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2010/12/09

Besa mi culo metálico. Jakue Pascual (Gara)

¿Pueden llegar los robots a pensar y a sentir por sí mismos? Terminator plantea la disyuntiva: «Sois imperfectos. En cambio yo, preferiría sentir lo que sentís». ¿Tendrán recuerdos o sólo memoria?

Ya nadie se frota contra mis pantuflas, ni husmea los rincones. Una madrugada, cuando me dirigía medio sonámbulo al WC, estrellé sin querer a Willy contra la pared de una patada. Desde entonces no fue el mismo. Vagaba sin rumbo e ignoraba las hebras de tabaco que tanto le gustaban. Un día se tiró por el balcón desde un quinto piso. Como decía Nexus-6: «Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia». Ahora me paso el día mirando catálogos en busca de aspirador.

Capek estrena «Rossum's Universal Robots»; su hermano había tomado prestado el término de servidumbre, en eslavo robota. Ley Cero de Asimov: «Ningún robot causará daño a la humanidad ni permitirá, con su inacción que la humanidad sufra daño». Para PK Dick las máquinas inteligentes serán esquizofrénicas.
Entidades artificiales, sistemas electromecánicos o de software (bots) como HAL 9.000, que aparentan tener intención propia e imitan comportamientos biológicos. Móviles, poliarticulados, zoomorfos y androides. Los robots amplían influencia, se convierten en objetos de deseo y en agentes del no futuro. Son una parte rentable de la producción industrial en competencia directa con el ejército de reserva humano que el Capital articula desde el Estado Crisis. Se desarrollan sus caracteres antropomórficos, se simplifica su programación, se reduce su coste de mantenimiento y no cotizan a la Seguridad Social. Los expertos coinciden con Fidel Castro en que los robots desempeñarán muchas actividades en los sectores servicios y militar e invadirán los hogares. Aunque, paradójicamente, la recesión pueda mandarlos al paro.

Japón envejece proyectando androides domésticos. Existen robots almaceneros online. Agro robots en los arrozales. Robotas maestras con mala leche. Celadores que vigilan y expulsan de las oficinas a los yonquis del trabajo. Asimo es recepcionista, Yotaro despierta el instinto materno y los perritos Sony avisan a sus amos de los compromisos Outlook adquiridos. Los hay con 42 articulaciones, con forma de mano flexible, de exoesqueleto a lo Robocop, del tamaño de una chinche y hasta un robot cervecero.

El robot emana una erótica fría cuando Katy Manning abraza desnuda a un Dalek metálico y HRP-4C se contornea por la pasarela. ¿Pueden llegar los robots a pensar y a sentir por sí mismos? Terminator plantea la disyuntiva: «Sois imperfectos. En cambio yo, preferiría sentir lo que sentís». ¿Tendrán recuerdos o sólo memoria? ¿Envidiarán a otros niños como la IA Pinocho de Spielberg? ¿Proyectarán como sustitutos la imagen que se desee? ¿Soñarán los androides con ovejas mecánicas? ¿Exterminador 17 con la liberación? ¿Un Acta de Libertad de Observación permitirá que Eyeborgs antiterroristas controlen las comunicaciones? ¿Nos suplirán como forma de trabajo y nos convertiremos en parias o disfrutaremos de una vida plena sin discriminaciones? ¿Humanos y robots estableceremos relaciones antagónicas como en Matrix, por medio de ellos enfrentaremos a las clases sociales como en Metrópolis o conciliaremos los distintos intereses? La pregunta «no es computable». Pero como diría C3PO: «Por favor, no me desactive».




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