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2012/01/27

Gatazka gunea

"La desaparición de colectivos que se dediquen a la distribución y difusión de materiales políticos es un hecho. No es que la producción de discos o libros se haya extinguido, pero sí las iniciativas populares que se dedican a su distribución. Por otra parte, muchos de los principios de la distribución alternativa merecen ser revisados."

En 2006 Gatazka gunea iniciaba su andadura. En enero de 2012 hemos decidido concluirla empujados por distintas circunstancias. Gatazka surgió como un intento de dar continuidad a la actividad que Likiniano había mantenido hasta entonces en la calle Ronda. Obviamente, el colectivo nació de un modo un tanto urgente y las bases sobre las que se asentó no eran muchas; mantener el espacio abierto con una actividad similar a la anterior y seguir, igualmente, con las tareas de edición que habían caracterizado a Likiniano. Otra de las motivaciones principales que hizo que distintas personas confluyesen en torno a esta inicitiva era crear un colectivo de base antiautoritaria que superase uno de los aspectos que Likiniano más había autocriticado en su disolución; la necesidad de tener una presencia en la calle.



Poco después de comenzar su andadura, la vertiente colectiva y más netamente política del proyecto se derrumbó. Bien porque así se quiso o bien porque desde el colectivo se permitió, los quehaceres diarios de mantenimiento del local fueron usurpando el espacio que debía haber ocupado el debate político. En poco tiempo, las personas que se sintieron atraídas por el proyecto inicial fueron desapareciendo, dado que, al margen de los liberados y algún voluntario que ayudaba en las cuestiones cotidianas, quienes deseaban militar no gozaban de demasiado margen para desempeñar una tarea política. En general, de hecho, estas personas acabaron siendo parte de la oposición al TAV y abandonaron Gatazka. En un tiempo record, el colectivo había reproducido los peores males likinianikos. Esto, la ausencia de un tejido político más allá de la escasa plantilla de asalariados, es una de las razones que explican que bajemos la persiana del local.



A ello ha ayudado en gran medida también la debacle de la llamada distribución alternativa. La desaparición de colectivos que se dediquen a la distribución y difusión de materiales políticos es un hecho. No es que la producción de discos o libros se haya extinguido, pero sí las iniciativas populares que se dedican a su distribución. Por otra parte, muchos de los principios de la distribución alternativa merecen ser revisados. Esto ha desembocado en que DDT Banaketak, antaño pulmón del local, se quede sin resuello (aunque con ganas de seguir).



Aunque sin duda, la cuestión decisiva para dar por cerrada esta experiencia, es la económica. Cuando tomamos el testigo de Likiniano, ya sabíamos que la situación económica no era la más prometedora, aunque distaba mucho de ser ruinosa. En cualquier caso, Likiniano había percibido una tendencia a la baja en sus facturaciones y, además, el ámbito cultural estaba siendo objeto de cambios cruciales. Si Likiniano, en sus momentos de mayor esplendor financiero, había funcionado gracias, sobre todo, a la venta de música, en Gatazka hemos vivido a la sombra de las descargas musicales gratuitas. La música ha ocupado un espacio significativo, por supuesto, pero menor en comparación con el que han tenido los textos. De hecho, una de las cosas de las que nos podemos enorgullecer es de haber dispuesto de un fondo bastante meritorio de libros en la medida de nuestras posibilidades.



Además, está la cuestión económica global. El ciclo de "bonanza financiera" ha muerto y eso se percibe en todos los ámbitos. Si a esta escasez económica se le añade que el libro (político o no) va camino de transformarse en un bien de lujo -cada vez son menos los títulos que tienen un precio inferior a los 20 euros- el resquicio que le queda a una librería es minúsculo, pues aunque muchas personas deseen adquirir libros, sencillamente no se lo pueden permitir. La afluencia de personas en el último medio año ha descendido notablemente debido a esta cruda y sencilla realidad. Hasta el punto de que en los últimos meses de 2011 se acumulaban varios sueldos sin cobrar. Un hecho que no hubiera sido decisivo de no ser porque, aún así, la situación no ha mejorado sensiblemente.



Teniendo en cuenta que desde el principio contamos con menos recursos que Likiniano -las ferias se hacían con voluntarios y no con liberados, había menos asalariados en el local, teníamos que medir cada inversión, por lo que tan solo podíamos hacer una ronda de pedidos al mes, en seis años no nos hemos subido un salario mensual que apenas sobrepasa el SMI porque no nos parecía factible...-, esta última puntilla de precariedad ha sido un toque de atención como para que nos pensáramos la continuidad del proyecto. Finalmente, siendo conscientes de que las perspectivas para 2012 no son nada halagüeñas, en los dos últimos meses hemos debatido acerca de la conveniencia de dar por finalizada esta experiencia. Sobre todo antes de que generemos deudas que repercutan en la salud económica de editoriales populares y críticas que han confiado en nosotros y hacia las que nos sentimos responsables. Por eso aprovechamos el espejismo de la campaña navideña para pagar nuestras deudas y procurarnos un adiós lo más digno posible.



Es probable que más de una persona opine que se trata de una decisión precipitada y que el proyecto podía haber buscado un relevo o una revitalización. Sin embargo, y sin negar que quizá acusemos un cierto desgaste, hemos reflexionado en profundidad la cuestión y no nos parecía honesto implicar a nadie externo a Likiniano o Gatazka en estos últimos estertores por varias razones. La primera es que la crisis de Gatazka no es únicamente económica, sino también estructural; el modelo mediante el que hemos funcionado no es operativo en estos momentos, o no al menos en la proporción que debiera. Por lo tanto, los esfuerzos que se pudieran invertir no iban a estar encaminados en la dirección apropiada. Por otra parte, cuando Gatazka ha sido en cierta medida un proyecto de autoempleo, se nos antojaba un tanto desvergonzado abrirlo únicamente para pedir ayuda.



Otra cosa es si hay sitio en Bilbo para una librería alternativa. A esta interrogante, nosotros respondemos que sí, pero desde luego bajo otros parámetros nuevos, más asociativos, sin el lastre que arrastra el modelo Gatazka. Desde luego, a nosotros nos gustaría que así fuese, ya que nos supone un gran pesar cerrar las puertas del local, no solo por su referencialidad y presencia física, sino sobre todo por las relaciones, los flujos de información y la variada actividad política que le daban sentido. A todas las personas y colectivos que han hecho tanto lo uno como lo otro posible, nuestros más sinceros agradecimientos y hasta pronto.

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