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2014/02/01

Usurpadores de símbolos: las tácticas de infiltración del fascismo español

"Por ello entonces y posteriormente, estos sectores les interesa propagar un mensaje revolucionario, contrario a un capitalismo y a una burguesía,  a la que luego sirven a rajatabla por su política corporativa y su negación total de la lucha de clases."

http://www.antifeixistes.org

¿Por qué los fascistas se hacen pasar ante las masas por «socialistas» y presentan su subida al poder como una «revolución»? Porque se esfuerzan por explotar la fe en la revolución y la atracción del socialismo que viven en el corazón de las amplias masas trabajadoras

J. Dimitrov
 
Que el fascismo ha sido siempre un elemento usado por las clases burguesas con el objetivo de destruir el potente movimiento obrero internacional, eso es algo que nadie puede dudar ya a estas alturas. Tanto en el caso español, como en los casos originales de Alemania e Italia, ese movimiento fascista creado por la burguesía para proteger sus intereses a través de la violencia y del terrorismo, además ha utilizado siempre una doble estrategia.

El fascismo burgués, consciente debido a su naturaleza de clase, de que no iba a gozar precisamente de apoyos entre el movimiento obrero, utilizo desde muy pronto una estrategia que se ha convertido en la tónica habitual del fascismo: la infiltración en el movimiento obrero, usurpando e imitando su lenguaje, sus símbolos y su doctrina para, así, mostrar más atractivo ante la clase trabajadora y gozar de algún tipo de interés en ella que, de otra forma, no podría lograr, si no fuera por el robo descarado que hacen de su identidad en todos los países del mundo.

Los pioneros en esta usurpación de identidad fueron, qué duda cabe, los alemanes e italianos, aunque no vamos a detenernos puesto que el objetivo aquí es denunciar a los movimientos fascistas españoles.

En la Alemania de los años 20, la burguesía se encuentra atemorizada por el alarmante incremento de un potente movimiento obrero que recorre toda Europa y que había ya influido en el país. La revolución rusa de 1917, la revolución espartaquista alemana de 1919, la revolución húngara de 1919, la ocupación de fabricas por los obreros italianos en los primeros años de los 20…..todo ello provoca que la burguesía alemana empiece a apoyar y financiar proyectos ultranacionalistas que tiene como programa el orden, la tradición, la defensa de los privilegios y por supuesto, el combate directo contra todo el movimiento obrero.

Algunos de estos partidos, como el NSDAP de Adolf Hitler, empiezan así a crecer poco a poco como la espuma, específicamente entre las clases medias y altas de la burguesía, financiados y apoyados por grandes industriales, banqueros, jueces y políticos de toda índole que ven en él un poderoso remedio contra el empuje del movimiento obrero alemán. Pero Hitler es consciente, observando la poderosa maquinaria política del Partido Comunista Alemán, que frente a este, el no tiene nada que hacer en lo referente a la clase trabajadora de los barrios trabajadores de Alemania, donde sus partidarios no pueden entrar a hacer propaganda por el peligro físico que corrían al entrar allí.

Para ello, Hitler se ve forzado, para intentar lograr alguna legitimidad entre la clase obrera que no tenía por su propia ideología, a copiar aquellos elementos más atractivos y llamativos del movimiento antifascista y obrero alemán, en el desesperado intento de lograr el apoyo obrero y lograr crecer copiando las tácticas exitosas de propaganda política de los comunistas y socialistas alemanes.

Desde el primer momento, no solo incorpora el leguaje obrero, ubicando oportunamente el concepto “socialista” en la nomenclatura de su partido que, originalmente cuando se crea, no la lleva, e incorporando, a su vez, a elementos provenientes del movimiento obrero que incorporan un lenguaje obrerista y revolucionario al partido, liderado por los hermanos Otto y Gregor Strasser y las SA de Ernst Röhm, se empieza a utilizar el concepto de “revolución social y nacional” contra la burguesía y el capital, presentando al nazismo como una “tercera vía” entre el marxismo y el capitalismo burgués decadente.

Fruto de ello, es el empuje que, de fachada, los nazis dan al movimiento obrero alemán, llegando a crear una propia sección sindical para asuntos laborales, el DAF, que intenta copiar los elementos del movimiento obrero que han visto a lo largo de los años.

Pero como el lenguaje no es suficiente y quizá incluso poco atractivo, los nazis, pasaran a copiar también la estética del movimiento obrero alemán: la utilización del saludo romano (copiado de los fascistas, y como intento de copiar el atractivo e identificativo símbolo del puño en alto usado por socialistas y comunistas), la cartelería (los celebres carteles de Hitler posando de perfil con su efigie y junto a héroes pasados de Alemania es una copia literal de la cartelería soviética en que se mostrada a un claramente identificado Lenin de perfil junto con los héroes de la clase obrera mundial, y que era un poderoso símbolo del movimiento obrero alemán), incluso el uso de la esvástica en el brazo (copia del uso de la hoz y el martillo en los uniformes obreros) , el uso del concepto de camarada o caudillo (como intento de copiar los saludos de los militantes antifascista) o incluso  los uniformes políticos (que también usaban desde hacia años los movimientos obreros)… son todo ellos estrategias que evidencian un intento del fascismo nazi alemán de usurpar y copiar los elementos más significativos del movimiento obrero para, como decimos, intentar gozar de algún tipo de legitimidad entre las  bases de una clase obrera que veía a los nazis, como lo que eran: fuerzas de choque, financiadas (Krupp, Thyssen, Bayer…) y apoyadas por los empresarios, banqueros y la alta burguesía y aristocracia terrateniente alemana, para combatir al movimiento obrero alemán e internacional, tan pujante en aquellos años.

No obstante, y aunque los movimientos antifascistas alemanes alertaron de esta infiltración oportunista de los nazis en el movimiento obrero, lo cierto es que no se pudo frenar la avalancha nazi que les lleva al poder en el año 1934 definitivamente. Debido a este exitoso programa, los fascistas españoles durante los años 30, copiaran paso a paso toda esta simbología e infiltración en el movimiento obrero español para tratar de presentarse como la alternativa nazi y fascista en España.

1) La simbología política

Los partidos  políticos pioneros del fascismo español, van a ser  las JONS –Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista-, fundadas en octubre de 1931 a través de dos grupúsculos fascistas minoritarios previos, el grupo La Conquista del Estado (fundado por Ramiro Ledesma Ramos en marzo) y las Juntas Castellanas de Actuación Hispánica (JCAH, fundadas en agosto por Onésimo Redondo).

Posteriormente, las JONS, que incorpora, como veremos, un lenguaje radical, cercano al movimiento obrero y al fascismo internacional (de hecho, Ramiro Ledesma era un admirador confeso de Adolf Hitler e incluso la rumorología popular ubica el famoso mechón de pelo del fascista español como copia de la estética del caudillo nazi), se va a fusionar en marzo de 1934 con un partido político fascista fundado el año anterior por José Antonio Primo de Rivera, la Falange Española (FE), de contenido algo más moderado que las JONS pero con el que comparten ámbito ideológico, naciendo así el partido oficial del fascismo español, y luego el único permitido durante la dictadura, la FE-JONS.

Este partido, desde muy pronto, y al igual que ocurre con el partido nazi alemán, o el partido nacional fascista italiano, va a tener su punto fuerte de apoyo entre las clases medias y altas de la burguesía urbana (incluso los terrateniente del agro inicialmente lo veían ajeno y preferían otras opciones agraristas o más reaccionarias) entre las cuales encuentran comprensión, apoyo financiero y político.

