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2008/10/04

Ataques nocturnos de grupos de guardias civiles a asentamientos chabolistas de inmigrantes en Almería

BOLTXE
Las condiciones de vida de muchos de los inmigrantes que trabajan en el municipio de El Ejido son extremas. Centenares de ellos viven en poblados de chabolas de plástico improvisados entre los invernaderos. En los últimos tiempos, esas condiciones se ven agravadas por los ataques nocturnos de grupos de guardias civiles, cuyo único objetivo es aterrorizarlos y destruir sus escasas pertenencias. Generalmente esos ataques nocturnos quedan ocultos por el miedo de los inmigrantes a denunciarlos. En este vídeo, un grupo de inmigrantes afectados decide dar la cara y denunciar abiertamente la situación. El SOC apoya la denuncia de estos trabajadores inmigrantes y pide a los medios de comunicación y a los ciudadanos que se hagan eco de la noticia, para evitar que estas técnicas represivas netamente fascistas y mafiosas continúen dándose en nuestra tierra con total impunidad.
Sindicato de Obreros del Campo

2008/09/30

TODOS AL ZOO. Articulo de Iñaki Lekuona

GARA
Me dice un colega de la canallesca que dentro de poco no quedara un solo militante politico -de la izquierda abertzale en libertad. Seran rara avis, me comenta, porque los tendran todos enjaulados, los de aquí y los de alli, dice, entendiendo aquí por las tierras bajo dominio del Reino de España y alli por las que campea la Republica francesa.

Pues si, porque al potente espiritu ilegalizador, que da la medida de la democracia de España, se les esta uniendo últimamente el espiritu judicializador jacobino al mas puro estilo dieciocho-noventayocho. En efecto, la que según los franceses es la reserva de la biosfera de las libertades, la maravillosa V Republica, ha abierto su particular veda, convirtiendose en zona de safaris, donde la caza y captura del militante politico se organiza a caballo entre paris y Madrid.

La de esta semana es un ejemplo de ello. Primero se detiene a militantes con acusaciones varias, no importa si son infundadas, lo importante es que puedan parecer veridicas. Luego – como en Francia la justicia no ha llegado todavía a ser el cortijo politico imperante en España-, se les deja en libertad, naturalmente sin cargos. Da igual, la memoria periodistica ya lo ha registrado y podra repetir en el futuro tantas veces como sea necesario : fulanito, que ya fue detenido en relacion con…Ya esta rota la presuncion de inocencia. Si funciono aquí, funcionara tambien alli.

En su dia, hace ya casi 35 años, la Republica prohibio el movimiento Enbata. Hoy, que la llama del abertzalismo de izquierdas prende mas que nunca al norte del Bidasoa, la ilegalización tendria aun mas sentido para los Maquiavelos del Sena. Todos al zoo.

OLERKI MALERKI
















B ai,
eZin dot
ezina latza,
berriro be mutil, ta zenbat dire?

zuhaitza, zu haintzat (?)… ezin su haitz
haize gehiegi
barruen ta kanpuen

ta orain ezin negar,
zertarako?
kimua irten dadin?

ez gaiztotu bihotza

artaldera ostiaka eraman naute,
begiak estalita
Nork jo nau?
nere ukabila ote?

ez gaiztotu bihotza
ez gaiztotu bihotza

zergaitik alde egin nahi deu ardiak?

ez gaiztotu bihotza
ez gaiztotu bihotza
ez gaiztotu bihotza

maite zituen maite, bere basterrak

ama ma
espetxea
na mi

2008/09/28

EL CAZADOR DE ROJOS

No fue un simple policía de la represión franquista. El agente Pedro Urraca Rendueles convirtió en una pesadilla el exilio de destacados dirigentes republicanos huidos a Francia después de la Guerra Civil. Con ayuda de la Gestapo, los hostigó, persiguió y terminó apresando. No se detuvo hasta detener al presidente de la Generalitat, Lluís Companys, y conducirlo a España para que fuera ejecutado tras un sumario consejo de guerra. La pista del agente Urraca se pierde a su regreso a España. Su historial posterior es un misterio que tardará al menos 13 años más en resolverse. Su hoja de servicios será inaccesible hasta el año 2021.

