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2016/12/11

ENTREVISTA AL PERIODISTA CATALAN RAFAEL POCH DE FELIU por Angel Ferrero

“...si la estadocracia, los propietarios del asunto soviético, hubieran querido, habrían podido mantener el sistema 20 o 25 años más con un ajuste andropoviano. Dentro de ese universo desencadenante, fue la lógica de la lucha por el poder de la estadocracia rusa la que determinó la disolución...”
 
A estas alturas Rafael Poch de Feliu (Barcelona, 1956) precisa de pocas introducciones. Testimonio privilegiado de los grandes cambios de finales del siglo XX y comienzos del XXI en Rusia y en China, donde se ha desempeñado como corresponsal para La Vanguardia, Poch es autor de varios libros como La Gran Transición: Rusia 1985-2002 (Crítica, 2004), traducido al ruso y al chino.
 
Este mes se cumplen 25 años del fin de la Unión Soviética. Entonces eras corresponsal en Moscú, ¿cómo era el ambiente en Rusia?
 
Rusia no existía. Se vivía en la URSS, un superestado a la vez cosmopolita –con un pluralismo civilizatorio inaudito– y uniforme, donde encontrabas el mismo sofá Schomberg, fabricado en la RDA, en un despacho de Ucrania occidental y en un hotel de Kamchatka, a once usos horarios de distancia. El ambiente cambiaba con gran rapidez. En 1987, cuando llegué por primera vez como estudiante, era de expectativa. Los jóvenes solo pensaban en pantalones tejanos y en inocentes trapicheos menores. Los policías no llevaban pistola. En general, reinaba una sorda expectación por dejar atrás los agobios y miserias de la vida soviética de los años 60 y 70, magistralmente descrita por José Fernández en Memorias de un niño en Moscú. Aún en 1988, mezclado con el generalizado cinismo, había esperanza en los cambios, pero se hacía sentir el impacto del desabastecimiento. El sistema había abierto la mano y dio lugar a una general relajación y caída de la disciplina, concepto económico fundamental en aquel universo. No se curraba. No había estrés laboral, pero se pasaba mucha penalidad por llenar la despensa. Había mucho sexo, pero pocas risas.
 
En 1990 y 1991, sobre todo eso, se impuso la extrañeza y la incertidumbre. En el ambiente juvenil de 1990 sonaba la inquietante música de Viktor Tsoi. Al calor del deshielo, los intelectuales habían girado en cuatro días desde una disidencia íntima, cobarde y secreta, perfectamente compatible con el conformismo, hacia una especie de estalinismo capitalista que loaba el radiante porvenir de la humanidad y el ‘regreso a la civilización’. Los dirigentes y cuadros del sistema más avispados se disponían a realizar la profecía de Trotski, formulada en 1936, que decía que la burocracia acabaría transformándose en clase propietaria porque “el privilegio sólo tiene la mitad del valor si no puede ser transmitido por herencia a los descendientes”, y porque “es insuficiente ser director de un consorcio si no se es accionista”. Las loas a Von Hayek de los intelectuales estalino-capitalistas estaban en sintonía con eso. Respecto al pueblo, sufría y despotricaba, desde ese lúcido e indigno anarquismo ancestral del siervo ruso. En las repúblicas la suma de casi todo lo expuesto desembocaba en el vector nacionalista. Liberadas del miedo, algunas de ellas, en el Cáucaso y en Asia Central, comenzaban a zurrarse con sus vecinas… Todo eso, envuelto en la enorme sensualidad rusa, en los secretos que se iban desvelando (creo haber sido el primer periodista europeo en llegar a la orilla del mar de Aral, y uno de los primeros en acceder a la frontera chino-soviética o a Kamchatka), era, sencillamente, sensacional e irrepetible. Después de vivir aquello, cualquier aventura vital solo podía saber a poco.
 
