"Así que el objetivo del sionismo nunca fue «salvar al pueblo judío dándole una patria»
sino hacer triunfar el imperialismo anglosajón asociando los judíos a
esa empresa. Además, no sólo el sionismo no es un producto de la
cultura judía sino que la mayoría de los sionistas nunca fueron judíos,
mientras que la mayoría de los judíos sionistas no son israelitas"
Thierry Meyssan
http://redroja.net
Cada cual tiene su propia opinión para
explicar las masacres que el Estado de Israel está cometiendo en Gaza.
En los años 1970-1980 eran vistas como una expresión del imperialismo
anglosajón. Pero hoy muchos interpretan esas matanzas como un conflicto
entre judíos y árabes. Pasando en revista unos 4 siglos de Historia,
Thierry Meyssan, analista y consultante de varios gobiernos, analiza el
origen del sionismo, sus verdaderas ambiciones y señala el verdadero
enemigo.
La guerra que desde
hace 66 años ha venido librándose ininterrumpidamente en Palestina
atraviesa una nueva etapa con las operaciones israelíes «Guardianes de
nuestros hermanos» y «Roca indestructible», extrañamente traducidas en
la prensa occidental como «Margen Protector».

La violencia de los acontecimientos, que
ya han costado la vida a más de 1 500 palestinos y a 62 israelíes (con
la salvedad de que las cifras israelíes están sometidas a una férrea
censura militar y probablemente son minimizadas), ha provocado una ola
de protestas en el mundo entero. Además de sus 15 miembros, el Consejo
de Seguridad de la ONU –reunido el 22 de julio– escuchó las
intervenciones de otros 40 Estados que decidieron expresar su
indignación ante el comportamiento de Tel Aviv y su «cultura de la impunidad». Al extremo que, en vez de las 2 horas habituales, la reunión del Consejo de Seguridad de la ONU sobre la «crisis de Gaza» duró 9 horas [2].
Simbólicamente, Bolivia declaró Israel «Estado terrorista»
y abrogó el acuerdo de libre circulación firmado con ese país. Pero
las declaraciones de protesta generalmente no vienen acompañadas de
ayuda militar para los agredidos, con excepción de la de Irán y,
simbólicamente, la de Siria. Estos dos países respaldan a la población
palestina a través de la Yihad Islámica –la rama militar del Hamas–
sin apoyar su rama política, que es miembro de la Hermandad Musulmana, y
también aportan su respaldo al FPLP-CG [Frente Popular por la
Liberación de Palestina-Comando General].
Al contrario de lo sucedido durante las
operaciones anteriores («Plomo fundido» en 2008 y «Columna de nubes»,
traducida está última en Occidente como «Pilar defensivo»), los dos
Estados que protegen a Israel en el Consejo de Seguridad de la ONU
(Estados Unidos y el Reino Unido) facilitaron esta vez la elaboración
de una declaración del presidente del Consejo de Seguridad donde se
subrayan las obligaciones humanitarias de Israel [3].
Más allá de la cuestión fundamental de un conflicto que sigue
sin resolver desde 1948, lo que estamos viendo es un consenso para
expresar una condena mínima del uso desproporcionado de la fuerza
por parte de Israel.
Sin embargo, tras este aparente consenso
se esconden análisis muy diferentes: algunos autores interpretan el
conflicto como una guerra de religión entre judíos y musulmanes
mientras que otros lo ven como una guerra política según un esquema
colonial clásico. ¿Cuál es la realidad?
¿Qué es el sionismo?
A mediados del siglo XVII, los
calvinistas británicos se reagruparon alrededor de Oliver Cromwell y
cuestionaron la fe y la jerarquía del régimen imperante en Gran
Bretaña. Después de derrocar la monarquía anglicana, el «Lord protector»
pretendió permitir al pueblo inglés alcanzar el estado de pureza moral
necesario para atravesar una tribulación de 7 años, acoger el regreso
de Cristo y vivir apaciblemente con él durante 1 000 años (el «Millenium».
