"...la burguesía no quiere
abrir ningún proceso de paz, porque sólo necesita su paz, la de la
explotación económica y nacional de clase normalizada, que se dice. La
burguesía afincada en Euskal Herria necesita su paz porque es
económicamente más rentable para asegurarle parte de la realización del
beneficio y para disponer de un espacio material y simbólico propio en
el que sostener parte de su acumulación ampliada."
Iñaki Gil de San Vicente
GARA

Siempre es imprescindible bucear en las raíces de lo real, de lo
contrario terminamos divagando en las nubes, olvidando o desconociendo
que la gran burguesía vasca, la que manda, ha sido y es una pieza
elemental del Estado español, y está decidida a seguir siéndolo; que su
hermana intermedia, la burguesía, nunca se ha atrevido a enfrentarse a
su hermana mayor, plegándose a ella y apoyándola en los momentos
decisivos; y que la hermana menor, la pequeña burguesía, sea nueva o
vieja, siempre ha estado rota en trozos, oscilando temerosa excepto muy
reducidos sectores suyos. Al no bajar a lo contradictorio terminamos
incluso por olvidar lo evidente, que existe el capitalismo como realidad
objetiva, estructurante, en la que malvivimos a la fuerza y que incluso
está metida en nuestra propia cabeza. Llega a estarlo tanto que cada
vez usamos más su propio lenguaje, sus conceptos. ¿Qué es la burguesía?
Ya casi nadie lo sabe, se intuye, se sospecha, pero un concepto clave
como este, que exige de inmediato saber qué es el pueblo trabajador, la
clase obrera, etc., está como desaparecido en la terminología de la
izquierda independentista, si excluimos algunos textos que nadie lee.
Sin
embargo, la burguesía existe, como existe el imperialismo. En Hegoalde,
la burguesía tiene su Estado, el español, y además tiene los
gobiernillos prestados por el reino de España. Pero el futuro de estos y
otros instrumentos de poder y de opresión nacional de clase, ya no
depende sólo de la voluntad del bloque de clases dominante en el Estado,
sino cada vez más de las pugnas interimperialistas, por un lado, y de
las decisiones de euroalemania, por otro. Laburguesía vasco-española lo
tiene muy claro, bastante más que Urkullu cuando implora el apoyo de la
española, parcialmente representada por Rajoy y Rubalcaba. Ahora usa a
Urkullu como usó a López, a Ibarretxe, Ardanza, Garaikoetxea… Para la
clase social propietaria de las fuerzas productivas y de nuestras
hipotecas y deudas, las personas son simples números en su tasa media de
beneficios, y por esto, para ella son más importantes las actuales
decisiones de EEUU y Japón de intentar descargar la crisis sobre el
euro, sacando humo a la máquina estatal de hacer dólares y yuanes, por
ejemplo, que todos los premios sobre una supuesta paz.
Ahora
mismo, las crecientes tensiones centrífugas interimperialistas no
antagónicas están siendo contrarrestadas por las fuerzas centrípetas del
imperialismo occidental dirigidas mal que bien por EEUU. Los Tratados
de Libre Comercio en negociación con la UE y con Japón; las exigencia a
la UE para que aumente sus aportaciones a la OTAN, y el apoyo al
armamentismo japonés; el freno sistemático a toda reforma de la ONU,
FMI, BM, etc., para abortar cualquier democratización burguesa de estas
vitales instituciones imperialistas; la agudización de la guerra
soterrada con el mal llamado BRIC (Brasil, Rusia, India, China); el
proteccionismo interno ante la tecnología china; el avance en el cerco
militar a Rusia y China; los golpes blandos político-militares y el
impulso al terrorismo golpista duro en todo el mundo; las maniobras para
manipular el precio del oro, de las energías, de los alimentos y
medicamentos; las presiones para imponer la ley capitalista de las
patentes privadas, sobre todo en la bioeconomía; el sistemático
acaparamiento del agua potable; la guerra teórica y práctica contra los
derechos humanos y el renacer del terror patriarco-burgués y del
fundamentalismo cristiano, oculto bajo la manipulación contra el Islam;
el reactivado miedo al comunismo; el reforzamiento del derecho al
expolio, saqueo y violaciones inherentes al falso derecho de
intervención humanitaria; estas y otras prácticas muestran la
contraofensiva imperialista a escala mundial, dirigida por EEUU con el
apoyo de la UE y de otras potencias.