Su identidad tardó en ser conocida por aquellos historiadores que empezaron a investigar en las alcantarillas del franquismo. Nadie le molestó. Nadie llamó a su puerta. Nadie pudo interrogarle por su actuación en Francia tras la Guerra Civil. Un historiador llegó a localizar un teléfono a su nombre en una guía telefónica de Madrid en los años noventa, pero no llegó a marcar ese número. Ni siquiera en el archivo del Ministerio del Interior consta la fecha de su presunto fallecimiento (de seguir vivo tendría 104 años), un dato que no es anecdótico: la ley impide acceder a su historial hasta pasados 25 años de su muerte.
El historial policial de Urraca es todavía secreto. ¿Tiene algún sentido que la actuación de este personaje y de los policías a los que dirigió esté vetada al escrutinio de los historiadores? Es un ejemplo más de la memoria imperfecta de España. Este periódico intentó el acceso a su ficha personal, pero en aplicación de la ley, su expediente no será accesible hasta octubre de 2021, dado que el último documento (un reconocimiento de trienios) data de 1971 y han de pasar 50 años o 25 desde su muerte. Se jubiló en 1969. No consta fecha de su fallecimiento. Los datos más elocuentes sobre sus actividades están en los archivos franceses, entre ellos su condena a muerte en 1948 por el Gobierno democrático acusado de colaboración con los nazis y persecución de exiliados españoles. Urraca pudo sortear esa condena. Desde los años cincuenta ha sido un funcionario especialmente escurridizo.


¿De qué fue responsable? Pedro Urraca fue el personaje central de una red de policías que el régimen de Franco distribuyó por Francia tras la guerra para perseguir, y en algunos casos detener, a las principales autoridades de la República Española en el exilio. No fue una actividad secreta, sino una operación de represión en territorio extranjero en colaboración con la Gestapo y el régimen de Vichy. Existe documentación sobre el envío de agentes policiales, en diciembre de 1941, con destino a Marsella, Perpiñán y Toulouse para investigar y perseguir a "los jefes rojos". Paralela a esta operación policial fue la actividad de la Comisión de Recuperación de Bienes Españoles en el Extranjero, dirigida por el coronel Barroso, agregado militar en París. Esta red no se limitó a vigilar y perseguir a republicanos: se incautó de dinero, joyas y documentos en los domicilios donde residían los exiliados.


No hace mucho tiempo que se pudo verificar que fue Pedro Urraca el autor, el 13 de agosto de 1940, de la detención de Lluís Companys, presidente de la Generalitat durante la guerra. Fue también quien primero le interrogó en París y quien finalmente ejecutó su entrega en Irún a las autoridades españolas, que lo fusilaron semanas después (15 de octubre). El caso de Companys fue similar al de Julián Zugazagoitia (ministro de la Gobernación con Negrín, detenido en París, entregado y fusilado en Madrid). Detuvo e interrogó a decenas de personalidades relevantes de la República, como Manuel Portela Valladares (ex presidente del Consejo de Ministros), Josep Tarradellas, Juan Morata (subsecretario de Gobernación) o Mariano Ansó (ministro de Justicia). La lista de perseguidos es muy extensa.


También vigiló de cerca las actividades del presidente Manuel Azaña, a quien no pudo detener por las presiones que ejerció en aquel momento el Gobierno mexicano. Pero Azaña estuvo entre sus objetivos: le vigiló hasta el mismo día de su muerte (de hecho, fue quien informó a Madrid de su fallecimiento y entierro en Montauban, en una nota que se guarda en el Ministerio de Asuntos Exteriores). La red que dirigió este policía despojó de sus bienes y de documentos a muchos refugiados y trató de impedir que algunos de ellos pudieran embarcar a México (entre ellos, la viuda de Azaña).