Para ello, según su interpretación de la Biblia, había que dispersar a
los judíos por todo el mundo, reagruparlos después en Palestina y
reconstruir allí el templo de Salomón. Bajo esa perspectiva,
Oliver Cromwell instauró un régimen puritano, anuló en 1656 la medida
que prohibía a los judíos instalarse en Inglaterra y anunció que
su país se comprometía a crear en Palestina el Estado de Israel [4].
Al ser derrocada la secta de Cromwell, al final de la «Primera Guerra Civil Inglesa»,
y resultar muertos o exilados sus partidarios, se restableció la
monarquía anglicana y esta abandonó el sionismo –o sea, el proyecto de
creación de un Estado para los judíos. Pero resurgió en el siglo XVIII,
con la «Segunda Guerra Civil Inglesa» –así se denomina en
los manuales de Historia de la enseñanza secundaria del Reino Unido– que
el resto del mundo conoce como la «Guerra de Independencia de los Estados Unidos»
(1775-83). Contrariamente a lo que todo el mundo cree, esa guerra
no se basó en los ideales de la Ilustración, que más tarde animaron la
Revolución Francesa, sino que fue financiada por el rey de Francia y
se libró por motivos religiosos y al grito de «¡Nuestro Rey es Jesús!».
George Washington, Thomas Jefferson y
Benjamin Franklin, por sólo mencionarlos a ellos, se presentaron como
los sucesores de los partidarios exilados de Oliver Cromwell.
Lógicamente, Estados Unidos retomó el proyecto sionista.
En 1868, la reina Victoria designó como
primer ministro de Inglaterra al judío Benjamin Disraeli, quien propuso
conceder algo de democracia a los descendientes de los partidarios
de Cromwell para poder apoyarse sobre todo el pueblo y extender por el
mundo el poder de la Corona. Sobre todo propuso una alianza con la
diáspora judía como medio de aplicar una política imperialista cuya
vanguardia sería precisamente esa diáspora. En 1878, el propio Disraeli
incluyó «la restauración de Israel» en el orden del día del Congreso de Berlín sobre la nueva repartición del mundo.
Fue sobre esa base sionista que el Reino
Unido restableció relaciones con sus ex colonias de América, ya
convertidas en Estados Unidos, al término de la «Tercera Guerra Civil Inglesa», denominada en Estados Unidos como «American Civil War» y en Europa continental como la «Guerra de Secesión» (1861-1865), en la que salieron vencedores los WASP (White Anglo-Saxon Puritans) sucesores de los partidarios de Cromwell [5].
También en este caso es de manera totalmente errónea que se presenta
esa guerra como una lucha contra la esclavitud sin tener en cuenta que
5 Estados del norte todavía seguían practicando esa forma de
explotación.
O sea, casi hasta el final del siglo XIX, el sionismo es un proyecto
exclusivamente puritano y anglosajón al que se suma sólo una élite
judía. Pero es firmemente condenado por los rabinos, quienes interpretan
la Torah como una alegoría y no como un plan político.
Entre las consecuencias actuales de esos hechos históricos está
el que haya que reconocer que el sionismo, además de plantear como
objetivo la creación de un Estado para los judíos, también sirvió de
base a la fundación de Estados Unidos. A partir de esa conclusión,
la cuestión de saber si las decisiones políticas de ese conjunto
se toman en Washington o en Tel Aviv deja de tener relevancia. La misma
ideología controla el poder en ambos países. Por otro lado, al ser el
sionismo el elemento que permitió la reconciliación entre Londres y
Washington cuestionarlo es atacar la base misma de esa alianza, la más
poderosa del mundo.
La adhesión del pueblo judío
al sionismo anglosajón
En la historia oficial actual
generalmente se pasa por alto el periodo del siglo XVII al siglo XIX y
se presenta a Theodor Herzl como el fundador del sionismo. Sin embargo,
según las publicaciones internas de la Organización Sionista Mundial,
eso también es falso.
