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2016/05/17

LA NECESARIA REFERENCIALIDAD COMUNISTA por Herri Gorri

"La praxis del Movimiento Comunista, no puede seguir funcionando con un núcleo de diez militantes allí, cinco allá o treinta en el otro lado, duplicando esfuerzos militantes, “compitiendo” entre núcleos y en plena vorágine endogámica y al margen de la realidad."        
                                                 En HERRI GORRI, consideramos que al reformismo sólo se le puede combatir en el terrenos de las reformas, ya que el actual estadio de conciencia del proletariado, no posibilita otro medio de constituir al movimiento comunista en vanguardia. Combatir al reformismo en el terreno de las reformas, no es un juego de palabras, sino asumir desde el análisis materialista de la coyuntura, la situación realmente existente, en la que -no nos olvidemos- una parte del proletariado muy significativa, se encuentra aún sumida en el campo ideológico-político reaccionario del bloque en el poder. En el caso del Estado español, del bloque PP-PSOE y en el caso de Hegoalde, del PNV.
Tras años de neoliberalismo, los Pueblos Trabajadores han incrementado su conciencia sobre los límites del “neoliberalismo”, como variante extrema de la ideología dominante, pero no del capitalismo, como medio de producción. Lógicamente, dicha conciencia posibilita identificar las injusticias del sistema, los retrocesos democráticos en derechos políticos, sociales y civiles, pero los analiza en parámetros de “injusticias”, no como un efecto estructural del propio sistema capitalista en su necesidad de reproducirse socialmente.
Pongamos un ejemplo que nos parece muy gráfico. En el caso de Madrid, la “alcaldía progresista” regida por la señora Carmena, fue posible gracias a los compromisos adquiridos con parte del movimiento popular, esencialmente con los movimientos anti-desahucios y los derivados de las movilizaciones contra los recortes sociales, derivados de la ofensiva del capital. A lo largo de su gestión -como no podía ser de otra forma- la práctica reformista se topa con la legalidad, con los márgenes del sistema, con que la vivienda es un derecho básico, pero sometida a los sagrados derechos de propiedad del capital. Dentro del movimiento que apoyó la “alcaldía progresista”, comienzan a surgir contradicciones, ante las promesas incumplidas, renuncias programáticas o su “ajuste” a la legalidad vigente. De hecho, en el movimiento articulado en torno a los desahucios, han surgido ya críticas abiertas hacia la “alcaldía progresista”. ¿Cuál debe ser la posición de los comunistas ante estas contradicciones? ¿Presentarles a estos sectores la alternativa de “la Dictadura del proletariado”, en la que ciertamente se resolvería el problema de la vivienda, pero que no alcanzaría ninguna incidencia real, o tomar los y las comunistas la bandera de las reivindicaciones más avanzadas en política de vivienda y estructurarnos en dicho movimiento como referente?
Referente sin duda alguna, no electoral, porque en esta coyuntura, el movimiento comunista no está en condiciones de transformar las instituciones burguesas en un frente de lucha de clases. Ser referente del proletariado, es desarrollar de manera organizada y estratégica nuestra incidencia en el Movimiento Obrero y el Movimiento Popular, articulando de forma dialéctica nuestro programa estratégico y el programa táctico adecuado para la coyuntura existente. Los y las comunistas, no nos escondemos; nuestro objetivo estratégico es el socialismo y la superación histórica de la ley del valor trabajo, primero adaptándola a las necesidades de la transformación socialista y posteriormente construir las condiciones para su extinción. No nos escondemos, pero ante todo nos guía la ciencia del materialismo histórico y nuestro programa táctico, subordinado al estratégico, debe fundamentarse en la realidad de la lucha de clases, en las correlaciones de fuerzas, en un análisis profundo de las condiciones políticas, económicas, sociales e ideológicas presentes.
Establecer bases para el encuentro entre diferentes núcleos comunistas, es algo esencial. Lo es desde una doble perspectiva, una de ellas, clarificar posiciones, determinar la estrategia general del Movimiento Comunista, concretar los objetivos del Programa máximo, definir la vía de una verdadera democracia socialista, otra, -y seamos claros en ello- es la propia viabilidad de una praxis militante articulada, coordinada y organizada. La praxis del Movimiento Comunista, no puede seguir funcionando con un núcleo de diez militantes allí, cinco allá o treinta en el otro lado, duplicando esfuerzos militantes, “compitiendo” entre núcleos y en plena vorágine endogámica y al margen de la realidad. Ante este panorama, los sectores políticamente más avanzados del movimiento polular y del movimiento obrero, no identifican ningún tipo de referencialidad, no consideran que aportemos algo valioso o efectivo a sus luchas cotidianas. Demasiadas veces, militantes del movimiento popular con una “conciencia filo-comunista” que les acerca a alguna organización comunista del amplio espectro existente, terminan por desvincularse de las mismas por la desconexión política, por la dejación en los problemas concretos.
Pero además de este proceso de unificación entre núcleos, debemos ir más allá, desarrollando formas de intervención que materialicen de manera concreta y efectiva la lucha por reformas, con una direccionalidad ascendente de organización, movilización y de la conciencia del Pueblo Trabajador-Proletariado. Consideramos que el avance electoral del reformismo frente a las posiciones reaccionarias, son una buena base para desarrollarnos como movimiento, pero insistimos, como no nos desarrollemos orgánica y políticamente en referente comunista, las renuncias del reformismo y sus limitaciones, revertirán de nuevo en beneficio del bloque “duro” en el poder.
AMBITOS Y MARCOS DE LUCHA POLITICA E IDEOLOGICA