Desde hace años proliferan los comentaristas que aseguran que el fin de la URSS era “inevitable”. Sin embargo, leyendo textos de la época parece que el fin de la URSS más bien tomó por sorpresa a casi todo el mundo. Sin entrar en el complejo debate sobre las causas de su desaparición, ¿qué destacaría de aquel episodio tan importante?
 
La sorpresa vino de que nadie tuviera en cuenta el mencionado escenario de Trotski, es decir, que fuera la propia clase dirigente, la estadocracia, la que desencadenara y propiciara la transformación y la disolución. Aún hoy algunos despistados continúan achacando la disolución de la URSS a la presión de Reagan, al papa Juan Pablo II y hasta a los nacionalismos que fueron su consecuencia. La simple realidad es que si la estadocracia, los propietarios del asunto soviético, hubieran querido, habrían podido mantener el sistema 20 o 25 años más con un ajuste andropoviano. Dentro de ese universo desencadenante, fue la lógica de la lucha por el poder de la estadocracia rusa la que determinó la disolución: llegó un momento en el que para que el grupo de Yeltsin conquistara el el Kremlin había que disolver el superestado soviético. Así de banal fue la sorpresa.
 
En el centro de este drama se encuentra Mijaíl Gorbachov, cuya figura y legado son aún hoy objeto de una fuerte controversia no sólo en Rusia, sino en los países del antiguo bloque socialista y entre la izquierda europea. ¿Qué balance puede hacerse de los años de Gorbachov al frente del Kremlin?

Gorbachov era uno de los raros dirigentes que creía en el socialismo. No en el “socialismo soviético” heredero de una amalgama de Stalin y las experiencias de la guerra y la posguerra, sino en algo más genuino situado entre Lenin (léase como lo recuperable de la historia soviética) y la socialdemocracia europea. En un contexto de economía estatalizada, eso arroja un resultado bien diferente al de, digamos, un SPD neoliberal. Lo intentó y fracasó. Su punto flaco fue haber subestimado dos cosas: el nivel de podredumbre de la estadocracia rusa y eso que llamamos imperialismo, es decir, el dominio político y económico de las potencias fuertes sobre las débiles, que los occidentales aplicaron inmediatamente hacia la URSS/Rusia en cuanto percibieron sus dudas, debilidades y desbarajustes internos. Hay que decir que sin haber estado animado de ese optimismo, Gorbachov no habría emprendido nada. El mero intento fue un éxito humano, por más que el resultado haya sido bastante malo. Pero en ese resultado –una Rusia oligárquica y capitalista y una situación global que ni siquiera nos ha liberado del peligro nuclear y hasta de la guerra en Europa–, la responsabilidad de Gorbachov va muy por detrás de la de otros.
 
A mí, su gestión al frente del Kremlin me induce un gran respeto y asombro por el hecho de que un honesto muzhik de Stavropol llegara a ese mando con ideas y reflejos tan sanos. De puertas adentro, Gorbachov ofreció lecciones a su pueblo –como la transferencia de su poder de autócrata a cámaras representativas– que éste no comprendió porque no estaba preparado para ellas y que contradecían radicalmente la lógica histórica del poder moscovita. De puertas afuera ofreció acabar con la guerra fría y el arma nuclear, abriéndole la puerta a un siglo viable en el que la cooperación internacional abordara los grandes retos globales. Occidente prefirió omitir esa oportunidad para meterse en la utopía monopolar, comenzando por el desastroso y criminal intento de dominar por completo el Oriente Medio, es decir, un más de lo mismo. Así nos va. El actual imperio del caos no es, en absoluto, responsabilidad del idealismo de Gorbachov, que ha sido un gran hombre del siglo XX.
 

