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2016/08/04

2 DE AGOSTO, RECUERDO DEL HOLOCAUSTO GITANO por Javier del Campom

"...hubo Rromas que formaron parte de la Resistencia (...) Con la experiencia y la picardía desarrollada por vivir en situaciones marcadas por lo desfavorable, hicieron uso de todas las  estratagemas que conocían para desbaratar la vigilancia de los nazis, llevar mensajes o transportar armas y explosivos. Muchos fugitivos se salvaron gracias a esta resistencia romaní. También perpetraron numerosos ataques «terroristas» de resistencia contra el enemigo hitleriano."
          
                       La discriminación y persecución del Pueblo Rromá no es un fenómeno que comience con el nazismo aunque en ese periodo es cuando se alcanzaron las cotas máximas de crueldad adquiriendo la forma de genocidio, el holocausto romaní (SAMUDARIPEN), muchas veces olvidado, una masacre que arranco la vida, según datos estimativos, de cerca del 80 por ciento de la población romaní de toda Europa.

Las convicciones racistas y de exterminio romaní que desarrollo Hitler eran consecuencia de otras acciones y pensamientos que no eran nuevos en absoluto.

El racismo se avergüenza de sí mismo y por eso intenta siempre buscar alguna vía para tratar de justificar lo injustificable, para relativizar los conceptos y poner en juego la máxima del Ministro de Propaganda Joseph Goebbels: “Una mentira repetida mil veces se convierte en una realidad”.  Por eso es conveniente repasar en que se apoyaban para intentar justificar ese odio hacia las personas romanís que no surgió espontáneamente en el periodo nazi.


A partir de las teorías pseudocientíficas de Lambroso (1835-1909) se trató de establecer una “jerarquía de razas” y una “predisposición genética” que señalaba especialmente a los “gitanos” en su libro “L’uomo delinquente”. Al mismo tiempo, creció la idea de que había que erradicar a las personas “con una vida indigna de ser vivida”.

Los Rromá eran considerados genéticamente ladrones, traidores, nómadas: ”la razón de su peligrosidad se tenía que buscar en su sangre, que precede siempre a su comportamiento” (Giovanna Boursier, en ‘Zigeuner. Lo sterminio dimenticato‘. Ed. Sinnos)

Los Rromá eran considerados como seres asociales y consecuentemente, una “raza asocial”, también era frecuente en la época pre-nazi referirse a ellos como “la plaga gitana”. Tanto es así que las primeras acciones racistas antiroma en Alemania y Austria tuvieron lugar en los años 20 con la idea de “luchar preventivamente contra la criminalidad” lo que sería, sin duda, el germen de la política nazi de exterminio. Se aprobaron leyes que les prohibían entrar en sitios públicos como parques, ferias o baños. Se les fichó, con foto y huellas, y quienes no tenían empleo u hogar fijos, fueron confinados en campos.

En 1933 cuando Hitler llegó al poder, el camino ya había comenzado y la persecución empeoró.

En 1934 hubo campañas de esterilización por inyección o castración

En 1935 las Leyes Raciales de Nuremberg ya clasifican oficialmente a los Roms como seres “racialmente inferiores”, se les retira la nacionalidad alemana y por tanto, sus derechos civiles.Para poder sostener los dogmas que les llevan a realizar estas aberrantes acciones se centran en tratar de justificar “científicamente” que la conducta criminal y asocial es algo hereditario, se pasa a considerarlos como “primitivos”, “culturalmente pobres”, desprovistos de historia y una amenaza para el orden moral por “mezclarse” y crear un “sub-proletariado criminal”.

Eva Justin y Robert Ritter, los médicos asociados con los programas de esterilización y la eutanasia en el período nazi fueron dos grandes implicados en la causa racial antiroma. Aparece el término “Gitano Mestizo” que se aplica de manera aún más restrictiva en los Rroma que en los judíos ya que era suficiente con tener uno de los ocho bisabuelos “gitano” para ser declarado como tal. Ya en ese momento, 1935, se exige, por parte de algunos, que sean internados en campos de trabajo y esterilizados.

En lo que respecta a los Rroms, los nazis se encontraron ante un dilema dificil de resolver ya que su ascendencia hindú los situaba como descendientes de los Arios, originalmente pobladores (desde el 1400 A.C) del Valle del Indo. Pero pronto hallaron la justificación, admitiendo la provenencia aria de este pueblo afirmaron, sin embargo, que su origen se situaba en las castas más bajas y que en su migración se habían mestizado con poblaciones oriundas lo que los convertiría en una ‘raza asiática’ con rasgos indios y europeos.

De esta forma solo quedaba por filtrar quienes eran “Gitanos Puros” de los que no lo eran. Los nazis decidieron que el 90 por ciento de la población estaba mezclada y que, por tanto, eran peligrosos para el estado. Eso dejaría un 10 por ciento restante “puro” al que habría que darle una solución. Este porcentaje de “puros” sería colocado en una lista que sería confeccionada por nueve representantes Rromá y que serían salvados de la masacre dada su pertenencia al grupo Ario. Esta lista nunca se llevo a efecto y el odio hacia los Rroma en general y nunca se hizo esa distinción en los Campos de Concentración, por lo que “puros” o “mestizos”, en esa división absurda, fueron exterminados por igual.