No obstante, van a ser ya primero las JONS y luego FE quienes, imitando  Hitler, intenten infiltrarse de alguna manera y ganar así apoyos entre la clase obrera española que poseía ya en aquella época sus grandes organizaciones políticas (PCE, PSOE, FAI…) y sindicales (CNT, UGT) de clase, obreras y antifascistas que especialmente en España gozaban de gran prestigio y poder social. Para competir con estas organizaciones, Ramiro y José Antonio entienden que no pueden hacer otra cosa más que lo único que sabe hace el fascismo: copiar y plagiar los símbolos obreros, para fomentar la confusión ideológica entre la clase obrera y que así la gente menos formada del movimiento obrero, por confusión y equivocación, pase a apoyar y engrosar las filas del partido fascista recién creado.

Para ello, FE-JONS, desde muy pronto incorpora toda una simbología política en la práctica para resultar identificativos a la vista e inequívocos…lo malo es que ninguno de los símbolos que crean son algo novedoso y salvo alguno que otro, los tres más vistosos e identificativos por las masas son burdas copias de elementos ya existentes desde hacia años en el poderoso movimiento obrero español, como:

-La bandera rojinegra: Símbolo del anarcosindicalismo desde sus orígenes, la bandera rojinegra ha sido imitada por varios partidos políticos fascistas españoles, por ser este país el de mayor arraigo del movimiento obrero de cariz anarquista.

Desde el principio, FE-JONS, adoptaron la bandera rojinegra pero distribuida en tres franjas verticales, siendo la negra la franja central y las rojas las laterales. La distribución imita a la bandera francesa, y de alguna manera pretendía presentar al falangismo como “modernizador” de España., a la cual incorporan en medio un símbolo típico del fascismo y del tradicionalismo español, el yugo y las flechas ideadas por las JONS como su símbolo político y que son incorporadas a la bandera.

De esta forma, FE-JONS incorporaba en su simbología la doble vertiente que les interesaba atraer: los votos y el apoyo de las masas obrera (con la bandera rojinegra sindical) y el dinero y la influencia política del tradicionalismo conservador y reaccionario español (a través del yugo y las flechas, emblemas, a su vez, copiados del escudo de los Reyes Católicos y del imperio español)

El interés en plagiar los símbolos del movimiento obrero es tan claro que incluso otros símbolos, propuestos como alternativa de enseña falangista y mucho más antiguos y originales, son desechados, tales como la famosa “garra hispánica” ideada por Ramiro Ledesma, mucho más combativa, pero con un contenido más reaccionario, tradicionalista y ajeno a un movimiento obrero que, sin duda, no se habría identificado para nada con ese símbolo. No así la enseña rojinegra plagiada del sindicato anarquista CNT, que era muy famosa y popular entre la clase obrera española por aquellos años, y cuyo plagio, creían los falangistas, que les iba a granjear apoyos y popularidad entre la clase y la militancia de base obrera.

-Camisa azul: Es el uniforme falangista por antonomasia, la camisa azul “mahón”, no hacía otra cosa que imitar el clásico “mono azul” utilizado por los trabajadores. La FE-JONS adoptó dicho uniforme imitando, por un lado la estética de los fascistas italianos –camisa negra- y los nazis alemanes –camisa parda- pero, por otro lado, dándole un cariz claramente dirigido al trabajador. Este símbolo, había sido desde hacía mucho tiempo utilizado como un símbolo por parte de los movimientos obreros como uno de sus más claros e identificativos símbolos. El ejemplo más claro de ello es que ya, antes de iniciarse la guerra civil, destacados grupos de choque antifascistas y grupos milicianos vinculados al PCE como fueron las MAOC (milicias antifascistas obreras y campesinas, embrión de lo que será luego el famoso quinto regimiento de milicias populares) emplea ya el mono y la camisa azul mahón como su estandarte y uniforme oficial, tomándolo del uniforme de trabajo de los obreros industriales.

A su vez y ya durante la guerra civil, los grupos milicianos pertenecientes, tanto al PCE, como al PSOE, y a la CNT-FAI usaban el mono azul mahón como su uniforme oficial, obviamente no copiando al uniforme falangista, si no como recuperación de un símbolo tradicional de la clase obrera española. Tan frecuente y común fue el uso de este símbolo obrero entre las clases y movimientos populares y antifascistas, que incluso algunas organizaciones libertarias criticaron el uso formalista y marcial que de ese símbolo obrero hicieron socialistas y comunist

Como anécdota que ilustra bien esta confusa y antinatural  mezcla que hicieron los falangistas de la simbología obrera y antifascista esta la muerte del co-fundador de las JONS, Onésimo Redondo, el cual es fusilado en julio de 1936 por una columna miliciana de la CNT, al haber sido recibida alegremente brazo en alto y confundida (por sus colores y su camisa) por el líder fascista con una columna falangista amiga cercana en Segovia.

-El saludo: Asimismo es común el tuteo entre sus miembros, llamándose generalmente por su nombre de pila y anteponiendo el tratamiento de camarada (Ej. Camarada Ramiro Ledesma, o incluso usando los cargos, ej. Camarada Secretario General del Movimiento). También este símbolo es, cómo no, copiado por los fascistas al movimiento obrero, no ya solo español, si no internacional.

Tan frecuente llego a ser el plagiado uso del concepto “camarada” entre las filas falangistas y luego nacionales, que llego a ser usado como símbolo oficial de apelativo e incluso incorporado a los himnos del bando nacional (ej., el himno “yo tenía un camarada”). Camarada es símbolo de estrecha amistad entre soldados y oficiales usados ya desde el siglo XVI  en España y especialmente en el siglo XIX en Prusia.

Inicialmente llevaba y lleva una fuerte connotación militar en los ejércitos, pero es a partir de la revolucion rusa cuando los comunistas lo recuperan y popularizan, y  lo emplearon profusamente como alternativa igualitaria a señor y otras palabras similares.

La palabra camarada (y compañero mas usada por socialistas y anarquistas) fue popularizada por los bolcheviques rusos y  quedó en la Unión Soviética como forma de tratamiento habitual en un contexto formal, es decir, sustituyendo a señor o señora, porque camarada tenía una connotación de comunión con el ideario comunista. Debido a ello, el uso de “camarada” era ya algo frecuente en los años 20 entre los miembros y militantes comunistas, especialmente popularizados por los militantes del PCE que lo usaban frecuentemente, creando un elemento de compañerismo y amistad entre ellos y los miembros de la clase obrera.

Como vemos, pues, la simbología usada por el fascismo español no es más que un conjunto de mezclas y copias de elementos ya existentes y muy popularizados entre la clase trabajadora y las organizaciones políticas vinculadas a ella. Pero no creyendo, al igual que los nazis alemanes, que era suficiente con copiar la simbología política antifascista, los fascistas españoles crearon incluso su propia fuente ideológica, como una mezcla entre movimiento obrero, fascismo y tradicionalismo español, aunque dando a la clase obrera protagonismo especial.
       
 2)    La ideología política

Como dijimos, con la creación de las JONS en 1931, de FE en 1933 y la fusión de ambos en FE-JONS en 1934, el movimiento fascista español (que ya tenía desde hacia tiempo movimientos o partidos de cercana ideología como JONS, JCAH, PNE, JAP, CEDA…) queda perfectamente unificado políticamente. Además, como hemos visto, sus símbolos también fueron fijados, por lo cual era necesario dotarla de un programa político propio, que va a ser, según sean sus diversas escisiones y evolución calificada como nacionalsindicalismo, o falangismo, a imitación del nacionalsocialismo alemán.

Dentro de la ideología nacionalsindicalista, como nos indica los compañeros de la editorial Strasse, hay varios aspectos que tratan de recordar vagamente al anarcosindicalismo. Lo primero de todo sería su pretensión de organizar la economía nacional en “sindicatos”; en su caso no son realmente sindicatos, sino corporaciones o “juntas” formadas tanto por patronos como por obreros. Su intención: detener la lucha de clases, que según ellos disolvía a la nación española. Para los nacionalsindicalistas la “superación del capitalismo” debía darse mediante la colaboración entre las clases y no la lucha, en aras de lo que ellos llamaban “la grandeza de la Patria”.

