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2017/06/08

BIOGRAFIA DE JOSEBA ASENSIO ARTARAZ "KIRRULI" EN EL 31 ANIVERSARIO DE SU MUERTE EN PRISION

   
      
         Joseba Asensio Artaraz nació en Bilbo el 21 de abril de 1959. En estos años Bilbao era una ciudad que crecía de forma desmesurada en medio del caos urbanístico y la polución, con notables diferencias sociales. Sin embargo, Joseba siempre amó  a su ciudad natal.
 
En su familia convergían distintas procedencias e ideas. Como dice Begoña, su hermana mayor, “aunque en casa hubiera distintos modos de pensar, los cuatro hermanos coincidíamos en el caso del problema nacional. Nuestro padre estuvo exiliado en Gran Bretaña durante la guerra civil española.
 
Cuando volvió a Bilbao se puso a trabajar en Firestone, y aquél fue su único oficio. En cuanto a la forma de pensar, se enraizaron dos cuernos distintos en casa. Por un lado el abuelo, de Valladolid, un trabajador comunista llegado a Bilbao, prisionero en la posguerra. Por otro lado, la familia de la abuela, nacionalista y comerciantes autónomos.”
 
Fue muy importante para Joseba la época de estudiante en el instituto de Txurdinaga. Según su madre ”Joseba siempre fue un niño muy dinámico. Fue partícipe de un grupo de Scouts con los que iba a todas partes. Cuando tenía 8 años se hizo miembro de una sociedad filatélica que estaba en General Concha. Estas aficiones le duraron hasta la juventud. A partir de 1975 ofrecía todas sus horas a su compromiso político.”
 
Sus compañeros de estudios recuerdan su época de esudiante cuando estaban comprometidos políticamente. “Cuando se formó IAM (Ikasle Abertzaleen Mugimendua) dejamos atrás ODEM. Joseba era de esos que hablaban en las reuniones, y que siempre protestaban en  primera fila.
 
También estuvo en EKT (Euskal Kultur Taldea).Los grupos se formaron en los centros de enseñanza, pero cuando llegó la Reforma, se incluyeron en EHAS, de donde surgió HASI”.
 
Para entonces, Joseba llevaba un par de años aprendiendo euskera. Iba a una escuela nocturna y aprendía muy rápido. “En su proceso de euskaldunización”, dice un amigo,” se tragaba todos los escritos que llegaban a sus manos. Sucedía lo mismo cuando era material político. Los textos sobre historia de Euskal Herria, por ejemplo, duraban muy poco entre ss manos.El libro “Vasconia” de Krutwigse lo leyó en un momento también”.
 
Al poco tiempo consiguió el título D de Euskaltzaindia, y de 1977 a 1979 enseñó euskera en la escuela nocturna de Sestao y también en la Escuela de Comercio y en AISS. Mientras, seguía perfeccionando la lengua, y cuando estuvo en prisión siguió estudiando con el propósito de conseguir el título EGA.
 
Los amigos tienen muchas anécdotas de Joseba para contar. A cueta de una de ellas se le puso el mote con el que sele llamaría durante muchos años. “En 1977 estábamos en Gasteiz. Era el último Aberri Eguna que el Gobierno Civil no autorizaba. Caía la nieve, y la capital de Araba estaba invadida por la policía. Joseba se acercó a uno de ellos con la intención de tirarle una bola de nieve, pero al darse cuenta de que otro le seguía por detrás, echó a correr. Fue vistosa la carrera de Joseba”. Su huída apareció al día siguiente en periódicos y televisiones. Desde entonces le llamaron “Olímpico” en Bilbao, y en la cárcel, en cambio, Joseba Aberri Eguna. “No sé de dónde sacó fuerzas aquel día, porque era débil y delgado”.
 
En 1980 se frustró la militancia clandestina que llevaba desde 1978. Estuvo diez días incomunicado en la DGS de Madrid, en manos del policía “Billy el Niño”. Como resumía el propio Asensio, “aquellos diez días fueron como estar en el infierno de verdad”.
 
Entonces empezó su historia en las cárceles. Hizo seis huelgas de hambre. Se debilitó todo su cuerpo y su vista, y quedó sin capacidad para superar las enfermedades.
 