En 1939 la Directiva Festsetzungserlass firmada por Heydrich y Himmler prohíbe a los Rromá dejar las ciudades donde residen bajo pena de ser enviados a un campo de concentración. Una ola de internamientos comienza en este año con el objetivo de concentrar el conjunto de la población romaní del Estado alemán en los campos de tránsito con el fin de deportarlos, como la acción no podía llevarse a acabo inmediatamente estos campos de tránsito se transformaron en Campos de Trabajo análogos a los Campos de Concentración.

Estos Campos de Trabajo se transforman a su vez en “Campos de Gitanos” que acogen indistintamente a hombres, mujeres y niños, estos campos servían para enviar a los detenidos a Campos de Exterminación o bien para aniquilarlos directamente, la mayoría siguieron funcionando hasta el fin de la guerra.

Los Rromá privados de sus derechos y de cualquier forma de subsistencia, pasan a vivir de la caridad lo que servirá de pretexto para adoptar medidas persecutorias que se centran principalmente en los “gitanos mestizos”. Los primeros arrestos se hacen durante la campaña Arbeitsscheu Reich dirigido contra los vagabundos, las prostitutas, los mendigos y los “gitanos”. En junio de 1938 más de 700 Rroms alemanes -en su mayoría Sintis– son deportados a los campos de concentración.

Los SS-Einsatzgruppen mataron a decenas de miles de personas romanís en los territorios orientales ocupados por los alemanes con la ayuda del ejército.

La policía y las autoridades nazis, se encargan de explotar todos los datos obtenidos a través de los controles étnicos y antropométricos realizados en el periodo de entreguerras.


En febrero de 1940, en el campo de Buchenwald, los nazis probaron el zyklon B sobre doscientos cincuenta niños romanis. Por otro lado, en Ravensbrück se practicaron operaciones pseudocientíficas en cobayas humanas entre los que se hallaban Rroms.

En 1941 es cuando comienza el asesinato sistemático de los Rroms que coincide con el ataque lanzado por Alemania contra la URSS. Se les acusa de cómplices y espías del “bolchevismo judío”. Los SS-Einsatzgruppen mataron a decenas de miles de personas romanís en los territorios orientales ocupados por los alemanes, en ocasiones con la ayuda del ejército.

Lo mismo ocurrió en el resto de territorios ocupados por Alemania. En la URSS son asesinados en compañía de judíos y funcionarios comunistas. En Serbia, y coincidiendo con la masacre en Polonia, la Wehrmacht asesina miles de Rroms. En Eslovaquia y Hungría corren la misma suerte. En Rumanía y Croacia, su destino fue igualmente cruel. En Bulgaría, hasta nuestros días, no se cuenta con datos claros sobre el número de Rroms deportados y nos hallamos ante algo similar en el caso de Italia que se reproduce en Lituania, Estonia y Letonia.

Concretamente en Auschwitz-Birkenau la población romaní concentrada estaba compuesta por familias procedentes mayoritariamente de Austria y Alemania, unos dos tercios de los deportados, los otros se dividían en más de un 20% proveniente de Bohemia y cerca de un 6%  polacos.

Las condiciones de vida eran inhumanas. Cada día, de manera constante morían prisioneros víctimas de enfermedades e inanición, o bien eran enviados a recibir ‘tratamiento especial‘.

Se estableció un subcampo especial destinado para los Rrom: el “Campo de las Familias Gitanas”. Familias enteras fueron encarceladas juntas. Este campo familiar estaba plagado de epidemias, tifus, viruela, y disentería que redujeron severamente la población del campo. Los mellizos y enanos fueron separados y sujetos a experimentos médicos pseudocientíficos conducidos por el SS Dr. Josef Méngele. Los niños Rromá, en especial los gemelos eran víctimas de los experimentos científicos dada la necesidad de los alemanes de repoblar los territorios recien conquistados.

A finales de 1943, el 70 por ciento de los prisioneros del Campo de Gitanos habian perecido.
Entre el 2 y 3 de agosto de 1944 se cierra el “Campo Gitano” de Auschwitz. En la noche del 2 de agosto de 1944, una gran cantidad de romaníes fueron gaseados en la destrucción del “Campo de las Familias Gitanas”, 4.000 gitanos pasaron por la cámara de gas y fueron incinerados en una sola acción. Se llamó, ‘Zigeunernacht’ (La Noche de los Gitanos).  
En 1945 los nazis, ya en sus últimos días, aún siguieron con el exterminio contra los Rromá que permanecían prisioneros en los campos alemanes. Algunos países europeos se permitieron el lujo de mantener en cautiverio a sus poblaciones romanís durante varios meses una vez acabada la guerra. En cuanto a los miembros de la resistencia que sobrevivieron, ni siquiera gozaron, después de la guerra, de las promesas de integración social que les habían hecho. Y no encontraron a nadie para defenderlos ni para recordar la memoria de los desaparecidos.