Su nombre comenzó a salir a la luz en algunas memorias de refugiados españoles en Francia. Se trataba de referencias aisladas, carentes de apoyo documental. Posteriores investigaciones (las más importantes arrancan del año 2000) fueron colocando en su lugar a este personaje y documentando su actividad. Pedro Urraca no ha dejado de ser, aún hoy, un personaje un tanto enigmático, insuficientemente estudiado porque sigue siendo difícil el acceso a ciertos archivos españoles. El historiador Josep Benet lo cita de una forma expresa en su investigación sobre Lluís Companys como el policía que interviene en su detención y su posterior traslado a España, pero es en 2006 cuando el círculo se cierra con la tesis doctoral de Jordi Guixé Corominas (Diplomacia y represión: la persecución hispano-francesa del exilio republicano), que aún no tiene editor. Jordi Guixé, formado en la Universidad de La Sorbona, tuvo la oportunidad de investigar durante varios años en los archivos franceses. Y allí encontró, entre numerosos documentos, el informe elaborado por Pedro Urraca sobre el primer interrogatorio de Lluís Companys en la prisión parisiense de La Santé, cuya dirección correspondía a la Gestapo. Urraca fue no sólo quien le detuvo, sino quien le interrogó en primera instancia, quien le comunicó el funesto destino que le esperaba y quien le acompañó, junto con un oficial alemán, a la frontera con Irún.


¿Cómo era Pedro Urraca? ¿Cuál es el origen de este personaje? ¿Qué otras actividades realizó en Francia durante la guerra y con posterioridad? A falta de la documentación protegida, de Pedro Urraca Rendueles existe al menos una imagen fotográfica. La foto pertenece a una ficha del Ministerio de Exteriores. Es una pose de perfil; el rostro de un hombre de frente ancha, pelo corto cepillado hacia la nuca, mirada al frente y gesto relajado, seguro de sí mismo. En otros documentos consta su fecha de nacimiento (22 de febrero de 1904, en Valladolid). Están sin verificar datos anexos, como su trabajo en un banco antes de formar parte de la policía de la República, función que abandonó en fecha indeterminada para incorporarse al bando de Franco y trasladarse a Francia antes de acabar la guerra.


De sus funciones en Francia consta su cargo como "agregado policial" en la Embajada de España en París. Buena parte de sus actividades están documentadas; pero la pista se pierde, casi irremediablemente, meses antes de que Francia comience a ser liberada por los aliados. Es evidente que regresó a España (entre otras cuestiones, para evitar que se ejecutara su condena a muerte), pero se desconoce en qué otras actividades estuvo involucrado desde entonces. El historiador Jordi Guixé sospecha que trabajó en Bruselas para la Embajada española durante los años sesenta; también pudo documentar las gestiones realizadas, ya en 1974, para que el expediente de Urraca fuera incorporado a los beneficiarios de la ley de amnistía promulgada por el Gobierno francés el 6 de agosto de 1953. Un último documento aparece en los archivos franceses el 5 de noviembre de 1982 referente a la concesión de un permiso para entrar en Francia que no podía exceder de los tres meses de estancia.


"Las actuaciones de Urraca y otros agentes franquistas destinados a Francia han supuesto un escollo difícil de investigar", escribe Jordi Guixé en su tesis doctoral. "La documentación policial y secreta todavía está mal localizada (voluntaria o involuntariamente, dependiendo de los casos) en los archivos españoles. La identidad de represores y torturadores todavía nos es camuflada bajo leyes de protección, a falta de una regulación legal de los archivos españoles y una necesidad de democratizar los archivos de ministerios como Interior y Exteriores".


