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2015/11/08

LA EXPERIENCIA DE UN PERIODISTA VASCO EN PRISIÓN. ENTREVISTA A JABIER SALUTREGI DIRECTOR DE «EGIN»

"Los periodistas han cogido una preponderancia absoluta. Aquella humildad que daba el saber estar, el ser consciente del cometido que tenías, todo eso se ha perdido. Los periodistas somos periodistas, lo único que tenemos que hacer es transmitir las informaciones lo más rigurosamente posible. Se han perdido las nociones básicas del periodismo. Ahora se creen dioses. Y el periodismo son trincheras. Cada periódico es una trinchera. Lo malo es que casi todas las trincheras son de derechas."
 
Mertxe Aizpurua
GARA

Ostenta el amargo récord de haber sido el único director de periódico encarcelado en la Europa de este siglo. En la memoria quedan Alcalá, Picassent y Burgos, tres escenarios de una condena de siete años y medio que dilataron un tiempo de pesadilla. Reconoce que en estos escasos días de libertad ha vuelto mentalmente a la cárcel unas cuantas veces. Sobre todo cuando no puede dormir. ¿Sus planes de futuro? «Mira qué sonrisa se me pone», responde. Es, ciertamente, una amplia sonrisa. «Me he jubilado, estoy bien», subraya. Y anuncia paseos, lecturas y disfrutes tranquilos. Vivir, ponerse al día y, además, «ahora me ha dado por pintar. Mal –aclara entre risas–, pero me entretiene».

 Ha tenido cálidos recibimientos a la puerta de la prisión de Burgos y en su pueblo, en Ea. ¿Qué sensaciones ha tenido?
Son sensaciones explosivas. Aunque lo esperas, no sabes cómo va a ser hasta que no estás ante ello. Me ha sobrepasado y me ha emocionado. Ver a la hija de Josu Muguruza en persona, a la que no conocía apenas, me rompió un poco por dentro. Sí, ha sido brutal, emocionante.

¿Cómo ha sido la experiencia de estos años en prisión?
Sabes por qué estás, pero al final acabas preguntándote para qué. Allí lo único que puedes hacer es enfrentarte a ti mismo. Es bueno por un lado, pero también es malo porque te revuelves con tus neuronas. La cárcel es jodida, para qué vamos a decir tonterías. Haces amistades de hierro, tienes tiempos de mucha introspección y hay que tener voluntad para estudiar, para leer, para dominar la rabia. Pones en marcha tus mecanismos de defensa, alzas muros para no hipersensibilizarte y relativizas mucho todo. Las cosas que has dejado fuera, los malos genios, las malas leches y todas esas cosas te parecen estúpidas. Y en fin... quieres más a la gente.

En realidad, y son sus palabras, la condena comenzó hace diecisiete años y medio... ¿Qué ha sido lo más duro de este proceso?
Todo en su conjunto. Son diecisiete años de pesadilla. Lo pasé muy mal y reconozco que además estaba mal. Creo que si me hubieran metido a la cárcel y hubiera hecho todo de una tacada, habría sido muchísimo mejor que ir por etapas. Además, metieron el caso ‘‘Egin” dentro de un montón de piezas y entonces se difuminó mucho. Eso también me dio mucho coraje. Si a “Egin” lo hubieran juzgado como a “Egunkaria”, por ejemplo, en un caso especial, único, creo que habría sido diferente.

¿En qué habría sido diferente?
No se habría difuminado la culpabilidad o no culpabilidad de “Egin”. Se habría centrado mucho más en lo que era un periódico, en lo que era la libertad de expresión, en lo que era borrar del mapa una empresa periodística. Y nos mezclaron con gente que vendía bacalao por un lado, que defendía la desobediencia civil por otro, que eran del aparato de Exteriores de Herri Batasuna... Era el «todo es ETA». Todo era ETA y todos a la cárcel. Al introducirse el caso “Egin” dentro de ese conglomerado, “Egin” era una cosa más. No me sentí con fuerza suficiente para salirme de ahí y decir: somos distintos. Quizá tampoco distintos, pero sí somos diferentes.

A su salida dijo que ha aprendido mucho en prisión. A una persona bien informada como usted, ¿qué le ha enseñado la experiencia de la cárcel?
Te enseña mucho. Por ejemplo, ahora tengo otra concepción sobre la delincuencia común. Creo que la gente que está en la cárcel tiene el delito como un instrumento de supervivencia. Son conscientes de que ésa es su forma de vivir porque no tienen otra. Aprendes que son seres humanos, seres humanos como cualquier otro, pero sin opciones, y viven así, de sus atracos y de sus detenciones. Y llegas a aceptarlo y los ves de otra manera. No como delincuentes. En la cárcel relativizas todo.

Y respecto a los presos políticos vascos, ¿qué le ha enseñado que no supiera ya?
Nos enseñamos los unos a los otros. Ver cómo mantienen sus convicciones es de una dignidad tremenda. Nos enriquecemos entre nosotros, con las visiones que tiene uno sobre la vida, el otro sobre la política... Debates fortísimos muchas veces, a cara de perro, pero al día siguiente igual de amigos. Eso es una maravilla.

Los encarcelados por “Egin” no son precisamente jóvenes. ¿Cómo ha influido en su caso el factor de la edad?
Las diferencias generacionales a veces son casi insuperables. Me he dado cuenta de que nosotros tenemos que transmitir mucha historia. Y no hemos sabido transmitirla. Es culpa nuestra porque no hemos sabido transmitir todo nuestro bagaje. Y te tropiezas con gente que te pregunta, por ejemplo, quién es Jon Idigoras. Por otro lado, si la cárcel ya es dura, para una persona que está rozando los 70 es tremenda.

Durante estos años han muerto algunos de sus compañeros procesados. ¿Cómo ha vivido ese tipo de situaciones?
Las muertes en la cárcel tienen un sentido totalmente diferente. No sabes hacer el duelo, no se te mueren del todo, están todavía vivos para ti. Al salir es cuando ves las calvas, ves la gran foto tuya, la de tu vida, ves la masa coral de toda la gente que has conocido y de repente ahí hay ausencias. Y es cuando verdaderamente empiezas a darte cuenta de que se han muerto. Es así. Y es muy duro. Tremendamente duro. Es una sensación muy rara la de la muerte. Y luego están esos mecanismos de defensa de los que antes hablaba. Proteges tu sensibilidad como sea y al principio las situaciones duras no te hacen tanto daño, pero poco a poco van penetrando, te estallan dentro y te resquebraja. Incluso la muerte de tu perro.

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