"En una sociedad capitalista, solo vale el dinero. Como se ve en la
comedia policial Todo sobre los Benjamins, el billete vale más que la
persona. Ganancias. Y punto."
Desde el principio del tiempo humano, las
comunidades construyeron ciudades al lado de los ríos, porque el agua –
el agua fresca – era la fuente de la vida. El Cairo (que antes se llamó
Fustat), dependía del Río Nilo; Londres, (y antes, la ciudad colonial
romana de Londinio) fue construida a las orillas del Río Támesis; París
(originalmente conocida como Par-Isis, o La Casa de Isis) creció de las
aguas del Río Siena; Roma llegó a ser un imperio al borde del Río Tíber.
Las ciudades se nutren de las aguas de los ríos, y crecen gracias a
ellos. La ciudad de Flint, Míchigan, tomó su nombre del Río Flint, del
pedernal duro y oscuro que formaba el cauce del río. Durante décadas
General Motors usó estas aguas y luego tiró sus desechos químicos y
efluvios al río, hasta convertirlo en el brebaje corrosivo y tóxico
actual. De hecho, cuando las aguas llegaron a ser tan ácidas que
dañaban partes de los automóviles, General Motors abandonó la ciudad,
cerrando sus operaciones.
Éstas son las aguas canalizadas a los hogares de Flint por las
autoridades del gobierno de Míchigan, con sus llamados “poderes
administrativos de emergencia”, en su afán de ahorrar dinero. Las aguas
que dañaron y disolvieron metales fueron consideradas suficientemente
buenas para alimentar a la población de seres humanos en una ciudad
moderna de los Estados Unidos.
¡Miles, decenas de miles, de seres humanos envenenados! Para incrementar las ganancias de una corporación.
¿Por qué esto no es un crimen?
¿Por qué no fue un crimen envenenar un río desde el principio?