"Pienso que una sociedad sin
prisiones es una posibilidad realista en el futuro, pero en una sociedad
transformada, una sociedad en la que las necesidades de la gente, y no
el lucro, constituya la fuerza motriz. Al mismo tiempo, la abolición de
las prisiones parece una idea utópica precisamente porque la prisión y
las ideologías que la refuerzan están muy profundamente enraizadas en
nuestro mundo contemporáneo."
Rebelion.org
En esta entrevista realizada por Frank Barat, Angela Davis, activista, profesora, escritora e
icono del movimiento Black Power, habla de los vínculos existentes entre
las luchas globales. Retomando los temas del feminismo negro, de la
importancia de lo colectivo, de Palestina, del complejo industrial de
prisiones, la Profesora Davis expone el papel que los pueblos pueden y
deben jugar.
A menudo hablas del poder de lo
colectivo y haces hincapié en la importancia de los movimientos
populares. ¿Cómo podemos conseguir ese poder en una sociedad que fomenta
el egoísmo y el individualismo?

¿Qué queda hoy del movimiento del Black Power?
Pienso en el movimiento del
Black Power –o a lo que nos referíamos en su momento como movimiento de
liberación de los negros- como un momento especial en el desarrollo de
la búsqueda de la libertad de los negros. Fue, en muchos sentidos, una
respuesta a lo que se percibía como límites del movimiento por los
derechos civiles: no sólo necesitábamos proclamar derechos legales
dentro de la sociedad existente, sino también exigir derechos
sustantivos –puestos de trabajo, vivienda, atención sanitaria,
educación, etc.- y desafiar la estructura misma de la sociedad. Esas
demandas –también contra los encarcelamientos racistas, la violencia de
la policía y la explotación capitalista- se sumaron al programa de diez
puntos del Partido de las Panteras Negras (PPN).
Aunque las personas negras han entrado en las
jerarquías económicas, sociales y políticas (el ejemplo más espectacular
fue la elección de Barack Obama en 2008), hay un abrumador número de
ellas sometidas al racismo económico, educativo y carcelario a un nivel
mucho mayor que durante la era anterior a los derechos civiles. En
muchos aspectos, las demandas del programa de diez puntos del PPN son
ahora tan importantes –o quizá incluso más importantes- como durante la
década de los sesenta, que fue cuando se formularon por vez primera.
La elección de Barack Obama
fue celebrada por muchos como una victoria contra el racismo. ¿Crees que
fue una falacia? ¿Piensas que realmente ha estado paralizando durante
mucho tiempo a la izquierda, así como a los afroamericanos implicados en
la lucha por un mundo más justo?
Muchos de los supuestos
respecto a la importancia de la elección de Obama están totalmente
equivocados, especialmente los que describen que un hombre negro en la
presidencia de EEUU simboliza la desaparición de la última barrera del
racismo. Pero creo que la elección en sí fue importante, sobre todo
porque la mayor parte de la gente –incluyendo la mayoría de la gente
negra- no creía al principio que fuera posible elegir a una persona
negra para la presidencia. Efectivamente, los jóvenes crearon un
movimiento –aunque debería calificarse diciendo que era un
cibermovimiento- que consiguió lo que parecía ser imposible.
El problema es que la gente que se asociaba a sí
misma con ese movimiento no prosiguió ejerciendo ese poder colectivo
como presión, lo que hubiera podido obligar a Obama a moverse en
direcciones más progresistas (por ejemplo, contra un incremento militar
en Afganistán, por un rápido desmantelamiento de Guantánamo, por un plan
más completo de atención sanitaria). Creo que es importante destacar,
incluso cuando nos mostramos críticos con Obama, que no habríamos estado
mejor con Romney en la Casa Blanca. De lo que hemos carecido en estos
últimos cinco años no es del presidente adecuado, sino más bien de
movimientos de masas bien organizados.
¿Cómo definirías el “feminismo negro”? ¿Y qué papel podría jugar en las sociedades actuales?
El feminismo negro surgió como
un esfuerzo teórico y práctico para demostrar que la raza, el género y
la clase son inseparables en los mundos sociales que habitamos. En el
momento de su aparición, a las mujeres negras se les pedía con
frecuencia que eligieran qué era lo más importante para ellas, el
movimiento negro o el movimiento de las mujeres. La respuesta era que
esa era una pregunta equivocada. La pregunta más apropiada era cómo
entender las intersecciones e interconexiones entre los dos movimientos.