El segundo aspecto es el énfasis en el municipalismo, recordando vagamente a Koprotkin o a Boochkin. Frente a la democracia representativa, los fascistas proponían una organización social basada en instituciones naturales como “la familia, el municipio y el sindicato”, dotando de autonomía al municipio local, pero subordinándola, desde luego, a la superioridad de la nación central española, única e indivisible, y obviando los elementos típicos del anarquismo, tales como la de organización no jerárquica, igualitaria, horizontal y asamblearia.

Ente las aportaciones y plagios que este fascismo hace al movimiento obrero español, podemos distinguir dos elementos claros. Por un lado Ramiro Ledesma Ramos, fundador de las JONS, será quien otorgue la base ideológica al movimiento fascista. Sera él quien idea el concepto de nacionalsindicalismo, y quien aporte las claves de la necesaria infiltración en el movimiento obrero para dotar al partido de éxito político. Así se desprende de sus propios textos, algunos de los cuales tomaremos como ejemplo para ilustrar esta idea.

Desde muy pronto, Ramiro se basa en la doctrina política del anarquismo y de la CNT para incorporarla a su programa ideológico y mezclar las reivindicaciones tradicionales de la CNT con elementos propios de la corriente reaccionaria, fascista y tradicionalista del conservadurismo español. Como ejemplo destaca el llamado “Manifiesto político” del periódico La Conquista del Estado, firmado por Ramiro Ledesma, y como embrión de las JONS. En ese programa se establece:

- Intensificación de la cultura de masas, utilizando los medios más eficaces.

-Plena e integral autonomía de los Municipios en las funciones propia y tradicionalmente de su competencia, que son las de índole económica y administrativa.

-Estructuración sindical de la economía. Política económica objetiva.

-Potenciación del trabajo.

-Expropiación de los terratenientes. Las tierras expropiadas se nacionalizarán y serán entregadas a los Municipios y entidades sindicales de campesinos.

-Justicia social y disciplina social.

-Exclusiva actuación revolucionaria. Métodos de acción directa sobre el viejo Estado y los viejos grupos políticos sociales del viejo régimen.

Como vemos, Ramiro utiliza en este manifiesto propuestas políticas revolucionarias copiadas casi literalmente del programa político y económico de la CNT en materia sindical y laboral, con el pretendido objetivo de atraerse, como luego veremos, de una forma clara a la amplia base obrera de miles de trabajadores que engrosaban las filas de la CNT y de la UGT.

En aquellos mismos años de la época republicana, el sindicato anarquista CNT proponía, de esta manera, el programa sindical en el tema agrario:

-Vivimos en régimen capitalista y tenemos que partir del Sindicato pero sin olvidar que al lado hay la Comuna, profundamente arraigada en el pueblo español.

-El Sindicato como asociación, órgano de producción, señalará los principios fundamentales de los órganos de producción.

- La cultura de masas, el cine, la radio, las misiones pedagógicas, serán excelentes y eficaces auxiliares para una rápida transformación intelectual y moral de las generaciones presentes y para desarrollar la personalidad de los niños y adolescentes que nazcan y se desarrollen ya en un ambiente libertario.

- Expropiación sin indemnización de las propiedades de tierra.

-Confiscación del ganado de reserva, aperos de labranza, maquinarias y semillas que se hallen en poder de los terratenientes expropiados.

-Revisión de los bienes comunales y entrega de los mismos a los Sindicatos de campesinos para su cultivo y explotación en forma colectiva.

-Entrega proporcional y gratuita en usufructo de dichos terrenos y efectos a los Sindicatos de Campesinos para la explotación directa y colectiva de los mismos.

-Solución inmediata del paro obrero, reducción de la jornada de trabajo y nivelación de los sueldos con el coste de la vida.

-Toma directa por los Sindicatos de campesinos de las tierras que por insuficiente cultivo constituyen un sabotaje a la economía nacional”.

Como vemos, las reivindicaciones tradicionales e históricas de la CNT, desde su fundación en 1910 y plasmadas en sus diversos congresos sindicales de 1910, 1919, 1931 y 1936 se encuentran claramente recogidos en el manifiesto programático del embrión de las JONS y en la esencia ideológica misma del nacionalsindicalismo propuesto por Ramiro Ledesma que, de esta forma, y como vemos, se limita a hacer una mezcla de las propuestas clásicas libertarias en la lucha obrera, a las que añade preceptos relacionados con el tradicionalismo y el fascismo (corporativismo, totalitarismo, ultranacionalismo, catolicismo…), pero que en la esencia no es más que una copia casi literal de las reivindicaciones obreras de la CNT y, en general, del movimiento obrero español.

Pero Ramiro Ledesma es aun más claro en sus intenciones de plagiar y de infiltrarse claramente en el movimiento obrero español en otros de sus escritos.

En un texto titulado “La proclamación de la republica” y fechado el 18 de abril de 1931, Ramiro afirmaba:

“La República llega rodeada de alientos liberales. Con más de un siglo de retraso; el pueblo exalta hoy mitos ineficaces, y hemos de impedir que se le hurten las verdaderas conquistas de esta época. Nada de estancarse en la fase mediocre de una socialdemocracia más. Nada de pelea ante enemigos inexistentes.

La República naciente hará posibles las batallas actuales. ¡Nadie nos niega hoy la libertad, camaradas!”.

Curiosamente, la misma gente que derroco por las armas a la II Republica en 1939, era la misma que en 1931, como vemos, la saludaba y recibía con los brazos abiertos y los mayores halagos posibles…por qué? Simple y llano oportunismo. En abril de 1931, lo popular entre las clases obreras, y en general, entre las clases medias, era estar a favor de la proclamación de un régimen republicano, y todos lo aplaudían. Los fascistas españoles, fieles a su doctrina de estar bajo el sol que mas calienta, fueron los primeros en recibirla. Luego, cuando cierta parte de la población estaba en contra, ellos, para no ir contracorriente, empuñaron las armas los primeros para disolverla. Tan radical y extremo cambio de opinión en tan solo 5 años de historia…no es casual, como no lo es nada en FE-JONS.

Tampoco resulta muy casual, a tenor de las coincidencias programáticas, que en junio de 1931, Ramiro Ledesma publicara en su periódico un artículo llamado “Congreso extraordinario de la CNT”, en el que decía literalmente:

“Nosotros tropezamos ahora mismo con el casi millón de adheridos a la C.N.T. Vamos forzosamente a buscarla y a comprenderla y a interpretarla con ojos amigos. Hemos de estar junto a la C.N.T., en estos momentos de inmediata batalla sindical, en estos instantes de ponderación de fuerzas sociales. Así creemos cumplir con nuestro deber de artífices de la conciencia y de la próxima y genuina cultura de España”.

Con este guiño, Ramiro pretendía claramente llamar a ese casi millón (luego más que eso durante 1936-1939) para que se incorporara a su proyecto, en el enésimo intento desesperado de infiltrarse entre las bases sindicales de la CNT y del movimiento obrero, en general. Sabedor del escaso eco que sus burguesas teorías iban a tener entre la clase obrera, Ramiro, que iba a estos congresos de la CNT repartiendo ejemplares de su periódico entre las masas obreras, trataba por todos los medios de copiar el lenguaje cenetista y de atraerse con palabras amables a los mismos militantes a los que luego sus seguidores en 1936 calificaban de “anti-España” llamando al exterminio de esta organización.

Nuevamente, en 1931, en pleno auge del movimiento obrero y libertario, lo popular entre las masas trabajadores, era estar con la CNT. En 1936, sin embargo, ya sin necesidad de mostrar una careta y esconder sus verdaderas intenciones, iban por las calles persiguiendo cenetistas para ajusticiarlos. Las dos caras de FE-JONS.