El verdadero fundador del sionismo
contemporáneo no es un judío sino un cristiano dispensionalista. El
reverendo William E. Blackstone era un predicador estadounidense que
consideraba que los verdaderos cristianos no tendrían que sufrir las
duras pruebas del fin de los tiempos. Predicaba que los verdaderos
cristianos serían sustraídos a la batalla final y enviados al cielo (el
llamado «arrebatamiento de la Iglesia», en inglés «the rapture»).
Para el reverendo Blackstone, los judíos librarían esa batalla, de la
que saldrían además convertidos a la fe del Cristo victorioso.
Es la teología del reverendo Blackstone lo que sirvió de base
al inquebrantable apoyo de Washington a la creación de Israel. Y eso
sucedió muchos antes de la creación del AIPAC y de que ese grupo de
presión proisraelí tomara el control del Congreso de Estados Unidos.
En realidad, el poder de ese grupo de presión no reside tanto en
su dinero y su capacidad para financiar campañas electorales como en esa
ideología, que aún sigue vigente en Estados Unidos [6].
Por muy estúpida que pueda parecer, la teología del «arrebatamiento»
es hoy en día muy poderosa en Estados Unidos. Incluso se ha convertido
en un fenómeno de librería y ha llegado a las pantallas
cinematográficas (Ver el film Left Behind, con Nicolas Cage, cuyo estreno está programado para el mes de octubre).
Theodor Herzl era un admirador del
comerciante de diamantes Cecil Rhodes, el teórico del imperialismo
británico y fundador de Sudáfrica, de Rhodesia (a la que incluso dio su
nombre) y de Zambia (ex Rhodesia del Norte). Herzl no era israelita y
ni siquiera le había hecho la circuncisión a su hijo. Ateo, como muchos
burgueses europeos de su época, Herzl recomendó al principio la
asimilación de los judíos, estimando incluso que debían convertirse al
cristianismo. Sin embargo, retomando la teoría de Disraeli, Herzl
concluyó que la mejor solución era hacerlos participar en el
colonialismo británico creando un Estado judío, en la actual Uganda o
en Argentina, así que siguió el ejemplo de Cecil Rhodes con la compra
de tierras y con la creación de la Agencia Judía.
Blackstone logró convencer a Herzl de que debía vincular las
preocupaciones de los dispensionalistas con las de los colonialistas.
Para eso bastaba con estipular que la creación de Israel debía ser
en Palestina y justificarla con referencias bíblicas. Gracias a esa idea
bastante simple Blackstone y Herzl lograron que la mayoría de los
judíos se sumara a su proyecto. Hoy en día Herzl está enterrado en
Israel –en la cima del Monte Herzl– y el Estado israelí puso en su ataúd
la Biblia anotada que Blackstone le había regalado.
Así que el objetivo del sionismo nunca fue «salvar al pueblo judío dándole una patria»
sino hacer triunfar el imperialismo anglosajón asociando los judíos a
esa empresa. Además, no sólo el sionismo no es un producto de la
cultura judía sino que la mayoría de los sionistas nunca fueron judíos,
mientras que la mayoría de los judíos sionistas no son israelitas [7].
Las referencias bíblicas, omnipresentes en el discurso oficial
israelí, sólo reflejan el pensamiento del sector creyente del país y su
principal función no es otra que convencer a la población
estadounidense.
Fue durante ese periodo cuando se
inventó el mito del pueblo judío. Hasta aquel momento los judíos se
habían considerado como personas pertenecientes a una religión y
reconocían que sus correligionarios europeos no eran descendientes de
los judíos de Palestina sino de otras poblaciones que se habían
convertido a esa religión durante el transcurso de la Historia [8].