2016/03/24

ENTREVISTA A LA PERIODISTA CHIKA ODUAH SOBRE ESTEREOTIPOS MEDIATICOS Y LA SITUACION DE NIGERIA por Izaskun Sánchez Aroca

"No es la primera vez que hay grupos en Nigeria que se levantan en nombre del islam, también pasó en los 70 y los 80. Es como si la historia se repitiera. Después de la muerte de Gadafi en Libia muchos radicales musulmanes llegaron a Nigeria, en la ecuación también hay que meter al ISIS, un aliado de Boko Haram. Por otro lado, el papel de los británicos también fue muy importante porque en la época colonial el gobierno indirecto de Gran Bretaña generó enemistades, intentó suprimir el islam y a continuación llegaron los misioneros cristianos."

                               Últimamente parece que Google se ha convertido en uno de los mejores barómetros para reflejar cómo son los imaginarios colectivos en torno a determinados temas. El ejercicio es algo tramposo pero sin duda ilustrativo. Tecleas "África". Encuentras mapas, dibujos de la sabana con animales, niños negros muy delgados o mujeres negras llevando garrafas de agua.

Y aunque existe vida más allá de internet, es cierto que uno de los buscadores más usados a nivel mundial alimenta los relatos y fuentes de miles de estudios académicos y periodísticos que se reproducen de manera acrítica.

El resultado de Google coincide bastante con el análisis que hace Chika Oduah (Ogabru, Nigeria, 1987), una periodista que se ha convertido para los medios occidentales en la voz nigeriana para denunciar las atrocidades del grupo terrorista Boko Haram a través de medios como The New York Times, The Atlantic o Al Jazeera.

Oduah estuvo por Madrid hace más de un mes invitada por la Asociación de Mujeres de Guatemala para hablar de la situación de las mujeres nigerianas y el grupo terrorista Boko Haram, que, desde 2009, según datos de ACNUR, ha asesinado a más de 15.000 personas y ha secuestrado y abusado de miles de menores, mujeres y hombres.

"Estudié periodismo para mostrar otra realidad de mi país y aquí me tienes, hablando de violencia y terrorismo", confiesa Oduah

Tras más de media hora hablando del grupo terrorista o la trata de mujeres, las dos intentamos salir de esta espiral de miseria, trata y violencia con la que se retrata al país más grande de África. Porque Nigeria es mucho más que eso. "Efectivamente. Estudié periodismo para mostrar otra realidad de mi país y aquí me tienes, hablando de violencia y terrorismo", confiesa Oduah. "Cuando se habla de África todo el discurso se articula en torno a las tres D: diseases, destruction and doom (enfermedad, destrucción y desastre). Eso es lo que oímos una y otra vez, y no es verdad. Por ejemplo, para la gente en Estados Unidos, todo el mundo en África es pobre".

Oduah nació en Nigeria y es igbo, como la escritora Buchi Emecheta o como las decenas de mujeres que en 1929 lideraron una de las mayores revueltas del país, Aba Riot, contra el gobierno colonial británico. Con tan sólo dos años se mudó con su familia a Estados Unidos donde creció relacionándose sobre todo con la comunidad nigeriana.

Estudió antropología y periodismo y cuando ya estaba instalada en Atlanta, a los 26 años, decidió volver a su país natal. Lleva dos años instalada en Abuja, "lejos de todos los periodistas de la comunidad internacional".

Aún hay 219 niñas secuestradas y en paradero desconocido. La situación, además, no hace más que empeorar. ¿Qué medidas está tomando el Gobierno nigeriano y qué cobertura hay por parte de los medios internacionales?

Para encontrarlas el Gobierno necesita ser serio pero no creo que ahora mismo sea su prioridad. Está claro que necesitamos apoyo internacional, sobre todo tecnológico, para encontrar a esas niñas. Hace casi dos años, con el hashtag #BringBackOurGirls, se logró el objetivo central, atraer la atención internacional, pero una vez superado esto, debe ser el gobierno de Nigeria el que actúe. Los medios cada vez hacen menos cobertura porque es muy difícil llegar a Nigeria y ahora la prioridad es Siria.

Además del grupo terrorista Boko Haram, la población nigeriana se enfrenta a un Gobierno que de manera sistemática vulnera los derechos humanos, con detenciones arbitrarias y asesinatos como el caso de Giwa en 2014, donde, según denuncia Amnistía Internacional, el ejército mató a 640 personas.