Todavía estamos enfrentándonos al desafío de entender las complejas
vías por las que se entrelazan la raza, la clase, el género, la
sexualidad, la nación y las capacidades, pero también al reto de cómo
avanzar más allá de estas categorías para entender las interrelaciones
de ideas y los procesos que parecen estar separados y sin vínculos entre
ellos. Insistir en las conexiones entre las luchas y el racismo en EEUU
y las luchas contra la represión israelí de los palestinos es, en ese
sentido, un proceso feminista.
¿Piensas que ha llegado ya el
momento de que la gente se desenganche de los principales partidos
políticos y de ese concepto que nuestros “dirigentes” denominan
democracia representativa? El hecho de involucrarnos en un sistema tan
corrupto y podrido, gobernado sólo por el dinero y la avaricia, le da
legitimidad, ¿no es verdad? ¿Cómo detener esta charada, dejar de votar y
empezar a crear algo nuevo y orgánico de arriba abajo?
Ciertamente, no creo que los
partidos políticos existentes puedan constituir nuestros ámbitos
fundamentales de lucha, pero el ámbito electoral puede utilizarse como
terreno sobre el que organizarse. En EEUU, hemos necesitado durante
mucho tiempo de un partido político independiente, un partido de los
trabajadores antirracista y feminista. Creo también que tienes toda la
razón al identificar el activismo de base como el ingrediente más
importante para la construcción de movimientos radicales.
El mundo árabe ha pasado por
cambios tremendos en los últimos años, con revoluciones en curso en
muchos países. ¿Qué importancia tiene que en Occidente la gente
comprenda la complicidad de nuestros propios gobiernos en el
mantenimiento de las dictaduras árabes?
Creo que es completamente
pertinente que los pueblos del mundo árabe exijan que nosotros, en
Occidente, impidamos que nuestros gobiernos apoyen a regímenes
dictatoriales, y especialmente a Israel. La llamada “guerra contra el
terror” ha hecho un daño inestimable al mundo, incluyendo la
intensificación del racismo antimusulmán en EEUU, Europa y Australia.
Como progresistas del Norte global, no hemos reconocido realmente
nuestras importantes responsabilidades en la prosecución de los ataques
ideológicos y militares contra los pueblos del mundo árabe.
Hace poco diste en Londres una
charla sobre Palestina, el G4S (Grupo 4 de Seguridad), que es el grupo
de seguridad privada mayor del mundo, y el complejo industrial de
prisiones. ¿Puedes explicarnos como están vinculados?
Con el pretexto de la
seguridad y el Estado de seguridad, el G4S se ha introducido en las
vidas de la gente por todo el mundo, especialmente en Gran Bretaña, EEUU
y Palestina. Esta compañía es la tercera corporación más grande del
mundo después de Walmart y Foxcomm, y es el mayor empleador privado en
el continente de África. Han aprendido a aprovechar el racismo, las
prácticas antiinmigratorias y las tecnologías de castigo en Israel y en
todo el mundo. El G4S es directamente responsable de las experiencias de
reclusión política de los palestinos, así como de todo lo relativo al
muro del apartheid levantado allí, del encarcelamiento en Sudáfrica, de
las escuelas-prisión en EEUU y del muro a lo largo de la frontera entre
México y EEUU. Sorprendentemente, durante la reunión de Londres nos
enteramos que el personal del G4S es responsable de ataques sexuales
contra las mujeres en determinados centros de detención en Gran Bretaña.
¿Cómo es de rentable el complejo industrial de prisiones? Has dicho a menudo que es el equivalente a la “esclavitud moderna”.
El complejo industrial global
de prisiones está continuamente expandiéndose, como se puede ver en el
ejemplo del G4S. Por tanto, una puede asumir que su rentabilidad está en
alza. Ha llegado a abarcar no sólo prisiones públicas y privadas (y las
prisiones públicas están más privatizadas de lo que uno podría pensar y
cada vez más sujetas a las demandas del beneficio) pero también las
instalaciones para jóvenes, las prisiones militares y los centros de
interrogatorio. Además, el sector más lucrativo del negocio de las
prisiones privadas es el de los centros de detención de inmigrantes.
Puede por tanto entenderse por qué la legislación antiinmigrante más
represiva en los EEUU fue redactada por las compañías de las prisiones
privadas en un intento manifiesto de maximizar sus beneficios.
Una sociedad libre de cárceles-prisiones ¿es, en tu opinión, posible o es una utopía? ¿Cómo podría funcionar?
