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¿Qué pretende el neofranquismo español teniendo a los vascos 30-40 años encarcelados? El sadismo, ¿marca identitaria de España?
- José Mari Esparza Zabalegi
- Pintxogorria
“Orhiko xoriak, Orhirat”, cantan en Zuberoa, para
pedir que los hijos alejados regresen al hogar. La canción es buena metáfora
para exigir que no solo Inés, sino todos los presos vascos, sin excepción,
vuelvan libres a Euskal Herria. Expondré algunas razones, las que creo que
todavía no son punibles.

Esto recuerda a la
proclama del Laurac
Bat que en 1846 publicó la
Junta Provisional Vasco-Navarra, aludiendo a cómo el Gobierno español no cumplió
lo acordado al final de la primera guerra carlista: “El Gobierno, que cien veces
cuando estabais con las armas en la mano os ha prometido vuestros privilegios,
da ahora, que os ve desarmados el golpe de gracia a vuestros mas caros
intereses”. Y yo pregunto: ¿cabe mayor apología y mayor justificación de la
lucha armada que la que hoy hacen la prensa y los partidos españoles? ¿Acaso
están sugiriendo que, para que el Gobierno vuelva a su anterior discurso sobre
los presos, hay que poner bombas? ETA ha parado definitivamente. Se disolverá
-Egiguren dixit- cuando suspresos y refugiados vuelvan a casa. Ensañarse con los cautivos, amén de
una mezquindad, es tentar a la paz y hacer peligrar el futuro.
- Ni con Franco pasaba esto. Es habitual, al finalizar los conflictos y en aras de laPax avant, tender a solucionar las
consecuencias. Los que se opusieron a Franco, incluso con las armas en la mano,
raramente cumplieron más de 10 años de cárcel. El que más, el ujuetarra Jacinto
Otxoa, estuvo cautivo 26 años, pero en diferentes etapas y por rebelde pertinaz.
Juan Ajuriaguerra, del PNV, que negoció en Santoña la rendición del Ejército
Vasco, no llegó a seis años. El maquis comunista Marcelo Usabiaga y sus
compañeros de armas estuvieron catorce años. En Europa, significados militantes
de organizaciones armadas, con condenas perpetuas a sus espaldas, rara vez han
cumplido los 20 años de prisión. El nazi Albert Speer, ministro de la Guerra
alemán, fue condenado en Nuremberg a 20 años de cárcel. ¿Qué pretende el
neofranquismo español teniendo a los vascos 30-40 años encarcelados? El sadismo,
¿marca identitaria de España?
- Cuenta bien saldada. Según datos ya casi oficiales, desde el nacimiento de ETA ha habido
unos 40.000 detenidos, de los cuales solo 10.000 han sido condenados. ¿Quién
responde por esos 30.000 detenidos sin culpa, sus días sufrientes en comisaría,
los meses y largos años de prisión preventiva hasta salir libres sin cargos?
Solo la doctrina Parot ha supuesto un alargamiento ilegal de 203 años a los
presos afectados. Y de los condenados, ¿cuántos tuvieron un juicio justo? Porque
hemos visto a jóvenes cumplir diez años por quemar un contenedor; jueces
semibeodos, dormirse en la Audiencia Nacional antes de firmar sentencias
centenarias; montajes policiales; acusaciones amañadas; testigos falsos. Habida
cuenta de las sucesivas denuncias de torturas (5.500 admitió recientemente el
obispo Setién) muchas de ellas confirmadas por organismos europeos, ¿cuántos
juicios habría que anular por estar basados en declaraciones ilegales? ¿Cuántos
presos lo son por haberse autoinculpado bajo tormento? El conjunto carcelario
vasco ha sido detenido, interrogado, juzgado y condenado por procedimientos más
dignos de la Inquisición que de un Estado de Derecho. Y ha pagado con creces,
como pocos colectivos en el mundo han pagado por hechos similares. La cuenta
está de sobra saldada.
- El agravio comparativo. Los vascos han pagado demasiado, mientras otros nada. Más de 400
muertos en controles, manifestaciones, enfrentamientos, comisarías y guerra
sucia esperan todavía un juicio y una condena justa. Ningún culpable ha sido
torturado, ni dispersado, ni aislado. De los pocos condenados, todos han sido
indultados, ascendidos y premiados, pese al agravante de ser delincuentes y
asesinos en ejercicio de la función pública. Grotesca justicia española, que
pide más años de cárcel por un dulce tartazo a Barcina que por torturar y
asesinar a Lasa y Zabala. Si a los vascos les hubieran juzgado con similar vara
de medir que a los españoles, todos estarían en la calle, tiempo
ha.
- Por no hablar de otras cosas. Más lindas, más hermosas, que canta Pablo Milanés. Quedémosnos pues
en lo anterior y cosamos la boca. Ya llegarán tiempos de cerezas, cuando podamos
hablar del asunto sin que nos caigan encima las penas de San Apapucio. Cuando,
más allá del victimismo mediático, se pueda discernir entre oprimidos y
opresores, entre causa y efecto, entre los polvos de antaño y los lodos de
hogaño. Cuando pedir cadenas perpetuas, lejos de jalearse, se considere una
crueldad inútil. Cuando se pueda sonreír y decir públicamente ongi etorri a todos los paisanos y paisanas que,
como los pájaros del Orhi, llevan demasiado tiempo lejos del
Orhi.
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