El gobierno de Nigeria no está comprometido con los derechos humanos sino con derrotar a Boko Haram y, en sus cabezas, Boko Haram puede ser cualquiera, una chica pequeña, un niño, gente mayor... porque lo cierto es que este grupo terrorista está usando niñas para atentar. Los militares nigerianos cometen ataques indiscriminados, pero creen que están protegiendo a la gente.

Según ACNUR hay más de dos millones de personas desplazadas en el norte del país. ¿Qué consecuencias tiene esto para las mujeres y las niñas?

Las mujeres refugiadas son aún más vulnerables, necesitas alimentar a tus hijos y el hombre que vende cacahuetes te dice, 'de acuerdo, te doy si tienes sexo conmigo' y tú, qué vas a hacer, pues tener sexo con él porque quieres alimentar a tus hijos e hijas.

Cuando se analizan las causas del surgimiento de Boko Haram se habla mucho de la pobreza del noreste del país, donde no llega el reparto de recursos por parte del gobierno pero, ¿qué papel juega el antiguo poder colonial británico?

Efectivamente, el surgimiento de Boko Haram se relaciona con la pobreza y ésa fue una de las causas principales. Los líderes hablan de corrupción política, de la falta de recursos y de reparto de riqueza por parte del gobierno a pesar de ser un país rico, pero también hablan de la corrupción espiritual y de cómo el gobierno nigeriano se deja influir por Occidente. El componente religioso es muy importante. Creen que están haciendo el trabajo de Dios.

No es la primera vez que hay grupos en Nigeria que se levantan en nombre del islam, también pasó en los 70 y los 80. Es como si la historia se repitiera. Después de la muerte de Gadafi en Libia muchos radicales musulmanes llegaron a Nigeria, en la ecuación también hay que meter al ISIS, un aliado de Boko Haram. Por otro lado, el papel de los británicos también fue muy importante porque en la época colonial el gobierno indirecto de Gran Bretaña generó enemistades, intentó suprimir el islam y a continuación llegaron los misioneros cristianos.

2016/02/03

LLAMAMIENTO URGENTE EN DEFENSA DEL PERIODISTA PALESTINO QUE ESTA AL BORDE DE LA MUERTE por Carlos Aznárez

"...Al-Qiq, como tantos otros palestinos y palestinas sufre un tipo de detención que se denomina “administrativa”, una figura que permite a las autoridades israelíes mantener bajo custodia indefinidamente a miles de “ ospechosos” sin presentar cargos ni iniciar un proceso judicial, como hacen habitualmente las dictaduras militares."
                              Por favor recuerde su nombre. Se llama Muhammad al-Qiq, tiene 33 años y se está muriendo en la cárcel cumpliendo una huelga de hambre. Es periodista y ejerce la profesión en Palestina, un territorio ocupado y horadado por la violencia del invasor israelí desde 1948. Una nación que ha sufrido todo tipo de atropellos década tras década, y que por estos días asiste a una nueva vuelta de tuerca de la represión sionista contra quienes se rebelan a su dominio. En Gaza y en Cisjordania, miles de jóvenes protestan de diversas formas, y muchos de ellos son asesinados vilmente. Otros son detenidos. Todo ello frente al silencio de la mal llamada   “comunidad internacional” o la manipulación de los medios corporativos, que no es lo mismo pero es igual.

Sin embargo, no todos callan. Muhammad Al-Qiq, como haría cualquier reportero que se respete a sí mismo, venía informando día a día para el canal  “Al Majd”, sobre lo que veían sus ojos y sentía su cuerpo, con sólo dar un recorrido por las calles de Ramalah o de Jerusalén: niños golpeados y detenidos por arrojar piedras contra tanques, mujeres jóvenes asesinadas a las que se les “planta” un cuchillo para justificar el crimen, campos con cultivos de olivos arrasados, casas demolidas por pura venganza, ciudades como Hebrón o campos de refugiadas como Jenín, bloqueados militarmente y su población sufriendo todo tipo de humillaciones.