Blackstone y Herzl fabricaron artificialmente la idea según la cual
todos los judíos del mundo serían descendientes de los antiguos judíos
de Palestina. A partir de ese momento el término «judío»
comienza a aplicarse no sólo a la religión israelita sino que pasa a
designar también una etnia. Basándose en una lectura literal de la Biblia, todos los judíos pasan así a ser beneficiarios de una promesa divina sobre la tierra palestina.
El pacto anglosajón para la creación de Israel en Palestina
La decisión de crear un Estado judío en
Palestina fue tomada conjuntamente por los gobiernos de Gran Bretaña y
Estados Unidos. La negoció el primer juez judío de la Corte Suprema
estadounidense, Louis Brandela, bajo los auspicios del reverendo
Blackstone, y fue aprobada tanto por el presidente estadounidense
Woodrow Wilson como por el primer ministro británico David Lloyd George
después de los acuerdos franco-británicos Sykes-Picot, en los que
Francia y Gran Bretaña se repartían el «Medio Oriente». Este acuerdo sólo se hizo público de forma paulatina.
Al futuro secretario de Estado británico para las Colonias Leo Amery se le confió la tarea de instruir a los veteranos del «Cuerpo de Muleros de Sión» para crear, con los agentes británicos Ze’ev Jabotinsky y Chaim Weizmann, la «Legión Judía» en el seno del ejército británico.
El 2 de noviembre de 1917, el ministro
británico de Relaciones Exteriores, Lord Balfour, envió a Lord
Walter Rotschild una carta abierta en la que se comprometía a crear un «hogar nacional judío»
en Palestina. El presidente estadounidense Woodrow Wilson incluyó la
creación de Israel entre sus objetivos de guerra oficialmente
reconocidos (es el n° 12 de los 14 puntos presentados al Congreso de
Estados Unidos el 8 de enero de 1918) [9].
Todo ello demuestra que la decisión de crear el Estado de Israel
no tiene nada que ver con la masacre contra los judíos desatada 20 años
después en Europa, durante la Segunda Guerra Mundial.
El 3 de enero de 1919, durante la
conferencia de paz de París, el emir Faisal –hijo del sharif de la Meca
y futuro rey del Irak británico– firmó con la Organización Sionista
Mundial un acuerdo donde se comprometía a respaldar la decisión
anglosajona.
Así que la creación del Estado de Israel, concretada en contra de
la población de Palestina, también contó con la complicidad
de las monarquías árabes. En aquella época, el sharif de la Meca Husein
ben Ali no interpretaba el Corán como lo hace el Hamas, no pensaba que «una tierra musulmana no puede ser gobernada por no musulmanes».
La creación jurídica del Estado de Israel
En mayo de 1942, las organizaciones
sionistas realizaron su congreso en el hotel Biltmore de Nueva York.
Los participantes decidieron convertir el «hogar nacional judío» de Palestina en el «Commonwealth judío»
(referencia al Commonwealth brevemente instaurado por Cromwell
en lugar de la monarquía británica) y autorizar la inmigración masiva
de los judíos hacia Palestina. En un documento secreto se fijaron
3 objetivos muy precisos:
En aquel momento, casi todos los participantes en el congreso de Nueva York ignoraban que la «solución final de la cuestión judía» (die Endlösung der Judenfrage) acaba de entrar en aplicación secretamente en Europa.
En definitiva, cuando los británicos ya
no hallaban qué hacer para complacer simultáneamente a los judíos y los
árabes, la ONU –que sólo contaba entonces con 46 Estados miembros–
propuso un plan de partición de Palestina a partir de las indicaciones
que le habían proporcionado… los británicos. Debía crearse un Estado
binacional conformado por un Estado judío, un Estado árabe y una zona «bajo régimen internacional especial»
para administrar los lugares sagrados (Jerusalén y Belén). El proyecto
fue adoptado mediante la Resolución 181 de la Asamblea General de la
ONU [10].
