"El centro tenía una superficie de 79 hectáreas, medía dos
kilómetros de largo por 500 metros de ancho y en ese espacio se
amontonaron 428 barracones en el que cabían 18.500 personas muy
hacinadas."
Auschwitz, Dachau, Mathausen y otros muchos son nombres que han
quedado escritos en la infamia. Entre ellos existe uno que, sin haber
destacado entre los campos de concentración producto de la Segunda
Guerra Mundial, es relevante para los vascos. Nos referimos a Gurs,
situado en la población francesa del mismo nombre que se encuentra en
el departamento de los Pirineos Atlánticos, a apenas hora y media en
coche desde Donostia.
¿Pero por qué es tan importante Gurs? Muchos de los exiliados tras
la derrota de las fuerzas republicanas en la Guerra Civil española
fueron a parar en 1939 al Estado francés, sobre todo tras la caída de
Barcelona a comienzos de año. «Medio millón de hombres, mujeres y
niños» cruzaron los Pirineos. El Gobierno galo, sin saber muy bien qué
hacer, decidió construir diez «centros de acogida», entre los que se
encontraba Gurs. 6.500 combatientes vascos, casi 5.400 hombres de la
aviación republicana, 6.800 voluntarios de las Brigadas Internacionales
y alrededor de 5.700 combatientes, procedentes sobre todo de Aragón,
pasaron el verano de aquel año en los barracones de Gurs.
¿Pero por qué es tan importante Gurs? Muchos de los exiliados tras
la derrota de las fuerzas republicanas en la Guerra Civil española
fueron a parar en 1939 al Estado francés, sobre todo tras la caída de
Barcelona a comienzos de año. «Medio millón de hombres, mujeres y
niños» cruzaron los Pirineos. El Gobierno galo, sin saber muy bien qué
hacer, decidió construir diez «centros de acogida», entre los que se
encontraba Gurs. 6.500 combatientes vascos, casi 5.400 hombres de la
aviación republicana, 6.800 voluntarios de las Brigadas Internacionales
y alrededor de 5.700 combatientes, procedentes sobre todo de Aragón,
pasaron el verano de aquel año en los barracones de Gurs.
Este comenzó a construirse en abril y se levantó en solo 42 días.
«En marzo y abril de 1939, se construye a toda prisa una miserable
ciudad de madera sobre un terreno insalubre, en los territorios de tres
pueblos del valle del torrente Oloron: Gurs, Dognen y Préchacq-Jos-
baig», describe el historiador Claude Laharie en su obra titulada ‘Gurs. 1939-1945’.
El centro tenía una superficie de 79 hectáreas, medía dos
kilómetros de largo por 500 metros de ancho y en ese espacio se
amontonaron 428 barracones en el que cabían 18.500 personas muy
hacinadas.
Laharie expone que hubo un cambio de actitud entre las autoridades
francesas y lo que en un inicio debía ser un «centro de acogida» acabó
siendo un «campo de internamiento» (y a partir de 1940 de
concentración). «Los refugiados son comparados con prisioneros. Poco
importan las luchas del pasado, poco importan las familias destrozadas,
poco importa el abatimiento de unos y el agotamiento de otros, todos
esos hombres tienen que ser neutralizados», relata.
La mayoría de los combatientes abandonó el campo entre agosto y
setiembre de 1939. Laharie cuenta qué pasó con ellos: una cuarta parte
fue repatriada al Estado español, lo que provocaría «detenciones,
encarcelamiento en el campo de Miranda de Ebro y ejecuciones sumarias».
Otro 25%, entre los que se encontraban casi todos los aviadores,
comenzó a trabajar como «mano de obra competente y económica» en las
regiones cercanas a Gurs. El resto participó en la Segunda Guerra
Mundial en las filas francesas a través de la Compañía de
Trabajadores Españoles (CTE) o en los Batallones de a pie. Como
consecuencia, muchos de estos últimos, fueron capturados por los nazis y
trasladados, sobre todo, al campo de Mathausen.





