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2010/11/21

Solidaridad y desvergüenza con el Sahara

"Por diferentes razones, desde la ultraderecha española a la extrema izquierda, desde el nacionalismo de estado a los nacionalismos periféricos, ecologistas, feministas, gentes corrientes, se sienten solidarios con un pueblo colonizado, masacrado, dividido y obligado a luchar por su supervivencia."


Joxe Iriarte "Bikila", GARA

Decenas de miles de personas se manifestaron en Madrid el 13 de noviembre, en solidaridad con el pueblo saharaui. Algunas decenas de korrikalaris lo hicieron al día siguiente en la clásica Behobia-Donostia, luciendo pegatas y portando banderas a favor del pueblo saharaui. Ambos actos expresaban una pequeña parte de la inmensa solidaridad existente en el Estado español con la causa saharaui. En realidad, no hay causa que motive tanto consenso y adhesión. Por diferentes razones, desde la ultraderecha española a la extrema izquierda, desde el nacionalismo de estado a los nacionalismos periféricos, ecologistas, feministas, gentes corrientes, se sienten solidarios con un pueblo colonizado, masacrado, dividido y obligado a luchar por su supervivencia. Y, sin embargo, todos los gobiernos españoles habidos desde la ocupación marroquí han traicionado sus promesas y permitido a la monarquía marroquí proseguir con su política colonialista y genocida.

Se suele afirmar con demasiada gratuidad que en democracia la voluntad mayoritaria siempre termina imponiéndose. Tal vez sea así en una democracia de verdad. No en las democracias realmente existentes, democracias demediadas como la española, donde la voluntad popular está secuestrada.

El Gobierno español, al igual que en el tema de la crisis económica opera a favor de los capitalistas, en el caso del Sahara opera a favor de los intereses de estado: el miedo a que Marruecos presione contra los enclaves coloniales españoles de Ceuta y Melilla; de que abra los filtros contra la emigración; que ponga en cuestión los intereses económicos de las empresas españolas (y vascas), sin olvidar los calderos saharauis. Y eso que Felipe González prometió solemnemente a los saharauis estar a su lado «hasta la victoria final». Sus palabras se las llevó el siroco que azota sin piedad los campamentos de refugiados.

¿Dónde queda la primacía de los principios morales y éticos sobre el resto de consideraciones (económicas, políticas, etc.) que en materia de víctimas de la violencia los socialistas proclaman hasta la saciedad? ¿Es que las víctimas saharauis son de segunda categoría respecto a las que aquí?
¡Ya basta! Es hora de esclarecer comportamientos y exigencias. Es importante el trabajo que muchos socialistas de a pie y representantes institucionales como Odón Elorza realizan a favor de pueblo saharaui. Pero no es suficiente. Deben exigir a su partido, que es quien gestiona el actual Gobierno español, que cumpla sus promesas. Que presione a la monarquía marroquí y, si no les hace caso, que proceda en consecuencia.
Es hora de que todos los solidarios operemos con coherencia. No, las buenas intenciones no bastan; poco valen si no están avaladas por hechos. Por votos, por acciones en la calle, por ayudas efectivas a la solidaridad.
Respecto a los emigrantes marroquíes residentes en el Estado español, ellos no tiene responsabilidad alguna en la decisiones de un monarca feudal. Es entendible, además, que el tema saharaui les coja a contrapie. Lo que no es de recibo es que no disientan de una política represiva criminal y genocida, y defiendan al rey. Que no se avergüencen de la actitud de sus compatriotas colonos, quienes van a la caza del saharaui, armados y protegidos por el Ejército de ocupación.
Un pueblo que oprime a otro no puede ser libre. La complicad con la monarquía va contra ellos mismos, ahonda en un régimen que les obliga a huir de su tierra para buscarse la vida en otras latitudes. En la última manifestación de Donostia tuvimos que aguantar a varios marroquíes que nos imprecaban al grito de ¡Viva Mohamed VI! Eran sólo dos individuos, pero expresaban la estulticia del oprimido para con su dueño y señor.

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