Sin esperar por la continuación de las
negociones, el presidente de la Agencia Judía, David Ben Gurión,
proclama unilateralmente el Estado de Israel, inmediatamente reconocido
por Estados Unidos. Los árabes que vivían en territorio israelí
se vieron sometidos a un régimen de ley marcial, se limitaron sus
desplazamientos y sus pasaportes fueron confiscados. Los países árabes
que acababan de alcanzar la independencia decidieron intervenir pero,
al no disponer de ejércitos ya conformados, fueron rápidamente
derrotados. Durante aquella guerra, Israel procedió a una limpieza
étnica y obligó no menos de 700 000 árabes a huir de sus hogares.
La ONU envió como mediador al conde
Folke Bernadotte, diplomático sueco que había salvado miles de judíos
durante la Segunda Guerra Mundial. El conde Bernadotte comprobó que los
datos demográficos transmitidos por las autoridades británicas eran
falsos y exigió que se aplicara plenamente el plan de partición
previsto para Palestina. No está de más recordar en este punto que la
Resolución 181 implica el regreso de los 700 000 árabes expulsados de
sus tierras, la creación de un Estado árabe y la internacionalización
de Jerusalén.
El conde Folke Bernadotte, enviado
especial de la ONU, fue asesinado el 17 de septiembre de 1948, por
orden del futuro primer ministro de Israel, Yitzhak Shamir.
La Asamblea General de la ONU reaccionó
adoptando la Resolución 194, que reafirma los principios ya enunciados
en la Resolución 181 y proclama además el derecho inalienable de los
palestinos a regresar a su tierra y a ser indemnizados por los
perjuicios sufridos [11].
Sin embargo, Israel –que mientras tanto
había arrestado, juzgado y condenado a los asesinos de Bernadotte–
fue admitido como miembro de la ONU, después de comprometerse también a
respetar y aplicar sus resoluciones. Inmediatamente después de la
admisión de Israel como Estado miembro de la ONU, los asesinos del
enviado de la ONU fueron amnistiados y el individuo que había disparado
sobre el conde se convirtió en guardaespaldas personal del primer
ministro israelí David Ben Gurión.
Desde su admisión en la ONU, Israel ha
violado constantemente las sucesivas resoluciones de la Asamblea
General y del Consejo de Seguridad sobre la cuestión israelo-palestina.
Sus vínculos orgánicos con dos de los miembros del Consejo de
Seguridad con derecho de veto han mantenido a Israel fuera del alcance
del derecho internacional. Israel se ha convertido así en un Estado offshore
gracias al cual Estados Unidos y el Reino Unido pueden darse el lujo
de fingir ser Estados que respetan el derecho internacional, cuando
en realidad lo violan a través de ese seudo Estado.
Creer que la cuestión de Israel es un problema exclusivo del Medio
Oriente es un error total y absoluto. Hoy en día, Israel opera
militarmente en todo el mundo, como agente del imperialismo anglosajón.
En Latinoamérica fueron agentes israelíes quienes organizaron la
represión durante el intento de golpe de Estado contra el presidente de
Venezuela Hugo Chávez, en 2002, y también en Honduras durante el
derrocamiento del presidente Manuel Zelaya, en 2009. En África, había
agentes israelíes por todos lados durante la guerra de los Grandes Lagos
y fueron ellos quienes organizaron la captura de Muammar el-Kadhafi.
En Asia, agentes israelíes dirigieron el asalto y masacre contra los
Tigres Tamiles, en 2009, etc. En cada ocasión, Londres y Washington
juran que nada tienen que ver con lo sucedido. Por otro lado, Israel
controla numerosas instituciones mediáticas y financieras, como la
Reserva Federal estadounidense.
La lucha contra el imperialismo
Hasta el momento de la disolución de la
URSS era evidente que la cuestión israelí está vinculada a la lucha
contra el imperialismo. Todos los antiimperialistas del mundo
–incluyendo el Ejército Rojo japonés– apoyaban la causa palestina e
incluso luchaban junto a los palestinos en el Medio Oriente.