Pienso que una sociedad sin
prisiones es una posibilidad realista en el futuro, pero en una sociedad
transformada, una sociedad en la que las necesidades de la gente, y no
el lucro, constituya la fuerza motriz. Al mismo tiempo, la abolición de
las prisiones parece una idea utópica precisamente porque la prisión y
las ideologías que la refuerzan están muy profundamente enraizadas en
nuestro mundo contemporáneo. Hay cifras enormes de gente tras las rejas
en EEUU –alrededor de dos millones y medio- y cada vez se utiliza más el
encarcelamiento como estrategia de desviación de los problemas sociales
subyacentes: racismo, pobreza, desempleo, falta de educación, etc.
Estas cuestiones no se abordan nunca de forma seria. Sólo es una
cuestión de tiempo que la gente empiece a darse cuenta de que la prisión
es una solución falsa. La defensa del abolicionismo puede y debería
producirse en relación con las demandas de una educación de calidad, de
estrategias laborales antirracistas, de atención sanitaria gratuita y
todo ello dentro de otros movimientos progresistas. Puede ayudar a
promover una crítica anticapitalista y movimientos por el socialismo.
¿Qué es lo que el boom del complejo industrial de prisiones está indicando sobre nuestra sociedad?
Las elevadas cifras de gente
tras las rejas por todo el mundo y la creciente rentabilidad de los
medios para mantenerlos cautivos son uno de los ejemplos más
impresionantes del capitalismo global. Pero los obscenos beneficios que
se obtienen del encarcelamiento masivo están vinculados a los beneficios
de la industria sanitaria y de la educación y otros servicios humanos
comercializados que deberían realmente estar a libre disposición de
todos.
Hay una escena en “The Black
Power mixtape”, un documental sobre el movimiento de las Panteras
Negras/Poder Negro que apareció hace un par de años, donde el periodista
te pregunta si apruebas la violencia. Tu respuesta fue: “¡Qué pregunta,
¿que si apruebo la violencia?! No tiene sentido”. ¿Podrías elaborarla?
Intentaba señalar que las
preguntas acerca de la validez de la violencia deberían dirigirse a esas
instituciones que mantienen y continúan manteniendo el monopolio de la
violencia: la policía, las prisiones, el ejército. Expliqué que crecí en
el sur de EEUU en un momento en el que los gobiernos permitían que el
Ku Klux Klan perpetrara ataques terroristas contra las comunidades
negras. En aquella época me metieron en la cárcel, tras acusarme
falsamente de asesinato, secuestro y conspiración y me convirtieron en
un objetivo de la violencia institucional, y van y me preguntan si estoy
de acuerdo con la violencia. Fue grotesco. También estaba tratando de
señalar que la defensa de la transformación revolucionaria no se basa
fundamentalmente en la violencia, sino que tiene que ver con cuestiones
sustantivas como mejores condiciones de vida para la gente pobre y la
gente de color.
Mucha gente piensa actualmente
que formaste parte de las Panteras Negras, y algunos incluso piensan
que fuiste uno de los miembros fundadores. ¿Puedes explicar cuál fue tu
papel exactamente, tus afiliaciones en aquel momento?
No fui miembro fundador del
Partido de las Panteras Negras. En 1966, el año en el que se fundó el
PPN, me encontraba estudiando en Europa. Después, en 1968, me uní al
Partido Comunista y también me convertí en miembro del PPN y trabajé con
una rama de la organización en Los Ángeles, donde me encargaba de la
educación política. Sin embargo, en un determinado momento, el liderazgo
decidió que los miembros del PPN no podían afiliarse a otros partidos,
por lo que decidí conservar mi afiliación con el Partido Comunista. Sin
embargo, seguí apoyando y trabajando con el PPN. Cuando me metieron en
la cárcel, el PPN fue la principal fuerza que defendió mi libertad.
Volviendo a tu respuesta sobre
la violencia, cuando escuché lo que decías en el documental, pensé en
Palestina. La comunidad internacional y los medios occidentales están
pidiendo siempre, como condición previa, que los palestinos renuncien a
la violencia. ¿Cómo puedes explicar la popularidad de esta narrativa de
que los oprimidos tengan que garantizar la seguridad de los opresores?
El hecho de poner la cuestión
de la violencia en primer plano sirve casi inevitablemente para tapar
los problemas que están en el centro de las luchas por la justicia. Así
sucedió en Sudáfrica durante la lucha contra el Apartheid. Fíjate que a
Nelson Mandela –al que han santificado como el defensor más importante
de la paz de nuestro tiempo- le mantuvieron en la lista estadounidense
de terroristas hasta 2008. Los aspectos más importantes de la lucha
palestina por la libertad y autodeterminación se minimizan y se vuelven
invisibles ante quienes intentan equiparar la resistencia palestina ante
el apartheid israelí con el terrorismo.