Precisamente, el informar con objetividad sobre la barbarie israelí, es el “ delito” por el que fue detenido y torturado Al-Qiq hace tres meses en su casa de Ramallah. Numerosas denuncias de organismos de derechos humanos palestinos e internacionales advirtieron que el periodista fue colocado en una posición conocida como la banana -con la espalda sobre una silla y atado de pies y manos por debajo de la misma–, permaneciendo en una posición forzada durante 15 horas en las que sufrió violencia sexual por parte de los interrogadores. Luego de sufrir esas sevicias lo enviaron a una de las tantas cárceles-tumbas que Israel posee para martirizar aún más a un pueblo que no está dispuesto a bajar la cabeza ante su prepotencia.

Pero hay algo más, Al-Qiq, como tantos otros palestinos y palestinas sufre un tipo de detención que se denomina “administrativa”, una figura que permite a las autoridades israelíes mantener bajo custodia indefinidamente a miles de “ ospechosos” sin presentar cargos ni iniciar un proceso judicial, como hacen habitualmente las dictaduras militares. Frente a esta injusticia y convencido de que si no luchaba por su libertad su suerte estaba prácticamente echada, este joven periodista decidió ponerse en huelga de hambre el pasado 25 de noviembre, para denunciar al mundo su situación. A partir de ese momento se intensificaron las medidas represivas y de presión contra el detenido. En dos oportunidades, el 30 de diciembre y el 17 de enero, jueces sionistas prorrogaron su encarcelamiento y rechazaron la apelación presentada por los abogados del Al-Qiq. Su situación de salud comenzó a agrietarse, y en un momento las autoridades israelíes decidieron trasladarlo al centro médico de la ciudad israelí de Afula, donde el colega detenido ratificó su voluntad de continuar la huelga de hambre “hasta conseguir mi libertad”. Si esto no sucediera “estoy dispuesto a morir”, expresó.

2015/12/23

LAS NUEVAS TECNOLOGIAS SON UNA FORMA DE CONTROL TOTAL Y MASIVO por Joseph Cox

"...es habitual que cuando las fuerzas policiales consiguen acceso a nuevas tecnologías de vigilancia, estas se desplieguen rápidamente antes de que se pueda establecer un mecanismo para regular su uso."
 
                                                                            
Parecía muy sospechoso”. Así recuerda M un correo electrónico anónimo que recibió junto a varios periodistas más a finales de 2014. Prometía una exclusiva sobre un escándalo del gobierno. Algo no encajaba. Poco después, empezaron a pasar cosas extrañas en su portátil. “Recuerdo claramente no poder conectarme por Skype para hacer una entrevista sobre las torturas”, dice. “Había como interferencias y tuve que pedir prestado otro teléfono”.

Después de entregar un documento adjunto del correo electrónico a unos expertos de seguridad, descubrió que tanto ella como sus compañeros habían sido víctimas del Sistema de Control Remoto (RCS, por sus siglas en inglés), un sofisticado programas de espionaje desarrollado por una pequeña empresa italiana llamada Hacking Team. Más adelante, supo que era su propio gobierno el que lo utilizaba contra ella; seguramente no compartían su trabajo periodístico. Es por eso que nos cuenta su historia bajo el anonimato. Teme nuevas represalias.

M es sólo una de las miles de personas que probablemente han sido pirateadas con RCS por alguna de las agencias de inteligencia y cuerpos de seguridad que han comprado el programas. A medida que gobiernos y fuerzas del orden aumentan el uso de este tipo de herramientas, más motivos hay para creer que no sólo los criminales y las personas enfrentadas a un gobierno autoritario tienen motivos para preocuparse.

