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2016/05/15

ENTREVISTA A PHILIPPE CORCUFF, SOCIÓLOGO FRANCES Y MIEMBRO DE LA FEDERACIÓN ANARQUISTA

"Para Marx, el capitalismo no son los ricos malos que intentan robar el dinero de los pobres buenos. Es una fuerza impersonal que constriñe a todo el mundo. El capitalismo no es James Bond, sino más bien el entramado de Matrix. Esa crítica estructural del capitalismo se está perdiendo en el gran público. Hoy, se crítico para muchos es denunciar a individuos que manipulan en la sombra."

Tras los nuevos avances del Frente Nacional en las elecciones regionales de Francia, Philippe Corcuff aporta un enfoque histórico, sociológico y político sobre la extrema-derechización en marcha y sobre su relación con las crisis de las izquierdas.

Sobre los refugiados, igual que sobre otros temas que atraviesan a la sociedad, los intelectuales se mantienen en silencio. Usted habla de desintelectualización. ¿Qué quiere decir?

Los intelectuales están menos presentes en el paisaje político francés por varias razones. En primer lugar, a la izquierda dominante hoy le interesa más el showbusiness para sus tinglados electorales que los investigadores para sus reflexiones. En segundo lugar, los marcos ideológicos como el marxismo que ligaban a los intelectuales profesionales con el compromiso se han hundido. En tercer lugar, el mundo intelectual bajo el ángulo de la universidad y la investigación se ha vuelto más especializado. Está más al margen de una globalización de los problemas de la sociedad.

De acuerdo, pero el intelectual es un ciudadano de todos modos…

Para intervenir en la sociedad, es necesario tener una visión global. Hoy, el intelectual profesional aparece disperso como todo el mundo en microparcelas, las vistas de conjunto se borran, la acción política se segmenta o patina en una niebla cada vez más espesa.

Otra desaparecida, la izquierda de la izquierda, que, según usted, pierde todos sus puntos de referencia…

La izquierda radical no ha sabido suplir los fracasos neoliberales del Partido Socialista (PS). Peor aún, los atentados de Charlie Hebdo y del supermercado judío revelaron grandes confusiones. Algunos decían que había que ser laico señalando con el dedo sobre todo al islam. Otros respondían que la laicidad es un truco colonial que amenaza principalmente a los musulmanes. Algunos hacían primar la lucha contra el antisemitismo, otros contra la islamofobia y otros contra los fundamentalismos islamistas. Esas divisiones hicieron olvidar la brújula histórica de la izquierda emancipadora: la convergencia de los oprimidos. ¿Acaso es tan difícil ser laico y antirracista, combatir la islamofobia, el antisemitismo y los fundamentalismos islamistas? Con el embrollo de esos debates, la izquierda radical ha entrado en barrena. Grecia ha acelerado ese proceso. He visto en internet comparaciones delirantes entre la supuesta actitud de los “alemanes” en general hacia Grecia y Auschwitz. En definitiva, ¡una crecida de germanofobia con regustos negacionistas! Antes incluso de estos patinazos, estaba esa espera mitológica del “hombre providencial”. Tsipras era casi un dios viviente y en algunos días se convirtió en un “cabrón”. ¿Qué es esa izquierda que tiene esa necesidad de adorar a dioses humanos y de escupir sobre “traidores” en vez de implicarse en acciones emancipadoras? ¿Y no hemos comprendido finalmente que delegar nuestras esperanzas en profesionales de la política no tiene demasiado que ver con el proyecto democrático?

Usted ha hecho un libro sobre el retorno de los años 30, 'Les années 30 reviennent et la gauche est dans le brouillard' (“Los años 30 regresan y la izquierda está en medio de la niebla”). ¿Ve a Europa volver a caer en el fascismo y en el nazismo?

Como en los años 30, la extrema derecha trae una solución nacionalista y xenófoba. Tras la crisis de 1929, también hubo dificultades sociales y problemas de refugiados. La construcción antisemita del “problema judío” se presentó como un derivado. Hoy, está la construcción del “problema musulmán”, pero también del “problema gitano”, y todavía se sigue con el “problema judío”… Pero no creo que se trate de la misma extrema derecha. Si Marine Le Pen llega al poder, los campos de exterminio son poco probables, pero sí son probables fuertes regresiones autoritarias y xenófobas.

De ahí a hacer una analogía…

Nuestros días y los años 30 no son idénticos, pero sí hay parecidos inquietantes. Hay actualmente una ‘extrema-derechización’ de las mentalidades, una atracción ideológica y política por los temas de la extrema derecha. Incluso si el Frente Nacional no llega nunca al poder, está ya en el centro de la política de partidos, del imaginario político y de las políticas públicas aplicadas tanto por la derecha como por la izquierda. Lo vemos en cuanto se trata de las prácticas musulmanas (velo, comedores escolares, etc.), de los rom o recientemente con los refugiados.