Sin embargo, no solo a los anarquistas y a los republicanos lanzaban guiños los falangistas en 1931. También a sus archienemigos, los comunistas y los bolcheviques, les dedicaban, en pleno auge revolucionario, palabras amables. Eso se desprende del articulo “El reconocimiento de los soviets” que publico Ramiro Ledesma en varios números de su periódico a lo largo de 1931, y donde dice:

“Insistimos hoy en nuestro punto de vista, que exponíamos en uno de los números anteriores. España debe reconocer el Gobierno soviético. Después de catorce años de régimen, asimilada por el pueblo ruso una tarea nacional que le adscribe a la función estricta de reconstruirse, no cabe peligro alguno que aconseje el aislamiento. Rusia es hoy un pueblo con inmensa capacidad reproductora y es absurdo mantener una ruptura comercial que sólo puede proporcionar pérdidas a nuestra economía.

De todos modos, lo que aparece claro es la necesidad de admitir diálogos de toda índole con Rusia. España, tanto como cualquier otro país, requiere apurar todos los resortes para la elaboración sistemática de una economía nacional, sin repudiar intercambios beneficiosos en nombre de absurdos remilgos, de los que no se debe hacer caso en estos tiempos. ¿Y hasta qué punto es Rusia un enemigo radical”.

Esta es la tónica habitual de varios artículos positivos que Ramiro Ledesma dedica a la URSS, donde llama abiertamente a su reconocimiento, cooperación y amistad, para tender puentes y lazos comunes de amistad. Y eso, a pesar de que desde su mismo manifiesto programático en 1931, la  FE-JONS y Ramiro en particular, se declaran abiertamente antimarxistas y contrarios a toda cooperación con un marxismo internacional, al cual culpan de todos los males de la patria por su materialismo. Sin embargo, en 1931, junto  con ese antimarxismo cabía también, para los fascistas españoles, pequeños espacios de reconocimiento a una URSS  que, ante la enorme crisis político-económica por la que pasaba el estado español, gozaba de una amplísima popularidad entre la clase trabajadora de todo el mundo que la veía como la patria internacional de la clase trabajadora mundial.

La JONS, como no podía ser menos, en un enésimo alarde de oportunismo, se sube al carro de esta popularidad, llamando a tender unos lazos de amistad que luego, tan solo 5 años después ellos mismos dinamitarían, y poco después, un destacado falangista de primera hora, Ramón Serrano Suñer, llamaría a la invasión contra la URSS bajo el famoso lema de ”Rusia es culpable” Pero eso ya seria cuando se cayeron todas las caretas, cuando ganaron la guerra, aniquilaron a la clase obrera y sus organizaciones y ya no era necesario ganarse el apoyo obrero con mentiras.

Pero no es solo Ramiro Ledesma, y las JONS por el fundada quienes lideran este proceso de oportunismo político. Su “camarada” y amigo, José Antonio Primo de Rivera, hijo del dictador Miguel, y fundador de Falange Española, no se queda corto en las reivindicaciones políticas de su partido, y en seguir la estela de Ramiro Ledesma, a a hora de infiltrar propuestas del movimiento obrero en su programa político.

En los propios “27 puntos de Falange Española” de octubre de 1934, y pese a estar suavizados frente a las propuestas de Ramiro Ledesma, aun se pueden encontrar propuestas populistas y demagógicas tendentes a encandilar a ciertos sectores del movimiento obrero. En concreto:

-Concebimos a España, en lo económico, como un gigantesco sindicato de productores. Organizaremos corporativamente a la sociedad española mediante un sistema de sindicatos verticales por ramas de la producción, al servicio de la integridad económica nacional.

-Repudiamos el sistema capitalista, que se desentiende de las necesidades populares, deshumaniza la propiedad privada y aglomera a los trabajadores en masas informes, propicias a la miseria y a la desesperación.

- La riqueza tiene como primer destino—y así lo afirmará nuestro Estado—mejorar las condiciones de vida de cuantos integran el pueblo. No es tolerable que masas enormes vivan miserablemente mientras unos cuantos disfrutan de todos los lujos.

-Defendemos la tendencia a la nacionalización del servicio de Banca y, mediante las corporaciones, a la de los grandes servicios públicos.

-Para ello adquirimos el compromiso de llevar a cabo sin contemplaciones la reforma económica y la reforma social de la agricultura.

-El Estado podrá expropiar sin indemnización las tierras cuya propiedad haya sido adquirida o disfrutada ilegalmente. (copia del Manifiesto de las JONS, y copia casi literal de los Congresos programáticos de la CNT).

Pero no es este el único texto de José Antonio Primo de Rivera en el que dedica claros guiños políticos a los sectores más radicalizados de la clase obrera española. En el texto “Señoritismo” de enero de 1934 en el que afirma:

“A Falange Española no le interesa nada, como tipo social, el señorito. El “señorito” es la degeneración del “señor”…..Pero que si triunfamos no triunfarán con nosotros los “señoritos”. El ocioso convidado a la vida sin contribuir en nada a las comunes tareas, es un tipo llamado a desaparecer en toda comunidad bien regida.

Y eso es lo que queremos nosotros: que se extinga. Para bien de los humildes, que en número de millones llevan una vida infrahumana, a cuyo mejoramiento tenemos que consagrarnos todos. Y para bien de los mismos “señoritos”, que, al volver a encontrar digno empleo para sus dotes, recobrarán, rehabilitados, la verdadera jerarquía que malgastaron en demasiadas horas de holganza.”

La reclamación contra los “señoritos”, contra los sectores ociosos de la clase burguesa, rentista y explotadores varios que viven del trabajo ajeno es algo que esta, ya no solo en la CNT, o en el PCE de la época…es algo que se puede leer ya en Marx, Bakunin, Kropotkin…es decir, en los más destacados ideólogos obreros del siglo XIX, y una de las mas simbólicas reclamaciones y objetos de ataque en esos años de la clase obrera y sobretodo campesina, que sufría mas que nadie los excesos del típico señorito, burgués o terrateniente. En este caso, FE-JONS no hace más que copiar a sus reclamaciones otra de las tradicionales e históricas proclamas del movimiento obrero, aun a pesar de que, como el mismo reconoce en este texto, sus filas desde primerísima hora estaban fuertemente nutridas de este sector social parasitario y no productor con el que simpatizaban.

En la misma idea ahonda otro texto del dirigente falangista, con un lenguaje populista y demagógico claro levantando nuevamente las banderas obreras. En el artículo “A los comerciantes, industriales y labradores de España” de noviembre de 1934 termina el dirigente afirmando:

“¡Basta de política! ¡Basta de partidos! Queremos un Estado español genuinamente nuestro, nacido de nuestros Sindicatos. No necesitamos una casta de políticos que se interponga entre nosotros y el Estado.

Unidos todos en nuestra tarea, sin políticos, sin mediadores, podremos hacer otra vez una España de todos, fuerte, respetada y rica”.

Una vez más, los fascistas establecen el sindicato como elemento fundamental de la vida del país que tendera a terminar con las injusticias y desigualdades sociales de todo tipo, en contra de la política. El mismo reclamo que venían pronunciando los anarquistas, cuyo mensaje anti-político, en el cual la liberación del pueblo viene del sindicato y no del parlamento o de los políticos degenerados viene ya de la época de Proudhon y de Bakunin en el siglo XIX, cuyos textos José Antonio conocía perfectamente y consulto más de una vez para elaborar su teoría con los retales ideológicos del movimiento obrero.

Por último, nos referimos a un panfleto de especial significación en la tesis mantenida en este artículo. El texto en cuestión se titulaba “Obreros españoles” fechado en noviembre de 1935, y en él se hace un constante alegato a la clase obrera, mencionando expresamente al comunismo y a la URSS:

“El régimen de partidos es incapaz de organizar un sistema económico que ponga a cubierto a la masa popular de estas angustias; que tanto unos partidos como otros están al servicio del sistema capitalista.