Un policía francés del régimen de Vichy describió a Pedro Urraca en un informe como "un policía de gran clase, lleno de habilidades e incisivo, que nos ha sido de gran utilidad". Alguna otra referencia personal sobre Urraca (ésta procedente de un exiliado español) le describe como una persona que "maltrataba" el francés. Sea como fuere, el policía en cuestión tampoco desaprovechó el tiempo para enriquecerse. Residía en París y se apropió del piso de su vecina, una mujer de origen judío que había escapado de las garras de la Gestapo. Urraca actuaba para la Gestapo con el alias de Unamuno. También actuó para el régimen de Vichy.
Este episodio consta en el expediente que determinó su condena a muerte en 1948. Otros españoles fueron igualmente condenados. ¿Quiénes? Quizá algunos colaboradores de Urraca: sus nombres están en los archivos policiales franceses.


El personaje ha salido a la luz. Fue un funcionario protegido durante décadas por el Estado español. Es posible que disfrutara de una cómoda jubilación. Nadie le molestó en su vejez. No ha estado obligado a escuchar preguntas incómodas. No parece justo que la España democrática deba esperar hasta 2021 para conocer respuestas sobre hechos sucedidos 80 años antes.

2008/09/27

La prostitución no es un trabajo, es una forma de violencia contra las mujeres

ADITAL (noticias de america latina y caribe)
"Consideramos que la prostitución no se ubica en la llamada "esfera privada" ni es el conjunto de actos individuales de un grupo determinado de personas sino que es una institución social patriarcal basada en la desigualdad social, sexual, económica, cultural y política entre varones y mujeres. Como consecuencia de ello no puede ser considerada expresión de libertad femenina, ni trabajo, ni inevitable. Subsistirá mientras subsistan esas desigualdades. Ponemos en discusión el significado mismo de la prostitución".

2008/09/26

IT,S TIME FOR LOVE

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2008/09/25

Irlanda celebra el 25 aniversario de la «gran fuga» de los bloques H, la prisión más segura de Europa

GARA
Iñaki Irigoien

El fin de las huelgas de hambre en octubre de 1981 fue anunciado por el Gobierno de Londres como la derrota de los presos republicanos en los Bloques H. El 25 de setiembre de 1983, 38 de esos prisioneros «vencidos» huían de la que los británicos describían como «la cárcel más segura de Europa». Esta «Gran Fuga» fue el resultado de un esfuerzo coordinado y disciplinado dentro y fuera de la cárcel.

La noticia de la fuga masiva de presos republicanos del orgullo del sistema de prisiones británicas, la cárcel de Long Kesh, fue recibida con satisfacción entre los nacionalistas irlandeses, que se regocijaron ante la humillación británica. Incluso el propio Lord Colville, miembro de la judicatura británica, no pudo sino «admirar el grado de habilidad de una organización que capacita a sus prisioneros de guerra a llevar a cabo un plan de fuga que, descartando unos incidentes de última hora, fue en su mayor parte un éxito».


En este 25 aniversario, el movimiento republicano ha organizado varios eventos para conmemorar la mayor fuga de presos de la historia de Irlanda y Gran Bretaña, y recordar la solidaridad y el esfuerzo de aquellos que ayudaron a los fugados durante semanas e incluso años a pesar de los riesgos a los que se exponían.
La lucha en las cárceles
La organización de la fuga supuso una gran inversión de recursos por parte del IRA en el exterior durante un periodo en el que la presión británica era muy intensa.


Desde la construcción de los Bloques H en 1976, los presos republicanos centraron su lucha contra la criminalización y por el reconocimiento de su condición de presos políticos. Para 1983, los presos habían sufrido el tratamiento brutal del establecimiento carcelario durante la «Protesta Sucia» y habían visto morir a diez de sus compañeros en huelga de hambre. Además, se enfrentaban a la administración carcelaria y a los presos lealistas para lograr la segregación. Parte de su estrategia durante esos años fue una campaña de sabotaje para no llevar a cabo los trabajos de limpieza en la cárcel. Sin embargo, llegó un punto en el que las prioridades dejaron de ser las de definir cómo sería su vida en la cárcel para plantearse cómo lograr salir de ella.
En noviembre de 1982 los presos republicanos comenzaron a prestarse voluntarios para trabajos carcelarios. Desde la Oficina para Irlanda del Norte, el Gobierno británico celebraba la obediencia del código penitenciario por parte de los presos republicanos. Este cambio también tuvo contrapartidas para los republicanos, que consiguieron acceso a prácticamente todos los rincones de la cárcel y con ello, los planes de huída se hicieron una constante. Por ello, a principios de 1983 fue creado un comité encargado de fugas que pronto decidió que la fuga de uno o dos presos sería contraproducente, ya que no ayudaría en mucho a la lucha en el exterior y por el contrario serviría a la administración carcelaria para identificar los puntos débiles de su sistema y corregirlos.


