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2010/11/16

Comunicado de la Asamblea Madrid contra el fascismo: ¿Por qué el 20-N?¿Por qué salir un año más a la calle en el aniversario de la muerte de Franco?

"La dictadura fascista fue un régimen de opresión que coartaba las libertades individuales, explotando y sometiendo a toda la población, pero no debemos olvidar que este tipo de regímenes, como pasó en Alemania o Italia, no fueron más que formas que adoptó el capitalismo en épocas concretas en las que sus intereses se vieron amenazados, y los medios democráticos de control y de represión no fueron suficientes"

http://www.otromadrid.org/
En primer lugar por una cuestión de memoria, de recuperar y defender nuestra memoria anticapitalista, de homenajear y recordar a tod@s aquell@s que lucharon contra el fascismo y el capital. Pero lejos de la recuperación simbólica que desde ciertos ámbitos de la izquierda se está haciendo de las personas que lucharon contra el capitalismo, nosotr@s reivindicamos esa práctica y esa teoría que muchos revolucionari@s llevaron a cabo y de la que nos sentimos hereder@s.

La dictadura fascista fue un régimen de opresión que coartaba las libertades individuales, explotando y sometiendo a toda la población, pero no debemos olvidar que este tipo de regímenes, como pasó en Alemania o Italia, no fueron más que formas que adoptó el capitalismo en épocas concretas en las que sus intereses se vieron amenazados, y los medios democráticos de control y de represión no fueron suficientes. La dictadura se acabó, pero no por ello la represión y la explotación que bajo otra etiqueta, otros valores y con otras formas (democracia), siguen perpetuando la explotación y opresión de las personas, especialmente contra tod@s l@s que se atreven a mostrar su oposición al capitalismo y que tienen la dignidad de no arrodillarse ante nadie. La democracia esconde una dictadura económica que mercantiliza las relaciones humanas, que convierte a las personas en fuerza de trabajo, y que establece un sistema basado en el beneficio económico a costa de la explotación humana, no humana y de la propia naturaleza. Olvidar que, a pesar de sus diferencias, democracia y fascismo son las dos caras de la moneda capitalista sería cometer un error terrible.

Pero el 20-N no es sólo un ejercicio de memoria, una vuelta al pasado. Tiene su sentido en el presente. Día a día salimos del metro y nos encontramos a gente contra la pared, acosad@s, y en muchos casos detenid@s, simplemente por el color de su piel, o sus rasgos faciales, bajo el amparo de sus leyes y el beneplácito, e incluso el aliento, de partidos políticos y medios de comunicación que fomentan el racismo con sus noticias y tertulias. Racismo que cala en una población cada vez más descontenta con su situación vital, creada por el sistema económico imperante, pero que no acaba de ver realmente cuáles son sus intereses comunes y cuáles sus verdader@s enemig@s. Partidos políticos y medios de comunicación que no difieren en formas y actuación de las directrices de la extrema derecha, señalando a los sectores más indefensos de la población como los responsables de las miserias que el propio capitalismo provoca.

Una ultraderecha maquillada de demócrata y de defensora de la clase obrera que lanza mensajes xenófobos y nacionalistas que tratan de enfrentarnos entre nosotr@s. Un ejemplo claro es el auge que están teniendo los partidos de ultraderecha en Europa, que poco a poco van aumentando sus cuotas de “poder”, gracias a lo cual van consolidando un fascismo callejero mucho más radicalizado en discurso y formas que actúan, muchas veces, bajo el amparo de la autoridad. Lejos de lamentarnos y amedrentarnos, tenemos que actuar y hacerles frente en las calles, autoorganizándonos, sin dejar que esta calaña pueda crecer en nuestros barrios o ciudades, ya que cuanto más crezcan ell@s más problemas tendríamos nosotr@s y al final su victoria supondrá nuestro aniquilamiento. Así de fácil.

Nuestra propuesta frente a esta forma de vida impuesta por las relaciones capitalistas es la autoorganización, el antiautoritarismo y la acción directa, es decir que seamos nosotr@s l@s que de forma directa y sin intermediari@s hagamos frente a esta situación organizándonos asambleariamente, sin estructuras jerárquicas ni líderes que nos digan lo que tenemos que hacer o cuáles son nuestros problemas. Siendo cada un@ el/la que, tomando conciencia, actué junto con el resto de l@s afectad@s para intentar modificar nuestra cotidianidad y acabar con la mercantilización de la vida. Por todo esto no podemos ni queremos funcionar con partidos o sindicatos amarillos, ni pedirle al gobierno de turno que ilegalice a éste o a aquel partido.

Para ello es necesario no sólo pensar que con un acto como éste ya está todo hecho, sino que la lucha es cada día, en nuestros barrios, en los trabajos, centros de estudio, etc. Se han perdido los espacios de encuentro entre la gente, que poco a poco deberíamos recuperar, así como la posibilidad de actuar en la calle. La democracia ha generado todo un sistema que permite al “ciudadan@” (una etiqueta con la que el sistema trata de ponernos a tod@s al mismo nivel: explotad@s y explotadores/as, opresores/as y oprimid@s) actuar dentro de unos cauces establecidos y ha convertido las urnas en la única forma de expresión que nos queda. A su vez, el capitalismo ha hecho de la calle un espacio limitado al tránsito de mercancías, entre ellas nosotr@s, y a la admiración compulsiva de escaparates.

Es necesario que recuperemos la calle como lugar de encuentro con nuestros iguales y de enfrentamiento con el capital y el estado. Por ello, el domingo 21 de noviembre, saldremos a manifestarnos y hacer presente nuestra oposición al Estado y cualquier forma de opresión.

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