 El triunfo del comunismo no sería el triunfo de la revolución social de España: sería el triunfo de Rusia. Y no hay sino mirar la política turbia que hace Rusia con los grandes estados capitalistas.

El Movimiento Nacionalsindicalista está seguro de haber encontrado una salida justa: ni capitalista ni comunista. Acabará de una vez con los intermediarios políticos y los parásitos. Aliviará a la producción de las cargas con que la abruma el capital financiero. Superará su anarquía, ordenándola. Impedirá la especulación con los productos, asegurando un precio remunerador.

Y, sobre todo, asignará la plusvalía, no al capitalista, no al Estado, sino al productor encuadrado en sus sindicatos. El movimiento Nacionalsindicalista, mantiene el fuego contra todos los enemigos; contra las derechas, contra las izquierdas, contra el comunismo, contra el capitalismo.

Por la Patria, el Pan y la Justicia. Impondremos sin contemplaciones un orden de cosas nuevo, sin hambrientos, sin políticos profesionales, sin caciques, sin usureros y sin especuladores.
¡Ni derechas ni izquierdas! ¡Ni comunismo ni capitalismo! Un régimen nacional. ¡El régimen Nacionalsindicalista! “

De entra, las dos novedades de este texto, y que van a heredar los movimientos fascistas españoles desde 1935 hasta nuestros días son: por un lado la difusión del falangismo o nacionalsindicalismo como una “tercera vía” obrera frente a los ordenes vigentes, y segundo la critica la URSS como un estado capitalista y no obrero que no defiende los intereses obreros.

Y eso aunque, contradictoriamente, en otros textos, tanto José Antonio como Ramiro Ledesma (este especialmente en sus textos sobre los soviets) reconozcan claramente los beneficios y el desarrollo de las fuerzas productivas en Rusia, así como su total transformación desde la subida al poder de los comunistas rusos.

El fascismo se presenta, así, como la única alternativa de los trabajadores, siendo el único defensor de sus intereses, y cargando su mensaje de una verborrea y una dialéctica plagadas de clichés y tópicos tomados del comunismo y del anarquismo.

Curiosamente, este texto está fechado un año después de la insurrección obrera de Asturias de octubre de 1934 en la cual FE-JONS actuó como fuerza de choque paramilitar del estado republicano para frenar al movimiento obrero y ofreciéndose como “soldados” contra los trabajadores. Meses después, en este texto, ese mismo partido que fue verdugo de los trabajadores, se presenta como su alternativa, en un claro y evidente doble juego que fue la tónica habitual del falangismo español a lo largo de toda su historia. A su vez, aquí surge la famosa proclama de “ni izquierdas ni derechas, ni comunismo ni capitalismo” que tan del gusto es tanto de partidos fascistas abiertas como camuflados (UPyD) hoy en día.

Una suerte de ambigüedad y engaño ideológico destinado a provocar la confusión en las filas de la clase trabajadora y sus organizaciones referenciales y ganar a algún despistado a su causa, como de hecho así va a suceder.

Muy pronto, los fascistas españoles pasaron de la teoría a la práctica en su discurso de infiltración en las filas obreras.

Ya en 1931, el líder fascista Ramiro Ledesma, como hemos visto, teorizaba acerca de su supuesta simpatía por la CNT, acudía y se infiltraba en los congresos del sindicato vendiendo su prensa fascista y entablando contactos políticos y llamaba a una unidad de acción y una infiltración masiva de los jóvenes fascistas en los sindicatos de base de la CNT a nivel estatal.

En esa coyuntura Ramiro, como indica el escritor fascista Ceferino L. Maestú, aprovecha las diferencias internas de la CNT para hacer lo que en la teoría ya había plasmado sobre el papel: confundir y dividir a la potente clase obrera y a su organización sindical para atraerse a algunos de sus partidarios a sus organizaciones fascistas.

Ramiro Ledesma vio que, en el Congreso de la CNT de 1931, se habían definido dos posturas violentamente enfrentadas: la de los anarquistas más ortodoxos  y la de los sindicalistas reformistas, representadas por Durruti y por Ángel Pestaña, que, poco más tarde, desencadenarían la ruptura de los moderados “treintistas” y la aparición de dos agrupaciones sindicales que no volverían a reunirse hasta el Congreso de Zaragoza de 1936, en las fronteras de la Guerra Civil.

Por entonces fue cuando se producen los efectos deseados por los fascistas y cuando tuvo lugar la primera gran deserción, cuando uno de los fundadores y más destacados militantes cenetistas, Nicasio Álvarez de Sotomayor encabezó un proceso de trasvase a las JONS de otros sindicalistas. Sotomayor (del que hablaremos más adelante), había sido Secretario del Comité local de la CNT de Madrid. Antiguo estudiante de medicina, se había radicalizado en la acción revolucionaria y fue uno de los principales dirigentes de la huelga nacional de la Compañía Telefónica, la primera acción de alcance subversivo que los anarco -sindicalistas desataron contra la transición pacífica de la República.

No obstante, la vida de este militante es un fiel ejemplo de la confusión mental reinante en aquel periodo y que aprovecharon los fascistas para engordar sus filas: paso de la CNT a la FE-JONS y de ahí al PSOE. Toda una declaración de intenciones.

Ledesma Ramos, en su libro ¿Fascismo en España?, dijo que su grupo:

“Era anticomunista, sin bien escrutando, con toda fijeza, las líneas que postulaban una salida social subversiva – por ejemplo la CNT- en busca apasionada de coincidencias que le permitiesen enlazar con alguien sus esfuerzos.

El sindicalismo revolucionario está informado por un afán fortísimo de respetar las características hispanas, y debe destacarse como merece, este hecho frente a las traiciones de aquellos grupos proletarios que no tienen otro bagaje  que el que se les da en préstamo por el extranjero…
Nosotros ayudaremos al sindicalismo revolucionario, y lo proclamamos, hoy por hoy, el único capacitado para dirigir un ataque nada sospechoso a las instituciones mediocres que se agruparán en tomo a la política demoliberal de los burgueses”.

Es decir, que ya desde el principio, el líder fascista buscaba una unidad con la CNT usando una doble estrategia que, en parte, le resulto efectiva: utilización y plagio de la simbología y el lenguaje obrerista, por un lado, y explotación del fuerte sentimiento anticomunista que tanto los fascistas como los anarquistas tenían en mente por aquel entonces. Basándose en esos dos supuestos que Ramiro supo explotar adecuadamente, consiguió atraerse a parte de la militancia anarcosindicalista y tratar así, de debilitar al movimiento obrero, tal y como deseaban las altas clases burguesas y aristocráticas que temían, sin duda un potente y unido movimiento obrero y sindical por aquellas fechas. Ramiro sirvió, pues, para lo que se le quería desde los altos poderes del estado, y lo hizo lo mejor que pudo en todo momento.

Fruto de la imitación de este lenguaje pseudorevolucionario, de los contactos establecidos, y de las tensiones internas que se desatan en el Congreso de la CNT entre el 10 y el 14 de junio de 1931, y, posteriormente, con el “treintismo” de Pestaña, algunos militantes confederales como el mencionado Nicasio, uno de los hermanos de Buenaventura Durruti, Sinforiano Moldes, Guillén Salaya, Olaya, Llorente, en Madrid, y Gutiérrez Palma, en Valladolid, entraron en las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista (JONS) y se pasaron, pues, a las filas de las organizaciones del fascismo español.

Después de Ramiro, y una vez que se produce a partir de 1934 la fusión en FE-JONS, es José Antonio el que prosigue en la verborrea pseudorevolucionaria del “sindicalismo revolucionario falangista” y continua los contactos entre su partido fascistas y destacados militantes de la CNT buscando una ya clara y obvia unidad de acción entre ambas organizaciones.