El objetivo fundamental de
esta contraofensiva no es otro que el de intentar abrir una nueva fase
larga de acumulación ampliada del capital, una larga fase de ascenso
sostenido de la tasa media de beneficio en manos del imperialismo
occidental en primera medida, y después de los imperialismos y
subimperialismo que aceptan la hegemonía del capital
financiero-industrial de alta tecnología norteamericano. Otro objetivo
tan importante como el anterior, inserto en su misma lógica, es el de
frenar el ascenso de subimperialismos, y si es posible hacerlos
retroceder en la jerarquía mundial. Una de las batallas estratégicas en
esta guerra económica es la de la supremacía financiera, la de la unidad
del sistema financiero bajo control anglosajón para dirigir en su
beneficio las tendencias a la desarticulación del sistema financiero
mundial. Y por no extendernos, otro incluso más importante que el
financiero es el del control monopólico occidental de una nueva
revolución industrial tecnocientífica que multiplique exponencialmente
su productividad del trabajo asegurándole recursos energéticos y
supremacía militar. El complejo militar-industrial ya se ha soldado con
el capital financiero, y sabe que la tecnociencia no depende sólo del
capital privado sino sobre todo de la planificación estratégica estatal
para ampliar el capital constante en todo lo relacionado con I+D+I.
La
burguesía afincada en Euskal Herria quiere y necesita sumarse a este
imperialismo en la medida de sus fuerzas. Lo quiere por convicción y
esencia de clase, y lo necesita por supervivencia de clase. Puede
negociar puntualmente con China o con Rusia, o incluso con Venezuela o
Cuba, porque el dinero es el dinero, pero para cualquiera de estos u
otros negocios necesita de los Estados español y francés, de la UE, de
las Bolsas occidentales y del puño acorazado de la OTAN que es la razón
material última de la mano invisible del mercado. La burguesía afincada
en Euskal Herria está al tanto de las múltiples crisis que minan al
Estado español --desplome industrial y tecnocientífico, debilitamiento
de su unidad nacional burguesa, corrupción cancerosa, retroceso en la
jerarquía imperialista y depauperación relativa y absoluta crecientes--,
al igual que conoce los informes sobre la podredumbre monárquica; el
desplome de la casta política; la tendencia al alza de populismos
reaccionarios y racistas; la importancia del narco-capitalismo, de la
industria de la prostitución, de la economía sumergida y del fraude
fiscal. No se le escapa nada de esto, pero lo acepta porque sabe que es
el único trampolín que puede impulsarle a nuevos negocios, sobre todo a
no perder los que tiene, y porque, a pesar de todo, ese Estado podrido y
contaminante es coproducción suya, es un instrumento que ella ha
ayudado a crear y adaptarse a cada nueva necesidad.
Es este
contexto estructural el que nos explica por qué la burguesía no quiere
abrir ningún proceso de paz, porque sólo necesita su paz, la de la
explotación económica y nacional de clase normalizada, que se dice. La
burguesía afincada en Euskal Herria necesita su paz porque es
económicamente más rentable para asegurarle parte de la realización del
beneficio y para disponer de un espacio material y simbólico propio en
el que sostener parte de su acumulación ampliada. El espacio simbólico
adquiere cada vez más importancia en el capitalismo actual basado en un
trabajo complejo creciente, lo que exige de un espacio de cualificación
de la fuerza de trabajo dócil, alienada y sumisa, y la simbología
burguesa es aquí decisiva. Por esto mismo, es una paz esencialmente
unida a la permanencia del Estado español en nuestra nación. Y por pura
dialéctica de unidad y lucha de contrarios, es este contexto el que da
sentido a la sexta huelga general vasca del próximo 30 de Mayo, como una
forma más de lucha de nuestro pueblo contra la explotación nacional de
clase que padece, una huelga que va a demostrar que aumentan las fuerzas
emancipadoras en nuestra «nación trabajadora», por utilizar una
expresión de Marx.