Tras los ataques de París, personas como el director de la CIA, John Brennan, y el comisario de policía de la ciudad de Nueva York (EEUU), Bill Braton, se quejaron de que el cifrado está neutralizando las técnicas convencionales de vigilancia. Es un sentimiento compartido por algunas autoridades europeas y que puede impulsar las ventas de RCS, el cual Hacking Team comercializa como una solución para el “problema” del cifrado porque piratear el móvil u ordenador de alguien puede revelar datos protegidos.

También ayudará a la competencia de la empresa italiana. Los expertos que siguen su actividad aseguran que sólo representa la más conocida de muchas otras compañías vendedoras de herramientas similares. Se trata de programas capaces de permitir que hasta la policía local utilice técnicas otrora exclusivas de las grandes agencias de inteligencia.

Lo que sabemos acerca de Hacking Team demuestra que la comercialización y divulgación de estas técnicas está plagada de problemas tecnológicos, morales y legales. Problemas a lo que apenas se atiende mientras su uso se convierte en algo común. Cuanto más accesibles sean para la policía y similares, más crece la posibilidad de abusos. “Antes de que el pirateo pase del FBI a las agencias policiales estatales y locales, necesitamos urgentemente debatir acerca de si y cómo se deben emplear tales herramientas de vigilancia”, afirma Christopher Soghoian, tecnólogo jefe de la Unión por las Libertades Civiles.

2015/11/08

LA EXPERIENCIA DE UN PERIODISTA VASCO EN PRISIÓN. ENTREVISTA A JABIER SALUTREGI DIRECTOR DE «EGIN»

"Los periodistas han cogido una preponderancia absoluta. Aquella humildad que daba el saber estar, el ser consciente del cometido que tenías, todo eso se ha perdido. Los periodistas somos periodistas, lo único que tenemos que hacer es transmitir las informaciones lo más rigurosamente posible. Se han perdido las nociones básicas del periodismo. Ahora se creen dioses. Y el periodismo son trincheras. Cada periódico es una trinchera. Lo malo es que casi todas las trincheras son de derechas."
 
Mertxe Aizpurua
GARA

Ostenta el amargo récord de haber sido el único director de periódico encarcelado en la Europa de este siglo. En la memoria quedan Alcalá, Picassent y Burgos, tres escenarios de una condena de siete años y medio que dilataron un tiempo de pesadilla. Reconoce que en estos escasos días de libertad ha vuelto mentalmente a la cárcel unas cuantas veces. Sobre todo cuando no puede dormir. ¿Sus planes de futuro? «Mira qué sonrisa se me pone», responde. Es, ciertamente, una amplia sonrisa. «Me he jubilado, estoy bien», subraya. Y anuncia paseos, lecturas y disfrutes tranquilos. Vivir, ponerse al día y, además, «ahora me ha dado por pintar. Mal –aclara entre risas–, pero me entretiene».

 Ha tenido cálidos recibimientos a la puerta de la prisión de Burgos y en su pueblo, en Ea. ¿Qué sensaciones ha tenido?
Son sensaciones explosivas. Aunque lo esperas, no sabes cómo va a ser hasta que no estás ante ello. Me ha sobrepasado y me ha emocionado. Ver a la hija de Josu Muguruza en persona, a la que no conocía apenas, me rompió un poco por dentro. Sí, ha sido brutal, emocionante.

¿Cómo ha sido la experiencia de estos años en prisión?
Sabes por qué estás, pero al final acabas preguntándote para qué. Allí lo único que puedes hacer es enfrentarte a ti mismo. Es bueno por un lado, pero también es malo porque te revuelves con tus neuronas. La cárcel es jodida, para qué vamos a decir tonterías. Haces amistades de hierro, tienes tiempos de mucha introspección y hay que tener voluntad para estudiar, para leer, para dominar la rabia. Pones en marcha tus mecanismos de defensa, alzas muros para no hipersensibilizarte y relativizas mucho todo. Las cosas que has dejado fuera, los malos genios, las malas leches y todas esas cosas te parecen estúpidas. Y en fin... quieres más a la gente.

