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2012/03/26

La rueda

"...es imposible que desde las instituciones se puedan poner en marcha estrategias de liberación nacional y social por sí solas."



Borroka Garaia da

La lucha institucional en el aparato burgués ha sido fuente de discusión para todo movimiento revolucionario. Desde algunas escuelas de pensamiento como el anarquismo clásico donde generalmente ese frente ha sido rechazado de una manera inflexible pasando por revoluciones socialistas donde han encajado en la estrategia global de lucha como las llevadas a cabo por el partido bolchevique. El llevar a cabo una dinámica en las esferas capitalistas sean a través de las instituciones o el sindicalismo ha traído y puede traer sus ventajas pero a su vez no se pueden obviar los inconvenientes y peligros que subyacen. El más evidente resulta en que la lucha institucional se convierta en el centro de la iniciativa política. El principio y el final de donde empieza y acaba todo. Al ocurrir esto la primera consecuencia es la social-democratización. La siguiente consecuencia encadenada es la desmovilización y finalmente el abandono de la lucha. A partir de ahí, se producen generalmente los procesos de descomposición ideológica pronunciados y costosamente recuperables. Esto no ocurre así por algo aleatorio sino que es producto del efecto asimilador, de mucha potencia, del que están imbuidas todas las estructuras burguesas.


La izquierda abertzale ya desde hace décadas apostó por abrir el frente institucional no sin ser consciente de todos esos peligros. La ilegalización de las estructuras institucionales de la izquierda abertzale son el testigo viviente de que el sistema no pudo ni asimilar esa lucha institucional y no solo eso sino que además le ocasionó fuerte erosión al estado. En esta segunda fase de lucha institucional que se abre se mantienen esos peligros pero según avance el proceso que deje atrás esas ilegalizaciones se añadirán nuevos aunque no hay que olvidar que las ventajas también pueden ser mayores. Superar las ilegalizaciones no lo han conseguido innumerables movimientos revolucionarios que han sido derrotados. Volver de un período ilegalizador con fuerza es una tarea de extrema dificultad. En la que los buenos resultados electorales no pueden nublar la gran fotografía del estado de las cosas.


Los primeros síntomas que pueden indicar que se inicia ese proceso degenerativo antes mencionado son principalmente dos; La desconexión con el movimiento popular y a su vez que la sociedad se quede mirando que es lo que hace o no hace el frente institucional. Es un problema que pese a las apariencias no está en manos simplemente del frente institucional y como se relaciona con las luchas solamente sino que principalmente reside en todo lo demás.


Pongamos un ejemplo; Muchos ayuntamientos de HB en la época del servicio militar español se negaron a entregar al estado papeleos relacionados con los mozos que tenían que acudir a prestar tal servicio degradante. Si no hubiera existido un fuerte movimiento pro-insumisión en la calle, ni se hubiera hecho eso seguramente y si se hubiera hecho se hubiera quedado en una lucha inconexa sin apenas relevancia. Y como ocurre con eso ocurre con todo y nos lleva a la conclusión de que es imposible que desde las instituciones se genere lucha por sí sola, es imposible que desde las instituciones se puedan poner en marcha estrategias de liberación nacional y social por sí solas. Tiene que ser el pueblo organizado el que las lleve a cabo y desde las instituciones después ser altavoces de ello y complementarlo con dinámicas de lucha y estrategias que son extensiones de las ya existentes. Al revés es imposible. Y es lo que crea desmovilización y finalmente que la sociedad pase a ser espectadora y no agente activo de cambio. Delegacionismo sería la palabra clave aquí. Desde las instituciones tampoco se puede organizar ni ser la fuerza originaria de esas luchas por muchos motivos y no solo relacionados con el efecto asimilador.


Por lo tanto existe una responsabilidad múltiple de la cual nadie es ajena. Por una parte ser conscientes de que la unidad popular no puede generar lucha profunda por sí misma sino que precisamente es la unidad de los y las que luchan en múltiples ámbitos, que el frente institucional más que marcar lo que debe hacer es ser un sonar gigantesco que capte esas luchas y que las refleje en las instituciones y a su vez que la sociedad y la izquierda abertzale necesitan mecanismos de lucha y de construcción nacional y social. Y esos mecanismos no son el partido. Como juntar todas las piezas y estratégicamente encauzarlas hacia la independencia y el socialismo depende de muchos factores y hay que ser conscientes también de la independencia de muchos ámbitos.

No hay que volver a inventar la rueda, pero recordar como gira puede ser valioso cuando vienen baches. Revertir el proceso podría ser letal a medio o largo plazo. Ya que no servirá de nada tener un coche impresionante sin ruedas. Al sistema y los estados además les puede gustar tunear ese coche en un momento dado mientras te pinchan la rueda y no te enteras.
De la misma manera se requiere un nivel de transparencia y conexión popular muy profundo hasta eliminar el concepto de “bases sociales”. Ya que el proceso de liberación nacional y social no necesita bases de nada sino un gigantesto auzolan que haga minimizar al mínimo posible los conceptos de arriba y abajo e instituciones y pueblo. De lo contrario se pueden generar castas según crezca la influencia política e institucional.

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