El primero en ser tentado, obviamente, fue el flanco más débil, dubitativo y revisionista de la CNT, el encabezado por los treintistas de Ángel Pestaña, que entre febrero 1934 y noviembre de 1935 se reúne en Barcelona con el líder fascista José Antonio Primo de Rivera, el cual le intenta convencer de una unidad de acción entre fascistas y anarquistas, para así lograr FE-JONS una hegemonía en el movimiento obrero que, sin duda, se veía venir que iba a ser el protagonismo de los futuros acontecimientos políticos que debían tomar el poder en el país en no muchos años. De esas reuniones, Pestaña se mostro dubitativo pero partidario de un acuerdo con los fascistas, aunque finalmente se echo atrás para fundar su Partido Sindicalista que entraría en el frente popular y no en la coalición fascista.

El que también fue tentado, ante el rechazo de Pestaña, fue el destacado militante anarquista, este de la facción faísta, Diego Abad de Santillán que, en 1935 y según cuenta el escritor fascista antes mencionado, por indicación del propio Pestaña, fue colocado como el siguiente blanco a tentar. A lo largo de ese año, Santillán recibió un aluvión de cartas, declaraciones, material impreso para que se formase una idea del movimiento iniciado en FE-JONS en lo sindical. En este caso, Santillán, que si había informado a su organización de estas tentativas, rechazo todo encuentro, y la vía fue cerrada por los fascistas en su intento de cooptar el apoyo de algo más que de la base sindical militante de la CNT.

Fruto de ese aislamiento definitivo entre las filas obreras, que a pesar de los cantos de sirena de los fascistas, no se dejaban embaucar por las falsas promesas y la verborrea sindicalista de los defensores de la burguesía, los falangistas se lanzaron, ya a inicios de 1936 a una campaña a la desesperada para conseguir cazar a los últimos reductos dubitativos del sindicato anarquistas. Desesperadamente, el semanario falangista Arriba publicaría mensajes a la militancia de la CNT:

“Obrero de la CNT, la Falange te llama y no con voces de sirena. Te dice la verdad. Abandona las filas de esos sindicatos que perdieron su apoliticismo al ir en unión con los que te han perseguido. Abandona esas filas y ven a las nuestras”.

Sin embargo, y a pesar de todos estos intentos, al final la CNT-FAI y el Partido Sindicalista optaron por el Frente Popular antifascista junto a republicanos, socialistas y comunistas que ganaron las elecciones y tomaron el poder en febrero de 1936.

A los pocos días, los presos estaban en la calle y la reforma agraria la hicieron los campesinos sin aguardar el menor refrendo legal, ocupando las tierras yermas de los terratenientes. La FE-JONS fue declarada fuera de la ley y sus dirigentes encarcelados en la Cárcel Modelo de Madrid. José Antonio Primo de Rivera fue enviado luego a la penitenciaría de Alicante, donde sería condenado y fusilado en noviembre de 1936, apenas unos meses iniciada la guerra civil.

Junto con esta tentativa de los anarquistas, el líder fascista también intento cooptar a algunos militantes comunistas del PCE a los que consiguió atraer también a las filas falangistas, tales como Oscar Pérez Solís, fundador del PCE,  Enrique Matorras, que fue Secretario de las UJCE , Juan Orellana, o Manuel Mateo, que fue secretario de organización de los comunistas madrileños.

Manuel Mateo, procedente del PCE, compartió junto con el mencionado Nicasio Álvarez de Sotomayor de la CNT, otro destino además de su deserción hacia las filas del fascismo. Ambos ex dirigentes obreros fueron, una vez atraídos por la propaganda pseudorevolucionaria del fascismo, los encargados de fundar de cero la sección sindical del falangismo, la CONS.
La Central Obrera Nacional-Sindicalista (CONS) fue  creado en 1934 por Falange Española de las JONS, y por iniciativa de Ramiro Ledesma y creada, como hemos dicho con ayuda de  dos antiguos miembros de la anarquista CNT (Nicasio Álvarez de Sotomayor y Guillén Salaya) y Manuel Mateo (del PCE).

La CONS, en su propaganda, asumía las reivindicaciones de los sindicatos de clase, el socialista  UGT y el anarquista CNT, cuyos eslóganes y programas copiaban literalmente, siguiendo las teorías de Ramiro Ledesma y la experiencia sindical de sus fundador, argumentando que sólo se diferenciaba de estos por su carácter nacionalista-fascista .

Animados por la propaganda, desde 1934 se le acercaron numerosos trabajadores en paro a los que se les expedía certificados de trabajo falsos a los que acudían para crear altercados y enfrentarse a los militantes obreros de izquierdas. Sin embargo, FE-JONS fracasa definitivamente en el intento de implantar la CONS, por el rechazo y la hostilidad de los sindicatos de clase y de la mayoría de la masas obrera militante que, a diferencia de algunos de sus miembros, no se dejo embaucar por la falsa propaganda fascista, y siempre tuvo claro a quien servía realmente el partido fascista, como se demostró después durante la guerra civil y la dictadura franquista.

En 1940 finalmente,  la CONS fue, por orden gubernativa, disuelta e integrada en la Organización Sindical Española (OSE) el conocido como “el sindicato vertical”. Hoy en día, algunos sindicatos de corte ultraderechista radical, como UNT o TNS, se reclaman herederos ideológicos de la CONS.

Sin embargo y a pesar de que gran parte del núcleo proselitista en el movimiento obrero fue absorbido definitivamente desde 1939 por el aparato oficial del régimen del general Franco, algunos de estos sectores, más proclives a un régimen netamente fascista y ultraderechista, y no a un mero sistema reaccionario conservador, siguieron formando sus propias agrupaciones políticas.

Porque aquí debemos aclarar un aspecto. Todos estos sectores que se acercaron a lo largo de la historia al movimiento obrero, no pueden, de ninguna manera, considerarse el “ala obrera o izquierdista” del fascismo español, como los hermanos Strasser y demás, tampoco lo fueron del nazismo alemán.

Estos sectores mal llamados “obreristas” son, en realidad, los más peligrosos de todos, precisamente porque son los más ultraderechistas. Los regímenes más conservadores y menos nazi-fascistas se contentan con controlar y mantener a raya al movimiento obrero, ilegalizándolo.
Pero estos sectores llamados “izquierdistas” por ser precisamente los más ultraderechistas (no en vano en España, Ramiro Ledesma representaba al ala más ultraderechista, y era un declarado admirador del nazismo y de Adolf Hitler, y en Alemania, los Strasser y las SA eran la facción más radical del nazismo alemán), pretenden infiltrarse en el movimiento obrero, y atraerse a sus militantes para, gracias a su confuso mensaje pseudorevolucionario, intentar liquidar al movimiento obrero, desunirlo, dividirlo y una vez logrado, eliminarlo gracias a la introducción de sindicatos verticales corporativos proclives a entregar un ambiente laboral domesticado y controlado al mundo patronal burgués.

Por ello entonces y posteriormente, estos sectores les interesa propagar un mensaje revolucionario, contrario a un capitalismo y a una burguesía,  a la que luego sirven a rajatabla por su política corporativa y su negación total de la lucha de clases.

Entre esos sectores mas ultraderechistas que se siguieron reproduciendo una vez tomado el poder los franquistas figuran los llamados “mártires y mitos” de la ultraderecha radical española a día de hoy, como la Junta de Mando falangista encabezada por Manuel Hedilla Larrey.

Hedilla, fiel continuador de la política de infiltración obrera de Ledesma y Primo de Rivera, intento mantener a FE-JONS al margen del mando único franquista con el deseo de implantar un régimen fascista puro, y debido a lo cual fue arrestado por su propio bando en 1937 y apartado del poder definitivamente.

Otros, como Narciso Perales, opuestos también a la hegemonía franquista, crearon en 1939 la llamada “Falange Española Auténtica”, que aun hoy en día existe y sigue confundiendo con su mensaje pseudo-obrero a algunos militantes de la izquierda actual.

