidaridad.

Es un trabajo de fondo y de gran carga educativa, que pretende cambiar y expulsar toda idea patriarcal impuesta de nuestras conciencias, por lo tanto no es suficiente con añadir a nuestra lista de puntos propagandísticos la tan en auge “perspectiva de género”, se trata de que toda la teoría y praxis comunista que dirige nuestras acciones sea también feminista.

En referencia al antagonismo de clase, es evidente, el proletariado revolucionario y las comunistas luchamos para destruir el papel sociopolítico de la clase antagonista, de la burguesía(14). Desde un punto de vista general, la lucha feminista, en cambio, no tiene como objetivo destruir el papel social de los hombres, sino una convivencia, aceptación y equidad entre géneros.

Los ecos del feminismo hegemónico hablan de igualdad, justicia y moral; conceptos peligrosamente individualistas que encajan con suma facilidad en la propagada liberal. Muchas luchas feministas radicales han cedido paso a la ideología burguesa, de este modo ha perdido el potencial liberador de las diferentes opresiones sufridas por quienes constituyen la masa de estas luchas. Han sido nuestras enemigas de clase, motivadas por un deseo de realización personal, quienes han liderado a las masas llenas de contradicciones de clase y raza tanto a nivel ideológico, teórico como político y todo esto ha sido posible por la ausencia de una oposición y alternativa proletaria efectiva. La diferencia entre ellas y nosotras es clara, aunque la opresión de género tenga un carácter interclasista, los recursos para hacerle frente que tenemos las trabajadoras no son comparables a los que tienen las burguesas. Ser burguesa, al igual que ser burgués, les da la capacidad de elegir por ejemplo, si tener una carrera académica o descendencia, y en última instancia un amplio grado de libertad dentro del patriarcado(15). Por lo tanto, toda reivindicación de masas en favor de los derechos políticos de la mujer, también son expresión y parte de la lucha general del proletariado por su liberación(16) .

Parafraseando a Marx(17), mediante la comprensión del sistema capitalista la clase obrera debe emprender una lucha contra él, esta lucha no necesita ser motivada por cuestiones morales, sino por una cuestión de interés propio de conseguir una vida buena y segura más allá del capitalismo, nunca una posición mejor dentro de él.

Luchar conjuntamente con las feministas burguesas puntualmente se torna imprescindible, ya que toda fuerza que pretenda derrocar al patriarcado nos beneficia, pero no debemos ignorar los peligros intrínsecos de estas alianzas por puntuales que sean. Experiencias antecedentes nos advierten de que si las feministas burguesas lideran la lucha contra la opresión de género, la “limpian” de las variables clase y raza(18). En el terreno práctico, esto se traduce en lo siguiente: la lucha acaba cuando sus privilegios peligran.

Sin oponernos y ni mucho menos obstaculizar el camino reformista nosotras debemos construir nuestro propio camino hacia la emancipación total. Descubrirnos como mujeres oprimidas no nos vuelve débiles, nos fortalece y empodera con nuestras hermanas oprimidas; del mismo modo que descubrirnos como proletarias explotadas nos une a toda la clase obrera, refortalecidas para organizarnos políticamente hasta lograr romper todas las cadenas impuestas por el capitalismo y el patriarcado.
Notas:
(1)Dato tomado de: http://www.feminicidio.net/menu-feminicidio-informes-y-cifras
(2)Federici, S. (2004). Calibán y la bruja: Mujeres, cuerpo y acumulación originaria. Madrid: Traficantes de Sueños.
(3)Davis, A. (2004). Mujeres, raza y clase. Madrid: Akal.
(4)Kollontai, A. (2002). El comunismo y la familia. Disponible en https://www.marxists.org/espanol/kollontai/comfam.htm
(5)Datos del informe estadístico de Emakunde del año 2013
(6)Bromma (2012). Exodus and Reconstruction: Working-Class Women at the Heart of Globalization. Disponible en: http://kersplebedeb.com/posts/exodus/
(7)Monzo, L., McLaren, P. (2015). Las Mujeres y la Violencia en la Era de la Migración. Disponible en: http://iberoamericasocial.com/las-mujeres-y-la-violencia-en-la-era-de-la-migracion/
(8)Freire, P. (2005). Pedagogía del oprimido. Madrid: Siglo XXI.
(9)Gramsci, A. (2009). La política y el Estado moderno. Madrid: Diario Público.
(10)Marcuse, H. (1981). La agresividad en la sociedad industrial avanzada. Madrid: Alianza Editorial.
(11)Kollontai, A. (2011) Las relaciones sexuales y la lucha de clases. Disponible en: https://www.marxists.org/espanol/kollontai/1911/001.htm
(12)Freire, P. (2005). Pedagogía del oprimido. Madrid: Siglo XXI.
(13)El Demonio Blanco de la tetera verde (2014). Interseccionalidad. Disponible en: https://eldemonioblancodelateteraverde.wordpress.com/2014/12/10/interseccionalidad/
(14)Zizek, S. (2013). El año que soñamos peligrosamente. Madrid: Akal.
(15)hooks, b. (2010). Mujeres negras: dar forma a la teoria feminista. Disponible en: https://www.marxists.org/espanol/tematica/mujer/autores/hooks/1984/001.htm
(16)Luxemburg, R. (2014). El voto femenino y la lucha de clases. Disponible en: https://www.marxists.org/espanol/luxem/1912/mayo/12.htm
(17)Heinrich, M. (2008). Crítica de la economía política. Una introducción a El Capital de Marx. Escolar y Mayo Editores: Madrid.
(18)Barroso, J. M. (2014). Feminismo decolonial: una ruptura con la visión hegemónica eurocéntrica, racista y burguesa. Entrevista con Yuderkys Espinosa Miñoso. Disponible en: http://iberoamericasocial.com/feminismo-decolonial-una-ruptura-con-la-vision-hegemonica-eurocentrica-racista-yburguesa

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