Conoció las cárceles de Carabanchel,  Burgos, Soria, Puerto de Santa María, Alcalá-Meco y Herrera de la Mancha en sucesivos traslados. “Era un preso más”, dice un amigo de Kirruli. “Abierto y hablador, había aprendido a vivir en la cárcel. Era muy tranquilo; tal vez por eso se dormía todas las mañanas. Se matriculó en la Facultad de Periodismo de Leioa en la rama de euskera, y se lo tomó muy en serio. Leer y escribir eran sus quehaceres. Entre todas las lecturas prefería la narración. En cuanto a su relación con los otros presos, era provocador, le gustaba tomar el pelo a la gente. Charlar con él era muy agradable, lo pasábamos bien. Una vez, en el tercer módulo, los compañeros le regalaron un libro titulado “El derech a la pereza”. Kirruli agradeció mucho el regalo.
 
Pero Kirruli era un luchador para el resto de los presos. “Aunque le quedaba poco tiempo para cumplir la condena, Kirruli estaba en todas las salsas y conflictos. No le preocupaba el riesgo de que s se le alargara la condena. Allí andaba él, siempre preparado para la lucha.”
 
En enero de 1982, despues de una huelga de hambre de 36 días, los médicos de Carabanchel le diagnosticaron una pleuritis. A pesar de que el médico que le trataba en el hospital intentó que permaneciera ingresado, Joseba fue sacado del hospital y tasladado a Puerto de Santa María. A partir de ahí, ningún reconocimiento médico para ver si su pleuritis había sanado. Ante cualquier recaída le daban jarabe y pastillas para la tos, sin ningún tipo de exámen.
 
El 9 de junio de 1986 encontraron muerto a Joseba en su celda de Herrera de la Mancha. Le mató la tuberculosis. “Estaba para terminar la condena de 9 años. Sospechaba que le iban a liberar en diciembre de ese mismo año. Pero no llegó. Con una simple radiografía podían haber detectado su enfermedad, pero sólo le daban vitaminas y pastillas para la gripe”, dice su hermana.

2017/04/29

ULTRAS NAZIS Y VICEVERSA (Y ALGUNA LAGRIMA DE COCODRILO)

"Este tipo de gente, US; FA o SGS es la que mató a Aitor Zabaleta, Guillem Agulló o Carlos Palomino. Pero según el criterio patrio, en Altsasu, una pelea de bar es terrorismo, pero en Bilbao, una agresión fascista al grito de Arriba España y llamando proetarra a una persona que toma un café, se queda en nada, o casi, a tenor por la denuncia de oficio que ha tramitado la Ertzaintza. España siempre ha protegido a sus chicos cuando se trata de las vascongadas."
 
A juzgar por sus pintas, el protagonista del día de ayer bien podría haber sido tronista de MyHyV en su versión 3000 viviendas. Si ya de por si el Betis era un club que tenía mala prensa en Bilbao por sus Lopera, Zozulya, Rubén Castro, los lanzadores de botellas y los ultras nazis que jalean el maltrato, ha tenido que venir el segundo Herrera a Bizkaia que se va por la puerta de atrás después de dar por culo. Es justo mencionar, no obstante, que muchos aficionados béticos les repudiaron públicamente.
Hacía tiempo que no veíamos a los ultrillas del club verdiblanco por el Botxo, y el recuerdo que teníamos era el de verles enjaulados en un hotel a la espera de ser devorados por las fieras en las horas previas de una semifinal de copa de infausto recuerdo. Tuvieron que ser sus amigos uniformados los que les sacaran las castañas del fuego. Como ayer, aunque con notables diferencias, a juzgar por el material gráfico que ellos mismos se encargaron de gestionar para darse autobombo.

No es que queramos darles un protagonismo que no se merecen. Pero tras la visita de los US y la de estos vainas, es evidente que los fachas se están viniendo arriba. Y lo hacen porque saben que, con el respaldo de las redes sociales y la impunidad con la que gozan, cualquier acción de mierda que hagan, como agredir a un transeúnte que está tomando el café mañanero (esa mentalitá siempre por delante), tiene mucho impacto en una ciudad no acostumbrada a agresiones y grupos de esta calaña. Resulta chocante, no obstante, la actitud de muchos ciudadanos (normalmente muy demócratas y correctos) pidiendo la asistencia de cierto repudiado grupo futbolero antifascista local para dar la cara contra ese elemento. Donde no tiene huevos de actuar ni la policía. Putos hipócritas.
 