Opuesto siempre a la línea oficial, Perales va a fundar un sinfín de siglas a lo largo de su vida, siempre orientadas a mantener vivo el espíritu del fascismo ortodoxo, del anticomunismo, y de su intento de infiltrarse en la clase trabajadora: Alianza Sindicalista (en 1945 y nuevamente después de engañar a militantes de la CNT), Círculos Doctrinales José Antonio, Frente Nacional de Trabajadores, Frente Sindicalista Revolucionario,  Frente Nacional de Alianza Libre, o Movimiento Falangista de España.

Aun durante el periodo franquista, aparecerían algunas últimas aberraciones ideológicas, fruto del desesperado e insistente interés del sector más fascista y ortodoxo del falangismo de atraerse el apoyo de la clase obrera. Ejemplos de ello fueron el llamado “Cincopuntismo”, pactos establecidos en 1960 entre el Sindicato vertical del Franquismo (OSE) y un sector reaccionario procedente de la CNT, liderado por Lorenzo Íñigo, Francisco Royano, Saturnino Carot, Sebastián Calvo y Enrique Marco Nadal.

Recibe su nombre de un pacto en que se formulaban cinco puntos de acuerdo y que fue firmado entre junio y julio de 1965 por miembros de la CNT del interior  y representantes de la Confederación Nacional de Sindicatos, un organismo oficial franquista.

En noviembre de 1965  la prensa franquista difundía el contenido de estos acuerdos. Mientras tanto, la firma de estos acuerdos fue objeto de un rechazo mayoritario por parte de la mayoría de la CNT, quien tomaba como ejemplo de honradez la figura de su ex militante Joan Peiró, el cual es fusilado por los franquistas en 1942 después de rechazar tajantemente participar en la organización del sindicato vertical franquista, al cual fue tentado.

Con esta operación el franquismo perseguía vaciar de contenido a la CNT y aprovechar el prestigio histórico de ésta entre los trabajadores para legitimar las organizaciones del Sindicato Vertical, que fue siempre el objetivo de los sectores más radical del fascismo español desde Ramiro y José Antonio.

Aun a finales de los años 70, algunos sectores de esta facción radical aun seguían manteniendo su particular lucha, y siguieron recuperando las siglas de la vieja y desaparecida CONS, en el último intento (en una época en el que el panorama sindical estaba ya monopolizado por la izquierda con CNT, UGT, CCOO…) por ganar un apoyo entre la fuertemente conciencia clase trabajadora española de finales de los 70.

Así destaca una propuesta programática de la CONS en diciembre de 1977, en la cual reproduce los mismos argumentos propagandísticos de siempre:

La central obrera se constituye como medio de lucha de los trabajadores españoles para transformar esta sociedad en otra en que sean los sindicatos los de tentadores del poder, en que la economía se regule en régimen autogestionario y en que el hombre se entienda como libre, digno y trascendente. Es decir, es la consecución de un Estado Sindical. De esta forma, nos constituimos como una opción más dentro del movimiento obrero.

Firmemente convencidos de la necesidad de la unidad sindical; pero sin vanguardias ni dirigismos, y lucharemos contra cualquier intento que por controlar el movimiento obrero se haga por parte de grupos políticos, de presión y entidades centralistas y burocráticas.

La unidad sindical sólo se logrará con el reconocimiento de la pluralidad ideo lógica que existe en la base obrera, con el respeto a las opciones existentes y con una firme voluntad unificadora de esfuerzos. La C.O.N.S. propone la celebración de un congreso obrero constituyente, que conduzca a la unidad sindical, y se prestará al diálogo crítico y constructivo con todas las centrales sindicales.”

Un similar programa que presenta la hoja de afiliación de la CONS en todo el estado en esas mismas fechas.

Como vemos, la verborrea revolucionaria, copiada históricamente de la CNT y de la UGT, mezclada con una ambigüedad ideológica totalitaria, hace que, presentado así, este programa pueda ser firmado por cualquier obrero antifascista del mundo, si no fuera por lo que esconde detrás el programa fascista español, que nunca dice y que se guarda para sí mismo, para sacarlo a relucir cuando toman el poder, como ocurría en España desde 1939 hasta nuestros días.

         3)    Las nuevas tendencias

Desde 1945 y una vez derrotado el nazi-fascismo de Europa, surgen, no obstante, nuevas corrientes renovadores en el seno de la ultraderecha más radical. Entre estas tendencias esta la llamada vía “nacional-revolucionaria” o NR, inspirada en Ernst Niekisch, Gregor y Otto Strasser, Jean Thiriart o Sorel, que intenta superar el chovinismo nacionalista local por un europeísmo de corte neonazi, superando las viejas tradiciones fascistas locales de cada país europeo, y dedicándose a recuperar un proyecto más nacionalista europeo, según ellos, similar al Nuevo Orden que el dictador nazi Adolf Hitler quiso imponer a los pueblos de Europa.

Esta corriente, que a pesar de su nacionalismo neonazi europeo, no renuncia a las tradiciones fascistas locales, ha dado lugar a autenticas aberraciones ideológicas como las creadas por el nacionalsindicalismo, entre las que se encuentran el nacional-bolchevismo (o “nazbol”, especialmente fuerte en la antigua URSS, y que trata de mezclar racismo, nazismo, y nacionalismo soviético) o el nacional-anarquismo (destacable en España, recuperando la tradición falangista).

En España, las raíces de esta corriente neonazi o NR se encuentran ya desde antiguo, cuando en Barcelona se funda en 1966 el llamado Círculo Español de Amigos de Europa (CEDADE), influido ideológicamente por  Léon Degrelle, y  Jean Thiriart , y que tenía un componente claramente neonazi.

Sin embargo, el más destacable de todos es el llamado grupo Bases Autónomas, que se crean en Madrid en septiembre de 1983 con el inicio del curso académico, por parte de estudiantes de la UAM vinculados a las desaparecidas Juventudes Nacional-Revolucionarias (JNR), e integrado por militancias conocidos neonazis como Fernando Fernández Perdices, o Carlos Ruiz de Castro.

Se presenta de forma muy  innovadora, al renovar el lenguaje y la simbología tradicional de la ultraderecha fascista, con una ideología es nacional-revolucionaria, alejada del falangismo tradicional, y adoptando como símbolos elementos muy ajenos y rupturistas, como  la rata negra del GUD francés y la cruz celta (alejada del falangismo tradicional, pero sin atraer el rechazo abierto de la esvástica nazi)  como símbolos políticos

También se muestras innovadores en su propaganda, con eslóganes confusos y ambiguos del tipo “Un patriota es un idiota” o yendo a las manifestaciones puño en alto cantando el himno anarquista  “A las barricadas”, en una mezcla de provocación, ambigüedad y rupturismo.

BBAA llegan a crear sus propias secciones estudiantiles (pues su perfil de militancia es joven y ajeno al mundo laboral), a través de la CENR (Coordinadora de Estudiantes Nacional-Revolucionarios) y en 1985 editan sus primeros boletines, “A por ellos”,“La peste negra” o “Cirrosis”, donde muestran su verdadera cara como boletín interno, ofreciendo datos personales y objetivos políticos de militantes de la izquierda antifascista que se debían eliminar.

Desde muy pronto, BBAA intenta ocupar el terreno ideológico radical y ultraderechista que presentaba en su día Ramiro Ledesma, aunque con menos contundencia ideológica, pero con la misma ambigüedad y confusión ideológica tendente a realizar guiños históricos a la izquierda. Como evidencia, sus militantes participan el 20-N de 1986 en recuerdo de Francisco Franco, repartiendo octavillas contra esté, la derecha y los reaccionarios.

Son legalizadas asociaciones culturales universitarias en la Complutense (Disenso) y en la Autónoma (TOYLO, acrónimo de Tontos y Locos), así como la asociación juvenil Tritón, la de vecinos Neptuno o posteriormente Teoría y Praxis en la UCM.

