"En 1936, el lehendakari Agirre defendió el Estatuto como un peldaño a la
independencia, aunque era lo más parecido a un precipicio. En 1979,
Garaikoetxea y Arzalluz lo vendieron como el “mejor posible”, y en 2002,
Ibarretxe, en el colmo de la renuncia, lo proyectó como un abrazo
nacionalista, libre y voluntario, al Estado ocupante. En 2005 vino el
rechazo de Madrid al plan, pero la consecuencia no fue convocar la
consulta, nada más lejos de la realidad."
Boltxe Kolektiboa
En la cita anual del Alderdi Eguna y ante un público entregado, los
dirigentes del PNV vuelven a sacar a la palestra la reivindicación de un
pacto para el logro de “nuevo estatus politico” para Bizkaia, Araba y
Gipuzkoa. Todo sigue igual, nada cambia.
Dejaba claro Urkullu que cuando el PNV reclama mayor autogobierno,
significa «dirigirse y gobernarse a uno mismo» y gestionar «con
eficacia». Nada nuevo en el horizonte jeltzale. Más autogobierno y más
transeferencias para continuar gestionando el chiringuito de la CAV.
Cupo, transeferencias y como no, las obras del TAV…eso era lo que hoy
había que dejar claro a la militancia. Decía Jesús Sarría en 1918,
director de la revista “Hermes” del PNV: “El nacionalismo
apuesta por la consecución de una federación de pueblos soberanos que
formen un gran Estado ibérico en el cual Euskadi disponga de una
autonomia plena y Gobierno propio”. Y razón o perspectiva de futuro, no le faltaba.Desde Madrid saben perfectamente que el PNV no irá más allá, ya les quedó claro hace muchos años cuando Manuel Aranzadi, el homologo de Aitor Esteban por aquel entonces en el Congreso español, afirmó: “No quiero, no deseo, no busco la separación de mi tierra de España, que yo rechazo toda orientación que lleve a esa trayectoria” (1920). Por criticar al acérrimo autonomismo español, idéntico al actual, muchos jóvenes del PNV lideradors por Eli Gallastegi, fueron expulsados del partido.