En Long Kesh los británicos tenían más de 1500 carceleros protegidos por un grupo de intervención rápida del Ejército británico equipado con los métodos más modernos de vigilancia, pero se identificó como el punto más débil en la seguridad el camión de transporte de la comida que recorría todas las instalaciones varias veces al día y también salía al exterior de vez en cuando. La seguridad con respecto al camión era tan relajada que incluso a pesar de que todos los vehículos debían ser revisados cada vez que pasaban una puerta, aquél nunca lo era en sus continuos movimientos por la cárcel, aunque sí al salir de ella.


Trabajando la fuga
El siguiente paso era hacerse con el control de una sección o incluso un bloque entero sin que se dispararan las alarmas. Los bloques estaban controlados desde su parte central, en lo que se denominaba el círculo, y si había que tomar el control del bloque era imprescindible controlar el círculo. Además, había alarmas repartidas por varios puntos del bloque por lo que se tendría que asegurar que todas ellas eran protegidas y que se actuaba de forma sincronizada.


Lo primero que hacía falta era que los presos tuvieran acceso al círculo, y que ésto ocurriera en una atmósfera relajada en la que los carceleros no se sintieran amenazados por la presencia de los presos en zonas de acceso restringido. De ahí el fin del boicot al trabajo en la cárcel. Ello significaba que los presos estaban más tiempo fuera de las celdas y algunos a realizaban labores de limpieza en el círculo. Estos últimos establecieron la rutina de limpiar la sala de control y en muchas ocasiones incluso dejaban té y tostadas para el carcelero de turno, hasta llegar al punto de que los presos mismos abrían la puerta de acceso a la sala de control sin que nadie se extrañara.


Entre los encargados de la limpieza del círculo se encontraba Bik McFarlane, quien había sido el oficial del IRA al mando durante el periodo de la huelga de hambre, y verle limpiando suelos era algo que evidentemente satisfacía particularmente a algunos de los carceleros.


El plan
En el verano de 1983 se presentó un plan de fuga que fue aceptado por los mandos dentro de la cárcel y la dirección del IRA. Bobby Storey fue nombrado responsable de la operación y Bik McFarlane su ayudante. Ambos se encontraban en el bloque H7.


Generalmente el IRA sólo permitía tomar parte en los planes de fuga a aquellos que estaban dispuestos a reintegrarse en la organización, si bien en esta ocasión, el tamaño del camión abrió los planes a todos aquellos presos del bloque 7 que lo desearan. Los presos hicieron prácticas de cómo intimidar a los carceleros. En un principio se eligió como fecha para la huida el domingo 18 de setiembre, pero se cambió al 25 para evitar que coincidiera con la final de fútbol gaélico, ya que ese día habría más tráfico y controles en la frontera. En las semanas previas se realizaron prácticas para asegurar que todo discurriría de acuerdo con lo previsto, y además para que los carceleros se acostumbraran al movimiento de los presos y no sospecharan nada el día de la fuga.


La evasión
La mañana de la fuga transcurrió con toda normalidad: Bik realizó sus labores habituales como el reparto del desayuno en las cuatro alas del bloque, lo que le permitió conocer la identidad exacta de los carceleros presentes y así poder decidir qué uniformes serían del tamaño adecuado para los presos durante la huida.