El 20-N de 1988 organiza una concentración contra las fuerzas nacionales” en la Plaza de Chamberí que desemboca, metro a través, en un ataque contra los puestos de la izquierda radical de Tirso de Molina, dando lugar a la movilización anual antifascista celebrada desde entonces por la Coordinadora Antifascista de Madrid.

Tras el asesinato fascista contra el político y parlamentario de HB,  Josu Muguruza el 20-N de ese año, la fuerte presión policial sobre las Bases hace que en enero de 1990 proclamen su autodisolución en rueda de prensa pública. En 1991 crean el partido Área Inconformista, y la Asociación Bernal Díaz del Castillo, integradas por militantes de Bases, y CEDADE.

En general, BBAA ocupan un espacio político extraño e innovador, dentro de la esfera NR que mezcla los símbolos históricos del fascismo, del nazismo y del movimiento obrero antifascistas,, tomando lemas, símbolos, canciones o personajes de la izquierda (caso de Durruti con la cruz celtica y el símbolo anarquista) según ellos, para diferenciarse de la derecha franquista, a imitación de las las JONS (la garra hispánica, el yugo y las flechas bajo bandera rojinegra…).

El ejemplo de BBAA y de la esfera NR como alternativa tradicional del falangismo o del franquismo se extiende hasta nuestros días, con diversas organizaciones que han continuado esa senda, aunque mezclándola algo más con la simbología y el lenguaje falangista o franquista tradicional.

Los continuadores, hoy en día, mas destacados de esta nueva corriente serian el grupo MSR (Movimiento Social Republicano), cuyo símbolo es una llama con los tradicionales colores rojinegros, e integrado por una sección neonazi catalana dirigida por Juan Antonio Llopart, y de una sección radical juvenil, integrada por un núcleo madrileño representado por Alberto Ayala Cantalicio, que ha formado diversos grupos con una propaganda igualmente cercana al izquierdismo y al nazismo: Nación y Revolución (NyR, que poseía una bandera rojinegra calcada de la anarcosindical), Asociación Combat España y más tarde el Movimiento Patriota Socialista (MPS), conjunto con el núcleo juvenil de las Juventudes Canillejas (JJCC) que lograron con cierto éxito infiltrar el mensaje ultraderechista en un barrio tradicionalmente obrero y trabajador de Madrid.

En estos grupos se mezcla un conjunto de preceptos basados en el racismo de corte neonazi, el nacionalismo europeísta, parte de un discurso tradicional falangista, y reivindicaciones obreristas e izquierdistas a favor de los derechos de los trabajadores

Otro grupo lo forma la plataforma Alianza Nacional (AN) dirigida hoy por el abogado Pedro Pablo Peña, que paso por la prisión por su actividad terrorista y su llamada a la lucha armada contra el separatismo vasco-catalán. Este sector, heredero de la plataforma falangista Alianza por la Unidad Nacional (AuN) fundada por Ynestrillas, ha derivado hacia posturas cercanas con el fascismo ortodoxo y el neonazismo, el cual combinan con reivindicaciones tradicionales franquistas y un reclamo hacia la juventud y la clase trabajadora.

Los otros partidos de la actual esfera ultraderechista (la nueva plataforma “La España en Marcha”, España 2000, FE, NPE, PxC, CTC…) se vinculan en una tradición algo más alejada del movimiento obrero y más cercana a las posturas franquistas tradicionalistas.

Caso aparte merece el líder fascista Ricardo Sáenz de Ynestrillas, hijo de un militar golpista y franquista, se vincula en su juventud a Fuerza Joven, rama juvenil de Fuerza Nueva, y a las juventudes del sindicato Fuerza Nacional del Trabajo. Posteriormente se vincula a la actividad terrorista en la “Legión de San Miguel Arcángel”, y participa en el asesinato del diputado de Herri Batasuna, Josu Muguruza.

Tras salir en libertad, funda diversas organizaciones falangistas, como el Movimiento Social Español, y la Alianza por la Unidad Nacional, en un intento de unificación de diversas fuerzas políticas fascistas. También ha participado en  La  Falange, Auxilio Azul y Mesa Nacional por la Revolución (MNR).

A lo largo de su trayectoria, Ynestrillas ha pasado, en un claro recuerdo al ya mencionado Nicasio Álvarez de Sotomayor, desde las filas más tradicionalistas y conservadoras del franquismo, hasta posturas abiertamente ambiguas, representadas en su blog virtual de internet y sus declaraciones políticas, defendiendo abiertamente a la CNT, la II Republica, militantes históricos del PCE, y una reclamaciones de valores republicanos, socialistas y obreristas, conjuntamente con una simpatía por el catolicismo, el nazismo, el fascismo y el nacionalismo español a ultranza.

Ynestrillas, como otros políticos ultraderechistas actuales evidencian un panorama claro de confusión intencionada, presentándose como una “alternativa obrera” o “de izquierdas” de tipo nacional o patriota, para confundir, desubicar y engañar a los trabajadores y sobre todo a los nuevos jóvenes estudiantes que se inician en la actividad política actual.

Una corriente que tanto en España como en Europa, se esconde bajo eufemismos de “nacionalismo revolucionario” “libre, social y nacional” “nacionalismo autónomo” , o “socialismo patriota”, recuperando los estandartes tradicionales del movimiento obrero español (bandera rojinegra) e incluso internacional (como la apropiación de un símbolo clásico del movimiento antifascista europeo, como es el símbolo de las banderas roja y negra en círculo, creada originalmente por la organización alemana “Antifaschistische Aktion”, fundada en 1932 por el Partido Comunista de Alemania, y desde entonces emblema oficial de los diversos grupos y colectivos sociales antifascistas a lo largo de todo el mundo que, sin embargo, ha sido usurpado también por estos nuevos fascistas, que la usan (sobretodo el modelo de las dos banderas negras, en referencia a su origen fascista y a los uniformes paramilitares tradicionales) en sus colectivos políticos, con el objetivo de gozar de la simpatía y apoyo popular que este histórico símbolo del movimiento obrero mundial ha despertado siempre en los trabajadores.

Hoy en día, esta nueva ultraderecha fascista, trata, como hacían Ramiro o José Antonio en su día, de mezclar sus posiciones políticas en el movimiento obrero, mezclando sus símbolos (muchos de ellos pertenecientes a viejas divisiones europeas de las Waffen-SS en la guerra, viejas runas o símbolos germánicos tradicionales, o los símbolos históricos del falangismo) con la simbología obrera tradicional (bandera roja, bandera rojinegra…) y utilizando un lenguaje demagógico y populista, al más viejo estilo del nacionalsindicalismo falangistas, mezclando nacionalismo, paganismo, a veces catolicismo, racismo y xenofobia, y reivindicaciones a favor de los derechos de la clase trabajadora

Pero los trabajadores de hoy, al igual que los de la época de Hitler, de Mussolini, de Ramiro Ledesma o de José Antonio, no deben esconder su rechazo hacia lo que realmente significan estas supuestas corrientes “obreristas” del fascismo, que en realidad, son, las mas anti-obreras y las mas ultraderechistas.

Basta nada más que echar un vistazo a los regímenes donde el fascismo, el nazismo, o el corporativismo se ha impuesto en el mundo (España, Alemania, Italia, Argentina, Chile…) para ver la verdadera cara del fascismo, especialmente de la facción “radical u obrera” del fascismo, y lo que supone para los trabajadores de todo el mundo: totalitarismo, chovinismo, racismo, machismo radical y homofobia, y destrucción del movimiento obrero y sindical para entregarlo apaciguado y destruido a las manos de la burguesa empresarial dirigente que, de ese modo, obtiene lo que siempre quiso de este fascismo: la destrucción del movimiento obrero, como ya nos alertaba el dirigente obrero búlgaro Jorge Dimitrov.

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