Hoy todo el mundo se pregunta cómo, por qué, dónde está la policía…en fin, sorprende que se rasguen las vestiduras con los precedentes que hay y con lo bien que se llevan las Fuerzas de Seguridad con estos tipos. El caso es que comenzada la primera parte, un grupo de ultras béticos hizo acto de presencia en San Mamés, con sus uniformes negros, sus pancartas, su rojigualda y su fascismo, escoltados y protegidos. Y automáticamente nos vinieron a la mente las imágenes de hace una semana de la policía nacional cargando en la grada de Schickeria Munchen por tener una bandera mitad ikurriña mitad jamaicana. Qué rasero tan equilibrado hay en el Estado Español. Este tipo de gente, US; FA o SGS es la que mató a Aitor Zabaleta, Guillem Agulló o Carlos Palomino. Pero según el criterio patrio, en Altsasu, una pelea de bar es terrorismo, pero en Bilbao, una agresión fascista al grito de Arriba España y llamando proetarra a una persona que toma un café, se queda en nada, o casi, a tenor por la denuncia de oficio que ha tramitado la Ertzaintza. España siempre ha protegido a sus chicos cuando se trata de las vascongadas.
 
Suponemos que la Fundación Athletic está trabajando incansablemente en un documental sermoneándonos sobre el uso que hacen los fascistas del fútbol y lo mala que es la violencia en las gradas. Quizá les podemos ayudar con un pequeño spoiler. Gracias a, entre otros, el propio club, Sabin Etxea y la patronal (que son todo uno, como los Mosqueteros), hordas de estos nazis van a pasearse, libremente, por las calles de Bilbao durante la Eurocopa de 2020 a mayor gloria de los ingresos por eventos deportivos. Y ellos, los que nos sermonean, no van a estar en la calle ni para comerse sus agresiones, ni para dar la cara. Porque todo eso no se hace ni en una comisaría, ni en un despacho, ni en un palco y hace falta tenerlos bien puestos para enfrentarse a esta peña a pecho descubierto.
 
Hoy leemos en Deia, órgano propagandístico de Sabin Etxea y la directiva del Athletic, una tira de humor de su mesa de redacción. Muy indignados. Mucho. Casi violentos. Dándose golpes en el pecho y casi llamando a las armas entonando el “Vía fora“. Calificando al gobierno de Madrid de fascista…mientras el propio PNV negocia los presupuestos con ellos. Así tienen la cara, de cemento armado.
Y todo esto ocurre el día después del 80 aniversario del bombardeo de Gernika. La piel estaba muy fina en San Mamés y se notó. La entrada de los ultras vino acompañada de claros gritos que hacía tiempo que no se oían en La Catedral. El fascismo nunca es ni será bienvenido en Bilbao. Bueno, quizá por las autoridades sí, si es que los ultras dejan pingües beneficios en sus cuentas corrientes…
 
FUENTE:

2017/03/31

IZAR BELTZ AURRERA!


 
 
EUSTEN ARI GARA, Izar Beltz ez da beraiena, Izar Beltz Guztiona da. Apirilak 7, ostirala, 20.00etan Etxebarrieta Plazara hurbildu ( unamunora...) Haserre etorri dauzkazuen lapiko, txistu, megafono eta danbor guztiekin. Eta garbi ezazue eztarria, zeren eta argi geratu ez baldin bada, MANI ZARATATSUA izango da.

RESISTIMOS. Izar Beltz no Es suyo, Izar Beltz es de todxs. EL 7 de abril, viernes, a las 20.00 en Etxebarrieta Plaza (Unamuno..) traed cacerolas, pitos, megafono, tambores y bastante indignación. Y aclaraos las gargantas porque,  si no había quedado claro, será una MANI RUIDOSA.
 
IZAR BELTZ AURRERA


2017/01/30

ENTREVISTA AL COMUNISTA BILBAINO JUAN PUERTO por Enekoitz Esnaola

"...en la época de cuando mataron a Santi Brouard fue cuando comprendí que se podía ser comunista y abertzale. Hasta entonces creía que era una contradicción. Yo era comunista -y lo seré hasta la muerte-, y defendía el derecho de autodoterminación, pero no me sentía abertzale. Con Idigoras y Ziluaga entendí que ambas cosas eran compatibles."
 