El grupo encargado de hacerse con el control del círculo estaba armado con cinco pistolas y una pistola de imitación, hecha de madera por los mismos presos. El resto de los presos encargados de tomar el control de las cuatro alas estaban provistos de martillos y punzones.


Cuando Bik dio la señal se tomó control del círculo y en ese momento el resto de los presos encargados de neutralizar a los carceleros y evitar que saltara la alarma realizaron su labor. Con unas excusas u otras todos estaban en posiciones cercanas a los carceleros y no resultó difícil convencerles de que sería una estupidez no colaborar. El IRA tenía ya bajo control todo el bloque.


Trece de los presos se pusieron los uniformes de los carceleros; su labor sería la de tomar la garita que estaba a la entrada de la cárcel.


Cuando llegó el camión de la comida, se le abrió la puerta exterior que se cerró antes de abrir la puerta interior y el conductor no notó nada raro hasta que Bobby Storey le informó: «Este bloque está bajo el control del IRA. Todos los carceleros que han seguido las órdenes están bien, uno que no lo ha hecho tiene un tiro en la cabeza». Gerry Kelly, que hoy trabaja en la oficina del primer ministro norirlandés, iba a estar con el conductor durante la fuga. «Tiene una condena de treinta años y no tiene nada que perder, así que no dudará en pegarte un tiro», le informó Storey. «Cuando salgamos, tú vas a conducir el camión y él va a tumbarse a tus pies con una cuerda atada a la anilla de una granada que va a estar debajo de tu asiento y una pistola apuntándote a la entrepierna». Lo que no sabía el conductor es que no había granada y que, según la versión de Gerry Kelly, a él le había tocado precisamente la pistola de madera.
37 hombres se subieron a la parte trasera del camión, y para cuando llegaron a la entrada de la cárcel el plan ya iba con retraso y las cosas se complicaron, ya que empezaron a llegar los carceleros del siguiente turno. El número de carceleros empezó a aumentar y cada vez era más difícil controlarles y meterles a la caseta sin que el soldado en el puesto de vigilancia sospechara. «Todo esto pasaba bajo la atenta mirada de un soldado británico que durante el juicio posterior a la fuga, cuando fue cuestionado por su inacción, simplemente se limitó a decir que aquello le parecía un grupo de `irlandeses locos’ actuando de forma extraña», según cuenta Bik, que añade que «hay que tener en cuenta que tanto unos como los otros íbamos vestidos de carceleros».


El desenlace
Un grupo de carceleros se dio cuenta de que algo raro pasaba y bloquearon la salida. Con las alarmas a punto de dispararse, dejaron a tres presos a cargo de la caseta para permitir que el resto tuviera una oportunidad. La mayoría salió por la puerta corriendo.


A partir de ese momento cada uno hizo lo que pudo para escapar. Algunos lograron hacerse con coches de los carceleros que llegaban, otros saltaron las vallas de alambre de espino y se lanzaron campo a través. Fueron varios los que fueron capturados en diversas circunstancias en los minutos u horas posteriores a la fuga. 19 lograron escapar de la operación de búsqueda, llegando alguno incluso a hacer todo el camino hasta Belfast andando. De hecho hay cinco fugados que nunca han vuelto a pasar por la cárcel.


Una osada acción alabada hasta por las autoridades británicas
Los bloques H fueron diseñados como cárceles dentro de la cárcel. Cada bloque estaba rodeado por una muralla de acero y alambre de espino, vigilados por el Ejército y comunicados por portones hidráulicos.


De ahí lo sorprendente de una fuga que Margaret Thacher describió como «la más grave de nuestra historia». Lord Lowry, que presidió el juicio, la describió como «ingeniosamente planeada e implementada con inteligencia». Ninguno de los presos que ayudaron o participaron fueron castigados. De hecho, alguno de ellos recibieron compensaciones monetarias por las heridas sufridas a manos de los carceleros en las horas y días posteriores.
Iñaki Irigoien

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