"...es habitual que cuando las fuerzas policiales consiguen acceso
a nuevas tecnologías de vigilancia, estas se desplieguen rápidamente
antes de que se pueda establecer un mecanismo para regular su uso."
“Parecía muy sospechoso”. Así recuerda M un correo
electrónico anónimo que recibió junto a varios periodistas más a finales
de 2014. Prometía una exclusiva sobre un escándalo del gobierno. Algo
no encajaba. Poco después, empezaron a pasar cosas extrañas en su
portátil. “Recuerdo claramente no poder conectarme por Skype para hacer una entrevista sobre las torturas”, dice. “Había como interferencias y tuve que pedir prestado otro teléfono”.Después de entregar un documento adjunto del correo electrónico a unos expertos de seguridad, descubrió que tanto ella como sus compañeros habían sido víctimas del Sistema de Control Remoto (RCS, por sus siglas en inglés), un sofisticado programas de espionaje desarrollado por una pequeña empresa italiana llamada Hacking Team. Más adelante, supo que era su propio gobierno el que lo utilizaba contra ella; seguramente no compartían su trabajo periodístico. Es por eso que nos cuenta su historia bajo el anonimato. Teme nuevas represalias.
M es sólo una de las miles de personas que probablemente han sido pirateadas con RCS por alguna de las agencias de inteligencia y cuerpos de seguridad que han comprado el programas. A medida que gobiernos y fuerzas del orden aumentan el uso de este tipo de herramientas, más motivos hay para creer que no sólo los criminales y las personas enfrentadas a un gobierno autoritario tienen motivos para preocuparse.
Tras los ataques de París, personas como el director de la CIA, John Brennan, y el comisario de policía de la ciudad de Nueva York (EEUU), Bill Braton, se quejaron de que el cifrado está neutralizando las técnicas convencionales de vigilancia. Es un sentimiento compartido por algunas autoridades europeas y que puede impulsar las ventas de RCS, el cual Hacking Team comercializa como una solución para el “problema” del cifrado porque piratear el móvil u ordenador de alguien puede revelar datos protegidos.
También ayudará a la competencia de la empresa italiana. Los expertos que siguen su actividad aseguran que sólo representa la más conocida de muchas otras compañías vendedoras de herramientas similares. Se trata de programas capaces de permitir que hasta la policía local utilice técnicas otrora exclusivas de las grandes agencias de inteligencia.
Lo que sabemos acerca de Hacking Team demuestra que la comercialización y divulgación de estas técnicas está plagada de problemas tecnológicos, morales y legales. Problemas a lo que apenas se atiende mientras su uso se convierte en algo común. Cuanto más accesibles sean para la policía y similares, más crece la posibilidad de abusos. “Antes de que el pirateo pase del FBI a las agencias policiales estatales y locales, necesitamos urgentemente debatir acerca de si y cómo se deben emplear tales herramientas de vigilancia”, afirma Christopher Soghoian, tecnólogo jefe de la Unión por las Libertades Civiles.