En los años 30, había una confrontación con una izquierda potente que ya no existe.

Hoy hay factores tranquilizadores y agravantes. ¿Tranquilizadores? Por ejemplo, la extrema derecha no está militarizada como ayer. Pero el principal factor agravante es el estado estructural de debilitamiento militante e intelectual de las izquierdas y del sindicalismo. Sin embargo, tras los disturbios fascistizantes de febrero de 1934, se creó el Frente Popular.

En los años 30, personajes como Jacques Doriot pasan de la izquierda a la extrema derecha, pero ahora todavía no ha ocurrido algo así…

Gentes como Philippot simpatizaron con la corriente de Jean-Pierre Chevènement antes de pasarse al Frente Nacional. Un economista que se definía como de izquierda y cercano a Jacques Sapir, Philippe Murer, es asesor de Marine Le Pen. En cuanto a Sapir, contemplando la posibilidad de una alianza con el Frente Nacional, es el paso más avanzado de las seducciones nacional-estatistas en el seno de la izquierda radical. De momento, tenemos algunos Doriot de opereta, pero…

En su libro aparece a menudo la expresión ‘teorías de la conspiración’. ¿Los pensamientos conspiracionistas están de moda?

La crítica social clásica se ha apoyado en conceptos pensando estructuras sociales que encierran nuestras existencias como el capitalismo. Para Marx, el capitalismo no son los ricos malos que intentan robar el dinero de los pobres buenos. Es una fuerza impersonal que constriñe a todo el mundo. El capitalismo no es James Bond, sino más bien el entramado de Matrix. Esa crítica estructural del capitalismo se está perdiendo en el gran público. Hoy, se crítico para muchos es denunciar a individuos que manipulan en la sombra.
Si pensamos que el problema principal del capitalismo son algunos ricos o algunos periodistas que tiran de los hilos en la sombra, basta con desembarazarse de ellos para que todo marche. De este modo se ha desarrollado una crítica simplista. Incluso se ha convertido en uno de los principales canales de renacimiento de una extrema derecha ideológica; lo que llamo el neoconservadurismo xenófobo, sexista, homófobo y nacionalista, con dos polos, el islamófobo y negrófobo de Éric Zemmour y el antisemita de Alain Soral.

De todos modos sigue siendo una paradoja ver que hay muchas cosas en común, no por las mismas razones, entre el Frente de Izquierdas y lo que dice Marine Le Pen.

La extrema derecha está robando la crítica a la izquierda radical. Primero, a través de sus temas (la crítica del neoliberalismo, de la mundialización, de los bancos, de los medios, etc.), pero todavía más insidiosamente con la postura de lo “políticamente incorrecto”. Ya no es el carácter demostrable factualmente de una crítica o su valor de justicia lo que determina su supuesta “verdad”, sino que se haga contra lo, en teoría, “políticamente correcto”. Basta con hacer provocación para creer que se está en lo cierto. Los apoyos emancipadores de la crítica se están deshilachando, y es por ello que algunos pueden creer que ser verdaderamente crítico es ser racista, ya que el antirracismo sería “políticamente correcto”…
Los dirigentes de la izquierda radical, a menudo convencidos de su inteligencia crítica, no parecen darse cuenta de ello. Y entre los simpatizantes de esa izquierda de la izquierda, la importancia que ha cobrado la crítica de lo “políticamente correcto” en lugar de la crítica social emancipadora, o la atracción de las explicaciones conspiracionistas, dejan abierto un camino a las captaciones por la extrema derecha.

¿Cómo analiza usted el éxito del Frente Nacional?

La subida del Frente Nacional tiene una de sus motivos principales en la competición entre dos maneras de representarse la sociedad. Lo que llamo la tendencia de la justicia social, basada en la producción y el reparto de los recursos, y la tendencia nacional-racial, el FN jugando a la ambigüedad entre el referente nacional y el referente étnico-racial. La tendencia nacional-racial empezó a crecer a primeros de los años 80 a costa del retroceso de la tendencia de la justicia social, principalmente por la descomposición del Partido Comunista, el retroceso de la CGT, la des-sindicalización y la deriva neoliberal del Partido Socialista. Por el contrario, durante las huelgas y manifestaciones de 1995, la tendencia de la justicia social retomó fuerza en detrimento de la nacional-racial. Desde entonces, el Frente Nacional mantiene un discurso nacional-social por el que la solución social pasa por la nación en una lectura xenófoba.

