"Yo no creo que Marx quisiera en ningún momento crear un catecismo ortodoxo…"
Red Roja
En el Seminario de Economía Crítica Taifa están de celebración. Y no es
para menos: cumplen 20 años de pensamiento crítico y resistencia a la
ideología neoliberal. Hablamos con una de sus participantes más
antiguas, Miren Etxezarreta, Catedrática Emérita de Economía Aplicada en
la Universitat Autònoma de Barcelona. Con la vitalidad característica
de quienes llevan toda una vida luchando, nos habla de la situación de
la economía como disciplina, por qué es importante leer a Marx hoy y
cómo ve el cambio social.

El problema es que hay muchos
estudiantes de economía que ni siquiera saben que hay distintas
escuelas de pensamiento económico: clásica, marxista, keynesiana,
feminista, ecologista, etc. Creen que han estudiado “Economía”, cuando a
lo que se refieren en realidad es estrictamente al modelo neoliberal.
El caso del marxismo es
paradigmático de como un modelo económico que por largo tiempo se ha
considerado obsoleto, vuelve a ponerse sobre la mesa con la crisis
financiera del 2008. ¿Qué crees que puede aportar hoy la lectura de
Marx?
Para mí el descubrimiento del marxismo
representó precisamente lo que eché en falta en mi educación
universitaria. La lectura de Marx –que fue puramente teórica y
autodidacta: yo no militaba en ningún partido por aquel entonces– me
explicó porque hay pobres y ricos, esto es, la realidad de la economía.
Aún hoy creo que es el paradigma que mejor explica la economía real.
Indudablemente la sociedad actual no sigue las pautas de la del s. XIX,
pero el método de análisis descrito por Marx se puede adaptar.
Obviamente hay una tesis fundamental,
que es la teoría de la explotación, pero para mí lo más importante es
la forma en la que te ayuda a mirar a la realidad. En este sentido, no
es tan relevante esta o aquella tesis de Marx, sino la misma manera en
que formula sus preguntas sobre la economía capitalista. El marxismo es
sobre todo un método de análisis.
Dices que para ti el marxismo
no significa repetir un dogma aprendido de memoria. ¿Qué añadirías hoy a
los postulados clásicos de Marx?
Precisamente nosotras y nosotros ahora en Taifa intentamos ampliar la teoría de la explotación a esferas que no fueron extensivamente tratadas por Marx. Voy a poner dos ejemplos.
A través de John Bellamy Foster [p. ej.
en La ecología de Marx: materialismo y naturaleza, 2000] nosotros
creemos haber visto claramente como Marx asume el tema de la naturaleza
dentro de su propio análisis económico. Pero la verdad es que no está
tan explícito; por eso estamos haciendo un esfuerzo de comprensión de la
cuestión de la ecología desde el punto de vista marxista de tal modo
que, cuando hablemos de la teoría de la explotación, podamos incluir el
tratamiento de la naturaleza.
Y después creemos que habría que añadir
también el tema de la reproducción de la fuerza del trabajo.
Recientemente tuve la oportunidad de charlar con Silvia Federicii sobre
esto precisamente. Para mí uno de los elementos importantes de Calibán y
la bruja (2004)ii es el haber permitido ampliar el alcance de la
teoría de la explotación a un ámbito que hasta ahora había sido tratado
casi exclusivamente por la economía feminista.
La pregunta es por tanto cómo
integramos dentro la teoría del valor-trabajo el tratamiento de la
naturaleza o de la reproducción de la fuerza de trabajo. Y esa es la
tarea que creo que nos corresponde a quienes nos auto-denominamos
marxistas. Yo no creo que Marx quisiera en ningún momento crear un
catecismo ortodoxo…
Hablas siempre de cambiar la
sociedad a partir de “microcosmos”. Siendo el Seminario de Economía
Crítica Taifa evidentemente uno de estos microcosmos ¿qué función
específica cumple dentro del cambio social?
Taifa tiene una doble pretensión. Por
un lado, la autoformación: nosotros somos conscientes que sabemos muy
poco y de que aún nos queda mucho por aprender. Así que intentamos en
la medida de lo posible ampliar nuestros horizontes para entender este
mundo cada vez más cambiante, siempre desde una perspectiva crítica.
Por otro lado, después de 20 años también creemos que puede ser útil
trasladar lo que nosotros vamos aprendiendo a los diferentes grupos de
la izquierda transformadora que lo quieran.
Nuestra hipótesis parte de la base de
que, dentro del cúmulo de organizaciones críticas que hay –a las que
damos la bienvenida, no nos sobra ninguna– la formación está un poco
débil y, especialmente, en el caso de la economía. En estos grupos
suele predominar por lo general el activismo, pero falta formación. Y
si no hay formación uno siempre está expuesto a que cualquier argumento
le despiste. Por ejemplo, cuando nos repiten hasta la saciedad “hemos
vivido por encima de nuestras posibilidades”. Por muy activista que
alguien sea, si no ha estudiado aunque sea sumariamente el
funcionamiento de la economía, le pueden dejar en la duda. En este
sentido, nosotros ofrecemos modestamente nuestro conocimiento a la
disposición de cualquier grupo interesado. Por esto tampoco formamos
parte de ninguno, en Taifa somos muy celosos de nuestra independencia.
Queremos estar a la disposición de todos. Dedicarnos a la formación,
nuestra y de los demás.
Me recuerda aquello que dice
Zizek de que a veces lo más revolucionario es pararse a pensar, para no
cometer los errores que resultarían de un activismo impaciente e
irreflexivo. Sí que es verdad que hay una relativa falta de formación,
pero ¿por qué crees que esto se da especialmente en la economía en
comparación con otras disciplinas?
Porque es antipática. Me ha pasado más
de una vez que un oyente se sorprenda cuando digo que soy economista.
Inmediatamente la pregunta es: ¿pero cómo puede ser que sea economista
si le he entendido todo? Y este es el problema: hoy en día se presenta
la economía como algo inalcanzable para la gente corriente, usando por
ejemplo un vocabulario deliberadamente complicado. Lo que se consigue
con esta estrategia es que la gente delegue las cuestiones de política
económica –que nos afectan a todos– a una serie de “expertos”. De este
modo se esconde lo que los debates económicos realmente son:
diferencias ideológicas.
Ya para acabar, desde que
empezó la crisis, se ha podido observar un cambio generacional dentro
de la movilización política. Con tu experiencia en la lucha ¿qué
consejo darías a la gente joven que justo empezamos a tomar conciencia?
Mira, cuando yo era joven estaba claro
lo que un comunista tenía que hacer: afiliarse a un partido, hacer la
revolución y llegar al poder. Hoy es diferente: el movimiento 15M, las
Mareas o la PAH son ejemplos clarísimos. Ante la situación actual yo
diría que es fundamental crear ámbitos de autonomía. Espacios alejados
del poder institucional donde la gente pueda auto-organizarse fuera del
marco capitalista y demostrar en la práctica que hay otras formas
posibles de vivir y actuar.
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