"Siempre hablamos de la impunidad del presente, y siempre
marcamos la continuidad de la represión policial y de los abusos, el
gatillo fácil en las villas [barriadas de chabolas] y los casos de
violaciones de derechos y torturas en las comisarías y cárceles."
Pablo Elrdui
Periodico Diagonal
Durante casi una década, la Mesa de Escraches señaló a más de medio centenar de responsables de la desaparición y exterminio de decenas de miles de personas en Argentina. La fotógrafa Julieta Colomer, familiar de desaparecidos, comenzó a militar en la Mesa de Escraches y a documentar este trabajo de condena social y señalamiento público.
En su trabajo como fotógrafa, Julieta Colomer documentó la
experiencia de la Mesa de Escraches, una iniciativa de denuncia que
comenzó gracias al trabajo de la organización de derechos humanos
H.I.J.O.S --Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio--.
Entre 1997 y 2006, la Mesa señaló a algunos de los responsables de las
30.000 desapariciones que tuvieron lugar en Argentina entre 1976 y 1983.
Lo novedoso de la Mesa, para Colomer, es que rompió con el reclamo
tradicional de derechos humanos: "No se le pedía al gobierno de turno la
justicia", si no que se basaba en la condena social de los
exterminadores. Esta fotógrafa, que ha estado en Madrid para visitar la
exposición Playgrounds. Reinventar las plazas,
en la que participa, defiende que con los escraches y la denuncia en el
espacio público se impuso la fiesta, el color, la murga y "la alegría
de estar vivos", como se repitió en esa época.
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"Hubo genocidas que se suicidaron o se suicidaron sus familiares."
Uno de ellos hizo una guerra. Al llegar al barrio nosotros escribíamos una carta al vecino en la que explicábamos quienes éramos, qué era el escrache, por qué se hacían los escraches. Este vecino también escribió una carta y se produjo una lucha. Uno de ellos, cura, vivía en un barrio que estaba dividido. La mitad de la gente le seguía y la mitad no. Tuvimos problemas porque algunos vecinos nos enfrentaron. Lo poco sabemos de las reacciones de los genocidas es que era una molestia para ellos y no tanto para ellos como para su familia. El hecho de haber quedado marcado y ser repudiado en el barrio no era soportable.
También hubo unos años en que los diarios La Nación y Clarín sacaban sus editoriales hablando de los escraches como una práctica nazi; lo tildaban de la venganza de los hijos resentidos y asemejaban el escrache a la práctica nazi de marchar las casas con sangre. Tuvimos enfrentamientos con la prensa de derechas.
Pablo Elrdui
Periodico Diagonal
Durante casi una década, la Mesa de Escraches señaló a más de medio centenar de responsables de la desaparición y exterminio de decenas de miles de personas en Argentina. La fotógrafa Julieta Colomer, familiar de desaparecidos, comenzó a militar en la Mesa de Escraches y a documentar este trabajo de condena social y señalamiento público.
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Cartel repartido entre los años 2002, 2003, 2004 y 2006 |
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¿Cómo funcionaba la mesa de escraches?
La Mesa de Escraches fue un espacio que creó la agrupación H.I.J.O.S. Era una espacio heterogéneo, que estaba abierto a distintas personas que quisieran organizar los escraches. Había mucha diversidad, había gente de hijos, grupos de arte callejero, estudiantes de secundaria, sindicatos libertarios de gente joven, vecinos que cuando pasaban los escraches por su barrio se sumaban a otros escraches en otros barrios, etc. Era un espacio muy rico. El modo de funcionar radicaba en que la mesa se instalaba en el barrio donde vivía el genocida al que se iba a escrachar. Al principio, al llegar al barrio, se hacía un mapeo: dónde estaba la plaza del barrio, dónde quedaban las escuelas, dónde se juntaba la asamblea, etc. Tenía el sentido de desplegar un trabajo de comunicación: se iba a las escuelas a dar charlas, se pegatinaban las paredes del barrio, se hacían actividades en las plazas y la mesa se juntaba los lunes en los centros sociales o comunitarios del barrio.¿Cómo se hacía el trabajo de localización y documentación previa de esos genocidas?
Esa parte era un poco más cerrada porque se manejaban datos que no eran tan accesibles. Primero se hacía una comisión interna en H.I.J.O.S. que empezaba a investigar. A raíz de esa investigación lo que se hacía previamente era sacar una foto y eso demandaba una cooperación más clandestina. Íbamos poco a poco, no se difundía. Teníamos que lograr que el genocida en cuestión saliera de su casa para poder fotografiarlo. Una vez que teníamos los datos y teníamos la foto, entonces la información se abría a todo el grupo y se empezaban a diseñar los volantes, los panfletos, etc. para repartir a los vecinos."Hubo genocidas que se suicidaron o se suicidaron sus familiares."
¿Cuántos se hicieron? ¿Cómo reaccionaban los escrachados?
Escraches habremos hecho un poco más de 50. En sí, el trabajo de la mesa duraba dos meses en el barrio. Todos los fines de semana y lunes hacíamos actividades para informar a los vecinos de que dentro de dos meses iba a haber un escrache. De manera que, cuando llegaba el día, toda la gente sabía, incluso el escrachado mismo lo sabía. Sabemos que muchos de ellos no estaban en sus casas. Y después hubo distintas reacciones. Hubo gente que tuvo que mudarse, porque no soportaba la presión del barrio. Hubo genocidas que se suicidaron o se suicidaron sus familiares.Uno de ellos hizo una guerra. Al llegar al barrio nosotros escribíamos una carta al vecino en la que explicábamos quienes éramos, qué era el escrache, por qué se hacían los escraches. Este vecino también escribió una carta y se produjo una lucha. Uno de ellos, cura, vivía en un barrio que estaba dividido. La mitad de la gente le seguía y la mitad no. Tuvimos problemas porque algunos vecinos nos enfrentaron. Lo poco sabemos de las reacciones de los genocidas es que era una molestia para ellos y no tanto para ellos como para su familia. El hecho de haber quedado marcado y ser repudiado en el barrio no era soportable.
También hubo unos años en que los diarios La Nación y Clarín sacaban sus editoriales hablando de los escraches como una práctica nazi; lo tildaban de la venganza de los hijos resentidos y asemejaban el escrache a la práctica nazi de marchar las casas con sangre. Tuvimos enfrentamientos con la prensa de derechas.
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