Para acabar, es necesario guardar recuerdo de aquellos Rroma que formaron parte de la Resistencia, que lejos de aceptar su cruel destino se organizaron en lo que el historiador holandés Yan Joors  llama “La Guerra Secreta de los Gitanos”. Con la experiencia y la picardía desarrollada por vivir en situaciones marcadas por lo desfavorable, hicieron uso de todas las  estratagemas que conocían para desbaratar la vigilancia de los nazis, llevar mensajes o transportar armas y explosivos. Muchos fugitivos se salvaron gracias a esta resistencia romaní. También perpetraron numerosos ataques «terroristas» de resistencia contra el enemigo hitleriano.

Una vez finalizada la guerra y ya en los juicios de Nuremberg, los Derechos Humanos fueron nuevamente  violados al negarse la posibilidad de indemnización a las víctimas Rroma de ambos sexos que fueron esterilizadas y castradas, durante el periodo de preguerra y durante la misma, dentro y fuera de los campos de concentración. El fiscal jefe de la corte, el juez norteamericano Robert H. Jackel, dijo que “no estaba ahí para defender a los gitanos lo que fue determinante para impedirles que pudieran recibir una indemnización, uno de los argumentos que los jueces utilizaron para rechazar la reclamación fue que “la castración no impedía a las víctimas poder seguir trabajando“, por extensión tampoco se tuvieron en cuenta los experimentos químicos realizados con los bebes nacidos en cautiverio ni con los grupos de niños coordinados por Mengele. Solo se concedieron indemnizaciones a los familiares directos de los asesinados por el nazismo con una suma equivalente a mil euros por vida.

Años después del exterminio, en octubre de 2012, la canciller alemana Angela Merkel inauguraba el Memorial en Berlín por las cerca de 500.000 víctimas romanís del SAMUDARIPEN.
No se sabe a ciencia cierta cuantos roma murieron en el Holocausto. Aunque las estadísticas y los porcentajes exactos no se pueden establecer, los historiadores calculan que los alemanes y sus aliados mataron entre el 25 y el 50 por ciento de los aproximadamente un millón de roma que vivían en Europa antes de la guerra.

Los Rromá no fueron reconocidos como víctimas del genocidio nazi hasta que el canciller alemán Helmut Kohl lo hizo en 1982. Para ese momento, la mayoría de los roma que hubieran tenido derecho a la restitución bajo la ley alemana ya habían muerto.

Nada puede ser más descriptivo de lo que ahí se vivió que el propio testimonio de los supervivientes a esta barbarie sangrienta de odio y me gustaría cerrar este recordatorio, este ejercicio tan necesario de memoria  con un relato, el de Paula Nardai

Paula Nardai fue deportada a Auschwitz junto a su familia, casi la totalidad fueron exterminados. Paula siempre estuvo dispuesta a transmitir sus vivencias y a contar a los demás su destino y el de su propia familia. Con la firme convicción de que las crueldades y horrores padecidos durante la época nacionalsocialista no debían mantenerse en silencio.

“Mi padre estuvo allí, mi madre, mi hermana que tenía dieciocho años de edad, mi hermano de nueve años… Mi madre, un mes, puedo decir, ella sobrevivió solo durante un mes. A mi padre lo golpearon en la cabeza de forma tan terrible que lo dejaron ciego. Había un barracón al que ellos llamaban “Lazarett” (Enfermería) si te llevaban a ese sitio, ya nunca más volvías a salir de allí. Lo golpearon hasta dejarlo ciego. Lo mataron de inmediato, nunca más lo volvimos a ver. Mi hermana iba a las cocinas, la tenían allí para pelar patatas. Y mi hermano pequeño, fue la primera vez que tuvo que ponerse a trabajar. Yo salía a trabajar y él se quedaba en el barracón, Yo me marchaba por la mañana, con el ‘Aussenkommando’ (Komando de prisioneros que salían a trabajar fuera) Yo tenía que trabajar, y cuando regresé al barracón. ¿Qué veo? El pequeño no estaba allí. Pregunté por él a los demás: ¿Dónde está el niño? Se lo habían llevado. Se llevaban a los niños y los enviaban a las cámaras de gas. Y no me permitían salir del barracón. No podía salir para preguntar si alguien lo había visto, porque no me dejaban salir una vez que estábamos dentro del barracón al final de la jornada. Sólo salíamos para el “zum Abzählen” (Recuento) nada más.”

Los Rroma han sufrido no uno, sino varios holocaustos y genocidios que han sido olvidados, silenciados o no reconocidos. Hagamos memoria que es quizás nuestra única esperanza de que sucesos así no vuelvan a repetirse en la historia. Con cada víctima del odio y la intolerancia una parte de nuestra humanidad muere.

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