
La denuncia de malos tratos presentada por los presuntos miembros de ETA, Igor Portu y Mattin Sarasola, que aparecieron con visibles lesiones tras ser detenidos por la Guardia Civil, reavivó (y van...) a principios de año el fantasma de la tortura. Las cifras oficiales duermen el sueño de los justos en los cajones de la Administración de Justicia y las pocas estadísticas que se hacen públicas son confusas e incompletas. Pese a todo, las denuncias de torturas y malos tratos existen en el Estado español y no parece que el número de casos, aunque es bastante borroso, haya descendido en los últimos años.
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