Usted piensa que la derechización del Partido Socialista es responsable del fuerte ascenso del Frente Nacional y, sin embargo, dice que responsabilizar únicamente al viraje social-liberal del Partido Socialista no es suficiente…

El abandono neoliberal de lo social por el Partido Socialista permitió el desarrollo de la tendencia nacional-racial. Pero hay otros factores, como el hundimiento de la corriente estalinista, que dejó un enorme espacio vacío. Al mismo tiempo, hay una responsabilidad moral importante del ‘sarkozysmo’. Sarkozy se puso a la cabeza del embrollo ideológico contribuyendo a instalar de manera más duradera la atracción ideológica y política por la extrema derecha. En ese proceso de extrema-derechización, los gobernantes del Partido Socialista intentan seguir los pasos del ‘sarkozysmo’, que a su vez está siguiendo los pasos del Frente Nacional. Estamos más allá de la “social-liberalización”, entramos en un contexto político en el que la extrema-derechización se ha convertido en uno de los puntos esenciales. Por otro lado, hay otra responsabilidad: la de las organizaciones políticas de la izquierda radical (Nuevo Partido Anticapitalista, Frente de Izquierda y Nouvelle Donne), incapaces de construir una alternativa desde 1995. ¡Han tenido 20 años, hemos tenido 20 años para hacerlo!

¿Tiene usted soluciones frente a este caos?

En un libro que sale este mes, Enjeux libertaires pour le XXIè siècle par un anarchiste néophyte (“Desafíos libertarios para el siglo XXI por un anarquista neófito”), intento dibujar un anarquismo pragmático, dos palabras que a menudo no van juntas. No tengo soluciones en mano para proponer, pues es la gente la que debe construir individual y colectivamente sus soluciones. Desde una perspectiva democrática y libertaria, no puedo más que poner a disposición de la gente pistas metodológicas para ayudar a formular los problemas. ¿Algunas de esas pistas? Ampliar la cuestión social a todas las desigualdades y discriminaciones (de clase, de género, racistas, etc.), volver a poner de actualidad el doble objetivo de autogobierno de los individuos y autogobierno de los pueblos contra la profesionalización política, relanzar un internacionalismo desde abajo…
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*Post scriptum del 7 de diciembre de 2015: La primera vuelta de las elecciones regionales del 6 de diciembre de 2015 ha mostrado un nuevo avance del Frente Nacional. Lo que en octubre se analizó en esta entrevista con Siné Mensuel se ha prolongado con agravaciones en el contexto post-atentados del 13 de noviembre. En esta ocasión, la atracción por temas tratados al principio por la extrema derecha ha afectado todavía más claramente a la izquierda social-liberal que está en el Gobierno: retroceso de las libertades individuales y colectivas con el estado de emergencia, que se encuentra en vías de constitucionalización, y aumento de de los supuestos que permiten perder la nacionalidad, debilitando las lógicas más republicanas en materia de nacionalidad francesa. Más allá de eso, la concurrencia en torno a una cuestión securitaria etnicizada está cada vez más de moda entre la extrema derecha, la derecha 'sarkozysta' y la izquierda de Hollande y Valls.
El Partido Socialista no había alcanzado tal nivel de descomposición moral, de deriva política y de letargo intelectual desde la época en la que Guy Mollet presidía el Consejo durante la guerra colonial en Argelia. La izquierda radical de 1995, casi paralizada y en vías de automarginalización, aparece cada vez menos como una alternativa posible, dividida entre los que no se han enfrentado al estado de emergencia en la Asamblea Nacional y el Senado (votando a favor o absteniéndose en el caso de todos los diputados del Frente de Izquierda) y los que con un discurso hueco izquierdista patinan cada vez más con los sectores de la población a los que se dirigen (en particular, aquellos que anteponen valores multiculturales y que se expresaron especialmente en el movimiento “Je suis Charlie” y en lo que se ha conocido como la “generación Bataclan”).
En ese contexto post-atentados, la sospecha hacia los que son identificados como “musulmanes” ha crecido, lo que ha permitido más agresiones islamófobas aisladas y, en mayor medida, votos con justificaciones xenófobas. Sin embargo, la lógica ultrasecuritaria privilegiada por las cumbres del Estado ha hecho difícil el necesario desarrollo de una organización democrática contra las amenazas reales que vienen de los fundamentalismos islamistas. En una coyuntura tan peligrosa, movilizaciones ciudadanas, sociales, multiculturales, antirracistas, libertarias, internacionalistas, pragmáticas y convergentes son cada vez más necesarias.

*Entrevista aparecida en el nº 46 de octubre de Siné Mensuel y publicada online posteriormente, junto con el post scriptum, en Médiapart el 7 de diciembre de 2015.
**Traducción: Gladys Martínez López

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