Juan Puerto Morcillo (Calamonte, Extremadura; 78 años) era comunista en el siglo XX y lo sigue siendo en el siglo XXI. «Comunista hasta la muerte», dice. Con el tiempo, este militante veterano nacido en Extremadura y que desde los 22 años vive en Bilbao también se ha llegado a sentir abertzale. Después de formar parte del PCE y otros partidos, desde hace 8 años es miembro de Alternatiba. Está a favor de aglutinar a toda la izquierda vasca.
 
 diciembre en Gasteiz. Puerto  vive en Bilbao desde que tiene 22 años.
Eres de Extremadura, y naciste durante la guerra del 36. ¿Qué recuerdos tienes de la infancia? 
Buenos y malos. Mis padres eran republicanos, pero no estuvieron metidos en política. Mi padre tan solo conoció el trabajo; es lo único que sabía hacer. Una vez pegaron a mi madre, porque estaba ayudando a un republicano agarrando su escalera mientras pegaba un cartel. El Franquismo se ensañó en Extremadura contra la gente partidaria de la República. Pero en cualquier caso tuvimos momentos funestos en la familia. Mi hermano mayor se rompió un brazo cuando tenía 9 años, el médico se lo escayoló, pero tenía el brazo infectado y jamás se lo miraron. Murió por la gangrena. Yo todavía no había nacido. Después, cuando tenía 4 años, mi padre se ahogó cuando trabajaba en una presa. Por aquel entonces mi madre estaba embarazada de mi hermana. Ella tuvo que trabajar muy duro para sacar la familia adelante. Trabajó como costurera en casa de varios ricos.
¿Cuándo y cómo fuiste adquiriendo conciencia política? 
Los chavales a los 12-13 años ya éramos adultos. Trabajábamos, y fue así como me fui concienciando a favor del comunismo. Recuerdo algo que me dijo un señor mayor llamado Antonio: que nunca me arrimara a los capitalistas, porque me explotarían por completo. En nuestro pueblo tenían a mucha gente en la miseria y la esclavitud. Pero de algún modo, aguantábamos. Luego en casa de la que acabaría siendo mi mujer, se escuchaba siempre la radio Pirenáica [oficialmente, era la Radio España Independiente irratia zen, creada por el PCE].
¿Hubo fusilamientos franquistas en tu pueblo, en Calamonte? 
Sí, a 62 personas. Solo en mi calle, a cuatro. En esa época vivían unas 5.000 personas en Calamonte. Trataban fatal a las familias de los fusilados. Por ejemplo, hacían firmar a las viudas que sus maridos habían muerto de forma natural a cambio de no llevarse a sus hijos para ser soldados y pudieran ayudar en casa. Todo esto me generó en mí ganas de luchar.
¿Tú conociste el hambre? 
Yo no, pero conocí a niños que pasaban hambre. Con tener pan y aceite, salvábamos el día, pero no era el caso de todos.
En 1960, con 22 años, vienes a Bilbao. ¿Por qué? 
Tuve tambíen oportunidad de viajar a Alemania y a Catalunya, pero Bilbao era la opción que más me tiraba. En mi pueblo había una barbería a la que llabaman la barbería del Athletic, donde se reunián muchos aficionados; yo entre ellos. Tenía ganas de venir a Bilbao, y me animé a hacerlo junto con unos amigos.
¿Dejando a la familia en Calamonte? 
Sí. Me costó mucho dejar allí a mi madre. Pero cuando dos años despúes murió mi abuelo, vinieron ella y mi hermana.
¿En Bilbao, a dónde viniste? 
Al barrio de Arangoiti, que por aquel entonces estaba en construcción. De cada diez, nueve éramos extremeños.
¿Cómo era el Bilbao que econtraste? 
Veía mucha pobreza, muchas chabolas. Yo empecé a trabajar en una cantera en 1960, y con lo que ganaba me pagaba el alquiler de una habitación. En 1962 empecé a trabajar en la fábrica de Etxebarria.
Antes has mencionado al Athletic. ¿Solías ir a San Mamés? 
Enseguida me aboné al Athletic, e iba a San Mamés con muchísima ilusión. Yo creo que todos los que vinimos de Extremadura éramos del Athletic. Una vez, antes de un partido del Athletic contra el Real Madrid, fuera del campo alguien me ofreció 60 pesetas por mi entrada. Por aquel entonces costaría unas 15, pero aún así, no le acepté el dinero y me quedé con la entrada. Faltaría más.
Cuando llegaste a Euskal Herria, ¿cuánto ganabas? 
Unas 450 pesetas a la semana. De ahí, 250 se iban para pagar las dos habitaciones que tenía alquiladas para mí, mi madre y mi hermana, además de la comida.
¿Cuál era el clima laboral? 
Al poco de entrar a Etxebarria, se convocó una huelga de dos meses. Había una gran represión, pero los trabajadores demostraban mucho valor.
¿Qué lograsteis con la huelga? 
Nada. Yo acababa de entrar, pero había gente que llevaba trabajando años y, al acabar la huelga, entraron como nuevos; tuvieron que empezar de cero. Por necesidad, tuve que empezar a hacer otros trabajos fuera del horario laboral, como por ejemplo cargar camiones en Otxarkoaga. Conseguí llegar a ganar mil pesetas a la semana, que nos permitía vivir con algo más de dignidad. Hasta que llegué a poder comprar una casa en el muismo Arangoiti, creo que en 1968, a los ocho años de llegar a Bilbao. Me costó 80.000 pesetas. Tres años antes me había casado, en Calamonte, tras lo que vino tanto mi mujer como toda su familia.
¿Cuándo empezaste a militar? 
Al entrar a trabajar a Etxebarria, en 1962. Me afilié a CCOO, pero tambíen empecé en el PCE. Eran tiempos de clandestinidad, había muchas reuniones. Entonces CCOO era el sndicato más combativo.
¿Alguna vez estuviste en cargos de dirección? Estuve en el PCEP pero no por ganas. Yo siempre he preferido trabajar en las bases.
En la época en que llegaste a Bilbao, ETA acababa de nacer, y algunos fundadores vivían en Bilbao. ¿Había alguna relación con ellos? 
Relación no. Conocía a un militante abertzale llamado Etxabe, porque vino a nuestro barrio, pero yo no sabía que era de ETA; lo supe después.
¿Estuviste preso alguna vez? 
No, aunque me detuvieron dos veces. Estábamos fichados. Yo no recibí torturas; psicológicas sí, y malos traros. Mucha gente pareció torturas físicas, pues la policía torturaba mucho. Además, tenían métodos concretos para controlar a la gente: si estaban siguiendo a un grupo de ocho, metían a siete en la cárcel y al octavo lo dejaban libre para después seguirle la pista. Como a mi no me metieron preso tras esas dos detenciones, tenía la preocupación de que me seguían.
¿Había en Euskal Herria un movimiento anti-franquista mayor que en España? 
Sí, mucho mayor, sin duda. En Extremadura había mucho miedo, y por eso mucha gente tenía una actitud servil. Aquí me sentía más agusto, a mi salsa. Había que pelear por la libertad, y el objetivo era quitarse a Franco de enmedio. Había una nacionalismo nuevo estructurado – ETA-, y eso benefició al movimiento anti-franquista. Los del PNV también eran abertzales, pero no eran de luchar hasta el final.
¿Qué te pareció el camino emprendido por el PCE tras la muerte de Franco? 
El PCE era el partido organizado en la clandestinidad. Tenía gente con una gran conciencia de lucha. Pero luego llegó la mal llamada democracia y no no fui partidario de ese tipo de transición. Escuchaba en el PCE que había que aceptar algunas cosas por los militares, pero yo siempre estuve en contra. Mira que constitución se hizo, ¡una que no cumplen! ¿Dónde están el derecho a la vivienda y al trabajo digno...? Además, siguieron la misma policia y el mismo ejército, sin pedirles cuentas por los asesinados durante el franquismo. Dejé el PCE y creamos el EPK Partido Comunista de Euskadi. Tuvimos la ayuda de la URSS.

