"No es fácil ponerse en el lugar de quien decide disparar a personas que
piden auxilio o agonizan, pero no es difícil calificar su proceder como
una salvajada."
Gara

En este caso, la actuación de la Guardia Civil, que según han
detallado los supervivientes disparó pelotas de goma contra las personas
que luchaban por salvar su vida, ha aventado la polémica y disparado la
petición de responsabilidades que los responsables del instituto
militar no están dispuestos a asumir. La justificación del uso de
material antidisturbios realizada por la Delegación del Gobierno español
en la ciudad-colonia aludiendo a la «violencia» empleada por quienes
huían, inermes, de la Gendarmería marroquí, es tan inhumana como la
actuación de los guardias civiles. No es fácil ponerse en el lugar de
quien decide disparar a personas que piden auxilio o agonizan, pero no
es difícil calificar su proceder como una salvajada.
Lo que con una pomposidad vacía algunos califican como «el drama de
la inmigración» está permitiendo exponer las peores miserias del ser
humano. Hace meses la comunidad internacional se rasgó las vestiduras
ante la muerte de cientos de personas que trataban de llegar a
Lampedusa, pero poco tardó en ahogarse el eco de la tragedia; la
siguiente noticia procedente de la isla mostraba el maltrato infligido a
quienes sí llegaron a ella sin ahogarse, que fueron obligados a
ducharse con agua fría y esperar ateridos a conocer su destino. La
hipocresía es norma común en esta materia, lo que ocurre es que las
autoridades españolas han pasado de la hipocresía a la crueldad con una
facilidad pasmosa
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