En HERRI GORRI siempre hemos sostenido nuestra vinculación organizativa, política e ideológica a Euskal Herria como Marco Nacional de lucha de clases. De una parte, la definición nacional del marco de lucha de clases, implica afirmar las características propias e históricamente determinadas de Euskal Herria, de su lucha de clases y de las condiciones en las que planteamos el objetivo estratégico de la República Socialista Vasca.
Por otro lado, la Autodeterminación siempre la hemos considerado como un proceso que rebasa con mucho la cuestión de la independencia. La Autodeterminación, la vinculamos a un sujeto -El Pueblo Trabajador-Proletariado Vasco- y a un proyecto de transformación social, en el que la soberanía política y económica es la condición para consolidar un poder popular que inicie la transición socialista.
Sin la formación de ese sujeto, sin ese vector socialista que impulse una correlación de fuerzas favorable frente al bloque en el poder, no hay autodeterminación. La autodeterminación como derecho democrático fundamental, es una forma vacía, en la que las correlaciones de fuerzas, determinan la orientación de clase que asume el proceso.
Es por eso que desvinculamos la autodeterminación, de cualquier premisa nacionalista, al considerar que el proceso de autodeterminación, se debe desarrollar partiendo de la unidad del Pueblo Trabajador-Proletariado Vasco y la soberanía política y económica como su instrumento de superación de cualquier tipo de opresión, dominación y explotación. De ahí que no coincidamos con el nacionalismo, cuando establece como sujeto político “la ciudadanía en general” o “Euskal Herria”, pues en Euskal Herria no existe más clase oprimida y explotada que el proletariado y dentro de éste, es el proletariado femenino su sector más oprimido y explotado. No profundizaremos más en estas cuestiones, que ya hemos clarificado en distintos momentos.
Si debemos avanzar en otra cuestión que consideramos de especial relevancia. La lucha de clases en Euskal Herria y la liberación social del Pueblo Trabajador-Proletariado, es un proceso nacional, en tanto que específica e históricamente producto de las condiciones en la que el capitalismo cobra existencia. Desde esta premisa, llegamos a otra, y es la de la necesidad de definir como otro ámbito de lucha política e ideológica, de desarrollo de políticas de alianzas preferentes, el Estado español.
En HERRI GORRI, no escondemos bajo un internacionalismo abstracto el carácter preferente y prioritario del marco estatal español, como ámbito de lucha de clases relacionado dialécticamente, con la existente en Euskal Herria. Ciertamente, la lucha antiimperialista y anticapitalista -en realidad la misma lucha- precisa de una coordinación, de una unidad de objetivos a escala internacional, sea con organizaciones del ámbito europeo o de otras realidades, pero bajo esta obviedad, no podemos negar el carácter sobredeterminador del Régimen del 78, en la propia dinámica de la lucha de clases en Euskal Herria.
El Régimen del 78, como forma histórica que asume el Estado español para la reproducción social del capitalismo y de la dinámica de acumulación, integrado en la división internacional del trabajo fijada por el imperialismo, oprime, domina y explota al conjunto de Pueblos Trabajadores-proletariados del Estado. En el caso de Hegoalde, el PNV (Partido Nacionalista Vasco), ha sido un pilar fundamental en el sostenimiento, legitimación y consolidación del Régimen del 78, actuando como un aparato ideológico-político, gestionando la acumulación y actuando como representante político del capital.
La autodeterminación, como proceso de liberación social de los Pueblos Trabajadores-Proletariados del Estado, encuentra una doble estrategia. De una parte, el propio desarrollo y agudización de la lucha de clases en cada marco nacional, ligando soberanía política y económica, no a una reorganización burguesa, mejorando las condiciones de valorización del capital, sino a la plasmación de un programa, en principio, democrático-popular. De otra parte, el propio desarrollo y agudización de la lucha de clases en el marco estatal, con una coordinación estratégica en cuya base necesariamente se encontrará la defensa a ultranza de la autodeterminación y el derecho a la secesión, si en los diferentes marcos nacionales, así se determinara en un proceso constituyente.
Considerar, como hacen ciertos nacionalistas, incluso “de izquierdas”, que “España no es nuestro problema”, resultaría incluso cómico, si no fuera por las nefastas consecuencias y premisas de dicho planteamiento. Como si el PNV no hubiera sido el celoso gestor del Régimen del 78 en Hegoalde, y de la reproducción social del capitalismo, junto al PSOE y el PP, o la propia participación en la gestión de Diputaciones y/o ayuntamientos, de independentistas, no hubieran otorgado un barniz de legitimidad institucional al régimen.
El Estado español, es un flanco débil de la Unión Europea. Su peso económico, su nivel de endeudamiento (101% del PIB), precisan de un régimen autoritario para garantizar la reproducción social de su capitalismo periférico, respecto al núcleo central de la Unión Europea. El impago de la deuda ilegítimamente transformada en pública, un cuestionamiento de las directrices de la Troika, o una política de nacionalizaciones y control de las empresas del IBEX-35, de sus beneficios reales y sus transvases financieros hacia paraisos fiscales, son riesgos que no podrían ser asumidos por la Unión Europea y la oligarquía estatal.
El desarrollo de procesos de autodeterminación en los diferentes marcos nacionales en el Estado, bajo la dirección de sus proletariados y las organizaciones que los representan; la coordinación de estos procesos con movimientos y organizaciones que avancen en el camino de una República Popular Española, que reorganice las condiciones de un proyecto popular constituyente, en el que la libre adhesión o la secesión de los marcos nacionales, sean garantizados, es un horizonte que debiera ser estudiado con seriedad. En HERRI GORRI, consideramos que sería un marco favorable para la agudización de la lucha de clases, para la construcción de un Bloque revolucionario y para la configuración de un vector socialista.

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