¿Qué tipo de ayuda? 
Teniamos contacto, nos decían que tenían un gran interés en fortalecer partidos comunistas vascos. Pero lo dejaré ahí, porque no quiero comprometer a cierta gente.
El PCE defendía el derecho de autodeterminación... 
Solo sobre el papel. Había poca actitud. Estando en el EPK tuvimos una mayor relación con gentes de la izquierda abertzale; sobre todo de HASI [Herri Alderdi Sozialista Iraultzailea]. En HASI estaba Txomin Ziluaga, que me gustaba mucho como político.
Santi Brouard tambíen era de HASI. 
Cuando lo asesinaron [1984], estuve en el homenaje que le hicieron en Bilbao. Fue increible, impresionante. Año y medio después, estuve en un pueblo de Sevilla, Badalatosa, en la inauguración de la barriada Santi Brouard. Fue un acto organizado por revolucionarios andaluces, la gente de Comisiones Obreras del Campo. Allí estuvieron Jon Idigoras yTxomin Ziluaga, junto con la viuda de Brouard y su hija. Recuerdo las palabras de la viuda [Teresa Aldamiz]; un discurso revolucionario, increible. Aparecieron pintadas contra Idigoras, pero nos reimos con ello. Fue en esa época cuando comprendí que se podía ser comunista y abertzale. Hasta entonces creía que era una contradicción. Yo era comunista -y lo seré hasta la muerte-, y defendía el derecho de autodoterminación, pero no me sentía abertzale. Con Idigoras y Ziluaga entendí que ambas cosas eran compatibles.

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