¿Cuándo fue la última vez que estuviste en Palestina? ¿Qué impresión dejó en ti esa visita?
Viajé a Palestina en junio de
2011 con una delegación de activistas/académicas feministas indígenas y
de color. La delegación incluía mujeres que habían crecido bajo el
Apartheid sudafricano, bajo las leyes Jim Crow del Sur y en las reservas
indias. Aunque todas habíamos estado anteriormente implicadas en el
activismo solidario palestino, todas nosotras nos quedamos terriblemente
impactados por lo que vimos y decidimos animar a nuestros distritos a
que se unieran al Movimiento del BDS (siglas en inglés de Boicot,
Desinversión y Sanciones) y ayudar a intensificar la campaña por la
libertad de Palestina. Más recientemente, alguna de nosotras nos
implicamos en conseguir que se aprobara una resolución que instaba a
participar en el Boicot Académico y Cultural de la American Studies
Association. Las componentes de la delegación se involucraron en la
aprobación de una resolución de la Modern Language Association
censurando a Israel por rechazar la entrada de académicos
estadounidenses en Cisjordania que iban a enseñar e investigar en las
universidades palestinas.
Hay varios medios de
resistencia de los que pueden disponer los pueblos oprimidos por
regímenes racistas o coloniales o por ocupaciones extranjeras (i.e.,
Protocolo Adicional I del Convenio de Ginebra), incluyendo el uso de de
la fuerza armada. En la actualidad, el movimiento de solidaridad
palestino se ha comprometido con la vía de la resistencia no violenta.
¿Piensas que con sólo esto se pondrá fin al apartheid israelí?
Desde luego, los movimientos
de solidaridad son por su propia naturaleza no violentos. En Sudáfrica,
incluso cuando se estaba organizando un movimiento de solidaridad
internacional, el CNA (Congreso Nacional Africano) y el PCSA (el Partido
Comunista de Sudáfrica) llegaron a la conclusión de que su movimiento
necesitaba de un ala armada: Umkonto We Siswe. Tenían todo el derecho a
tomar esa decisión. Del mismo modo, le corresponde al pueblo palestino
utilizar los métodos que estime más convenientes para tener éxito en su
lucha. Al mismo tiempo, está claro que si Israel está aislado política y
económicamente, como la campaña del BDS intenta, no podrá seguir
adelante con sus prácticas de apartheid. Si, por ejemplo, nosotros, en
EEUU, obligamos a la administración Obama a interrumpir sus ocho
millones de dólares al día de apoyo a Israel, se iniciaría un largo
camino de presiones a Israel para que pusiera fin a la ocupación.
Formas parte de un comité para
la liberación del preso político palestino Marwan Barghouti y de todos
los presos políticos. ¿Qué importancia tiene, para que prevalezca la
justicia, que todos ellos sean liberados?
Es fundamental que se libere a
Marwan Barghouti y a todos los prisioneros políticos que se hallan en
las cárceles israelíes. Barghouti lleva dos décadas tras las rejas. Su
terrible situación refleja el hecho de que la mayor parte de las
familias palestinas han tenido o tienen al menos a un miembro
encarcelado por las autoridades israelíes. Actualmente hay alrededor de
5.000 presos palestinos y sabemos que desde 1967, Israel ha enviado a
prisión a 800.000 palestinos (el 40% de la población masculina). La
demanda de liberar a todos los presos políticos palestinos es un
ingrediente fundamental de la exigencia de acabar con la ocupación.
Durante una charla en
la Universidad Birbeck de Londres, dijiste que la cuestión palestina
tiene que convertirse en una cuestión global, una cuestión social que
debería llevar en su programa o agenda todo movimiento que luche por la
justicia. ¿Qué quisiste decir con esto?
Que al igual que la lucha
contra el apartheid sudafricano fue una causa abrazada por los pueblos
de todo el mundo e incorporada a muchas agendas de justicia social, las
organizaciones y movimientos involucrados en causas progresistas por
todo el planeta deben involucrarse de igual modo en la solidaridad con
Palestina. Se ha tendido a considerar a Palestina como una cuestión
aparte –y, lamentablemente, demasiado a menudo, marginal-. Este es
precisamente el momento de animar a todos los que creen en la igualdad y
en la justicia para que se unan al llamamiento por una Palestina libre.
La lucha es interminable, ¿verdad?
Yo diría que nuestras luchas
maduran, producen nuevas ideas, nuevos planteamientos y nuevos terrenos
con los que comprometernos en la búsqueda de la libertad. Como Nelson
Mandela, debemos estar dispuestos a abrazar el largo camino hacia la
libertad.
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