Hoy en día, la globalización de la
sociedad de consumo y la pérdida de valores que esta ha provocado han
traído una pérdida de conciencia sobre el carácter colonial del Estado
hebreo. Árabes y musulmanes son los únicos que siguen sintiéndose
implicados en la causa palestina y dan pruebas de empatía con el
destino de los palestinos, pero ignoran los crímenes israelíes
cometidos en el resto del mundo y no reaccionan ante los demás crímenes
del imperialismo.
Sin embargo, en 1979, el ayatola Ruholla
Khomeini explicaba a sus seguidores iraníes que Israel no era más que
una marioneta en manos de los imperialistas y que el único verdadero
enemigo era la alianza entre Estados Unidos y el Reino Unido. Por el
sólo hecho de haber expresado esa simple verdad, Khomeini fue
caricaturizado en Occidente y los chiitas fueron presentados como
herejes en Oriente. Hoy en día, Irán es el único Estado del mundo que
envía armas y consejeros a la Resistencia palestina mientras que los
regímenes sionistas árabes debaten amablemente con el presidente
israelí por videoconferencia en medio de las reuniones del Consejo de
Seguridad del Golfo [12].
[1] «Extendiendo la guerra del gas en el Levante», por Thierry Meyssan, Al-Watan / Red Voltaire, 21 de julio de 2014.
[2] «Réunion du Conseil de sécurité sur le Proche-Orient et l’offensive israélienne à Gaza», Réseau Voltaire, 22 de julio de 2014.
[3] «Declaración de la Presidencia del Consejo de Seguridad sobre Gaza», Red Voltaire, 28 de julio de 2014.
[4] Sobre la historia del sionismo, el lector puede remitirse al capítulo «Israel y los anglosajones» de mi libro L’Effroyable imposture 2, Manipulations et désinformations, Edition Alphée, 2007. Los lectores encontrarán numerosas referencias bibliográficas en ese texto.
[5] The Cousins’ Wars: Religion, Politics, Civil Warfare and the Triumph of Anglo-America, por Kevin Phillips, Basic Books (1999).
[6] Ver principalmente American Theocracy (2006) de Kevin Phillips, excepcional historiador que fue consejero de Richard Nixon.
[7] Es importante recordar en este punto que el término «israelita» designa fundamentalmente a los hebreos seguidores de la ley de Moisés mientras que el término «israelí» es simplemente el gentilicio utilizado para designar a los ciudadanos de Israel. Nota de la «Red Voltaire».
[8] El lector interesado podrá consultar una interesante síntesis de los trabajos históricos sobre ese tema titulada Comment le peuple juif fut inventé (en español, “Cómo se inventó el pueblo judío”), por Shlomo Sand, Fayard, 2008.
[9]
La formulación del punto 12 es particularmente oscura. Durante
la conferencia de paz de París, en 1919, el emir Faisal invocó ese punto
para reclamar el derecho de los pueblos que habían vivido bajo el yugo
otomano a disponer de sí mismos. Y le respondieron que podía escoger
entre una Siria bajo uno o varios mandatos. Para sorpresa de la
delegación estadounidense, la delegación sionista argumentó por su parte
que en el punto 12 el presidente Wilson se había comprometido a
respaldar el Commonwealth judío. En definitiva, Wilson confirmó
por escrito que había que interpretar el punto 12 como un compromiso de
Washington a favor de la creación de la creación de Israel y de la
restauración de Armenia. Ver «Les quatorze points du président Wilson», Réseau Voltaire, 8 de enero de 1918.
[10] «Résolution 181 de l’Assemblée générale de l’Onu», Réseau Voltaire, 29 de noviembre de 1947.
[11] «Résolution 194 de l’Assemblée générale de l’ONU», Réseau Voltaire, 11 de diciembre de 1948.
[12] «El presidente de Israel habló ante el Consejo de Seguridad del Golfo a fines de noviembre», Red Voltaire, 3 de diciembre de 2013.
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