En realidad, y son sus palabras, la condena comenzó hace diecisiete años y medio... ¿Qué ha sido lo más duro de este proceso?
Todo en su conjunto. Son diecisiete años de pesadilla. Lo pasé muy mal y reconozco que además estaba mal. Creo que si me hubieran metido a la cárcel y hubiera hecho todo de una tacada, habría sido muchísimo mejor que ir por etapas. Además, metieron el caso ‘‘Egin” dentro de un montón de piezas y entonces se difuminó mucho. Eso también me dio mucho coraje. Si a “Egin” lo hubieran juzgado como a “Egunkaria”, por ejemplo, en un caso especial, único, creo que habría sido diferente.

¿En qué habría sido diferente?
No se habría difuminado la culpabilidad o no culpabilidad de “Egin”. Se habría centrado mucho más en lo que era un periódico, en lo que era la libertad de expresión, en lo que era borrar del mapa una empresa periodística. Y nos mezclaron con gente que vendía bacalao por un lado, que defendía la desobediencia civil por otro, que eran del aparato de Exteriores de Herri Batasuna... Era el «todo es ETA». Todo era ETA y todos a la cárcel. Al introducirse el caso “Egin” dentro de ese conglomerado, “Egin” era una cosa más. No me sentí con fuerza suficiente para salirme de ahí y decir: somos distintos. Quizá tampoco distintos, pero sí somos diferentes.

A su salida dijo que ha aprendido mucho en prisión. A una persona bien informada como usted, ¿qué le ha enseñado la experiencia de la cárcel?
Te enseña mucho. Por ejemplo, ahora tengo otra concepción sobre la delincuencia común. Creo que la gente que está en la cárcel tiene el delito como un instrumento de supervivencia. Son conscientes de que ésa es su forma de vivir porque no tienen otra. Aprendes que son seres humanos, seres humanos como cualquier otro, pero sin opciones, y viven así, de sus atracos y de sus detenciones. Y llegas a aceptarlo y los ves de otra manera. No como delincuentes. En la cárcel relativizas todo.

Y respecto a los presos políticos vascos, ¿qué le ha enseñado que no supiera ya?
Nos enseñamos los unos a los otros. Ver cómo mantienen sus convicciones es de una dignidad tremenda. Nos enriquecemos entre nosotros, con las visiones que tiene uno sobre la vida, el otro sobre la política... Debates fortísimos muchas veces, a cara de perro, pero al día siguiente igual de amigos. Eso es una maravilla.

Los encarcelados por “Egin” no son precisamente jóvenes. ¿Cómo ha influido en su caso el factor de la edad?
Las diferencias generacionales a veces son casi insuperables. Me he dado cuenta de que nosotros tenemos que transmitir mucha historia. Y no hemos sabido transmitirla. Es culpa nuestra porque no hemos sabido transmitir todo nuestro bagaje. Y te tropiezas con gente que te pregunta, por ejemplo, quién es Jon Idigoras. Por otro lado, si la cárcel ya es dura, para una persona que está rozando los 70 es tremenda.

Durante estos años han muerto algunos de sus compañeros procesados. ¿Cómo ha vivido ese tipo de situaciones?
Las muertes en la cárcel tienen un sentido totalmente diferente. No sabes hacer el duelo, no se te mueren del todo, están todavía vivos para ti. Al salir es cuando ves las calvas, ves la gran foto tuya, la de tu vida, ves la masa coral de toda la gente que has conocido y de repente ahí hay ausencias. Y es cuando verdaderamente empiezas a darte cuenta de que se han muerto. Es así. Y es muy duro. Tremendamente duro. Es una sensación muy rara la de la muerte. Y luego están esos mecanismos de defensa de los que antes hablaba. Proteges tu sensibilidad como sea y al principio las situaciones duras no te hacen tanto daño, pero poco a poco van penetrando, te estallan dentro y te resquebraja. Incluso la muerte de tu perro.

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